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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-05-2017

Filosofa de la sospecha: pensamiento crtico y retorno a los orgenes

Patricia Terino Aguilar
Rebelin


Los filsofos no han hecho ms que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de trasformarlo


Fue en 1845 cuando Marx escribi esta famosa Tesis XI sobre Feuerbach, abriendo as una nueva y decisiva etapa para la filosofa, su enseanza, su transmisin y su puesta en prctica, actividades reservadas hasta ese momento a una reducida elite de pensadores que poda disfrutar de los conocimientos adquiridos a travs de esta disciplina, con el consabido poder que ello conlleva, no solo en el mbito intelectual, sino tambin en los diversos campos que conforman a la persona.

El modo en que Marx entendi la filosofa hizo que esta cambiara de rumbo, concibindola como una herramienta imprescindible para la transformacin de la sociedad que habitaba. Con Marx, la filosofa ampla su horizonte y ya no queda reducida exclusivamente al mbito acadmico, sino que sale de las aulas, de la universidad y de los crculos privilegiados para incorporarse a la ciudadana en forma de conocimiento, de toma de conciencia y de crtica hacia el modelo de sociedad imperante.

Fueron muchas las aportaciones que Marx llev a cabo en el mbito de la teora econmica, social y poltica, amparndose en el anlisis exhaustivo que hizo del contexto histrico que vivi. Y muchos tambin los detractores de su filosofa y de las conclusiones que alcanz en torno al capitalismo, a las bases que lo sustentan y al sistema que obedece. Pero desde la perspectiva que atiende ms estrictamente al concepto de filosofa defendido por Marx, pocos se atrevern a cuestionar la riqueza de la que este dota a esta antigua disciplina y saber, devolvindola a sus orgenes preacadmicos y atribuyndole las funciones primigenias que le son propias y que ni siquiera el orden establecido pudo ya evitar su desarrollo a partir del S. XIX.

Pero no fue solo Marx quien llev a cabo esta labor revitalizante de la filosofa, sino que estuvo acompaado en este proceso histrico de cambios, no solo en el mbito del pensamiento, sino en todos los estadios que ocupa el mundo contemporneo, por Nietzsche y por Freud, conformando lo que se ha dado en llamar la Filosofa de la sospecha. Esta se inicia cronolgicamente con Marx, aunque todos compartan un mismo contexto, el del S.XIX y comienzos del XX, determinante para el devenir histrico del ser humano y nuestra comprensin acerca del mismo.

Marx sita su teora filosfica en torno al inicio y el desarrollo posterior del sistema capitalista, trazando sus tesis histricas sobre el materialismo tradicional, sobre la dialctica heredada de Hegel y aplicada a la lucha de clases, sobre el concepto de alienacin ya estudiado por Feuerbach y ahora revisado y adaptado a la teora marxista, sobre los fundamentos aportados por los idelogos y economistas en los que se ampara el capitalismo, y finalmente, sobre una profunda antropologa que sienta sus bases en los conceptos de trabajo, economa y sociedad, profundamente vinculados entre s, para establecer una determinada visin del mundo y del ser humano que en l habita.

Por su parte Nietzsche, elabora una crtica muy agresiva contra toda la tradicin filosfica occidental, cimentada buena parte de ella, sobre el judeocristianismo y todos los valores que este ha defendido e instaurado en el mbito de la moral, extendindose al resto de planos de la realidad y condicionando, de este modo, nuestra manera de enfrentarnos a ellos. La filosofa, segn Nietzsche, comienza su etapa decadente a partir de la conceptualizacin que de ella llevan a cabo Scrates y Platn, continuada posteriormente por el resto del pensamiento occidental. Pero no solo la filosofa se corrompe al quedar atrapada bajo el yugo del concepto y el influjo de las religiones monotestas, sino que la decadencia se extiende tambin al resto de saberes occidentales, dada la desvirtualizacin sufrida por las ideas desde la ruptura que tuvo lugar en la antigua Grecia entre lo que Nietzsche llama lo apolneo y lo dionisaco, en perfecto equilibrio hasta la sistematizacin socrtico-platnica.Y esta misma tendencia racionalizante que recorre Occidente se extiende tambin a la ciencia, al lenguaje, a la poltica, o a la sociedad, contra las que Nietzsche arremete, tachndolas de castradoras, en trminos freudianos, de la autntica esencia de la filosofa genuina, aquella connatural al ser humano y anterior al academicismo al que queda confinada tras el triunfo del paradigma occidental al que est sometida.

