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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2017

Mercancas tecnolgicas sensibles. Les creemos todo lo que dicen de s mismos?
El gran negocio de las emociones

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Instituto de Cultura y Comunicacin UNLa


Aunque hoy la agresividad publicitaria se empea en vendernos su uso del deep learning como nueva Biblia de las ventas, se trata de un mecanismo de control tan viejo como la lucha de clases. Hoy se publicita como el milagro de los sensores digitales que, por ejemplo, registran movimientos musculares del rostro para detectar emociones que interpreta con algoritmos, es una historia que recorre los stanos ms ignotos de la inteligencia militar -de todos los tiempos- y la inteligencia corporativa del espionaje empresarial y del reino de latifundistas del clero.

Merece una indicacin aparte la burrada mercantil que pretende obtener conclusiones lineales de un fenmeno tan completo y diverso como es el espectro emocional en las culturas ms diversas. En todo caso es ese el pecado original repetitivo, hasta la nusea, en el negocio de publicistas urgidos de igualarlo todo para dar lugar a la uniformidad cuantitativa de las mercancas. O dicho de otro modo, es la lgica del vendedor que necesita muchos compradores enamorados de la misma mercanca repetida, por y para las ganancias, ms all de la Cultura y ms all de los individuos.

Para vender (muy cara) su lgica publicitaria han hecho todo gnero de experimentos y todo tipo de malabares tecnolgicos. Se trata de vender su gran poder cognitivo y su destreza mercadolgica para imponernos cualquier cosa con el argumento de que ellos pueden saber qu piensa y qu siente la clientela. Y sin soslayar su cinismo de espionaje (implcito y explcito) hacen de su oferta una mercanca que es realmente un delito al que se suma el secuestro de informacin adquirida sin consultar y sin autorizacin de los involucrados. Las leyes brillan por su ausencia porque la nica ley que vale es la del mercado.

Quieren que creamos, por ejemplo, que las expresiones humanas tienen comunes denominadores emocionales estndar y legibles en puntos especficos del rostro. Quieren que creamos que una sonrisa tiene iguales o similares cargas emocionales sin explicar dnde ocurre en el espectro de todas las desigualdades econmicas, sociales, culturales e histricas. Tendran que explicar su muestra, su marco terico, sus fundamentos y sus objetivos o intereses de fines y de principios. Y deben hacerlo a la vista de todos porque la informacin sobre el comportamiento de los compradores no les pertenece.

Especialmente el inters de los publicistas por las emociones tiene la frontera del poder adquisitivo. Poco importa qu siente quien no tiene capacidad de compra. Tampoco importa el que no tiene capacidad para decidir sobre el presupuesto familiar. Se diga lo que se diga. Eso deja al universo de los intereses por la emociones de mercado margen reducido de la poblacin mundial y con un descarte de gnero proclive al machismo. El capitalismo en persona.

No es lo mismo big data que deep learning y estos no se confunden con otros paquetes en el inventario posmoderno del relato mercantil. Cada uno es sometido por la diversidad de intereses que desemboca en uno solo que es el control de las masas al servicio de su esclavitud feliz, creativa, rentable y hereditaria. Por scula sculorum.

As que no hay razn para creerles ni hay causales para rasgar las vestiduras creyendo que estamos en un Apocalipsis por la dominacin meditica de ltima generacin. Millones de personas todava se confiesan en las iglesias y millones van al psicoanlisis que no son menos mercado de emociones que otros muchos. Con sus excepciones valiosas. No se trata aqu de negar a ultranza los logros manipuladores conquistados por el big data y todos los sucedneos con su tecnologa espectacular, ni de esconder sus ventas o prestigio. Se trata de esclarecer en qu lado de la lucha de clases opera para no llegar al equvoco de que se trata de un aporte noble y asexuado

As pues, algunos venden la big data o el deep learning como si se tratase de verdades reveladas para seducir anhelos de dominacin conductual, ideolgica y emocional. Sueo aejo de toda dictadura. Venden la idea de que lo saben todo y de que ese saber es una llave maestra con la que, as nomas, linealmente se puede dominar a las masas. Y han hecho todo tipo de experimentos. Fundamentalmente mercantiles.

