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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2017

No, Israel no es una democracia

Illan Pappe
Jacobin Magazine

Traducido para Rebelin por Felipe Lagos R.


Israel no solo no es la nica democracia en el Medio Oriente. De hecho, no es ni siquiera una democracia.

A los ojos de muchos israeles y sus defensores alrededor del mundo (incluso aquellos que pudieran criticar algunas de sus polticas) Israel es, al final del da, un benigno estado democrtico, que busca la paz con sus vecinos y garantiza la igualdad a todos sus ciudadanos.

Aquellos que s critican a Israel, asumen que si hubo algo que se hizo de modo equivocado en esta democracia fue debido a la guerra de 1967. Para esta perspectiva, la guerra corrompi una sociedad honesta y trabajadora, ofreciendo dinero fcil en los territorios ocupados, permitiendo a grupos mesinicos entrar en la poltica israel, y sobre todo volviendo a Israel una entidad de ocupacin y opresin en los nuevos territorios.

El mito que dice que un democrtico Israel fue puesto en problemas en 1967 pero contina siendo una democracia es propagado incluso por algunos acadmicos notables, palestinos y pro-palestinos, aunque no cuenta con base histrica.

Israel antes de 1967 no era una democracia

Antes de 1967, Israel definitivamente no poda haber sido retratado como una democracia. [] El estado someti a un quinto de su poblacin a un dominio militar basado en draconianas regulaciones de emergencia del Mandato Britnico que denegaban a los palestinos todo derecho bsico, humano o civil.

Los gobernadores militares locales eran los dueos absolutos de las vidas de aquellos ciudadanos: podan disear leyes especiales para ellos, destruir sus casas y medios de subsistencia, y enviarlos a la crcel cuando fuera que lo sintieran necesario. Slo a fines de los 1950s emergi una fuerte oposicin juda hacia estos abusos, la cual eventualmente alivi la presin sobre los ciudadanos palestinos.

Para los palestinos que vivieron en el Israel de preguerra y aquellos que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza despus de 1967, este rgimen permiti incluso a los soldados de menor rango en el IDF [N. del T.: Israel Defence Forces ] dirigir (y arruinar) sus vidas. Ellos quedaban desamparados si dichos soldados, o sus unidades o comandos, decidan demoler sus casas o retenerlos durante horas en un punto de control, o bien encarcelarlos sin juicio. No haba nada que ellos pudieran hacer.

En todo momento, desde 1948 hasta hoy, ha habido algunos grupos de palestinos sufriendo dichas experiencias.

El primer grupo en sufrir bajo dicho yugo fue la minora palestina dentro de Israel. Esto comenz en los primeros dos meses de estatalidad, cuando fueron o desplazados hacia guetos tal y como la comunidad palestina Haifa viviendo en el monte Carmelo, o expulsados de los pueblos que habitaron durante dcadas, como Safad. En el caso de Isdud, la poblacin competa fue expulsada hacia la Franja de Gaza.

En el campo la situacin fue incluso peor. Varios movimientos Kibbutz codiciaban la tierra frtil que se hallaba bajo las villas palestinas. Esto inclua el Kibbutsismo socialista (Hashomer Ha-Zair) que estaba declaradamente comprometido con la solidaridad binacional.

Tiempo despus que las batallas de 1948 haban aminorado, habitantes en Ghabsiyyeh, Iqrit, Birim, Qaidta, Zaytun, y muchos otros, fueron engaados para abandonar sus hogares por un perodo de dos semanas (el ejrcito afirmaba necesitar esas tierras para entrenamiento) slo para encontrarse a su regreso con que sus pueblos haban sido eliminadas o entregadas a otros.

El estado de terror militar es ejemplificado por la masacre de Kafr Qasim en octubre de 1956 cuando, en vsperas de la operacin Sina, 49 ciudadanos palestinos fueron asesinados por el ejrcito israel. Las autoridades alegaron que se encontraban regresando tarde a casa desde su trabajo en momentos en que se haba impuesto un toque de queda en la villa. No obstante, esta no era la verdadera razn.

Pruebas ms recientes muestran que Israel haba considerado seriamente la expulsin de palestinos de toda el rea conocida como Wadi Ara y el Tringulo en que la villa se emplazaba. Estas dos reas (la primera, un valle que conecta con Aufula en el este y con Hadera en la costa mediterrnea; la segunda expandiendo la periferia oriental de Jerusaln) fueron anexadas a Israel bajo los trminos del acuerdo de armisticio con Jordania en 1949.

