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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2017

Uruguay
Estrategia y distribucin del poder

Emilio Cafassi
Rebelin


Mientras el Congreso del Frente Amplio uruguayo (FA) se encontraba en cuarto intermedio, el Secretariado -a travs de una comisin redactora- alumbr el borrador de documento de estrategia poltica hacia el 2020 para ser inicialmente discutido en el Plenario Nacional (PN) el prximo sbado. Afortunadamente el documento fue ampliamente distribuido a todos los rganos a fin de que los representantes al PN reflejen las posiciones de sus representados por tratarse de una instancia representativa de sectores y bases de forma proporcional a su peso electoral. De este modo honr viejas tradiciones frentistas, cuya frecuencia de puesta en acto, pareca menguante. Ms decreciente an resultaba que los delegados (al menos los de la regin a la que pertenezco) estimularan los debates y se propusieran recoger las opiniones para reflejarlas en este mbito ampliado de direccin que por su magnitud no puede tener gran asiduidad. No queda ms que celebrar que en este caso, est sucediendo lo contrario.

Sospecho que algo del malestar que buena parte de las bases reflejaron en el Congreso, fue recogido no slo en la difusin de este insumo provisional sino tambin en algunos pasajes sugerentes del propio texto. Si bien breve y conciso, la sincrona tambin explica buena parte de las convergencias con el documento concluido en el Congreso, con sus consistencias y debilidades, particularmente en algunos puntos relativos al alarmante contexto internacional y regional que deja a la izquierda a la defensiva. No son escritos completamente estancos. A ambos le hubieran sentado bien algunas posibles interpenetraciones como algn tinte autocrtico al del Congreso y cierta dosis de principismo al actual.

No slo por razones de espacio, sino adems de relevancia, me ceir al apartado 4 del documento, precisamente donde se abordan las prioridades estratgicas propiamente dichas y se suceden una serie de disparadores insinuantes y particularmente autocrticos, an en su ambigedad y hasta contradictoriedad en algunos pasajes. Creo que all se concentra la riqueza del borrador que probablemente d lugar a sucesivas profundizaciones. Si una sola palabra pudiera representar la preocupacin recurrente de esa seccin del texto, debera ser distancia, aunque no es el significante ms utilizado por los autores. Distancia entre el FA y los frenteamplistas, entre ste y los movimientos sociales y consecuentemente entre la estructura de coalicin y el propio carcter movimientista, entre la horizontalidad deseada y la centralizacin burocrtica establecida. Problemas que -no es grato admitirlo- visitan con mayor periodicidad los mbitos de la accin poltica concreta en los territorios y movimientos, como las bases, que lo que lo hacen en los que la pergean.

Al igual que el documento recientemente aprobado en el Congreso, enfatiza correctamente la distancia que separa al FA de los partidos tradicionales, por su historia, principios, objetivos transformadores y composicin. Tambin por su estructura organizativa que excede el propsito de mera acumulacin electoral. Pero omite detallar y problematizar la democracia interna que no slo separa meridianamente al FA de los conservadores, sino que constituye un instrumento reductor de las distancias que infiero atravesando tcitamente el texto. A las varias preguntas que se formula y a las debilidades que se propone revisar, le resta extenderlas hacia los mecanismos de decisin colectiva, inclusive como modo de involucramiento para la potenciacin de la unidad que subraya como preocupacin determinante.

Permtaseme al respecto un breve excurso por fuera del borrador, pero perteneciente al temario de la misma sesin del PN quien debe resolver sobre recomendaciones del Tribunal de Conducta Poltica (TCP). De ellas, las relativas a indisciplinas que lesionaron (en un caso gravsimamente) la unidad de accin que, como sostuve, no es algo que el borrador eluda. Son aquellos casos que refieren precisamente a autonomizaciones de representantes legislativos (tanto nacionales como departamentales) que adems de las funestas consecuencias polticas que producen para el cumplimiento del programa y de las medidas gubernamentales para su ejecucin, revelan ausencia de claridad no slo sobre la pertenencia de la funcin representativa (las bancas de toda laya) sustrayndole vigor diferencial al FA. No me refiero a la confusin tica y poltica de los indisciplinados que resulta autoevidente, sino a la de la propia fuerza que no coloc previamente como condicin necesaria, insustituible y excluyente, la plena disposicin del escao al FA y al sector postulante para todo cargo representativo. La indefinicin no slo exhibe las desdorosas y moralmente inadmisibles actitudes de los protagonistas, sino un inmerecido homenaje al carcter fiduciario y clientelista de la representacin, tal como la conciben los caudillos conservadores, con su culto al personalismo y a la sumisin pasiva de la ciudadana, garantizada por el sistema electoral de irresponsabilidad jurdica del mandatario.

