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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2017

Vientres de alquiler: Prohibicin o regulacin?

Rafael Silva
Rebelin


"Ni existen mujeres ricas o famosas que gesten para hombres de clase trabajadora, ni existen personas pobres que puedan permitirse un vientre de alquiler, por lo que es obvio que estamos ante una explotacin de los privilegiados sobre las oprimidas. Ser padre o madre no es un derecho. Puedes serlo o no, pero en ningn caso te ampara como ciudadano o ciudadana un derecho elemental para tener descendencia"
(Barbijaputa)



La constante tendencia del capitalismo a mercantilizar todos los aspectos, necesidades y derechos de la vida humana, parece no tener lmites, y la ltima hornada de prcticas en este sentido afecta a lo que hemos venido en llamar "Vientres de alquiler" o ms tcnicamente "Gestacin subrogada". La consideracin del cuerpo humano como un objeto de explotacin del que se puede obtener beneficio (desde el trfico de personas al completo, pasando por el trfico de rganos humanos, y ahora por la gestacin de un beb para otros padres) est en la base filosfica y poltica del asunto, aunque muchos quieran hacernos entender otro enfoque distinto. Para el capitalismo todo puede ser comprado, vendido, troceado, enajenado o separado de su poseedor o de su legtimo destinatario. Y desde este punto de vista, los famosos "mercados" no ofrecen escrpulos en introducirse en cada vez ms necesidades humanas, para intentar gestionarlas como un negocio. Se apoyan falazmente en los avances cientficos y tecnolgicos, sin detenerse a pensar en los aspectos ticos de dichas transacciones econmicas. Y as, la globalizacin econmica amenaza con una mercantilizacin absoluta y descontrolada de todas las facetas de la vida, donde el cuerpo humano es la ltima frontera. A esta frontera bien podramos llamarla "Explotacin reproductiva", donde el caso de los vientres de alquiler viene a ser su ltima manifestacin.

Por tanto, detrs de las campaas cada vez ms insistentes para normalizar y regularizar esta prctica, se esconde simplemente una expresin ms del pensamiento y de la prctica neoliberal de la vida. Lo primero que nos hace notar Gloria Fortn en este artculo es que la designacin sobre "Vientres de alquiler" es imprecisa, pues no se alquila slo el vientre, sino la mujer entera. Durante nueve meses de "gestacin subrogada", se alquilan sus cuerpos, sus sentimientos, sus experiencias, su dedicacin, su tiempo. Durante ese perodo las mujeres se convierten en posesiones de las personas contratantes (y de las empresas intermediarias, si es el caso), quienes tienen derechos de propiedad sobre ellas, durante todo el tiempo del embarazo. Los defensores de esta prctica alegan que la regulacin debe huir de todo lucro econmico, pero es un claro oxmoron que si existen empresas dedicadas, lo vayan a hacer por amor al prjimo. Por otra parte, tambin hacen alegatos muy conmovedores hacia la sensibilidad emocional, reclamando el derecho de unas hipotticas parejas a contar con toda la tecnologa al alcance de realizar sus sueos de ser padres y madres. Reclaman la libertad de las mujeres a hacer lo que les plazca con su cuerpo, y claman por la realizacin del sueo de formar una familia para los contratantes del "servicio". Despliegan toda una falaz mstica de las emociones, para intentar legitimar una prctica que en el fondo es una manifestacin ms de la violencia contra las mujeres.