Como hemos visto, Israel siempre fue receptivo a adicionarse territorio, pero no al aumento de la poblacin palestina. As, en cada coyuntura en que el estado de Israel se expanda pona su vista en cmo restringir la poblacin palestina en las reas recientemente anexadas.

La operacin Hafarfert (topo) fue el cdigo de un conjunto de propuestas para la expulsin de los palestinos cuando una nueva guerra estall con el mundo rabe. Muchos estudiosos piensan hoy que la masacre de 1956 fue una prctica para ver si la poblacin del rea poda ser intimidada para que la abandonara.

Quienes perpetraron la masacre fueron llevados a juicio gracias a la diligencia y tenacidad de dos miembros del Knesset [ N. de. T.: Parlamento de Israel ] : Tawaq Tubi del Partido Comunista, y Latif Dori del partido sionista de izquierda Mapam. Sin embargo, los comandantes responsables del rea recibieron solamente pequeas multas. Esta fue otra prueba de que al ejrcito se le permita quedar impune de los asesinatos cometidos en territorios ocupados.

Esta crueldad sistemtica no solamente muestra su cara en un evento importante como una masacre. Las peores atrocidades pueden ser encontradas tambin en la presencia cotidiana y mundana del rgimen.

Los palestinos en Israel an no hablan mucho acerca del perodo previo a 1967, y los documentos de ese tiempo no revelan el cuadro completo. Sorprendentemente, es en la poesa que encontramos indicios de cmo era vivir bajo dominio militar.

Natan Alterman fue uno de los poetas ms famosos e importantes de su generacin. Tena una columna semanal, llamada La Sptima Columna, en la cual comentaba los eventos acerca de los cuales haba ledo o escuchado. Algunas veces omita detalles de fechas o incluso los lugares de esos eventos, pero daba al lector la informacin suficiente para entender a lo que se refera. Generalmente, expresaba sus ataques en forma potica:

Las noticias aparecieron brevemente por dos das, y desaparecieron. Y a nadie parece importarle, y nadie parece saber. En la lejana villa de Um al-Fahem, los nios (debiese decir ciudadanos del estado) jugaban en el barro

Y uno de ellos pareca sospechar de uno de nuestros valientes soldados que le gritaba: Detenganse!

Una orden es una orden

Una orden es una orden, pero el nio necio no se detuvo. Arranc

As que nuestro valiente soldado dispar, no es de extraar, e impact y mat al nio.

Y nadie habl de eso.

En una ocasin, escribi un poema acerca de dos ciudadanos palestinos que fueron baleados en Wadi Ara. En otra instancia, cont la historia de una mujer palestina muy enferma que fue expulsada junto a sus dos hijos, de tres y seis anos, sin explicacin, y enviada al otro lado del rio Jordan. Cuando trat de regresar, ella y sus nios fueron arrestados y encarcelados en Nazaret.

Alterman deseaba que su poema acerca de la madre remeciera corazones y mentes, o al menos provocara alguna respuesta oficial. Sin embargo, una semana ms tarde escribi:

Y este escritor asumi errneamente

Que o la historia sera negada o explicada Pero nada, ni

Una palabra

Existe ms evidencia de que Israel no era una democracia antes de 1967. Este estado segua una poltica de tirar a matar hacia los refugiados que trataban de recuperar sus tierras, cultivos y labranzas, y escenific una guerra colonial para derrocar al gobierno de Nasser en Egipto. Sus fuerzas de seguridad fueron tambin de gatillo fcil, asesinando a ms de 50 ciudadanos palestinos durante 1948 y 1967.

La subyugacin de las minoras en Israel no es democrtica

La prueba de fuego de cualquier democracia es el nivel de tolerancia que est dispuesta a extender hacia las minoras que viven en ella. En este respecto, Israel est muy lejos de ser una verdadera democracia.

Por ejemplo, despus de las nuevas adquisiciones territoriales, se decretaron muchas leyes asegurando una posicin superior para la mayora: las leyes que gobiernan a los ciudadanos, las leyes que se preocupan de la propiedad de la tierra, y la ms importante de todas, la ley de retorno.