Freud es el tercer miembro de esta corriente de pensamiento crtico con el orden establecido y con la herencia recibida de la tradicin occidental. Sus ataques, en la lnea agresiva de Nietzsche, se dirigen especialmente a la cultura, entendida como aquel complejo entramado sobre el que hemos edificado nuestro mundo, condicionando nuestro quehacer en l y modificando a la vez nuestras propias tendencias naturales para poder adaptarnos al constructo que hemos creado. Freud mantiene una visin negativa de este concepto de cultura, especialmente en su versin occidental, donde se acentan todos los rasgos artificiales que hemos incorporado a nuestro ser, en detrimento, olvido y casi abandono de aquellos otros naturales que por encima de todo, nos constituyen. Naturaleza y cultura, physis y nomos, se convierten en los conceptos antagnicos que recorren las tesis de Freud, dotndolas del carcter cientfico propio de una poca en la que la supremaca de la ciencia otorga toda la credibilidad que necesitan las cuestiones tratadas. Y en este caso, ms all de la influencia que recibiera el propio Freud de su contexto histrico, se empe especialmente en transmitir el carcter cientfico del psicoanlisis para que fuera considerado por sus colegas de profesin y por el resto de la comunidad, no solo como una corriente ms de la recin inaugurada psicologa cientfica, sino como la va definitiva para explicar y fundamentar las afecciones de la psique y las patologas asociadas a ella.

Y es comprensible este afn de Freud por el reconocimiento cientfico de su disciplina y sus descubrimientos, puesto que muchos de los males presentados en pacientes a los que trataba eran considerados por el conservadurismo y por la supersticin como fruto de brujera (en su sentido peyorativo, acuado en Occidente) o incluso casi posesin diablica, cuando el mundo an no estaba familiarizado con la histeria, ni con la ansiedad, ni con el estrs, ni con la depresin o con la neurosis, de la que pocos quedan exentos en la actualidad. El propio Freud lleg a afirmar que todas la personas sufren de neurosis en el Occidente actual, dadas las caractersticas propias del mundo en que vivimos y sus exigencias para con la anulacin pulsional e instintiva que requiere de nosotros.

La represin del deseo y de nuestros caracteres ms esenciales, la supremaca del principio de realidad en detrimento del de placer, la interiorizacin de las normas y convencionalismos sociales y culturales, el anlisis de los diferentes tabes que recorren nuestra historia, la sublimacin como mecanismo de aceptacin interna y externa, o la extensin de la sexualidad en el espacio (no solo restringida a los genitales) y en el tiempo (ms all de la exclusividad de la edad adulta) que lleva a cabo Freud, son algunas de las cuestiones desarrolladas por el psicoanlisis originario, centradas, buena parte de ellas, en uno de los mayores descubrimientos del pasado siglo: el inconsciente.

Y precisamente debido al inconsciente, la filosofa se ve obligada a redirigir sus teoras tradicionales acerca del conocimiento, del comportamiento humano, de las relaciones que establecemos, y de la propia visin del mundo y del ser humano que habamos mantenido hasta ese momento (1). La gnoseologa, amparada en la concepcin tan favorecedora que se mantena de la ciencia, su objeto de estudio y su metodologa en la era positivista de comienzos del S.XX, tuvo que incorporar a su propio proceder filosfico, un nuevo paradigma, en trminos estrictamente kuhnianos, sobre el conocimiento humano, sus lmites y los caracteres de esa nueva y determinante parcela de nuestra mente. A las categoras de racionalidad, subjetividad, consciencia o lgica que se haban aplicado al estudio del conocimiento desde la Modernidad y su giro temtico hacia el yo, hay que sumar todas las propiedades bsicas de una parte de nuestra mente ms poderosa y decisiva que la consciente. Por ello, no fue tarea fcil para la filosofa tradicional en los inicios del psicoanlisis hablar de todo aquello que define esencialmente al inconsciente: lo mgico, lo irracional, lo ilgico, lo simblico. Y todos esos caracteres, al formar parte de nosotros, tambin lo hace de la filosofa, como actividad connatural al ser humano.

