Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2005

El Lobby israel y la izquierda: Preguntas incmodas

Jeffrey Blankfort
Left Curve

Traducido para Rebelin por Felisa Sastre


Corra 1991, Noam Chomsky acababa de terminar una conferencia en Berkeley sobre el conflicto israel-palestino y contestaba a las preguntas del pblico. Un rabe-estadounidense le pidi que explicara su postura sobre la influencia del Lobby israel de Estados Unidos.

Chomsky respondi que habitualmente su ascendiente se exageraba y que como otros grupos de presin, slo pareca poderoso cuando su posicin coincida con las elites que marcaban la poltica en Washington. Al inicio de la velada, haba asegurado que Israel reciba apoyo de Estados Unidos como recompensa a los servicios que les prestaba en su calidad de vigilante en Oriente Prximo.

La respuesta de Chomsky provoc una clida ovacin de la audiencia que, sin duda, se senta complacida de tener judos estadounidenses que absolvan a Israel de cualquier culpabilidad en la opresin de los palestinos que se encontraban entonces en el cuarto ao de su primera Intifada.

Lo que resulta significativo es que las explicaciones de Chomsky sobre al apoyo poltico y financiero que EE.UU. ha concedido a Israel durante aos slo las comparten los que se conoce genricamente como lobby israel, y casi nadie ms.

Bueno, no exactamente casi nadie. Entre las excepciones se encuentra la mayora abrumadora de las dos cmaras del Congreso, los principales medios de informacin y, lo que resulta igualmente significativo, prcticamente toda la izquierda estadounidense, tanto la ideolgica como la idealista, incluidas las organizaciones que de manera ostensible se encuentran en la vanguardia de la lucha por los derechos de los palestinos.

El que, en esta cuestin, exista unanimidad de pensamiento entre los partidarios de Israel y la izquierda puede ayudar a explicar por qu el movimiento de apoyo a Palestina en Estados Unidos ha fracasado por completo.

La postura de Chomsky sobre el lobby ya haba quedado clara mucho antes de aquella velada en Berkeley. En The Fateful Triangle, publicado en 1983, le concede poca relevancia:

Con frecuencia, esa especial relacin se atribuye a las presiones polticas del interior, en particular a la eficacia de la comunidad juda estadounidense en la vida poltica y a su influencia en la opinin pblica. Si bien hay algo de cierto en ello...se subestima el alcance del apoyo a Israel y... se sobreestima el papel de los grupos de presin poltica en la toma de decisiones. 1

Una ao antes, el Congreso aplaudi la devastadora invasin del Lbano por Israel, y concedi millones de dlares como ayuda adicional para pagar los proyectiles que el ejrcito israel haba gastado. Qu cantidad de esa ayuda se deba al apoyo a Israel de los legisladores y qu parte se deba a las presiones del lobby israel? Es una cuestin que la izquierda debiera haber analizado en su momento pero no lo hizo. Veinte aos despus, el punto de vista de Chomsky, constituye todava el saber convencional.

En 2001, en mitad de la segunda Intifada, fue ms all, argumentando que es impropio- particularmente en Estados Unidos- condenar las atrocidades israeles, y que el trmino ms correcto es hablar del conflicto entre EE.UU./ Israel y Palestina, comparable a la misma responsabilidad de los crmenes apoyados por Rusia en Europa del Este (y) los crmenes apoyados por Estados Unidos en Centroamrica. Para dar nfasis al asunto, escriba los helicpteros de la Fuerzas Armadas israeles son de fabricacin estadounidense con pilotos israeles2.

El Prof. Stephan Zunes, a quien se podra considerar un aclito de Chomsky, no slo eximira de toda responsabilidad a los judos israeles por sus actos, sino que tratara de hacernos creer que son las vctimas.

En Tinderbox, su muy alabado (por Chomsky y otros) nuevo libro sobre Oriente Prximo, Zunes critica a los rabes por responsabilizar a Israel, al sionismo o a las judos de sus problemas. Segn Zunes, los israeles se han visto obligados a asumir un papel semejante al que se asign a los miembros de los guetos judos de Europa Oriental que prestaron servicios, especialmente la recaudacin de impuestos, como intermediarios entre los seores feudales y los siervos en pocas pasadas. En efecto, escribe Zunes, en la actualidad, la poltica estadounidense est de acuerdo con este anti-semitismo histrico3. Pero cualquiera que compare el relativo poder de la comunidad juda en siglos pasados con lo que ocurre hoy en Estados Unidos encontrar absurda esa afirmacin.

El poder judo ha sido, en efecto, pregonado a todos los vientos por un nmero de escritores judos, entre ellos, J.J.Goldberg, editor del semanario judo Forward, que ha escrito un libro con ese mismo ttulo4. Cualquier tentativa, no obstante, de explorar el asunto desde un punto de vista crtico, inevitablemente conduce a las acusaciones de anti-semitismo, tal como Bill y Kathy Christison han puesto de manifiesto en su artculo del 25 de enero de 2001 en Counterpunch sobre el papel desempeado por los ultraderechistas neoconservadores judos en la direccin de la poltica estadounidense en Oriente Prximo:

A cualquiera que tenga la temeridad de sugerir que existe una instigacin israel, o incluso implicacin, en la planificacin de la guerra de la Administracin Bush se le etiqueta inevitablemente, en cualquier momento, como antisemita. El slo hecho de susurrar la palabra dominacin, en las cercanas de la palabra Israel, como en la dominacin estadounidense-israel de Oriente Prximo o Las maniobras de Estados Unidos para asegurarse la dominacin mundial y garantizar la seguridad de Israel es suficiente para que algunos izquierdistas, que por otra parte se oponen a la Guerra en Irak, saquen a relucir acusaciones de promover los Protocols of the Elders of Zion (Los protocolos de los sabios de Sin), la antigua invencin zarista que afirmaba exista una conspiracin juda para dominar el mundo5.