Algo similar a los que fue y es el recopilador histrico de informacin llamado confesionario. Algo similar a los mtodos de espionaje barrio por barrio, taxi por taxi... La clase dominante lo ha sido tambin porque ha sabido apropiarse y controlar la informacin en todas sus escalas cualitativas y cuantitativas mientras los pueblos han sido sometidos a todo gnero de chantajes, miedos y extorsiones para que provea datos sobre lo que son, hacen, sienten, anhelan y suean. Desde el confesionario hasta el psicoanlisis.

Pero el discurso tecnolgico en su fase digital embriaga a muchos y los convierte en clientes de falacias a granel. Hacen pasar por saberes avanzados viejas manas de archivo cuya conquista principal es la facilidad para mover masas se informacin a gran velocidad. Pero eso no las convierte el irrefutables. Por ms seductor que suene un estudio que hubiere registrado a gran velocidad movimientos musculares en los rostros de 4 millones de personas, el hecho cuantitativo no es suficiente para obtener de ah conclusiones verdaderas. Menos si las hermenuticas estn infectadas de origen por la lgica de la mercanca y su plusvala. Muchos espejitos de vidrio no son la realidad por ms que brillen bonito a los ojos de los mercaderes.

El universo emocional de los seres humanos ha sido ambicionado por todo tipo de audacias controladoras. El modelo de dominacin recurrente ha sido la induccin de miedo en variedades insondables y los xitos reportan resultados desiguales y combinados. Miedo a lo visible y a lo invisible, miedo a lo subterrneo, lo terrenal y lo extraterrestre. Miedo al mar, al cielo y a los desiertos. Miedo al microcosmos y al macrocosmos. Miedo al yo interior y miedo a todos lo seres humanos. Miedo en todas sus presentaciones y dosificaciones. Miedo pasado, presente o futuro. Miedo, incluso, por las dudas. Miedo ala clase trabajadora consciente y organizada.

Y desde luego las emociones humanas tambin ofrecen filones mercantiles muy jugosos porque uno de los miedos burgueses -por antonomasia- es no poder controlar lo que piensan y sienten los pueblos. Por eso proliferan los inventos tecnolgicos y la saliva para venderlos. Por eso cunden los nuevos mitos del ultra poder de la ciberntica en la fase en que se nos presenta como el nuevo demiurgo armando con ultra-sensores capaces de saber, a maana, tarde y noche, dnde estamos, qu hacemos y qu nos place o displace. Eso incluye a los telfonos inteligentes, los ordenadores de nueva generacin, los televisores inteligentes y las cmaras de vigilancia.

Para que ese mito mercantil funcione a plenitud publicitaria, y se cobre mucho dinero por eso, ha sido necesario legitimar de facto el espionaje. Big brother, cmaras de vigilancia, organismos de inteligencia y todo gnero de intromisin en la vida nuestra hasta llegar al punto de una nueva adiccin narctica basada en espiar a todo mundo mientras somos espiados con en buena parte de las redes sociales. Hay que expropiar integralmente toda esa estrategia de recoleccin y ofensiva con la informacin; desnudar sus mitos de mercado y producir una Revolucin tica (como propona Adolfo Snchez Vzquez) y a la vista de todos reelaborar sus aportes y sirva como herramienta para conocernos mejor en igualdad de oportunidades y principalmente de condiciones.

La prxima vez que llene usted un formulario de trabajo, de escuelas o de bancos. La prxima vez que responda a encuestas telefnicas breves o largas la prxima vez que ponga like o emoticones sonra lo estn filmando para hacer negocio con toda la informacin que uno provea. Eso no implica que ya tengan dominada a toda la especie humana. Grandes Revoluciones estn en marcha.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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