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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-05-2017

Una vez ms, banderas

Luis Toledo Sande
Bohemia Digital


Hace pocos das por calles de La Habana un hombre relativamente joven no muchacho arrastraba, llenas de viandas, dos cajas plsticas similares a las empleadas para empacar botellas. Sera uno de esos mensajeros que llevan vveres a domicilio, o un revendedor? En ambas llevaba, prendidas a sendas pequeas astas, banderitas cubanas de las que hace un tiempo se portan en actos pblicos.

Esas banderas, por ser de un material mucho ms duradero que el papel, no terminan profanadas en la basura, y pueden tener luego otros usos, como en las cajas de las que aquel hombre tiraba de un modo que al testigo le pareci que revelaba orgullo, como en los diplomticos al engalanar su automvil con la ensea del pas que representan.

Tambin pens el testigo, mientras deploraba no haber fotografiado la escena el hecho contravendra normas legales vigentes sobre el empleo de los smbolos patrios. Pero, si algo infringa, no sera preferible una transgresin como aquella antes que la flagrante proliferacin de banderas de otras naciones por todo el pas? Suelen aparecer entre indicios de psimo gusto, a veces acompaadas de la cubana, ignorando el digno reclamo del poeta patriota Bonifacio Byrne, quien frente a la intrusin de la bandera imperialista enrgicamente declar que aqu basta una sola, la nuestra.

Inflexibilidad no equivale a firmeza

En la proliferacin de pendones forneos predominan el britnico y, sobre todo, el estadounidense, sean piezas enteras o motivos visuales que remiten a ellos. Los hay incluso con la presencia del guila que en el siglo XIX lo denunci Jos Mart ante la ofensiva del panamericanismo imperialista apretaba en sus garras los pabellones todos de la Amrica.

Parecera que nada se ha instrumentado en el pas contra la actual invasin de smbolos imperiales. Tampoco existe la flexibilidad legal que facilite el uso afectivo, no necesariamente protocolar, de los propios, sin mancillarlos como ocurre al usarlos como simples adornos, estampados en cualquier tipo de objeto: zapatos, ropa exterior e interior, pauelos para protegerse el cabello o soplarse la nariz, delantales Eso hace el mercado de los Estados Unidos con su bandera, que as es manejada tambin como invasor recurso propagandstico. Debe Cuba imitar el despropsito?

Otra cosa sera que la inflexibilidad legal quebrantada en los hechos desaprobara el uso de acordes del Himno en una pieza de msica popular, enraizada en el pulso de la nacin y enfilada a enaltecerla. Salvando distancias de diversa ndole, en este punto vale recordar una obra que no es tan conocida como merece: la Parfrasis para piano con la cual Hubert de Blanck, nacido en Holanda en 1856 y radicado desde 1883, hasta su muerte, en Cuba cuyo independentismo apoy, y donde una insigne sala de teatro de la capital perpeta su nombre, honr con variaciones sobre el original el Himno creado en Bayamo por Perucho Figueredo.

La enseanza y la persuasin son bsicas para la sociedad. En ninguna parte las sustituyen las disposiciones legales, por muy importantes que estas puedan ser, y lo son, mxime donde se vivi una etapa colonial que foment, junto a otros males, esta idea patgena: La ley se acata, pero no se cumple. La educacin es responsabilidad del hogar y de la sociedad toda no solo de la escuela, llamada a ser particularmente eficaz, y entre sus fines vitales debe sobresalir el abono del civismo y la civilidad y el respeto a las leyes. Son propsitos inseparables de la formacin cultural: de la siembra, el cuidado y la cosecha de nociones arraigadas en hechos, conocimiento y sentido de responsabilidad.

Esperar por normas?

Mart, con su vida ejemplar, incluida su heroica muerte, sin mengua de su universalidad leg a la patria un inmenso legado moral de sabidura y conducta. Aunque la celebracin de su natalicio y la conmemoracin de su cada en combate sean estimulantes para recordarlo, se le debe tener presente y asumirlo todos los das, como semillero de lecciones para pensar y actuar.