El documento entiende correctamente no slo la importancia del principio de unidad de accin, sino que sta no debe confundirse con la autocomplacencia o la ausencia crtica. En el caso de las bancadas, las garantas son explcitas y las expresiones disidentes, habituales. Las recomendaciones del TCP no se fundan en la naturaleza de las opiniones, sino exclusivamente en haber desconocido las conclusiones mayoritarias e inclusive, en uno de los graves casos, en no haber solicitado siquiera libertad de accin a sus pares, cosa prevista y en ocasiones aceptada. Pero en lo que respecta a la fuerza poltica, el problema se complejiza porque requiere de canales de expresin y comunicacin bi y multidireccionales que garanticen la participacin de quienes deben ejecutar unitariamente las decisiones que se adoptan. Aludo a canales formalizados de expresin y decisin colectiva. De lo contrario es posible hipotetizar que, en ausencia de consulta sobre la accin, se debilite la unidad de ella.

A diferencia de los poderes legislativos, en el caso de los ejecutivos, algo as sera prcticamente imposible por el carcter piramidal de los ltimos, pero es pertinente la reflexin del texto respecto a la relacin del FA con el/los gobierno/s ya que justamente reconoce la importancia de la fuerza poltica para velar por el cumplimiento de los lineamientos estratgicos y el programa, cosa que, para decirlo sin ambages, significa control de la gestin, sin dejar de reconocer la autonoma relativa para la adopcin cotidiana de decisiones.

El FA es una fuerza progresista con vastos sectores y militantes revolucionarios en su interior, cuya resultante es un programa de regulacin anticclica y redistributiva del capitalismo, con explcita expansin de los derechos sociales, identitarios y las libertades cvicas. Sin embargo, permanece atado a la misma matriz conceptual del 71 y el 84 respecto a la democracia que no es otra que la que legitima y naturaliza el formato liberal-fiduciario. De este modo, queda aherrojado en la ficcin burguesa de una nica y acabada arquitectura de ejercicio de la soberana popular. Poder proyectar hacia la sociedad una alternativa superadora de involucramiento ciudadano en las decisiones que lo afectan, debera requerir previamente su ejercicio al interior de la fuerza poltica que lo impulsa. Sin minusvalorar las futuras conquistas socioeconmicas, de derechos y libertades que los programas frentistas debern ir pergeando, fruto de la convivencia multimilitante en los movimientos sociales y sindicales, el salto cualitativo, la ruptura superadora y diferencial la alcanzar concibiendo y ejecutando alternativas en la esfera del poder (decisional) con el fin de socializarlo crecientemente.

Por ello considero que la principal debilidad del borrador es justamente la imposibilidad de dar respuesta al problema del desprestigio de la poltica, fcticamente reconocido como grave problema social. En sus trminos, es en el propio ejercicio de la democracia que ha declinado la credibilidad de la poltica, dejando expuesta de este modo la aquiescencia para con la democracia, que en ausencia de adjetivos, imaginacin crtica y voluntad superadora, deviene natural y nica posible. No ser acaso que para recuperar el prestigio de la poltica como mbito natural de las personas que desean transformar la realidad en la que viven, deberan experimentarse institutos que permitan la intervencin concreta, propia y directa de los afectados en las decisiones que los involucran? O en otros trminos, no es especficamente la democracia liberal-fiduciaria, as adjetivada y circunscripta a esta particular modalidad la que desacredita la poltica a travs de la ajenidad y autonomizacin de los representantes cuyos casos extremos al interior de la fuerza, llevaron hasta la intervencin del TCP?

Por ms que se diferencien las particularidades de la militancia de este siglo respecto a la del pasado, como sugiere al pasar el borrador, no creo atenuado el deseo por deliberar y decidir, aunque se participe ms por Skype que en el Comit o se vote con emoticones por Whatsapp. Ni mgicamente se ganar en credibilidad y legitimidad porque una gestin tome decisiones que parezcan acertadas, si no se participa de las deliberaciones sobre ellas.

Ms difcil an me resulta concebir sujetos que entreguen mansamente su destino en manos de terceros y adems se sientan felices por ello.

Emilio Cafassi. Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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