Parece claro que desde una posicin feminista y anticapitalista, no podemos estar a favor de esta regulacin de la explotacin reproductiva que supone la prctica de los vientres de alquiler. No podemos estar a favor ni tolerar un sistema que mercantiliza hasta las capacidades humanas ms elementales, donde la venta de la capacidad sexual o reproductiva puede llegar a ser cuestin de supervivencia para muchas mujeres. Quede claro que no estamos en contra de la existencia de las diversas tcnicas de reproduccin asistida, las cuales han sido desarrolladas por los avances mdicos y biolgicos. Pero s estamos en contra de que estas tcnicas supongan el apoyo cientfico que conviertan en un mero negocio el vientre de las mujeres y su gestacin. La gestacin subrogada, por muy elegante que se le presente, no es ms que una industria ms ligada al afn capitalista de obtener beneficios econmicos en todas las facetas de la vida, y de todos los derechos humanos fundamentales. Ya lo consiguieron con la vivienda, con el trabajo, con la educacin, con la sanidad, y continan intentando hacerlo con subsiguientes aspectos. Y como expresa Antonio Gmez Movelln en este artculo: "Los vientres de alquiler constituyen una prctica donde los ricos del mundo utilizan a las mujeres de los pases pobres y a las clases inferiores como criadoras para tener hijos genticos. Es un retorno al principio del patriarcado, donde las mujeres son meras criadoras". Y aade que esta prctica de bebs ha sido realizada durante siglos por las rdenes religiosas, y hoy se realizan mediante prcticas de reproduccin asistida en clnicas de Mxico, Rumana, Polonia, Ucrania o la India, que son los pases donde ms ha florecido este negocio.

Y as, las personas ms pudientes acuden a clnicas estadounidenses, donde un beb puede costar en torno a 150.000 dlares, mientras que las clases medias van a la India o a Ucrania, donde suelen costar la mitad. Justificar este negocio en la libertad de las mujeres es un absoluto despropsito. Y concluye Gmez Movelln: "No estamos hablando de igualdad, ni de liberacin ni de emancipacin, estamos hablando de patriarcado y explotacin bajo la apariencia de la libre decisin". Porque ya sabemos que el neoliberalismo disfraza sus atentados contra la humanidad bajo la apariencia de nuevos derechos: derecho a la libre eleccin de centro de enseanza, derecho de los padres a elegir la educacin de los hijos, y en este caso, derecho a que yo (mujer) pueda hacer con mi cuerpo lo que quiera, cuando en realidad lo que se esconde es otro mensaje diferente, que bien pudiera ser: "Djame que yo exprima libremente a los que no pueden elegir como yo". Es decir, la mxima del neoliberalismo que aboga porque los privilegiados del mundo hagan lo que les apetezca sin lmites, obstculos, impedimentos ni cortapisas, aprovechndose de que la inmensa mayora social no puede elegir como ellos. Lo vemos en el mercado laboral, en el mercado sanitario, y en muchos otros, donde la mano de obra o los productos o servicios ms baratos, procedan de donde procedan, y se fabriquen como se fabriquen, y bajo cualesquiera condiciones denigrantes (para las personas, los animales y el medio ambiente), tienen prelacin sobre todo lo dems.

Se trata de un debate similar al de la prostitucin (de hecho Gmez Movelln califica a la prctica de los vientres de alquiler como la "hermana pequea de la prostitucin"), en el que los neoliberales intentan convencernos de que las mujeres que la ejercen la eligen libremente, cuando todos sabemos que la inmensa mayora de las mujeres prostituidas lo hacen porque han sido engaadas y estn siendo controladas por perversas mafias que se enriquecen con su esclavitud sexual. De esta forma consiguen invisibilizar el problema que se esconde detrs de la prostitucin, que no es otro que el de mujeres pobres sin otra alternativa vital, que sufren violencia de mltiples formas. Los que defienden los vientres de alquiler utilizan el mismo discurso, los mismos razonamientos. Por tanto, no caigamos en las trampas del discurso neoliberal, y al igual que nadie cuestiona que no est permitida la venta de rganos humanos, concluyamos que no es lcito ni tico alquilar un cuerpo de mujer durante nueve meses, con todas sus consecuencias, para quedarse despus con el beb nacido de dicha gestacin, y todo ello por dinero. Es eso lo que queremos regular? Tan bajo hemos cado como civilizacin? En tan poco han quedado nuestros valores? Hasta cundo vamos a ceder en los intentos de mercantilizar todas las manifestaciones, actividades y derechos humanos?