Esta ltima garantiza ciudadana automtica a todo judo del mundo, no importa donde naci. En particular, esta ley es flagrantemente antidemocrtica, pues vino acompaada de un rechazo total al derecho de retorno de los palestinos, reconocido internacionalmente en la Resolucin 194 de la Asamblea General de la ONU en 1948. Este rechazo rehsa el permiso a los ciudadanos palestinos de Israel unirse con sus familias inmediatas o con aquellos que fueron expulsados en 1948.

Negar a la gente el derecho a retornar a su patria, y al mismo tiempo ofrecer este derecho a otros que no tienen conexin con esta tierra, es un modelo de prctica no democrtica.

Encima de esto, hubo un estrato ms en la negacin de los derechos del pueblo palestino. Casi toda discriminacin contra los ciudadanos palestinos de Israel es justificada por el hecho de que ellos no sirven en el ejrcito. La asociacin entre derechos democrticos y deberes militares es mejor comprendida si revisitamos los aos formativos en los que quienes disearon la poltica de Israel estuvieron tratando de adoptar la decisin acerca de cmo tratar a un quinto de su poblacin.

Ellos asumieron que los ciudadanos palestinos no queran unirse al ejrcito de ningn modo. Esto fue puesto a prueba en 1954, cuando el ministro de defensa de Israel decidi llamar a aquellos ciudadanos palestinos elegibles para conscripcin a ser parte del ejrcito. El servicio secreto asegur al gobierno que hubo un rechazo generalizado del llamado.

Para su gran sorpresa, todos los convocados fueron a la oficina de reclutamiento, con la venia del Partido Comunista, la fuerza poltica ms grande e importante en la comunidad en ese tiempo. El servicio secreto explic luego que la razn principal fue el aburrimiento adolescente con la vida en el campo, y su deseo por algo de accin y aventura.

A pesar de este episodio, el ministro de defensa continu vendiendo una narrativa que describa a la comunidad palestina como renuente a servir en el ejrcito.

Inevitablemente, a su tiempo, los palestinos se volvieron de hecho contra el ejrcito israel, el que se haba transformado en su opresor perpetuo, pero la explotacin que hace gobierno de esto como un pretexto para la discriminacin arroja enormes dudas acerca de la pretensin de este estado de ser una democracia.

Si eres un ciudadano palestino y no sirves en el ejrcito, tus derechos a asistencia gubernamental como trabajador, estudiante, padre o parte de una pareja, son tremendamente restringidos. Esto afecta a la vivienda en particular as como al empleo (donde un 70% de toda la industria israel es considerada como rea sensible para la seguridad, y en consecuencia cerrada para todos esos ciudadanos en tanto lugar para encontrar trabajo).

El supuesto subyacente del ministro de defensa no fue slo que los palestinos no deseen servir, sino que ellos son potencialmente un enemigo interno en el que no se puede confiar. El problema con este argumento es que en toda guerra importante entre Israel y el mundo rabe la minora palestina no se comporta como se espera. Ellos no forman una quinta columna o se levantan en contra del rgimen.

Esto, no obstante, no los ayuda: a esta fecha son vistos como un problema demogrfico que necesita ser resuelto. El nico consuelo es que an hoy muchos polticos de Israel no creen que la va para resolver el problema sea la transferencia o expulsin de los palestinos (al menos no en tiempos de paz).

La poltica de tierras de Israel no es democrtica

La afirmacin de ser una democracia es tambin cuestionable cuando uno examina la poltica presupuestaria que rodea la cuestin de la tierra. Desde 1948, los consejos locales y las municipalidades palestinas han recibido muchsimo menos financiamiento que sus contrapartes judas. La falta de tierra, acompaada de la escasez de oportunidades de empleo, crea una realidad socioeconmica anmala.

Por ejemplo, a la comunidad palestina ms acomodada (la villa de Meilya en la alta Galilea) le va peor que a la poblacin juda ms pobre en el Negev. En 2011, el Jerusalem Post reporte que el ingreso judo promedio era un 40 a 60% ms alto que el ingreso rabe promedio entre los aos 1997 y 2009.