El fundador no necesit de ley ni de imposicin alguna para tener la conducta que testimoni en el poema X de Versos sencillos, al recordar su disfrute, en Nueva York, de la actuacin de la bailarina espaola, gallega, Carolina Otero: Han hecho bien en quitar/ El bandern de la acera;/ Porque si est la bandera,/ No s, yo no puedo entrar, dijo en la segunda estrofa, refirindose al pendn de Espaa, la metrpoli que oprima a su patria y a los propios pueblos espaoles.

No se debe menospreciar la importancia de estudios sociolgicos para saber bien quines usan en Cuba prendas de vestir en las cuales se reproducen la bandera de Gran Bretaa y, sobre todo, la de los Estados Unidos, o ya sea en la cabina o fuera de borda la ostentan en sus vehculos particulares, y hasta en los estatales que estn bajo su cuidado. Pero se necesita alguna investigacin especial para suponer que se trata de hechos ante los cuales la gran mayora del pueblo, integrada por patriotas conscientes, no podr menos que sentir irritacin, rechazo?

En un almendrn que est lejos de ser el nico automvil en circular por La Habana con la bandera de los Estados Unidos desplegada, se ha visto al chofer vistiendo una camiseta con esa insignia estampada en el pecho. Como ilustracin de un texto donde se refiri a normas que, en Noruega, controlan o prohben all el empleo de banderas de otros pases, el ensayista cubano Desiderio Navarro difundi la foto de una vivienda de Bauta, provincia de Artemisa, en cuyo techo se alza la bandera estadounidense a una altura y de un modo inexplicables como fruto de la casualidad.

Confiarse a la industria y el mercado?

Aunque descollante, ese caso es uno solo entre los numerosos de un mal que prospera sostenidamente ante la vista pblica y distintos autores han repudiado. Quien escribe este artculo ha dedicado ya otros al tema: Banderas nada ms?, Banderas y ms (Bohemia impresa y digital); Porque si est la bandera (Cubarte), Se trata de smbolos? (Cubadebate), con ilustraciones elocuentes, y reproducidos todos en espacios digitales. Que no intente repetir ahora todo lo dicho en aquellos textos se explica por apremios de espacio, no porque ignore el valor de la reiteracin, que pedagogos, polticos, sacerdotes y otros propagadores de conocimientos e ideas saben necesaria.

El asunto es preocupante en s, y porque se ha instalado como una moda de larga duracin. Para alarmar diga lo que diga el cosmopolita avispero neoliberal, listo siempre a lanzarse contra quienes hablen de revolucin y patriotismo bastara que expresara indolencia. Pero tambin pudiera revelar ansias anexionistas o una manera simblica de emigrar sin salir fsicamente del pas, desvinculacin del proyecto revolucionario, un paso hacia su abandono afectivo o factual.

Las justificaciones aducidas para portar banderas imperiales son indefendibles. Por confusin o por afn doloso, a veces se invocan las normas protocolares establecidas para reuniones polticas de representantes oficiales de dos o ms pases, o en encuentros internacionales de diversa ndole. Tambin se aduce que las banderas cubanas no aparecen en el mercado o son caras para la gran mayora de la poblacin. Pero en las luchas patriticas se han enarbolado banderas hechas con amor y respeto por personas que no se sentaron a esperar soluciones industriales. La frtil iniciativa se manifest asimismo ante la muerte del lder de la Revolucin Cubana, Fidel Castro, cuando hubo quienes quisieron rendirle homenaje llevando brazaletes del 26 de Julio.

A cubanas y cubanos patriotas les sobran razones e historia para no avalar que en su pas se rinda culto acrtico no digamos ya entusiasta a la bandera que debera ser emblema de todo un pueblo, pero oficialmente representa a un imperio agresivo.

Extremos que se tocan

La voracidad de ese imperio se ha sufrido y se sufre en todos los continentes, y el actual csar la prolonga. Sus actos patean las ilusiones que hubo en quienes quisieron albergarlas viendo en el predecesor un estadista presto a actuar honestamente, y cuyo lema electorero We can! (Podemos!) evidenciara cambios favorables para otros pueblos en la poltica imperial. Quizs la mayor celebridad la alcanz al anunciar que, para que se levantara el bloqueo impuesto por su pas a Cuba, dara pasos que ciertamente pudo haber dado pero no dio. Se qued cortsimo, y no por falta de pista.

