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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2017

Venezuela atrapada en una espiral descendente

Gabriel Hetland
nacla.org

Traducido para Rebelin por Paco Muoz de Bustillo


Las noticias sobre Venezuela parecen empeorar da a da.

El 29 de marzo, el Tribunal Supremo disolvi la Asamblea Nacional. Aunque das despus esta decisin fue parcialmente revocada, ello no evit el estallido de una nueva oleada de protestas letales a comienzos de abril. Ya son treinta el nmero de vctimas mortales [1] y la cifra aumenta a diario. Entre ellas hay tanto simpatizantes del gobierno como de la oposicin. Varias oficinas gubernamentales han sufrido saqueos y han sido incendiadas. Tambin han muerto funcionarios. Y lo peor de todo es que no se ve el final de esta escalada de violencia.

La Organizacin de los Estados Americanos (OEA) tiene previsto celebrar una nueva reunin de emergencia de primeros ministros para discutir la crisis venezolana. Venezuela, por su parte, ha iniciado el proceso para abandonar este organismo, posiblemente para evitar ser expulsada del mismo. En opinin de muchos, esta opcin aumentar su condicin de nacin paria.

No hay signos aparentes de que la profunda crisis econmica y social que atraviesa el pas vaya a remitir, sino que probablemente empeorar en medio del caos y la violencia que destruyen el pas. La oposicin ha demostrado su deseo de sacrificar las posibilidades de recuperacin econmica con el fin de lograr la meta de expulsar al presidente Nicols Maduro de su cargo. Por su parte, la agencia de noticias Associated Press informa de que el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, ha realizado contactos con ms de una docena de los principales bancos internacionales para instarles a que interrumpan sus negocios con Venezuela. El gobierno, por su parte, cada vez se enfrenta a ms crticas por su aparente incapacidad total para resolver, o incluso admitir, la gravedad de la crisis socioeconmica de la nacin y lo que muchos consideran una deriva autoritaria.

Cmo dar un sentido a toda esta situacin?

En el momento presente circulan dos narrativas contrapuestas sobre la crisis de Venezuela. La primera, que predomina en los medios de comunicacin mayoritarios occidentales, pinta al gobierno como un rgimen dictatorial que reprime de forma despiadada a una oposicin heroica que pretende pacficamente recuperar la democracia. La segunda, desarrollada por el gobierno y algunos sectores de la pequea (y menguante) comunidad de solidaridad internacional, muestra a un gobierno democrticamente elegido acosado por una oposicin violenta y perturbada que (a) representa a una pequea minora de lites acomodadas; (b) goza del total apoyo del imperio estadounidense; y (c) no se detendr antes de lograr un cambio de rgimen, sin importarle la legalidad o moralidad de sus acciones.

Ambas narrativas contienen elementos de verdad, pero ninguna de ellas hace justicia a la crisis venezolana.

* * *

La idea de que Venezuela es autoritaria ha sido repetida hasta la saciedad durante prcticamente los dieciocho aos de gobierno chavista, que se inici cuando Hugo Chvez fue elegido presidente en 1998. Hasta hace poco, era relativamente fcil rebatir esta afirmacin, que ignora el hecho de que el partido gobernante de Venezuela ha sido una y otra vez reafirmado en las urnas, ganando en 12 de las 15 grandes elecciones celebradas entre 1998 y 2015 y admitiendo la derrota en las tres ocasiones en las que perdi (diciembre 2007, septiembre 2010 y diciembre 2015). Las cinco ocasiones en que Chvez compiti por la presidencia de la nacin entre 1998 y 2012 gan con mrgenes sustanciales (el ms pequeo fue de 55-44% en 2012 y el mayor de 63-37% en 2006). El actual presidente venezolano, Nicols Maduro, tambin fue elegido democrticamente. Las repetidas acusaciones de fraude electoral carecen de base, pues el fraude resulta totalmente imposible con el sistema electoral venezolano, calificado por Jimmy Carter como el mejor del mundo.