La Filosofa de la sospecha, a travs de los diferentes campos de estudio que trata, pone de manifiesto las cualidades originarias de este saber tal como se entendieron y percibieron antes de constituirse como disciplina exclusivamente racional y conceptual en Occidente.

Nuestra tradicin se ha esforzado tanto en ensearnos los orgenes de la filosofa occidental, con sus cotas de influencia oriental, a modo de pequeas concesiones como cortesa para compensar su excesivo etnocentrismo a este respecto, que no nos planteamos que la filosofa pudiera existir antes de Grecia y de Tales, Anaximandro y Anaxmenes, como los libros de texto y los propios manuales de filosofa recogen de manera ordenada y cronolgica. Se trata de los tres primeros filsofos de la historia (occidental), con sus elementos primordiales a partir de los cuales surge la vida y el propio universo y a los que han de retornar en el ciclo permanente de la espiral csmica. Agua, apeiron (traducido comnmente como lo indeterminado) y aire, componen el arj, el principio de todo, respectivamente, para cada uno de estos primeros filsofos. Y es aqu donde la historia fija el inicio de la tradicin occidental del pensamiento, donde se produce el conocido paso del mito al logos, tan didctico para los alumnos que aprenden esta materia, pero tan superficial al mismo tiempo y con tantos malentendidos que acabamos interiorizando, conformando un concepto errneo en buena medida, de la filosofa, del pensamiento y de todo lo que lo integra, mediatizado por la visin exclusivamente racional del mismo de la que le ha dotado Occidente.

La filosofa, entendida desde el concepto que defiende la misma tradicin que fija sus orgenes en la Antigua Grecia, se ha concebido como la historia de las ideas y de su evolucin desde el punto de vista cronolgico, por lo que las nuevas ideas se revisten de una especie de autoridad moral, reflexiva y filosfica con respecto a sus predecesoras en el contexto histrico anterior, como una suerte de superacin constante acorde a una hipottica y continua mejora de nuestras capacidades intelectuales (2), aunque estas, desde el punto de vista neurobiolgico, se hayan mantenido en los mismos niveles al menos desde los ltimos 150.000 aos. Por eso, es lcito pensar que la evolucin de las ideas y la consabida superioridad que lleva aparejada dicho concepto, no solo en el mbito de la filosofa, responde ms bien, a un aumento de la complejidad del mundo que construimos y que hemos ido creando desde las primeras civilizaciones conocidas, lo que nos ha obligado a cambiar nuestro pensamiento, nuestra visin de la realidad, nuestra manera de entender la filosofa y la propia filosofa junto con todo lo que a esta rodea, nuestro lenguaje y las relaciones humanas, en un intento permanente e instintivo de adaptacin al artefacto que nosotros mismos hemos construido.

Por eso, la filosofa de la naturaleza desarrollada por Tales, Anaximandro y Anaxmenes, as como la del resto de presocrticos, es superada racionalmente por las reflexiones posteriores sobre el ser humano, su mundo interior y su entorno llevadas a cabo por Scrates. Al igual que ellos mismos, los presocrticos, superaron a sus  antecesores, que ni siquiera hacan filosofa, segn la tradicin, sino que se trataba de una serie de cosmogonas planteadas desde los mitos y los poemas. Y unos siglos ms tarde, el discpulo ms conocido de Scrates, Platn, sistematiza las enseanzas del maestro, elevndolas a un nivel ms profundo al introducirlas en la metafsica que a partir de ese momento recorrera la historia del pensamiento occidental, con mayores o menores modificaciones, pero sin prcticamente cuestionamientos importantes al respecto hasta Heidegger y su famosa diferencia ontolgica. Pero antes de Heidegger, lleg la filosofa de la sospecha.