Presumiblemente, esto e lo que Zunes podra llamar un ejemplo del anti-semitismo latente que ha salido a la luz con exageradas proclamas sobre el poder poltico y econmico de los judos6 Y que es una ingenua suposicin creer que la toma de decisiones en poltica exterior en Estados Unidos es lo suficientemente pluralista para que ningn lobby pueda tener tanta influencia7

No se puede decir que sea la primera vez que los judos se han situado en los ms altos escalones del poder, como seala Benjamin Ginzberg en The Fatal Embrace: Jews and the State (El abrazo fatal: los judos y el Estado), pero nunca se haba producido una situacin parecida a la actual. As es como Ginzberg empieza su libro:

Desde los aos 60, los judos han llegado a conseguir una considerable influencia en la vida econmica, cultural, intelectual y poltica de Estados Unidos. Los judos han desempeado un papel primordial en el mundo financiero estadounidense durante los aos 80, y se encuentran entre los principales beneficiarios de las fusiones y reorganizaciones empresariales de esa dcada. En la actualidad, aunque la poblacin juda escasamente llega al 2% del total nacional, cerca de la mitad de los millonarios del pas son judos. Los principales directivos ejecutivos de las tres principales cadenas de televisin y de los cuatro mayores estudios cinematogrficos son judos, as como los propietarios de los principales cadenas de peridicos y del ms influyente diario, el New York Times8

El prrafo anterior fue escrito en 1993. Hoy, diez aos despus, judos estadounidenses, fervientes partidarios de Israel ocupan posiciones de influencia sin precedentes en el interior de Estados Unidos y han asumido o estn en situacin de tomar decisiones sobre prcticamente cualquier sector de nuestra cultura y del Estado. No se trata de una conspiracin secreta. Los lectores habituales de las pginas de negocios en el New York Times, que informan de las idas y venidas de los magnates de los medios de comunicacin, son sin duda conscientes de ello. Quiere decir esto que todos y cada uno de ellos sean fanticos de Israel? No necesariamente, pero cuando se comparan los medios de informacin estadounidenses con los europeos en relacin con la cobertura que unos y otros prestan al conflicto palestino-israel, aparece de forma clara la extrema tendencia a favor de Israel de los medios estadounidenses.

Ello podra explicar el descubrimiento de Eric Alterman de que los europeos y los estadounidenses difieren profundamente en su opiniones sobre la cuestin Israel/ Palestina, tanto a nivel de las elites como a nivel popular, con los estadounidenses inclinndose a favor de Israel y los europeos hacia la causa palestina9.

Un componente adicional en el anlisis de Chomsky es su insistencia en que son los Estados Unidos, mucho ms que Israel, quienes son el Estado que opone, lo que quiere decir que si no fuera por EE.UU., Israel habra abandonado hace mucho Cisjordania y la franja de Gaza para que se instaurara all un mini-Estado.

Para su anlisis, resulta esencial la idea de que todas las Administraciones estadounidenses desde la poca de Eisenhower han intentado conciliar los intereses de Israel con la agenda mundial y regional de Estados Unidos. Este es un asunto muy complejo que Chomsky intenta hacernos creer.

Personas bien informadas, tanto crticas como partidarias de Israel, han expuesto en detalle los principales conflictos que se han producido entre las administraciones de EE.UU. e Israel a lo largo de los aos, en los que Israel, gracias a la diligencia de su lobby interior, normalmente ha prevalecido.

En particular, Chomsky ignora o malinterpreta los esfuerzos llevados a cabo por todos los presidentes estadounidenses, empezando por Richard Nixon, para contener el expansionismo de Israel; para detener su instalacin de colonias y para conseguir que se retirara de los Territorios Ocupados10

Qu ha pasado con todos esos maravillosos Planes? se pregunta el periodista y pacifista israel, Uri Avnery. Pues que el Gobierno de Israel ha movilizado a la poderosa comunidad juda estadounidense - que domina el Congreso y los medios de informacin en gran medida- contra ellos. Enfrentados a una oposicin tan fuerte, todos los presidentes: las grandes estrellas de ftbol y de cine, han cedido uno tras otro11.

Gerald Ford, indignado porque Israel se haba negado a abandonar el Sina a raz de la guerra de 1973, y secundado por el Secretario de Estado, Henri Kissinger, no slo suspendi la ayuda durante seis meses en 1975, sino que en marzo del mismo ao pronunci un discurso en el que peda que se reconsideraran las relaciones entre Estados Unidos e Israel. En unas semanas, el AIPAC (American Israel Public Affairs Committee)- lobby de Israel en Washington- prepar una carta que firmaron 76 senadores confirmando su apoyo a Israel, y sugiriendo que la Casa Blanca tuviera a bien hacer lo mismo. El lenguaje y el tono eran fuertes y casi intimidantes. Ford se ech atrs12

No hay ms que observar la actual presidencia de Bush para comprobar que este fenmeno constituye todava la norma. En 1991, el mismo ao de la conferencia de Chomsky, el primer ministro israel Yizthak Shamir pidi a la primera Administracin Bush 10.000 millones de dlares en avales de prstamos para proceder, segn dijo, al asentamiento de los judos rusos. Bush padre se haba echado atrs ante una peticin del Congreso para asignar 650 millones de dlares adicionales para compensar a Israel por mantenerse al margen de la Guerra del Golfo, pero rectific cuando comprendi que su veto podra anularse pero le dijo a Shamir que Israel slo podra obtener los avales si congelaba la construccin de colonias y prometa que ningn judo ruso se reasentara en Cisjordania.

