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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2017

El CETA y la nueva vieja globalizacin

Ekaitz Cancela
La Marea


El largo Siglo XX termin en 2016 fundamentalmente con el referndum para la salida del Reino Unido de la Unin Europea, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la muerte de Fidel Castro. El mismo ao, la Comisin Europea propuso a los 28 pases miembros de la UE reunidos en el Consejo Europeo la firma del CETA (Comprehensive Economic Trade Agreement). As es que la dcada que ha pasado entre junio de 2007, cuando se decidiera encargar un estudio de impacto sobre los posibles efectos de un tratado de comercio con Canad, y el debate en el Congreso de los Diputados que inicia su ratificacin, ha convertido lo que fuera un acuerdo impulsado por un presidente conservador de la rama tory, Stephen Harper, y el actual presidente no ejecutivo de Goldman Sachs, lobbista en Bruselas y expresidente de la Comisin, Jos Manuel Duro Barroso, en el acuerdo de comercio ms progresista negociado nunca.

Zygmunt Bauman, el ltimo gran pensador crtico con la globalizacin, nos dej un ao despus de estos sucesos con la idea de que nuestra civilizacin se encuentra en un momento de interregno tomando prestado el trmino de Gramsci. De esta forma, el plan de la Unin Europea para moverse en los tiempos lquidos parece evidente: aprovechar que el eje de lo tolerable se ha desplazado tan bruscamente hacia la derecha con el fin de presentar con otro nombre la misma receta de su txico cctel compuesto por capitalismo extremo y globalizacin neoliberal. Esta, nos dicen, es la nica de las alternativas posibles para capear la tormenta populista. En este sentido, el CETA y la maquinaria de propaganda que lo bendice juegan un papel fundamental. Lo evidenci Albert Rivera el jueves cuando, subido a la tribuna del Congreso, se opuso a enviar el tratado al Tribunal Constitucional para que revisara su encaje en la Constitucin Espaola porque Podemos vota con Le Pen en contra de este tratado en la Unin Europea [se refera al voto reciente en el pleno parlamentario]. Da igual que Alemania y Francia hubieran llevado ya hace meses el tratado a sus cortes nacionales, y obteniendo va libre, se trataba de negar la confrontacin poltica, como hizo la Gran Coalicin al unsono en el Parlamento Europeo identificando a la izquierda con la extrema derecha, y eliminar todo atisbo de insurgencia.

El intento por convertir en razonables las negligencias del pasado comenz cuando Jean-Claude Juncker hizo pblico su Libro Blanco sobre el futuro de la Unin Europea. Emergi entonces, casualmente al unsono del triunfo de Trump, la idea de que los tratados de comercio que negociaba la Comisin Europea eran progresistas y constituan la punta de lanza para una globalizacin ms justa. Esta especie de eufemismo se ha ido repitiendo desde entonces en infinidad de declaraciones pblicas, entrevistas y ha salpicado tambin las pginas de opinin de los diversos tabloides europeos. Huelga recordar que, en una declaracin conjunta fechada en diciembre, varias decenas de acadmicos, entre ellos Ha-Joon Chang, Dani Rodrik y Thomas Piketty, pidieron a la Unin Europea modificar el contenido del mandato de negociacin de los tratados de comercio. Piketty fue incluso ms all y escribi un artculo en The Guardian con motivos muy explcitos para rechazar el CETA. Es un tratado que pertenece a otra era. No contiene absolutamente ninguna medida restrictiva en materia fiscal o climtica. No obstante, contiene una referencia considerable a la proteccin de los inversores, sealaba.

Pero la Comisin Europea, en lugar de afrontar las preocupaciones sobre los efectos colaterales de la globalizacin, se limit a responder sealando que abreviaturas como el TTIP o el CETA no tienen futuro. Si se inicia un debate con tal abreviatura, probablemente ya se haya perdido, expres a POLITICO el jefe de gabinete del presidente de la comisin, Martin Selmayr. Si la UE vuelve a entablar conversaciones comerciales con Washington entonces ciertamente no se llamarn TTIP. El indmito propagandista confirm lo que sostienen en privado algunos altos funcionarios europeos: el TTIP ha muerto. Pero solo sus siglas. Larga vida al TTIP.

El ms reciente de los movimientos de la Comisin Europea por blanquear su estrategia comercial ha sido la publicacin de un documento que defiende la globalizacin en detrimento de los repliegues nacionalistas y, como no, populistas. Idealizado como un intento por establecer reglas multilaterales para dar forma y regular la globalizacin, no es ms que un documento muy poco novedosos repleto de circunloquios y grficos pintorescos. Esta es la misma retrica que emple Barack Obama para tratar de ratificar el tratado transpacfico (TPP) el pasado ao e incluso la sostenida por el excomisario de Comercio Pascal Lamy hace ms de una dcada. Aunque, en cierto modo, el texto de la Comisin s contiene una novedad: la alusin reiterada al papel de la resiliencia. En un libro titulado Una vida en resiliencia, el arte de vivir en peligro (Fondo de Cultura Econmica), Brad Evansy Julian Reid exponan la importancia del marco mental que se esconde tras esta palabra para justificar las nuevas reformas neoliberales. Parafrasendoles, cuando la Unin Europea exige una globalizacin resiliente, se refiere a negar de antemano cualquier alternativa popular capaz de plantear alternativas al status quo.