La filosofa moderna y sus rasgos incipientes ya en la Baja Edad Media y el Renacimiento, y su giro hacia la subjetividad, aporta nuevas claves para entender nuestra naturaleza, superando (de nuevo), en cierto sentido la larga etapa medieval y la supeditacin del pensamiento a las creencias religiosas que abordaron la batalla entre razn y fe presente a lo largo de todo este perodo. Como tambin ocurri con la Ilustracin y el excesivo entusiasmo puesto en el concepto de progreso, acuado en el Siglo de las Luces, lo que trajo consigo una nueva superacin del pensamiento anterior y una mayor racionalizacin del mismo, lo que culmina con el positivismo que recorre el S. XIX en todos los campos del saber. Y es precisamente aqu, en este perodo decimonnico, imbuido del carcter cientfico del que quiere dotarse a todas las disciplinas, donde tiene lugar el mximo desarrollo del pensamiento en sus trminos ms estrictamente evolutivos, dado el contexto darwinista en el que nos encontramos, y que el propio Comte, mximo representante del positivismo filosfico, se apresura en tildar de estadio positivo del pensamiento humano, superando una vez ms, a los anteriores (3).

La filosofa occidental es la historia de la superacin de las ideas, del intento permanente de culminacin de las mismas, que muchos han atribuido a su propia persona y doctrinas, como en el caso de Hegel. Pero esa constante superacin, entendida por la tradicin como una evolucin lgica de nuestro pensamiento de acuerdo con realidades cada vez ms complejas que hemos de afrontar, ha cado en una excesiva racionalizacin, privando a la filosofa de sus rasgos ms primigenios y estableciendo as una lnea de demarcacin, como bien se encargaron de ello los neopositivistas de comienzos del S.XX, entre lo que es filosofa y lo que no lo es. No en vano, el recorrido del pensamiento occidental ha estado marcado por la revalorizacin, cada vez ms acentuada, de los aspectos formales, racionales, conceptuales y sistemticos de la filosofa, en detrimento de todos aquellos caracteres que la definen, con mayor fundamento que los anteriores, como una disposicin, una cualidad (anterior a la disciplina como tal) inherente a la propia naturaleza humana (4). Hablamos de la sensibilidad, tan denostada por la historia del pensamiento en favor de la racionalidad y de las diferentes teoras del conocimiento que proliferan durante la Modernidad, histrica y filosfica; de la pasin, de lo irracional, de nuestra consciencia sobre el mundo real, de nuestro vnculo con todo lo que nos constituye de manera natural, de lo simblico, de todo lo inconsciente que determina nuestros actos y nuestro propio pensamiento, aunque la consciencia siga adjudicndose dicha tarea, reservando al inconsciente solo aquellos resultados negativos o actuaciones reprobables, fruto de un proceder no consciente.

La filosofa de la sospecha lleg en un momento decisivo para el curso de nuestra historia, suponiendo un punto de no retorno en la constitucin del mundo que hemos construido. El S.XIX sienta las bases definitivas para la conformacin de la realidad existencial, mecnica, superficial y alienante de la actualidad, que venan gestndose desde el Renacimiento y su abrumador cambio de paradigma, comparable al de la Revolucin Neoltica y cuyo rasgo ms determinante para el inicio del nuevo proceder histrico, a mi juicio, es la concepcin, interiorizada a partir de este momento, del dominio del ser humano sobre la naturaleza, ejemplificada en muchos pensadores del momento, tanto desde la filosofa como desde la ciencia, hasta entonces saberes casi indistinguibles (5).

Paradjicamente, cuando la filosofa en la Modernidad gira hacia la subjetividad y centra su mirada en nuestro interior, comienza al mismo tiempo el proceso imparable, hasta el momento, de desvinculacin con aquello que ms autnticamente nos constituye, o lo hizo en los orgenes, con todos los rasgos y cualidades naturales que nos han ido alejando de nuestros ancestros, sacrificndolos en favor de la cultura, la ley, las religiones monotestas, los convencionalismos, las directrices complejas y envolventes a las que hemos de enfrentarnos y, en definitiva, al nomos, como bien lo definieron los sofistas para incluir todos estos trminos y aseverar su constante enfrentamiento con lo que en contraposicin a todo ello se denomin physis.