Un colrico Shamir se neg a ello y recurri al AIPAC para movilizar al Congreso y a la comunidad juda estadounidense en apoyo de los avales de los prstamos. Ms de 240 miembros de la Cmara firmaron una carta, redactada por AIPAC, en la que se exiga a Bush que aprobara las garantas de los prstamos, y 77 senadores firmaron en apoyo de la ley.

El 12 de septiembre de 1991, miembros de los lobbis judos se concentraron en Washington en tal cantidad que Bush se sinti obligado a convocar una conferencia de Prensa televisada, en la que se lament de que 2.000 miembros de lobbis judos estn reunidos en la colina del Capitolio contra un viejo como yo. Parece probado que fue su epitafio. En aquellos momento, Chomsky seal la declaracin de Bush como una prueba de que el tan cacareado lobby de Israel no era ms que un tigre de papel. Era suficiente con levantar una ceja para que el lobby se viniera abajo, cont a los lectores de Z Magazine. Pero no poda estar ms lejos de la verdad13

El da siguiente, Tom Dine, director ejecutivo de AIPAC, declaraba que el 12 de spetiembre de 1991, ha sido un da que hemos vivido como una afrenta. Comentarios similares fueron pronunciados por los lderes judos que acusaron a Bush de provocar antisemitismo. Pero ms importante fue el que sus amigos en los principales medios de informacin, como William Safire, George Will y Charles Krauthammer, no slo le criticaron sino que empezaron a meterse con la economa y con la forma que tena de dirigir el pas. Desde entonces todo fue cuesta abajo. El voto judo de Bush que en 1988 haba alcanzado el 38 %, baj hasta no ms del 12 % y, segn algunos, hasta el 8 por ciento14

La oposicin de Bush a los avales de prstamo fue la gota que rebos el vaso para el lobby de Israel. Cuando en marzo de 1990, hizo algunos comentarios despectivos sobre las colonias judas en Jerusaln Este, AIPAC comenz el ataque (congelado brevemente durante la Guerra del Golfo). Dine public un artculo de opinin en el New York Times al que sigui un vigoroso discurso pronunciado en el Congreso de Jvenes Dirigentes Judos de la United Jewish Appeal. Hermanos y hermanas, les dijo mientras se preparaban para ir a presionar en el Congreso sobre el asunto, recordad que los amigos de Israel en esta ciudad se encientran en la colina del Capitolio15. Meses despus, se aprobaron los avales de los prstamos, pero para entonces Bush era ya un cadver poltico.

Pero, saltemos hacia delante, hasta la pasada primavera (N. T. de 2002. El artculo se public en 2003), cuando Bush hijo exigi al primer ministro Ariel Sharon que retirara sus tropas invasoras de Jenin, con la frase Ya est bien!, lo que apareci en todas las portadas del mundo, a como cuando Sharon se neg a hacerlo. Qu haba ocurrido? Pues que de sus propias filas en el Congreso surgieron crticas feroces y tambin en los medios de informacin de los viejos amigos de su pap. George Will compar a Dubya (N.T. :apodo con el que se conoce a Bush hijo) con Yasser Arafat y le acus de haber perdido su superioridad moral16 El da siguiente, Safire sugera que a Bush se le haba empujado hacia un campo de minas plagado de errores y que se haba convertido en un aliado que duda de que Israel luche por su supervivencia17 Bush hijo recibi el mensaje y, en el plazo de una semana, declar que Sharon era un hombre de paz18 Desde entonces, tal como el periodista Robert Fisk y otros muchos han sealado, Sharon parece que es quien escribe los discursos de Bush.

Hay quienes creen que Bush hijo y los presidentes que le precedieron han efectuado declaraciones crticas con Israel para guardar las apariencias, para convencer al mundo, y a los pases rabes en particular, de que Estados Unidos puede ser un buen intermediario entre los israeles y los palestinos. Pero es difcil defender que ninguno de ellos acepten ser humillados simplemente para avalar la poltica estadounidense.

Una explicacin mejor es la que ofrece Stephen Green, cuyo libro Taking Sides, Americas Secret Relations with Militant Israel (Tomar partido, las relaciones secretas de Estados Unidos con Israel), constituye el primer anlisis de los archivos del Departamento de Estado relativos a las relaciones entre EE.UU. e Israel. Desde la Administracin Eisenhower, escriba Green en 1984, Israel y los amigos de Israel han marcado las grandes lneas de la poltica estadounidense en la regin. A los presidentes estadounidenses se les ha dejado que llevaran a cabo esas polticas, con diversos grados de entusiasmo, y se ocuparan de las cuestiones tcticas 19

Quizs se trate de una pequea exageracin, pero el antiguo senador James Abourezk (Demcrata por Dakota del Sur) repiti las palabras de Green en un discurso ante el Comit rabe-Estadounidense contra la Discriminacin (American Arab Anti-Discriminatio Committee) el pasado junio:

Esta es la situacin de la poltica estadounidense en la actualidad. El lobby israel ha reunido tanto dinero que da a da somos testigos de cmo los senadores y diputados estadounidenses se doblegan ante Israel y su lobby en Estados Unidos.