No obstante, aunque las acusaciones anteriores de autoritarismo no merecan crdito alguno, esto ha dejado de ser as. Desde comienzos de 2016, el gobierno ha adoptado una serie de decisiones que hacen cada vez ms difcil refutar que Venezuela avance en una direccin autoritaria. En primer lugar, durante 2016 el Tribunal Supremo, que est clara y abiertamente supeditado al brazo ejecutivo, bloque a la Asamblea Nacional controlada por la oposicin, que consigui una mayora legislativa en diciembre de 2015, evitando que aprobara leyes importantes. En ciertos casos, la Asamblea intentaba actuar ms all de su propia autoridad, por ejemplo cuando pretendi amnistiar a presos como Leopoldo Lpez [2]. No obstante, el bloqueo sistemtico ejercido por el tribunal Supremo a la Asamblea Nacional anul el poder de la nueva mayora legislativa de la oposicin y con ello los resultados de las elecciones de diciembre 2015. En segundo lugar, tras meses de demora, en octubre de 2016 el gobierno cancel un referndum revocatorio autorizado por la ley. En tercer lugar, el gobierno pospuso indefinidamente las elecciones municipales y regionales que deberan haberse celebrado en 2016 segn la constitucin (aunque recientemente Maduro anunci una fecha para ellas). En cuarto lugar, como se ha sealado, en marzo el Tribunal Supremo emiti una resolucin disolviendo la Asamblea Nacional, revirtiendo parcialmente la decisin das despus, cuando Maduro solicit al Tribunal Supremo que revisaran su decisin. Maduro se vio obligado a ello cuando su propia fiscal general, Luisa Ortega, dio un paso sin precedentes condenando pblicamente la decisin del mximo tribunal al considerarlo una ruptura del orden constitucional. En quinto lugar, en abril de 2017 Henrique Capriles, una destacada figura opositora y candidato presidencial en dos ocasiones (2012 y 2013), fue inhabilitado para participar en poltica durante quince aos, por motivos bastante cuestionables [3].

Al cancelar el referndum revocatorio, suspender elecciones e impedir que polticos opositores se presenten a elecciones, el gobierno venezolano est bloqueando sistemticamente la posibilidad de que el pueblo venezolano se exprese por medios electorales. Es difcil no considerar esta actuacin como un progresivo autoritarismo. Pero tambin es difcil aceptar que Venezuela sea un rgimen autoritario a gran escala, teniendo en cuenta el acceso significativo de la oposicin a los medios de comunicacin tradicionales y sociales y la libertad para participar en protestas antigubernamentales a pesar de determinadas restricciones (muchas de las cuales, si no todas, parecen justificadas, como por ejemplo limitar el acceso de los manifestantes a ciertas partes de Caracas, lo cual resulta razonable dado los repetidos episodios de destruccin de propiedad pblica por parte de estos).

El gobierno es merecedor de fuertes crticas por sus actos autoritarios y su continua incapacidad para tomar decisiones significativas que resuelvan la crisis socioeconmica del pas. Sin embargo, la oposicin no es en absoluto la vctima inocente que nos describen a menudo las noticias de los medios mayoritarios. Un ejemplo especialmente notorio de lavado de imagen del pasado y presente violento de la oposicin que proporcionan estos medios mayoritarios lo tenemos en un artculo del 19 de abril del New York Times , que transforma milagrosamente el violento golpe de Estado militar de 2002 que derroc a Hugo Chvez en un movimiento de protesta aparentemente pacfico: Mientras antiguos movimientos de protesta de la oposicin intentaban derribar al gobierno de izquierdas uno de ellos, en 2002, consigui incluso deponer brevemente al entonces presidente Hugo Chvez

Existen numerosas pruebas de que la disposicin de la oposicin para utilizar la violencia y los medios inconstitucionales contra el gobierno no se limit al golpe de Estado de 2002, sino que contina hasta el da de hoy, tal y como he argumentado en otros artculos. En abril de 2013, la oposicin se neg a reconocer la victoria de Maduro, a pesar de no contar con prueba alguna de fraude, y particip en protestas violentas que provocaron la muerte de al menos siete civiles. Otros 41 murieron en una nueva ola de violencia promovida por la oposicin entre febrero y abril de 2014. Por lo general, se acepta que estas muertes fueron resultado de acciones tanto de activistas opositores como de fuerzas de seguridad del Estado, y algunos informes indican que cada parte fue responsable de aproximadamente la mitad de las muertes, aunque resulta difcil recoger suficiente informacin fiable sobre este tema controvertido.