En general, dio curso a la deportacin de inmigrantes en cifras comparables con las anunciadas por el nuevo csar y, usando como patente de corso el Premio Nobel de la Paz que, venido a menos, se le regal, al igual que a otros, sobresali desatando guerras. Por el mismo camino, su sucesor prometi poner fin al expansionismo belicista del imperio, y poco despus de llegar a la Casa Blanca empez a ejecutar con bomba madre incluida planes del podero blico-militar que domina al establishment regente, del cual forma parte, aunque algunas mentes quisieron creer que lo desafiaba, y no falt quien lo calificara de revolucionario!

Ser o parecer torpe al estilo de George W. Bush, o elegante como Barack Obama, o todo lo que ya se sabe de Donald Trump, puede aportar subterfugios a una potencia que busca salir de su crisis sistmica, de su decadencia, que es manifiesta, aunque sea prolongada. A ese imperio se le rinde pleitesa factual cuando se ostenta su bandera, y en eso las ingenuidades, si las hay, seran tan peligrosas como la ignorancia o la complicidad. La pleitesa puede apoyarse en extremos que se tocan, entre los cuales oscilara el no llegar o pasarse que se tiene como sabia y crticamente advertido por Mximo Gmez.

Uno de esos extremos sera creer que lo nico o lo ms contrarrevolucionario es una consigna de ese carcter pintada en una pared o impresa en papel u otro soporte. Se soslaya as el efecto, como de bomba de tiempo, de terribles males voluntaria u objetivamente contrarrevolucionarios como la corrupcin, la mala actitud ante el trabajo, la indisciplina social, la violacin de las normas de convivencia, el irrespeto a los derechos y deberes colectivos, la desatencin de la historia.

El otro extremo asociado quizs al deseo de compensar impertinentes o excesivas interdicciones de otros momentos? sera un peligroso dejar hacer. En l cabrn hasta pronunciamientos de algn alto funcionario que d por bueno librar de muros de contencin a la venta por particulares de los productos que a estos se les antoje comercializar, aunque pululen objetos mal habidos y discos piratas que han terminado en tremendos paquetes.

Y no es cuestin de adornos

En cuanto a conducta social, ese dejar hacer puede ser ms peligroso que el acuado en francs (laissez faire) para caracterizar a la burguesa cuando ella capitaliz el rtulo de liberal para actuar a sus anchas en la economa, no para desentenderse del control de la sociedad. Ms recientemente ese rtulo digno de mejor suerte mut en neoliberalismo, tambin recurso de dominacin. No importa que el csar de turno haya amenazado con sustituirlo por la vuelta al proteccionismo: otra arma a la que el imperio puede seguir acudiendo para autoprotegerse y agredir a todo el mundo.

En Cuba, un mal entendido, trasnochado o timorato laissez faire puede abrir las puertas a letales caballos de Troya, no sublimados en una obra literaria clsica, sino infusos en burdas o sofisticadas fulleras polticas, cuyas consecuencias pudiera ser tarde enfrentar si se les deja tomar cuerpo. Frente a ello conforta saber que la lucidez patritica, histrica, revolucionaria, cvica, ha garantizado la capacidad de resistencia, lucha y victoria de la mayora del pueblo.

Con esa lucidez ha encarado y vencido Cuba los grandes desafos que la han asediado, y ha de mantenerla como arma principal para conservar la independencia indispensable. Solo as podrn triunfar aqu planes justicieros por los que han luchado y muerto tantos hijos y tantas hijas de la patria. En ella un par de cajas usadas por un mandadero o hasta por un revendedor, y engalanadas con la bandera que la representa desde sus luchas por la independencia, siempre sern preferibles dgase sin apoyar por ello un mayor desmadre de la ilegalidad al espectculo de una poblacin disfrazada con insignias del imperio que por todos los medios ha intentado estrangularla, aunque no lo ha conseguido. Ni lo conseguir mientras la mayora del pueblo lo mantenga a raya, y eso incluye lo simblico.

(Tomado de Bohemia Digital)



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