Ha sucedido que, por primera vez desde Seattle, los movimientos activistas han logrado dividir exitosamente el campo poltico e identificar los tratados de comercio como el enemigo unvoco de la globalizacin. Tanto el CETA como el TTIP son ese significante vaco que proyecta un mito ideolgico para agrupar las diferentes demandas populares contra el capitalismo global, usando los trminos de Ernesto Laclau. Adems, la unin de los distintos grupos crticos con estas dinmicas comerciales se ha constituido como una especie de demos europeo, que es al mismo tiempo pionero y disidente con el establishment bruselense.

De esta forma, en lugar de responder positivamente a los movimientos populares, las lites han escogido incrementar su apuesta por la globalizacin descontrolada vistindola de social a travs de diversas tcnicas de relaciones pblicas. En uno de sus ltimas piruetas estratgicas, la Comisin present una especie de paquete social, digerido por la prensa como un verdadero giro social. No obstante, no contena ms que algunas medidas aderezadas de mucho marketing que para nada revierte el viraje de la integracin europea negativa capitaneada por las ideas hayekianas de los aos 80. Deca el historiador Andrew Moravcsik que la Europa social es una quimera puesto que ningn analista en sus cabales cree que los sistemas de asistencia social sean sostenibles a escala comunitaria. Bsicamente, la finalidad de la UE es hacer negocios, culminaba. Aqu est el quid. A pesar de todo, la construccin comunitaria ha resultado ser uno de los sistemas internacionales ms destacados de este tiempo. Y quiere seguir sindolo.

Al fin y al cabo, como resumi Juncker en su ltimo discurso sobre el estado de la Unin, ser europeo se basa en estar abierto y comerciar con nuestros vecinos, en lugar de ir a la guerra con ellos. Significa ser el mayor bloque comercial del mundo. Para percibir los matices conviene recurrir a la carta publicada en El Gran Retroceso (Seix Barral) que David Van Reybrouck le remiti al respecto al presidente de la Comisin Europea. Dice as: La Unin Europea se ha convertido cada vez ms en una batalla entre ciudadanos y empresas. Lo que en su da era un proyecto pacifista que tena por objeto unir industrias nacionales para evitar que estallara un nuevo conflicto armado ahora es una fuente creciente de tensin entre empresas privadas y ciudadanos furiosos. En esta nueva vieja globalizacin, a las primeras se las sigue liberando de sus ataduras al mismo tiempo que a los segundos se les exige sacrificios en forma de derechos.

Como demuestra un exhaustivo anlisis del acadmico Ferdi De Ville, el texto del CETA no respeta las recomendaciones que los propios diputados europeos establecieron para el TTIP. Los miembros del Parlamento Europeo debern decidir si el acceso al mercado canadiense logrado (resultando en un crecimiento a largo plazo muy limitado de entre un 0,2% y un 0,3% del PIB) compensa el riesgo inherente que implica el tratado para la capacidad de reaccin poltica y la ausencia de una verdadera promocin del desarrollo sostenible en el mundo. Una fuerte defensa de la clusula sobre derechos humanos, la salvaguarda a la hora de impedir la liberalizacin de determinados servicios, as como la exclusin completa de los servicios pblicos quedan como humildes intenciones con tanta validez como las de ao nuevo. Tambin, la firma del CETA supone alejarse de una exigencia vinculante con el cumplimento de los compromisos sobre derechos laborales, los estndares ambientales y, sobre todo, con la exclusin de los aspectos ms polmicos de los tribunales de arbitraje internacional.

El mensaje que trasladar Espaa cuando ratifique el tratado es que prefiere prescindir de los parmetros sociales existentes, esas leyes morales que ponen techo a la actuacin de las firmas multinacionales. Desde luego, esto dista mucho del argumentario socialdemcrata de haber logrado cambios sustanciales en el contenido del CETA. A lo sumo, unos das de demora ante una enfermedad terminal.

La idea del comercio libre no es ya la de una herramienta para acabar con el proteccionismo nacional, sino una va para otorgar ms privilegios a las fuerzas industriales y desplazar los focos de poder hacia los centros financieros y tecnolgicos. Como seal de forma muy certera Giovanni Arrighi en Adam Smith en Beijing (Akal), el capitalismo chino no ha seguido la ruta neoliberal de Occidente hacia la integracin capitalista global. William I. Robinson sintetizaba correctamente esta tesis: El Estado conserva un papel clave en el sistema financiero, en la regulacin del capital privado y en la planificacin. Esto le permite desarrollar la infraestructura del siglo XXI y guiar la acumulacin de capital hacia objetivos ms amplios que el de la obtencin inmediata de beneficios, algo que los estados capitalistas occidentales no pueden lograr debido a la reversin de los sectores pblicos, la privatizacin y la desregulacin. Por lo tanto, no es que se trate de una conspiracin de las grandes corporaciones, es que la nica forma de mantener el peso en el tablero global implica seguir profundizando en estas tres mximas. Los acuerdos de comercio encuentran su motivo de ser en este sentido comn que trata de adaptarse a una realidad cada vez ms distorsionada.

Estamos ante uno de los diseos ms modernos de la arquitectura comercial del nuevo siglo, que sentar los cimientos para todo aquello que est por venir. Ahora bien, en un momento en que el avance impertrrito del capitalismo necesita desprenderse de los lazos democrticos, el camino que se inicia para seguir justificando las reformas neoliberales ser hercleo. Si las fuerzas progresistas siguen permitiendo que el comercio sirva para eliminar la cuestin moral y crear un coto privado, puede que ningn spin doctor logre maquillar la catstrofe de esta poltica exterior en unos cuantos aos.

Fuente: http://www.lamarea.com/2017/05/19/ceta-la-nueva-vieja-globalizacion/



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