Hoy, ms del 90% de la tierra es propiedad de la Fundacin Nacional Juda (Jewish National Fund, JNF). Los terratenientes no pueden involucrarse en transacciones con ciudadanos no judos, y la tierra pblica es priorizada para el uso de proyectos nacionales, lo que significa que esos nuevos asentamientos judos estn siendo construidos mientras difcilmente hay algn nuevo asentamiento palestino. As, a pesar de que ha triplicado su poblacin desde 1948, la mayor ciudad palestina (Nazaret) no se ha expandido ni un kilmetro cuadrado, mientras que el poblado construido sobre ella, Alto Nazaret, ha triplicado su tamao en base a la tierra expropiada a propietarios palestinos.

Otros ejemplos de esta poltica pueden ser encontrados en villas palestinas a lo largo de Galilea, revelando la misma historia: cmo han sido reducidos en un 40%, algunas veces incluso un 60% desde 1948, y cmo nuevos asentamientos judos han sido construidos sobre tierra expropiada.

En otros lugares esto ha dado inicio a verdaderos intentos de judaizacin. Despus de 1967, el gobierno de Israel pas a preocuparse acerca de la falta de judos viviendo en el norte y sur del estado, y plane entonces incrementar la poblacin en aquellas reas. Dicho cambio demogrfico necesitaba la confiscacin de tierra palestina para la construccin de colonias judas.

Peor fue la exclusin de ciudadanos palestinos de estos asentamientos. Esta violacin flagrante de los derechos de un ciudadano a vivir dondequiera que l o ella deseen contina hasta hoy, y todos los esfuerzos de las ONGs de derechos humanos en Israel para desafiar este apartheid han finalizado hasta el momento en un total fracaso.

La Corte Suprema de Israel slo ha sido capaz de cuestionar la legalidad de esta poltica en un par de casos individuales, pero no en principio. Imagine usted si en el Reino Unido o en los Estados Unidos los ciudadanos judos (o, por qu no, catlicos) fueran impedidos por ley de vivir en ciertas villas, barrios, o quizs pueblos completos Cmo una situacin as puede reconciliarse con la nocin de democracia?

La ocupacin no es democrtica

As, dada su actitud hacia dos grupos palestinos los refugiados y la comunidad en Israel- el estado judo no puede, bajo ninguna extensin de la imaginacin, ser supuesto como una democracia.

Pero el desafo ms obvio a ese supuesto es la despiadada actitud israel hacia un tercer grupo de palestinos: aquellos que han vivido bajo su dominio directo e indirecto desde 1967 en Jerusaln Oriental, Cisjordania y la Franja de Gaza. Desde la infraestructura legal establecida al comienzo de la guerra, a travs del poder absoluto e incuestionado de los militares dentro de Cisjordania y fuera de la Franja de Gaza, y hasta la cotidiana y rutinaria humillacin de millones de palestinos, la nica democracia en el Medio Oriente se comporta como una dictadura del peor tipo.

La principal respuesta de Israel, diplomtica y acadmica, a esta ltima acusacin, es que todas estas medidas son temporales: ellas cambiarn si los palestinos, dondequiera que estn, se comportan mejor. Pero si uno investiga acerca de los territorios ocupados (sin mencionar el vivir all), uno entender cun ridculos son estos argumentos.

Los polticos de Israel, como hemos visto, se encuentran determinados a mantener viva la ocupacin por todo el tiempo que el estado judo se mantenga intacto. Es parte de lo que el sistema poltico israel considera el status quo, que es siempre mejor que cualquier cambio. Israel controlar la mayor parte de Palestina y, en tanto que siempre incluir una poblacin palestina sustancial, esto slo puede ser llevado a cabo por medios no democrticos.

Adems, y a pesar de toda la evidencia en contra, el estado israel reclama que la ocupacin es una ocupacin ilustrada [ enlightened occupation ] . El mito aqu es que Israel vino con buenas intenciones a conducir una ocupacin benevolente, pero fue forzado a tomar una actitud ms ruda por causa de la violencia palestina.

En 1967, el gobierno trataba Cisjordania y la Franja de Gaza como una parte natural de Eretz Israel, la tierra de Israel, y su actitud ha continuado desde entonces. Cuando uno observa el debate en esta materia entre los partidos de izquierda y derecha en Israel, sus desacuerdos han sido acerca de cmo alcanzar esta meta, no acerca de su validez.