No se equivoquen. Los votos y el doblegamiento no tienen nada que ver con el amor de los congresistas por Israel, sino con el dinero que los miembros del lobby israel invierten en sus campaas Mis estimaciones ascienden a 6.000 millones de dlares el dinero que se trasvasa del Tesora estadounidense a Israel anualmente.Ese dinero, adems del apoyo poltico que Estados Unidos presta a Israel en Naciones Unidas, es lo que permite a Israel llevar a cabo sus operaciones criminales en Palestina con total impunidad20.

Es una realidad repetida muchas veces y de variadas formas por antiguos niembros del Congreso, normalment hablando of the record, y es la realidad que Chomsky y la izquierda prefiere ignorar. El problema no radica tanto en que Chomsky se haya equivocado, al fin y al cabo ha tenido razn en muchas otras cosas, en particualr al describir las maneras de las que se sirven los medios de infomacin para manipular la conciencia pblica al servicio de los intereses del Estado21 Sin embargo, al explicar el apoyo de Estados Unidos a Israel simplemente como un componente ms de esos intereses, parece que ha cometido un error ms importante con consecuencias que se pueden evaluar. Al aceptar el anlisis de Chomsky, el movimiento de solidaridad palestina ha fracasado al no dar el paso que pudiera debilitar el dominio de Israel sobre el Congreso y el electorado estadounidense, es decir canalizando los miles de millones de dlares en ayudas y exenciones fiscales que anualmente Estados Unidos entrega a Israel.

Las preguntas que se plantean son las de por qu su argumentacin ha sido aceptada con tanto entuasiasmo y por qu la postura contraria mantenida por personas de la talla de Edward Said, Ed Herman, Uri Avnery y, ms recientemente, Alexander Cockburg, ha sido ignorada. Para ello parecen existir varios motivos.

La personas que han puesto en marcha el movimiento, judos y no judos igualmente, han aceptado la posicin de Chomsky porque es el mensaje que queran escuchar; ya que la idea de no culpar a los judo les tranquiliza. El miedo a provocar antisemitismo o a ser considerado antisemita ( o judo que se odia a s mismo) ha llegado a estar tan metido en nuestra cultura y clase poltica que nadie, incluidos Chomsky y Zunes, est inmunizado contra l. Todo ello se refuerza con las continuas alusiones al Holocausto judo que, no de forma accidental, aparece en las pelculas y en los medios de comunicacin regularmente. Chomsky, en especial, ha sido criticado acerbamente por el establishment judo durante dcadas por su crtica a la poltica israel hasta el punto de haber sido excomulgado, una distincin que comparte con la desaparecida Hannah Arendt. Puede ser justo asumir que, a cierto nivel, esta asunto haya influido en el anlisis de Chomsky, pero el problema del movimiento trasciende el miedo a mencionar el antisemitismo, tal como Chomsky es consciente y seala acertamente en The Fateful Triangle:

Los grupos de izquierda y los pacifistas estaodunidenses, salvo algunos personajes marginales, han sido, en general, muy partidarios de Israel (en contra de muchas alegaciones infundadas), algunos de forma apasionada, y han hecho la vista gorda a hechos que si hubieran porducido en otra parte habran denunciado a toda prisa22.

El tema de la ayuda estadounidense a Israel es un ejemplo claro. Durante la poca de Reagan, el movimiento antiintervencionista llev a cabo un gran esfuerzo para bloquear una partida de 15 millones de dlares anuales destinados a la contra nicaragense. Se pidi a la gente en todo el pas que se dirigieran a sus representantes en el Congreso y les exigieran votar en contra de la concesin. La campaa no slo tuvo xito sino que oblig a la Administracin a comprometerse en lo que se denomin el Contragate.

Por aquella poca, Israel reciba diariamente el equivalente de ese dinero, sin una sla protesta del movimiento. Ahora, que la cantidad oficial es de 10 millones diarios, no se ha organizado una campaa importante para contener ese flujo o siquiera para llamar la atencin sobre el asunto. Cuando se han hecho intentos, fueron obstaculizados por la oposicin de importantes organizaciones (de la poca) como el American Friends Service Committee, que estaba impaciente por no enfadarse con los principales contribuyente judos. (Intentos recientes inciados en Internet para suspender la ayuda militar- no la econmica- hasta que Israel d fin a la ocuapcin no han llegado a ninguna parte).

Los slogans hechos pblicos por varios sectores del Movimiento de Solidaridad con Palestina, tales como Fin a la ocupacin, Que acabe el apartheid israel, El sionismo equivale a racismo o dos Estados para dos Pueblos, aunque abordan asuntos fundamentales del conflicto, presuponen un nivel de consciencia por parte del pueblo estadounidense del que no existe prueba alguna. La preocupacin por hacia dnde van sus impuestos, particularmente en un momento en que se producen masivos recortes en programas sociales, sin duda hubiera tenido ms repercusin entre los votantes. Pero poner en marcha una campaa seria para detener la ayuda hubiera requerido centrarse en el papel que desempea el Congreso y en el reconocimiento del poder del lobby de Israel.