Y para adaptarnos al mundo que nosotros mismos vamos generando, reprimimos nuestros deseos ms primarios, renegamos de nuestros instintos naturales y nos habituamos al adoctrinamiento en el que se nos educa, en el del progreso, el del bienestar, el de los metarrelatos de los que hablaba Lyotard, al mismo tiempo que modificamos tambin nuestro pensamiento, nuestra manera de sistematizarlo, nuestra visin de la realidad y de las relaciones que en ella y con ella entablamos, y alteramos el propio concepto de filosofa, casi desterrando de l la admiracin, el asombro, la espontaneidad, la emocin, la pasin, la conexin con aquello de lo que formamos parte, la contemplacin, o la mera observacin, que ya no tiene cabida en el tiempo de la inmediatez, de lo mecnico y de lo superficial.

Y es as cmo la filosofa en nuestro mundo actual pierde parte de su esencia, la originaria, la que se olvid hace mucho tiempo, pero tambin la que se le atribuy desde la sistematizacin de la misma en la Antigedad, es decir, su carcter especialmente racionalizante y conceptualizador, heredero de la profundidad metafsica de la que haba hecho gala Occidente. Y afectada tambin por la cada vez ms acuciada falta de profundidad de la realidad que vivimos, por la carencia de la mirada interna que requerimos sin saberlo y por la mediacin constante de la tecnologa y sus implicaciones en nuestro modo de concebir el mundo y pensarlo, lo que, por otra parte, ha conseguido alterar nuestro propio sistema cognitivo, la filosofa y la manera que tenemos hoy de entenderla, se vuelve tan superficial como el resto del entorno que hemos construido (6). No en vano, desde el pragmatismo filosfico se la relega a una funcin meramente discursiva, como ya apuntara R. Rorty, o a una accin comunicativa, como propuso Habermas, fiel a su exigencia de una tica del discurso, acorde con los modelos que sobre una base exclusivamente terica proclaman los sistemas occidentales imperantes.

Y todo ello en la era de la filosofa postanaltica, a la que ya apuntaban los miembros del Crculo de Viena cuando pretendan desprender al pensamiento tradicional de todas sus intiles ataduras metafsicas, otorgndole la tarea exclusiva del anlisis lgico del lenguaje. Pero no tuvieron en cuenta el condicionamiento tan agresivo al que estara expuesto nuestro pensamiento y las interacciones que por medio de l llevamos a cabo debido al influjo de la llamada tecnologa intelectual (7), lo que ha debilitando enormemente nuestra capacidad para profundizar sobre las cuestiones que nos rodean, modificando nuestro modo de interaccin con el objeto a estudiar, y en definitiva, alterando nuestras cualidades cognitivas en favor de una mayor superficialidad al respecto. El anlisis lgico del lenguaje al que aspiraba la filosofa neopositivista ha degenerado en la actualidad en un empobrecimiento del lenguaje en todos sus mbitos y en una falta de profundidad en las ideas a tratar, generando tambin en la filosofa el carcter superficial propio de nuestra era, desprendindola de aquellos rasgos excesivamente sistematizadores, objeto de nuestra crtica, pero sin serles devueltos aquellos otros que la originaron y que reivindicamos, como hiciera la filosofa de la sospecha. Por lo que nos encontramos con una tradicin que reniega de los caracteres ms propiamente pasionales de la filosofa, los que la asemejan al arte, a lo simblico, a lo irracional, en su sentido ms benigno, a lo pico o lo fastico, como dira Spengler, a lo mstico, o a la poesa, como hicieron el segundo Wittgenstein, Holderlin, o Heidegger en su ltima etapa, para quien precisamente la poesa y lo que esta representa es el nico lenguaje posible en la bsqueda del Ser. Y por otro lado, esa misma tradicin que abog por la razn, por el concepto, por la lgica y por el formalismo desapasionado de una rgida filosofa, es sustituida en la actualidad, en buena parte, por el pensamiento adormecido al que nos hemos habituado dado el contexto que vivimos y al que nos ha abocado el orden hegemnico en un intento ms por mantener los mecanismos de control que le son propios. El modo en que pensamos, la forma en que utilizamos nuestro pensamiento y en la que vamos alterando sus maneras ancestrales de funcionamiento, es uno de esos mecanismos de control entre tantos otros.