No obstante, entre el pblico ms amplio existi un genuino debate entre quienes pueden ser denominados los redentores contra los guardianes. Los redentores creen que Israel ha recuperado el corazn ancestral de su patria y no podra sobrevivir en el futuro sin ella. En contraste, los guardianes discuten que los territorios debiesen ser intercambiados por paz con Jordania, en el caso de Cisjordania, y con Egipto en el caso de la Franja de Gaza. No obstante, este debate pblico tuvo poco impacto sobre la forma en que los principales polticos se encontraban resolviendo cmo dominar los territorios ocupados.

La peor parte de esta supuesta ocupacin ilustrada ha sido el mtodo del gobierno para gestionar los territorios. Al principio el rea fue dividida entre espacios rabes y potencialmente judos. Aquellas areas densamente pobladas de palestinos devinieron autnomas, atendidas por colaboradores locales bajo dominio militar. Este rgimen fue reemplazado por una administracin civil slo en 1981.

Las otras reas, los espacios judos, fueron colonizados con asentamientos judos y bases militares. Esta poltica fue orientada a dejar a la poblacin de ambos Cisjordania y la Franja de Gaza en enclaves desconectados, sin espacios verdes ni posibilidad alguna de expansin urbana.

Las cosas slo empeoraron cuando, muy poco despus de la ocupacin, Gush Emunim [ N. del T.: movimiento extraparlamentario de derecha, religioso y ultranacionalista que reclamaba soberana israel sobre toda el rea] comenz a asentarse en Cisjordania y la Franja de Gaza, diciendo que estaba siguiendo un mapa bblico de colonizacin antes que el gubernamental. En tanto ellos lograron penetrar poblaciones palestinas densamente pobladas, el espacio dejado para estos habitantes se encogi an ms.

Lo que cualquier proyecto de colonizacin necesita primariamente es tierra; en los territorios ocupados, esto es alcanzado slo a travs de la expropiacin masiva de tierra, la deportacin de la gente desde el lugar en que han vivido por generaciones, y su confinamiento en enclaves con hbitats difciles.

Cuando uno vuela sobre Cisjordania, se puede observar claramente los resultados cartogrficos de esta poltica: cinturones de asentamientos que dividen la tierra y tallan las comunidades palestinas en comunidades pequeas, aisladas y desconectadas. Los cinturones de judaizacin separan las villas unas de otras, de los pueblos, y a veces atraviesan una villa por dentro.

Esto es lo que acadmicos llaman una geografa del desastre, no menos importante desde que estas polticas se volvieron un desastre ecolgico tambin, al secar las fuentes de agua y arruinar algunos de los paisajes palestinos ms hermosos.

Ms an, los asentamientos se transforman en el caldo de cultivo para que el extremismo judo crezca de manera descontrolada: las principales vctimas de lo cual son los palestinos. As, el asentamiento en Efrat ha arruinado el sitio patrimonial mundial del Valle de Wallajah cerca de Bethlehem, y la villa de Jafneh cerca de Ramallah (que fuera famosa por sus canales de agua fresca) pierde su identidad como atraccin turstica. Estas son slo dos ejemplos pequeos entre un centenar de casos similares.

Destruir casas palestinas no es democrtico

La demolicin de casas no es un fenmeno nuevo en Palestina. Como con muchos de los mtodos ms brbaros de castigo colectivo usados por Israel desde 1948, ste fue originalmente concebido y ejercido por el gobierno del Mandato Britnico durante la Gran Revuelta rabe de 1936-39.

Este fue el primer levantamiento palestino contra una poltica pro-Sionista del Mandato Britnico, y tom al ejrcito de ese imperio tres aos el sofocarlo. En el proceso, durante los mltiples castigos colectivos impuestos sobre la poblacin local demolieron cerca de 2 mil casas.

Israel ech abajo casas prcticamente desde el primer da de su ocupacin militar en Cisjordania y la Franja de Gaza. El ejrcito vol cientos de casas cada ao, en respuesta a varios actos emprendidos por miembros de familias individuales.

Desde violaciones menores a reglas militares hasta la participacin en actos violentos en contra de la ocupacin, los israeles fueron giles en enviar sus bulldozers a exterminar no slo edificaciones fsicas sino tambin lugares de vida y existencia. En el gran rea de Jerusaln (dentro de Israel) la demolicin fue tambin un castigo por la extensin sin licencia de una casa ya existente o bien por no pago de las cuentas.