La evaluacin de Chomsky sobre la postura de Israel en Oriente Prximo se reconoce que contiene parte de verdad pero no la suficiente para explicar lo que el antiguo subsecretario de Estado, George Ball, describe como la apasionada adhesin al Estado judo23. No obstante, su tentativa de presentar las relaciones de EE.UU. con Israel como una repeticin de las relaciones de Washington con los regmenes clientelares de El Salvador, Guatemala y Nicaragua, no se basan en la realidad.

La implicacin de Estados Unidos en Centroamrica fue extremadamente sencilla. Se facilitaron armas y entrenamiento a las dictaduras militares para que sus ejrcitos y sus escuadrones de la muerte ahogaran las aspiraciones de sus ciudadanos a la tierra, a los derechos civiles y la justicia econmica, todo lo cual socavara los intereses de las corporaciones estadounidenses. Fue algo bastante transparente. Debe Israel entrar en la misma categora? Es obvio que no. Se puede decir cualquier cosa de Israel, pero su mayora juda, al menos, disfruta de derechos democrticos.

Adems, no existen en Washington grupos de presin salvadoreos, nicaragenses o guatemaltecos que prodiguen millones de dlares para cortejar o intimidar a miembros del Congreso; no existe ni en la Cmara de Representantes ni en el Senado uno slo de esos estados clientelares con una posible doble lealtad para aprobar multimillonarias asignaciones de dlares anualmente; ni uno que sea dueo de las ms importantes cadenas de televisin, emisoras de radio, peridicos y estudios cinematogrficos; ni los sindicatos ni los fondos de pensiones invierten miles de millones de dlares en sus respectivas economas. Lo ms crecano a los lobbies nacionales es el de los cubanos exilados en Miami, cuya existencia y poder la izquierda est ansiosa por reconocer, incluso aunque su ascendencia poltica sea minscula comparada a la de los partidarios de Israel.

Y qu decir sobre la afirmacin de Chomsky de que Israel es matn de Estados Unidos en Oriente Prximo? Hasta hora, no existe noticia de un slo soldado israel que haya derramado una gota de sangre por los intereses de Estados Unidos, y es poco probable que se les pida que lo hagan en el futuro. Cuando los presidentes estadounidenses han considerado necesario un dar un golpe en la regin ordenaron a las tropas estadounidenses que hicieran el trabajo.

Cuando el presidente Eisenhower crey que los intereses estadounidenses se vean amenazados en Lbano en 1958, envi a los marines. En 1991, como ya se ha mencionado, el presidente Bush no slo pidi a Israel que permaneciera al margen sino que encoleriz a su ejrcito al rechazar que el entonces Secretario de Defensa, Dick Cheney, diera a las fuerzas areas israeles las coordenadas que pedan para responder en el aire a los ataques de los scud iraques, lo que dej literalmente a los pilotos israeles sentados en sus aviones, esperando una informacin que nunca lleg.24

Lo que Chomsky ofrece como prueba del papel de gendarme de Estados Unidos fue la advertencia de Israel a Siria para que no interviniera en la guerra del rey Hussein contra la OLP en Jordania en septiembre de 1970.

Est claro que esa actuacin, en primer lugar, se produjo para proteger los intereses de Israel y el que sirviera a la agenda de Estados Unidos fue una consideracin secundaria. Para Chomsky, fue otro importante servicio para Estados Unidos25. De lo que Chomsky pudo no ser consciente es de que Siria no poda acudir en ayuda de los palestinos en aquellos momentos:

El responsable de la fuerza area siria, Hafez Al-Asad, haba mostrado escasa simpata por la causa palestina y era muy crtico con las amistosas relaciones que la OLP mantena con el gobierno sirio del presidente Atassi. Cuando el rey Hussein lanz su ataque, Asad mantuvo sus aviones en tierra.

Tres meses despus, dio un golpe de Estado y se convirti en presidente. Una de las primeras medidas que tom fue la de encarcelar a los palestinos y a sus partidarios sirios. Despus, procedi a desmantelar las milicias de Al-Saika, patrocinadas por Siria y dej de pasar los fondos que Siria haba estado enviando a las milicias palestinas. Durante los aos siguientes, Asad permiti que grupos opuestos a Yasser Arafat mantuvieran oficinas y una emisora de radio en Damasco, pero poco ms. Un ao despus de la invasin israel de Lbano patrocin una corta pero sangrienta guerra civil entre palestinos en el Norte de Lbano. Es una historia que ha cado en el olvido.

En qu medida la presencia de Israel ha intimidado a sus ms dbiles vecinos rabes para no poner en peligro los intereses estadounidenses es cuando menos motivo de discusin. Es evidente que la presencia de Israel ha servido para que los regmenes autoritarios- la mayora de ellos aliados de EE.UU.- tuvieran la excusa para acabar con sus movimientos internos de oposicin. (Se podra alegar que la implicacin de la CIA en la cada de Mossadeg en Irn en 1953, y de Abdel Karim Kassem en Irak en 1963, tuvo mucho ms impacto en el aplastamiento de los movimientos progresistas en la zona).

Lo que Israel ha facilitado a Estados Unidos- beneficindose mutuamente- ha sido una serie de programas conjuntos de armamento, financiados en su mayor parte por los contribuyentes estadounidenses, y la utilizacin estadounidense de los equipamientos militares desarrollados por tcnicos israeles- de los cuales no el menor fueron los arados que se utilizaron para enterrar vivos a los soldados iraques que se retiraban durante la Guerra del Golfo. Habida cuenta de las grandes cantidades de ayuda estadounidense que precedieron a este programa conjunto de armamento, resulta difcil argumentar que constituyen la base del apoyo de Estados Unidos.