Es por ello que los pensadores de la sospecha, cada uno desde su mbito concreto de estudio y reflexin, llevan a cabo, no solo un cuestionamiento de la tradicin occidental de pensamiento, acentuando su recelo ante la misma (de ah el trmino de sospecha acuado en este sentido por Paul Ricoeur), sino tambin, una invitacin a la toma de consciencia sobre el mundo que habitamos y todos los componentes que lo integran; una recuperacin de los valores y actitudes propias y genuinas de la filosofa, marginados durante los largos siglos de rgida conceptualizacin; y por ltimo, la posibilidad de sentar las bases para un autntico pensamiento crtico que tendr su continuidad en las disciplinas, corrientes y pensadores surgidos tras la influencia de la filosofa de la sospecha (8).

La filosofa tiene que servir, entre otras muchas cosas, para transformar el mundo, como pensaba Marx. De ah la importancia de la crtica, del inconformismo, de la indignacin, de la capacidad para cuestionar el orden establecido cuando este deviene en injusticias de toda ndole, actitudes todas ellas propias de una autntica filosofa, hoy especialmente vulnerable por las pretensiones de un sistema educativo que ve peligrar la hegemona del poder imperante cuando la ciudadana conoce la historia de las ideas, aprende a cuestionarlas argumentando desde la lgica y la coherencia y, en consecuencia, toma consciencia de su entorno y del funcionamiento del mundo que habita.

La filosofa de la sospecha ha contribuido a continuar los anhelos de lucha y transformacin de la sociedad que se mantienen en la actualidad en forma de movimientos sociales, vecinales y ciudadanos, a travs del conocimiento y de la toma de contacto con la realidad, hacindolo desde las bases mismas que sustentan al sistema occidental imperante y a su modo de proceder, que podr eliminar a la filosofa de las aulas, pero no conseguir sacarla de las calles y de la consciencia de la ciudadana. La filosofa de la sospecha y su anlisis de la realidad cumplieron con su labor hace tiempo y legaron su disposicin crtica a las corrientes y movimientos venideros. El feminismo, el antibelicismo, el ecologismo, el anticapitalismo, y en general, la contracultura generada en los aos sesenta del pasado siglo, llevan el germen de la filosofa de la sospecha en su versin ms activa y contestataria. Y somos herederos de aquellos que no se conformaron ni se resignaron a participar de un mundo y de unos modelos de vida establecidos por un sistema de poder destructivo.

La filosofa de la sospecha, ha conseguido desarrollar su actividad bajo una doble vertiente: la del anlisis y la crtica evidente que lleva a cabo de la cultura occidental imperante y de todo su entramado, y la de la reivindicacin de toda una serie de caracteres propios de la filosofa como disposicin connatural al ser humano, perdidos o al menos, apartados de la tradicin. En este ltimo caso, el pensamiento de Nietzsche y de Freud se ha convertido en un referente para la filosofa que aspira a retornar a sus orgenes preacadmicos, donde lo simblico, lo pasional, lo irracional y la propia embriaguez en la que puede sumirnos el arte, resultan imprescindibles para aprehender la realidad y a nosotros mismos insertos en ella. Y en cuanto a Marx, su filosofa gesta las bases de un autntico pensamiento crtico que tendr su correlacin en las corrientes y movimientos actuales (9), pero al igual que sus compaeros de doctrina, etiquetados bajo el mismo rtulo de la sospecha, sus teoras se asientan sobre actitudes primigenias de nuestra especie, que la definen y caracterizan del mismo modo en que lo hacen los rasgos ya mencionados y marginados por la tradicin: la lucha, presente en todas las pocas y contextos histricos conocidos. La lucha contra la opresin, contra las injusticias, contra el sufrimiento; la rebelin de aquellos y aquellas que se atreven a desafiar al orden impuesto en aras de la libertad y, en definitiva, de la dignidad que hemos de preservar. Y ese es el legado del pensamiento de la sospecha, recogido por los que van ms all de la tradicin y de sus enseanzas y por los que an pensamos que no solo hemos de interpretar el mundo, sino tambin transformarlo.