No es el derecho de una determinada pareja (de cualquier orientacin sexual, que no hay que hacer discriminaciones) o persona individual (familia monoparental o monomarental) a ser padres y madres lo que se discute, pues ese derecho no existe, y adems la opcin de la adopcin siempre est disponible. El derecho reconocido bajo una sociedad justa y avanzada es el correspondiente a los nios y nias ya nacidos/as a tener una familia, pero por ellos, por los nios, no porque los adultos tengamos derecho a ejercer la paternidad o maternidad. Sin embargo, bajo una sociedad como la nuestra, donde la pobreza infantil crece a un ritmo insoportable, se plantea la "necesidad de regular" la prctica de los vientres de alquiler. Otra muestra ms de la decadencia de nuestra sociedad capitalista, insensible a la proteccin de los derechos ms elementales, pero proclive a la introduccin del negocio en todas las vertientes. Porque como muy bien nos sugiere Judith Bosch en este artculo, defender aqu el uso de vientres de alquiler en nombre de la libertad es como defender que deje de prohibirse en el mbito laboral sobrepasar cierto nmero de horas extra, trabajar sin medios de seguridad, rechazar vacaciones, etc. Porque claro, como "cada uno puede hacer lo que quiera"... Es el imperio de la ley del ms fuerte, de la sociedad salvaje, del individualismo por encima de todo. Todo lo cual es justo la esencia del neoliberalismo.

Y luego tambin, por supuesto, est el argumento determinista, que ms o menos se enuncia as: "Estas prcticas existen. Se pueden ocultar o no, legalizar o no, as que o se regula ya sobre ellas, o las mafias seguirn sacando tajada de las ms pobres". Son las mismas que dicen que "la prostitucin es el oficio ms viejo del mundo", o que "Ya que el asesinato existe desde hace miles de aos, mejor legalizarlo o los asesinos seguirn escondiendo cadveres" (tomando de nuevo un smil de Judith Bosch con el que estamos muy de acuerdo). Por tanto, la pasividad, torpeza, cobarda e impotencia de una sociedad para enfrentarse con graves problemas, sean stos locales o globales, no puede convertir a dicha sociedad en ms perversa an de lo que ya sea. No puede defenderse la idea de que la gestacin subrogada sea un contrato o acuerdo entre personas que libremente satisfacen sus necesidades. Es una perversa lectura que obvia las desigualdades de base de la sociedad. La prctica de los vientres de alquiler es un acuerdo, claro est, pero entre una persona adulta que quiere o necesita dinero (o se le ha inculcado que su tero es un bien social a disposicin de los dems) y otra persona adulta que no puede gestar de manera natural, tiene dinero y se le ha inculcado que ser padre o madre es un derecho. Se vulnera por tanto la dignidad de la mujer, en varias dimensiones.

Y an tenemos que denunciar otra falacia en relacin con este asunto, que es el de la donacin de semen u vulos, en su comparacin con el vientre de alquiler. Porque no podemos comparar el hecho de donar clulas de nuestro cuerpo con el hecho de ceder nuestro cuerpo. La donacin de clulas u rganos para trasplantes (en vida o despus de la muerte) no altera la dignidad de ninguna persona, como s lo hace el alquiler de un tero, es decir, del cuerpo femenino, durante los nueve meses que dura un embarazo, con todo lo que ello comporta. Y la criatura resultante de dicho vientre alquilado, evidentemente, tampoco puede donarse, por lo cual el asunto de la gestacin subrogada supera todos los lmites ticos y jurdicos que podamos imaginar. Es hora por tanto de poner lmites a la voracidad capitalista neoliberal. Es hora de enfrentarse a la devastacin que dicho sistema genera en las vidas humanas, en el profundo desprecio que vierte hacia los ms elementales derechos humanos, y es hora de enfrentarse a este indecente patriarcado que lleva desde hace muchos siglos cosificando y despreciando el cuerpo y las capacidades de las mujeres. Basta de violencia, de explotacin y de mercantilizacin con los cuerpos de las mujeres! Basta ya de tanta retrica libertaria sobre derechos que no existen, para legitimar las aberrantes prcticas capitalistas! NO a la regulacin de los vientres de alquiler!

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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