Otro de las argumentaciones que ofrece Chomsky ha sido el deseo de Israel de servir a EE.UU. al arrogarse tareas que las anteriores administraciones estadounidenses eran incapaces o no deseaban asumir debido a sus leyes especficas o a la opinin pblica, como la venta de armas a regmenes canallas o el entrenamiento de escuadrones de la muerte.

Que Israel lo hiciera a peticin de Estados Unidos es una asunto discutible. Un comentario del ministro israel Yakov Meridor en Haaretz en aquellos momentos lo convierte en improbable:

Les diremos a los estadounidenses: no compitis con nosotros en Taiwan, no compitis con nosotros en Sudfrica, ni en la zona del Caribe ni en otras regiones en las que podemos vender armas directamente y donde vosotros no podis operar pblicamente. Dadnos la oportunidad de hacerlo y confiad en nosotros para las ventas de municiones y hardware26

En efecto, en ningn momento Estados Unidos ha dejado de entrenar a escuadrones de la muerte en Latinoamrica o de suministrar armas, salvo cuando Carter suspendi la ayuda estadounidense a causa de sus masivas violaciones de los derechos humanos, algo que no planteaba problemas al ejrcito israel ya experimentado en semejantes violaciones. En una sla ocasin hemos observado la situacin contraria: cuando Israel suministr ms del 80 % de las armas a El Salvador antes de Estados Unidos se implicara.

En cuanto al comercio y empresas conjuntas de armamento de Israel con Sudfrica, entre ellos el desarrollo de armamento nuclear, era una alianza natural: dos sociedades que haban usurpado a otros sus tierras y se vean a s mismas en la misma situacin: la de un pueblo civilizado rodeado de salvajes. Las relaciones llegaron a ser tan estrechas que la Sun City (ciudad del sol) sudafricana se convirti en lugar de vacaciones para los israeles.

Las razones que daban los funcionarios israeles cuando se les preguntaba, era que se trataba de la nica manera de mantener en funcionamiento su propia industria. Las ventas de armas sofisticadas de Israel a China ha levantado crticas de varias Administraciones pero han sido acalladas por las presiones del Congreso.

De lo que realmente se benefici Israel fue del manto de silencio de los movimientos contra la intervencin y contra el apartheid en Estados Unidos, cuyos lderes se sintieron mucho ms cmodos criticando las polticas estadounidenses que las de Israel. Bien fuera que su comportamiento estuviera motivado por su deseo de anteponer los intereses de Israel, bien fuera por estar preocupados por el miedo a provocar antisemitismo, el resultado fue el mismo.

La protesta que organic en 1985 contra los vnculos de Israel con la Sudfrica del apartheid y su papel como sustituto estadounidense en Centroamrica, ofrece un ejemplo claro del problema. Cuando me puse en contacto con los miembros del consejo del Nicaraguan Information Center (NIC) en San Francisco, y les ped que su grupo suscribiera la protesta, no recib apoyo. El NIC era el principal grupo de solidaridad con los sandinistas y, a pesar de la larga y terrible historia de Israel, primero ayudando a Somoza y a la Contra, en el momento de la protesta, el consejo vot que como no podan negarse a suscribirlo, haban decidido no volver a suscribir ms apoyos, una postura que pronto cambiaron tras nuestra marcha. El consejo de direccin del NIC era, casi en su totalidad, judo.

Me fue mejor con el GNIB (Guatemalan News and Information Bureau ) pero slo tras una formidable batalla. En aquellos momentos, Israel suministraba a uno de los ms criminales regmenes de los tiempos modernos el 98 % de su armamento y el entrenamiento. Se podra pensar que una organizacin que proclamaba trabajar solidariamente con el pueblo de Guatemala no slo suscribira la marcha de protesta sino que estara deseosa de participar en ella.

Aparentemente, los directivos del GNIB estaban profundamente divididos sobre el asunto. Decidido a no aceptar otra negativa, acos al consejo con llamadas telefnicas hasta que votaron apoyarlo. El Comit de Solidaridad con el Pueblo de El Salvador (CISPES, en sus siglas en ingls) de Oakland, se adhiri pero la seccin de San Francisco, se neg a hacerlo. Un ao antes, cuando el San Francisco Weekly me cit criticando la influencia del lobby de Israel en el Partido Demcrata, representantes de la seccin escribieron una carta al editor afirmando que yo estaba provocando anti-semitismo). Las organizaciones principales contra el apartheid se adhirieron a la protesta pero, una vez ms, tras un prolongado debate interno.

La protesta se haba organizado en respuesta al rechazo del Movimiento por la Paz, el Empleo y la Justicia (MOBE, en sus siglas inglesas)- constituido por una coalicin de diversas organizaciones con sede en San Francisco- a incluir mencin alguna a Oriente Prximo entre las exigencias que se planteaban para una manifestacin en contra del apartheid sudafricano y la intervencin estadounidense en Centroamrica.

En una reunin de preparacin del acontecimiento, unos cuantos reclamamos que se incluyera entre las peticiones ya decididas un punto en el que se exigiera No a la intervencin de Estados Unidos en Oriente Prximo. La votacin fue abrumadoramente contraria a ello. Una central sindical juda nos dijo que podemos hacer ms por los palestinos si no los mencionamos, una respuesta sorprendente que repeta lo que el presidente Reagan estaba diciendo entonces acerca del fin del apartheid en Sudfrica. Ms tarde, en privado, se me dijo que si se mencionaba Oriente Medio los sindicatos se marcharan, lo que era el reconocimiento del fuerte apoyo que exista entre la burocracia sindical, as como la voluntad del movimiento de aplazarlo.