Notas:

1. No en vano el propio Freud habla de lo que l mismo ha dado en llamar las tres grandes humillaciones de la humanidad (en Conferencias de introduccin al psicoanlisis, 1916-17). La primera de ellas la protagoniza Coprnico y la instauracin definitiva de la teora heliocntrica. La segunda est representada por Darwin y la teora de la evolucin. Y la tercera la identifica consigo mismo y el descubrimiento del inconsciente. En todas ellas se evidencia la vulnerabilidad del ser humano, hasta entonces erigido, respectivamente, en centro del universo, superior al resto de especies, con las que no mantiene ninguna deuda biolgica, y sabedor de su propia consciencia, para la que no se admitan lmites en la adquisicin de conocimientos.

2. Es necesario sealar excepciones a este respecto, como las referidas a corrientes de filosofa actuales como la Postmodernidad, tachada de pensamiento dbil por sus antecesoras en el mbito del pensamiento, quienes le critican el hasto, la desesperanza o la deconstruccin que lleva a cabo sin propuestas alternativas a la situacin de barbarie existencial actual, por otro lado comprensible este cierto abandono dadas las condiciones de mxima alienacin sufridas por el ser humano de nuestro tiempo, lo que puede entenderse por el pensamiento postmoderno como un fracaso de la filosofa como herramienta para la transformacin.

3. Se trata de la conocida teora comtiana de los tres estadios, teolgico, metafsico y positivo, donde cada uno de ellos es superado por el siguiente, en una cada vez mayor complejidad cientfica y racional, hasta alcanzar el ltimo de ellos y ms perfeccionado en este sentido, el estadio positivo, con el que Comte identifica su propio contexto histrico.

4. Inmanuel Kant, en el S.XVIII, abord esta cuestin de la tendencia natural del ser humano hacia la metafsica, hacia el planteamiento de cuestiones que superan nuestras facultades intelectuales para su resolucin, pero lo hizo nuevamente desde la sistematicidad que caracteriza a la filosofa occidental, reduciendo las mltiples posibilidades que ofrece el pensamiento al encerrarlo en conceptos, como l mismo hizo en su anlisis sobre el funcionamiento del conocimiento, desarrollado en su Crtica de la razn pura.

5. Ser especialmente Francis Bacon quien se convierta en adalid de este lema, entusiasmado por los nuevos descubrimientos que propiciarn la Revolucin Cientfica iniciada en 1543 con la teora heliocntrica expuesta por Coprnico; por la incipiente experimentacin, que se materializar definitivamente unos aos ms tarde con Galileo; por el mtodo inductivo en las nuevas investigaciones, fruto del cierto frescor que aport el empirismo al dogmatismo racionalista de los ltimos siglos; o por las teoras del conocimiento, de la consciencia o de la subjetividad que se sitan en el centro de inters de la filosofa moderna, desbancando las cuestiones ms estrictamente religiosas del mbito del pensamiento, que tanto lo haban condicionado durante la larga Edad Media.

6. Esta cuestin se encuentra desarrollada exhaustivamente en la obra Superficiales: qu est haciendo internet con nuestras mentes, de N. Carr, donde aporta todos los datos extrados de la investigacin cientfica a este respecto que corroboran el deterioro de nuestras capacidades cognitivas, nuestra tendencia a la dispersin de los conceptos estudiados o la prdida de nuestras habilidades retentivas y memorsticas, entre otras muchas, como consecuencia de nuestros hbitos actuales, supeditados casi en su totalidad al uso de la tecnologa.

7. En Superficiales: qu est haciendo internet con nuestras mentes, Taurus, Madrid, 2010 (N. Carr).

8. Especialmente relevante son las aportaciones a este respecto de la Escuela de Frankfurt, el segundo Heidegger, el existencialismo de Sartre y Simone de Beauvoir, P. Sloterdijk, Jung, Lacan, el postestructuralismo de Deleuze o el pensamiento postmoderno de Vattimo o Lyotard, entre otras corrientes y pensadores.

9. Sindicalismo, feminismo, ecologismo, plataformas ciudadanas y vecinales y todos aquellos movimientos actuales que denuncien las injusticias del sistema, proponiendo alternativas viables al mismo.

Patricia Terino. Licenciada en filosofa, profesora y escritora.

Blog de la autora: http://patriciaterino.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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