La oposicin ha participado en numerosos actos de violencia durante la actual ola de protestas. En un informe redactado sobre el terreno en Venezuela el 23 de abril, Rachel Boothroyd Rojas escribi:

El repertorio de violencia de los ltimos 18 das es estremecedor: escuelas saqueadas, un edificio del Tribunal Supremo incendiado, el asalto a una base area, adems de una amplia destruccin de vehculos de transporte pblico y de instalaciones de salud y veterinarias. Han muerto al menos 23 personas y muchas ms han sufrido heridas. En uno de los casos ms sobrecogedores de la violencia perpetrada por la extrema derecha, que tuvo lugar el 20 de abril en torno a las 10 de la noche, mujeres, nios y ms de 50 bebs recin nacidos tuvieron que ser evacuados por el gobierno de un hospital maternal pblico, que fue asaltado por bandas de la oposicin.

Una de las muertes recientes ms trgicas ocurri el domingo 23 de abril, cuando Almelina Carrillo, una enfermera de 47 aos iba de camino a su turno de tarde cuando se cruz con una marcha chavista [en el centro de Caracas] y fue gravemente herida por una botella congelada, presumiblemente arrojada [desde una torre de apartamentos] por un simpatizante de la oposicin.

No est claro cundo, o cmo, la espiral descendente de Venezuela tendr fin. Ante esta tesitura, cualquier persona a quien le importe Venezuela, y particularmente los activistas, intelectuales y periodistas de izquierdas que han celebrado y documentado los abundantes e importantes logros de la Revolucin Bolivariana se enfrentan a una triple tarea.

En primer lugar, contar la verdad. Ello, claro est, significa documentar y hacer pblico el brutal y letal uso de la violencia por parte de la oposicin contra funcionarios del gobierno, chavistas de base e inocentes transentes. Este tema merece una atencin mucho mayor de la que recibe en las informaciones dominantes sobre Venezuela. Pero, al mismo tiempo, la izquierda no puede cerrar los ojos ante la deriva autoritaria del gobierno ni ante sus polticas ineptas. Y esto no debe hacerse movidos por una fe ciega e injustificada en la democracia liberal representativa, sino porque el gobierno autoritario es incompatible con el bello aunque contradictorio e imperfecto proyecto destinado a construir una democracia participativa y protagnica que el chavismo contribuy a potenciar.

En segundo lugar, rechazar todos y cada uno de los llamamientos a una intervencin imperialista destinada a salvar a Venezuela. Las tentativas destinadas a tal fin no solo fracasarn, sino que probablemente convertiran en trgica una situacin de por s difcil, como demuestran demasiado bien los horrores de Irak y Afganistn.

En tercer lugar, solidarizarse con la mayora de venezolanos que sufren en manos de una oposicin vengativa e insensata y de un gobierno incompetente y falto de responsabilidad. Si hay un eslogan que capta el sentimiento generalizado de las clases populares que viven en los barrios pobres y en las aldeas de Venezuela, probablemente sea este: Que se vallan todos.

Notas del traductor:

[1] Este artculo fue publicado el 4 de mayo. Dos semanas ms tarde, la cifra supera ya los 40 muertos.

[2] Poltico opositor venezolano, ex alcalde de Cachao (municipio de Caracas), condenado en 2015 a 13 aos de prisin por incitacin pblica a la violencia en las manifestaciones de 2014 que se saldaron con ms de 40 muertos y cientos de heridos.

[3] La Contralora General de Venezuela bas su inhabilitacin en hechos de corrupcin durante su gestin como gobernador en los aos 2011-2013, por haber actuado de manera negligente al no presentar el proyecto de Ley de Presupuesto para el ejercicio fiscal del ao 2013 ante el Consejo Legislativo de Miranda, adems de firmar convenios de cooperacin con embajadas de Polonia y Gran Bretaa sin la autorizacin legal, omitiendo el procedimiento de seleccin de contratistas.



* Gabriel Hetland es profesor adjunto de estudios latinoamericanos en la Universidad de Albany. Su campo de investigacin es la participacin, la poltica y las protestas en Amrica Latina y Estados Unidos.

Este artculo puede reproducirse libremente siempre que se respete su totalidad y se nombre a su autor, su traductor y a Rebelin como fuente del mismo


Fuente: http://nacla.org/news/2017/05/03/why-venezuela-spiraling-out-control



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