El momento elegido para la negativa del MOBE fue significativo. Dos aos y medio antes, Israel haba invadido Lbano y sus tropas todava permanecan all cuando tuvimos aquella reunin. Y, lo que es ms, los dirigentes del MOBE no dejaron que Tina Naccache, una programadora del KPFA de Berkeley- la nica libanesa que haba en la enorme sala del sindicato-, hablara a favor de la peticin.

Tres aos despus, el MOBE convoc otra manifestacin en marzo. Los palestinos estaban en su primer ao completo de Intifada, y pareca apropiado que se aadiera a las peticiones una declaracin exigiendo el fin de la ocupacin israel. Los organizadores, que eran los mismos de 1985, ya haban decidido sobre lo que atrincherarse: No a la intervencin de Estados Unidos en Centroamrica y el Caribe; Fin del apoyo de Estados Unidos al apartheid en Sudfrica; congelacin y desmantelamiento de la carrera de armamento nuclear; Empleos y Justicia, No guerra.

En aquella ocasin, el MOBE no quiso arriesgarse y cancel una reunin pblica donde nuestra peticin pudiera debatirse y votarse. As que en respuesta, se constituy una Coalicin de Emergencia en defensa de los Derechos Palestinos. Se redact un manifiesto en apoyo de la peticin y lo firmaron cerca de 3.000 personas, entre ellas centenares de palestinos. El MOBE al final aprob una concesin: en la parte de atrs de sus pasquines, donde sera invisible al pegarlos en una pared o en un rbol, estaba la frase siguiente:

Demos una oportunidad para la paz en cualquier lugar del mundo: el sufrimiento del pueblo palestino, como muestran los recientes acontecimientos en Cisjordania y Gaza, nos recuerda que debemos apoyar los derechos humanos en todas partes. Que las naciones de nuestro mundo dejen de fabricar mquinas de guerra y de constituir ejrcitos para invertir su energa en la mejora de la calidad de vida.

Peace, Jobs an Justice. (Paz, Trabajo y Justicia).

No haba mencin alguna a Israel o a las atrocidades que estaban cometiendo sus soldados. El cartel elaborado por los sindicatos ignoraba por completo la cuestin

Vayamos rpido a febrero de 2002, cuando una nueva y ms pequea versin del MOBE se reuni para planificar una manifestacin de rechazo a la guerra de Estados Unidos contra Afganistn. Hubo unos protagonistas diferentes pero con los mismos resultados. El argumento fue que lo que se necesitaba era una amplia coalicin e introducir la cuestin de Palestina impedira conseguirla.

El movimiento de oposicin a la extensin de la Guerra de Irak no haba sido diferente. Ya en 1991, en los momentos de la Guerra del Golfo, hubo grandes manifestaciones que competan entre s, organizadas de forma independiente pero con coincidencia de manifestantes. A pesar de sus otras diferencias polticas, en lo que estaban de acuerdo los organizadores de las dos manifestaciones era en que no se mencionara el conflicto israel-palestino en ninguno de los escritos de protesta, incluso aunque su vinculacin con la situacin en Irak se estableca en prcticamente todas las manifestaciones que tenan lugar en todo el mundo. El miedo del movimiento a enfrentarse a los judos estadounidenses todava es prioritario respecto a la defensa de los derechos de los palestinos.

El pasado septiembre, el eslogan No a la Guerra en Irak, justicia para Palestina! convoc a casi medio milln de opositores en Trafalgar Square. Un preclaro lder de los aborgenes estadounidenses lo dej claro durante la primera Intifada : El problema con el movimiento, me dijo, es que en l hay demasiados liberales sionistas.

Si existe un acontecimiento que deja al descubierto su influencia en el movimiento, es lo que ocurri en las calles de Nueva York el 12 de junio de 1982, cuando se reunieron 800.000 personas frente a la sede de Naciones Unidas para exigir la prohibicin de las armas nucleares. Seis das antes, el 6 de junio, Israel haba lanzado su devastadora invasin de Lbano. Su objetivo era destruir la Organizacin para la Liberacin de Palestina, que entonces tena su sede en Lbano. Ochenta mil soldados, apoyados por un masivo bombardeo areo y naval produjeron un grado de destruccin y muerte que empequeeci lo que ms tarde hara Irak en Kuwait. En un ao, habra 20.000 palestinos y libaneses muertos y decenas de miles de heridos.

Y Cul fue la respuesta aquel da en Nueva York? Como reconocimiento al sufrimiento que estaban soportando en aquellos momentos, se permiti a un libans que se sentara en la tribuna, pero ni se le present ni se le permiti que tomara la palabra; tampoco ninguno de los oradores abord la cuestin. Israel y su lobby no podan haber pedido ms.

Veintids aos despus, Ariel Sharon, el responsable de aquella invasin, es el Primer Ministro, electo por segunda vez. Cuando escribo estas lneas, los fanticos pro-Israel de la Administracin Bush todava saborean su enorme triunfo. Al fin y al cabo han sido la fuerza motriz de una guerra que consideran como el primer paso para rehacer el mapa de Oriente Prximo, con la alianza EE.UU.- Israel en la vanguardia27.