Otra forma de castigo colectivo que ha regresado recientemente al repertorio israel es la obstruccin de casas. Imagine que todas las puertas y ventanas de su casa son bloqueadas con cemento, mezcla y piedras, de modo que usted no puede regresar a ella ni recuperar nada que no haya retirado a tiempo. He buscado arduamente en mis libros de historia con el fin de encontrar otro ejemplo, pero no he hallado evidencia alguna de que prctica tan despiadada haya sido practicada en algn otro lugar.

Aplastar la resistencia palestina no es democrtico

Finalmente, bajo la ocupacin ilustrada se ha permitido a los colonos formar bandas de vigilantes para hostigar a la gente y destruir su propiedad. Estas bandas han cambiado sus mtodos con el tiempo.

Durante los 1980s, ellas usaban terror real: desde herir a lderes palestinos (uno de ellos perdi sus piernas en un ataque de aqullos) hasta contemplar la explosin de las mezquitas de Haram al-Sharif en Jerusaln.

En este siglo, se han visto involucrados en el acoso de palestinos diariamente, arrancando sus rboles, destruyendo sus parcelas y disparando azarosamente sobre sus casas y vehculos. Desde el 2000, se han reportado mensualmente al menos cien de estos ataques en reas como Hebron, donde los 500 colonos, con la colaboracin silenciosa del ejrcito israel, hostigan de una forma an ms brutal a los vecinos que viven a sus alrededores.

Entonces, desde el comienzo mismo de la ocupacin se ha dado a los palestinos dos opciones: aceptar la realidad de permanente encarcelamiento en una mega-prisin por un tiempo muy largo, o arriesgarse ante el podero del ejrcito ms fuerte de Medio Oriente. Cuando los palestinos s resistieron (como lo hicieron en 1987, 2000, 2006, 2012, 2014, y 2016), fueron apuntados como si fueran soldados y unidades de un ejrcito convencional. As, pueblos y villas fueron bombardeados como si se tratara de bases militares, y civiles desarmados fueron baleados como si fuera un ejrcito en un campo de batalla.

Hoy sabemos demasiado acerca de la vida bajo la ocupacin, antes y despus de Oslo, como para tomar en serio el reclamo de que la no resistencia asegurar menos represin. Los arrestos sin juicio, como lo han experimentado tantos a lo largo de los aos; la demolicin de miles de casas; el matar y herir a inocentes; el drenaje de pozos de agua; son todos testimonios de uno de los regmenes ms crueles de nuestros tiempos.

Amnista Internacional documenta anualmente la naturaleza de la ocupacin de un modo comprehensivo. El siguiente prrafo es del reporte 2015:

En Cisjordania, incluyendo Jerusaln Oriental, las fuerzas israeles cometen las muertes ilegales de civiles palestinos, incluyendo nios, y detienen a miles de palestinos que protestan en contra o se oponen de otros modos a la continua ocupacin militar de Israel, tomando a cientos en detenciones administrativas. La tortura y otros malos tratos son an extendidas y son cometidos con impunidad.

Las autoridades continan promoviendo asentamientos ilegales en Cisjordania, mientras restringen seriamente la libertad de movimiento de los palestinos, ajustando an ms las restricciones en medio de la escalada de violencia desde octubre, la que incluy ataques de palestinos sobre civiles israeles y la aparente ejecucin extra judicial por fuerzas israeles. Los colonos israeles en Cisjordania atacaron a palestinos y sus propiedades con virtual impunidad. La Franja de Gaza permaneci bajo un bloqueo militar israel que impuso castigo colectivo sobre sus habitantes. Las autoridades continuaron demoliendo casas palestinas en Cisjordania y dentro de Israel, particularmente en villas beduinas en la regin de Negev/Naqab, desalojando por la fuerza a sus residentes.

Consideremos esto por etapas. Primero, asesinatos, o lo que el reporte de Anmista llama muertes ilegales: cerca de 15 mil palestinos han sido muertos ilegalmente por Israel desde 1967. Entre ellos haban 2 mil nios.

Encarcelar palestinos sin juicio no es democrtico

Otra caracterstica de la ocupacin ilustrada es el encarcelamiento sin juicio. Uno de cada cinco palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza ha sufrido esta experiencia.

Es interesante comparar esta prctica israel con polticas similares en los Estados Unidos en el pasado y presente, por cuanto crticos al movimiento por el boicot, la desinversin y las sanciones ( BDS movement ) reclaman que las prcticas en ese pas son an peores. En efecto, el peor ejemplo de Estados Unidos fue el encarcelamiento sin juico de 100 mil ciudadanos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, con 30 mil detenidos luego bajo la llamada guerra del terror.

Ninguno de esas cifras se aproxima al nmero de palestinos que han experimentado dicho proceso, incluyendo tanto al muy joven, al viejo, como al encarcelado por largo tiempo.

Ser arrestado sin juicio es una experiencia traumtica. No saber los cargos contra uno, no tener contacto con un abogado y difcilmente contacto alguno con tu familia, son algunas de las preocupaciones que te afectan como prisionero. Ms brutalmente, muchos de estos detenidos son usados como medio para presionar a la gente a colaborar. Esparcir rumores o avergonzar a la gente a causa de su orientacin sexual (real o supuesta) son tambin mtodos usados frecuentemente para movilizar complicidad.

Respecto a la tortura, el confiable sitio web Middle East Monitor public un horrendo artculo describiendo los doscientos mtodos usados por los israeles para torturar palestinos. La lista est basada en un reporte de la ONU y otro reporte de BTselem, una organizacin israel de derechos humanos. Entre otros mtodos, se incluyen golpes, encadenamiento de prisioneros a puertas o sillas por horas, vertimiento de agua fra y caliente sobre ellos, desmembramiento de dedos, y retorcimiento de testculos.

Israel no es una democracia

Lo que cuestionamos aqu entonces no es slo la afirmacin de Israel de estar manteniendo una ocupacin ilustrada, sino tambin su pretensin de ser una democracia. Dicho comportamiento hacia millones de personas bajo su dominio devela la mentira de tales artimaas polticas.

No obstante, aunque grandes secciones de las sociedades civiles a lo largo del mundo rechazan la pretensin de Israel de ser una democracia, sus elites polticas (por varias razones) lo tratan an como un miembro del exclusivo club de estados democrticos. En muchos sentidos, la popularidad del movimiento BDS refleja las frustraciones de esas sociedades con las polticas de sus gobiernos hacia Israel.

Para muchos israeles estos contraargumentos son irrelevantes en el mejor de los casos, maliciosos en el peor. El estado de Israel se aferra a la imagen de que es un ocupante benevolente. El argumento de la ocupacin ilustrada propone que, de acuerdo al ciudadano judo promedio en Israel, a los palestinos les va mucho mejor bajo la ocupacin y que no hay razn en el mundo para resistirla y ni hablar de hacerlo por la fuerza. Si eres un defensor acrtico de Israel en el exterior, t aceptas estos supuestos tambin.

No obstante, existen secciones de la sociedad israel que s reconocen la validez de algunos de los reclamos hechos aqu. En los 1990s, con varios grados de conviccin, un nmero significativo de acadmicos, periodistas y artistas judos expresaron sus dudas acerca de la definicin de Israel como una democracia.

Requiere algo de coraje el desafiar los mitos fundacionales de la propia sociedad y del propio estado. Por esto unos pocos de ellos se replegaron ms tarde de esta posicin valiente y retornaron a acatar la lnea general.

Sin embargo, por un momento durante la ltima dcada del siglo pasado, ellos produjeron trabajos que desafiaron el supuesto de un Israel democrtico. Retrataron a Israel como parte de una comunidad diferente: la de las naciones no democrticas. Uno de ellos, el gegrafo Oren Yiftachel de la Universidad de Ben-Gurion, describi a Israel como una etnocracia, un rgimen que gobierna un estado tnicamente mixto con una preferencia legal y formal por un grupo tnico por sobre todos los otros. Otros fueron ms lejos, etiquetando a Israel como un estado apartheid o un estado de asentamiento colonial.

En breve, cualquiera sea la descripcin que estos acadmicos crticos ofrecieron, entre ellas no estaba la de democracia.

Ilan Pappe es historiador y activista socialista israel. Es profesor del College of Social Sciences and International Studies de la Universidad de Exeter, director del European Centre for Palestinean Studies, y co-director del Centre for Ethno-Political Studiesde Exeter. Ms recientemente, es autor del libro Ten Myths About Israel.

Fuente: http://www.jacobinmag.com/2017/05/israel-palestine-democracy-apartheid-discrimination-settler-colonialism

 


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