Y la izquierda? El rabino Arthur Waskow, un viejo activista con credenciales intachables, aseguraba al semanario judo Forward que United for Peace and Justice, organizadores de la manifestacin pacifista del 15 de febrero en Nueva York, ha hecho un gran servicio al dejar claro que no est implicada en la retrica anti-israel. Desde el principio no habido en ninguna de las declaraciones de United for Peace alusin alguna que tuviera relacin con la cuestin de Israel y Palestina28

Jeffrey Blankfort fue editor del Middle East Labor Bulletin y ha escrito exhaustivamente sobre el conflicto palestino-israel. Sus fotografas del Movimiento contra la guerra de Vietnam y los Panteras Negras han aparecido en numerosos libros y revistas y en la actualidad forman parte de la exposicin The Whole World is Watching. Vive en San Francisco.

Quines forman parte del Lobby?

Es importante sealar que el Lobby israel va ms all del AIPAC (Comit Estadounidense-Israel para Asuntos Pblicos, en sus siglas en ingls), que se centra principalmente, en el Congreso y gestiona los fondos de los Comits judos de Accin Poltica (PAC, en su sigla inglesa) y de las donaciones individuales para pagar a aquellos polticos que considera que lo merecen. Sus otros principales miembros son las ms grandes Asociaciones judas, la Anti-Defamation League (Liga Anti-Difamacin), el American Jewish Committee (Comit Judo Estadounidense) y el American Jewish Congress (Congreso Judo Estadounidense), pero hay otros, entre ellos, la no menos importante ultraderechista Zionist Organization of America (Organizacin Sionista de Estados Unidos) que, en la actualidad, tiene una influencia extrema en Washington.

Todas esas organizaciones forman parte del Council of Presidents of Major Jewish American Organizations (Consejo de Presidentes de las Principales Organizaciones Judas de Estados Unidos), cuyo actual presidente es Mortimer Zuckerman, dueo del New York Daily News, del US News y del World Report, cuya funcin es presionar al Presidente. En las bases, se hallan centenares de federaciones locales judas y consejos que se dedican a apoyar a los consejeros y supervisores de la ciudad y a seleccionar a los mejores para que vayan al Congreso, asegurndose as que sern votos seguros para Israel.

Aunque no forman parte oficialmente del Lobby, desde la creacin de Israel en 1948, la AFL-CIO (N.T.: principal federacin de centrales sindicales de EE.UU.) ha sido una de sus ms slidos apoyos, y ha concedido millones de dlares a los Demcratas pro-israeles; ha bloqueado todos los intentos internacionales de castigar a Israel por su explotacin y abuso de los obreros palestinos, y ha animado a las centrales sindicales de la federacin a invertir millones de dlares de sus fondos de pensiones en Bonos del Estado de Israel, vinculando las pensiones de sus socios a la buena marcha de la economa de Israel. Durante el pasado ao, el lobby ha estrechado lazos con la derecha cristiana evanglica, que les asegura su influencia en los Estados donde hay pocos judos, y el acceso a centenares de nuevos donantes para la causa de Israel.

Jeffrey Blankfort

1 Noam Chomsky, The Fateful Triangle: The United States, Israel and the Palestinians, South End Press, 1983, p. 13.

2 Roane Carey, Ed., The New Intifada, Verso, 2001, p. 6.

3 Stephen Zunes, Tinderbox, Common Courage Press, 2003, p. 163.

4 J. J. Goldberg, Jewish Power, Addison-Wesley, 1996.

5 Bill and Kathy Christison, "Too Many Smoking Guns to Ignore: Israel, American Jews, and the War on Iraq,"Counterpunch (online). http://www.counterpunch.org/christison01252003.html

6 J. J. Goldberg, ibid., p. 158.

7 ibid., p. 159.

8 University of Chicago, 1993, p. 1.

9 Nota a pie de pgina, The Nation, Feb. 10, 2003, p.13.

10 El Plan Rogers, presentado por el Secretario de Estado de Nixon, William Rogers, fue aceptado por el presidente egipcio, Gamal Nasser pero echado abajo por Israel y la OLP, ya que en aquella poca los palestinos soaban con volver a la totalidad de los que haba sido Palestina. Segn el Plan, Cisjordania se habra devuelto a Jordania y Gaza a Egipto.

11 Ha'aretz, March 6, 1981.

12 Edward Tivnan, The Lobby, Jewish Political Power and American Foreign Policy, Simon & Schuster, 1988.

13 Z Magzine, December 1991.

14 Goldberg, op. cit.

15 Washington Jewish Week, March 22, 1990

16 Washington Post, April 11, 2002.

17 New York Times, April 12, 2002.

18 International Herald Tribune, April 19, 2002.

19Stephen Green, Taking Sides, America's Secret Relations with Militant Israel, William Morrow, 1984.

20. Al-Ahram, June 20-27, 2002.

20

21 Edward S. Herman and Noam Chomsky, Manufacturing Consent, Pantheon Books, 1988.

22 Chomsky, op. cit., p. 14.

23 George W. Ball and Douglas B. Ball, The Passionate Attachment, America's Involvement with Israel, 1947 to the Present, Norton, 1992.

24 Moshe Arens, Broken Covenant, Simon and Shuster, 1995, p. 162-175.

25 The New Intifada, p. 9.

26 Los Angeles Times and Financial Times, August 18, 1981.

27 Bill and Kathy Christison, op. cit.; Robert G. Kaiser, "Bush and Sharon Nearly Identical On Mideast Policy,"Washington Post, Feb. 9, 2003; p. A01



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