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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2017

[Crnicas sabatinas] Ms ac y por debajo de la identidad tnica sobrecargada y del soberanismo-secesionismo excluyente
Por qu la izquierda no secesionista de Catalua nunca es oda por la del resto de Espaa? Siempre es silencio o incomprensin? (I)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para el colectivo Juan de Mairena, por su amistad machadiana, por su tenacidad, por su fraternidad, por su apoyo.

Al dar responsabilidad al mal definido concepto de autodeterminacin nacional, Wilson levant, como advirti su nuevo secretario de Estado Robert Lausing, un cmulo de expectativas, realistas unas pero no otras. Lo que constituye una nacin -la etnia, la cultura, la religin-, y hasta dnde pueden ser divididos los pueblos en unidades cada vez ms pequeas, no son asuntos fciles de resolver. Y cmo podrn ser dirimidas las reivindicaciones encontradas a menudo burdamente infladas y apoyadas en una mala historia- de un territorio nacional? El propio Wilson acab por arrepentirse como el mismo confes al Senado a finales de 1919, de habrsele ocurrido pronunciar las palabras todos las naciones tienen derecho a la autodeterminacin.

Margaret MacMillan (2014)


Existi un mosaico de imperios en descomposicin cuyos regmenes polticos autocrticos haban alimentado, en sus diferentes componentes tnico-culturales, los sentimientos nacionalistas nacidos a lo largo del siglo XIX hasta el punto de hacer que muchos vieran en la recomposicin poltica sobre bases tnico-culturales la nica posibilidad de liberacin y escapatoria de lo que Lenin llam atinadamente... crcel de pueblos (expresin aplicable no slo al imperio zarista, sino tambin al de los Habsburgo y al imperio otomano, por lo menos). Lgico, pues, que Lenin secundara al presidente norteamericano Wilson en la proclamacin del derecho de autodeterminacin para aquellos componentes de los viejos imperios que haban adquirido conciencia de una identidad incompatible con las viejas formas de dominacin. La subsiguiente eclosin de los nuevos estados-nacin, particularmente en la mitad oriental de Europa, corri pareja, adems, con la introduccin de los primeros elementos propios de un rgimen democrtico-electoral, todava muy imperfecto, como rasgo caracterstico de las nuevas entidades polticas. Todo ello, como es lgico, contribuy a asociar estrechamente, en el imaginario de la izquierda revolucionaria, liberacin poltica y liberacin nacional.

Miguel Candel (2017)

 

(A modo de introduccin, dicho entre parntesis. He tenido dudas al titular esta sabatina. He sopesado tambin las siguientes posibilidades: Por qu seguimos repitiendo bsicamente los mismos eslganes-consignas que hace ms de 40 aos?; Por qu seguimos creyendo que el derecho de autodeterminacin es un principio poltico no revisable y de (casi) aplicacin urbi et orbe?; Por qu puetas -con perdn- no se nos escucha nunca?; Por qu el resto es siempre, y en casi toda circunstancia, silencio o incluso desinters desde cumbres (nosotros s que sabemos de qu va el pao!) bastante o muy altivas?. No fueron las nicas posibilidades que baraj; dejo constancia aqu de ello. Cierro parntesis).

Antes que nada: vivan las marchas por la dignidad!, viva la marcha de este sbado 27 de mayo!, el mayor xito posible, el mayor apoyo por parte de todos!, un demos comn en pie fraternal de resistencia y lucha!

Repito, lo har tambin en las prximas entregas, nuestras coordenadas generales aqu, en .Cat. Conviene, es necesario insistir, porque los grupos hegemnicos en Catalua no quieren orlas o las interpretan a su antojo. Como les da la gana, para decirlo claramente.

La coordenada poltico institucional central: la derrota del secesionismo en la votacin del 27S (Antonio Baos dixit, sin olvidar el 55% de David Fernndez, ambos cupaires) ha sido transformada por el mundo poltico-cultural separatista, con la importante colaboracin de la CUP (una organizacin -recuerdo- que dice ser de izquierda revolucionaria), en una victoria parlamentaria amparndose en una ley no proporcional de la que, supuestamente, esas mismas fuerzas, algunas de ellas cuanto menos, renegaban. Teniendo en cuenta el resultado de las votaciones del 27S, no hay justificacin alguna para desconexiones, separaciones, unilateralidades, borradores de leyes de transicin, proclamacin de nuevas Repblicas poco republicanas o estrategias afines. Junts pel s, es decir, Juntos para la secesin no consigui la mayora de votos (ni de escaos) a la que aspiraba. Tampoco la alcanz si unimos sus resultados -una suma ms que heterognea, equivalente a sumar los votos del PP y los de Unidos Podemos y Recortes 0- con esa fuerza de supuesta izquierda transformadora a la que aluda. Democrticamente hablando, nos estn estafando. Y no en cualquier asuntillo menor. Estamos hablando, hablan quiero decir, de construir un nuevo muro-Estado que nos separe del pueblo aragons y del valenciano! No son ellos los demcratas y los dems unos unionistas-antidemcratas-neofranquistas. De ninguna manera. De eso nada, monadas. La inversa es mucho ms verdadera.

La coordenada econmico-social: para millones de ciudadanos-trabajadores de Catalua, no por cierto para la gran mayora de lderes y representantes del mundo secesionista-soberanista, la vida cotidiana, que diran Lukcs y Heller, el da a da, se trabaje o se est buscando trabajo (por despidos absolutamente injustificados en muchas ocasiones), se est en precario y en psimas condiciones o en condiciones ms aceptables, la vida cotidiana deca, sigue siendo, en un porcentaje muy elevado, un trabajo-situacin (si lo hay) alienante, cosificador, insatisfactorio, cada vez ms estresante, un trabajo-salarial (que no elimina siempre la pobreza) que permite vivir plenamente (lo solemos decir cuando hablamos sin contencin) slo cuando ya no se est en l. Las 168 horas de la semana, deduciendo el descanso diario, se reducen a unas 40 horas de vida. Las inquietudes, el malestar, las reivindicaciones, el lenguaje incluso, de millones de ciudadanos y, sobre todo, ciudadanas, no estn, salvo para acuerdos puntuales con finalidades propagandsticas, en la agenda poltica institucional de .Cat ni en sus medios afines. El tema-monotema destaca de largo y se ubica siempre y por definicin en asuntos identitarios muy sobrecargados, creando pas, siempre haciendo pas. El mundo obrero no existe. Todo se traduce a ese lenguaje, todo y por casi todos, incluyendo en este todos supuestos intelectuales orgnicos de izquierda.

Guillem Martnez ha expresado as lo que intento transmitir en esta segunda coordenada (no niego alguna divergencia marginal con su reflexin):

Suelo utilizar poco la palabra capitalismo. Me da pereza. Es como utilizar la palabra atmsfera, o la palabra palabra. Es algo que lo envuelve todo, de manera que es intil e inconcreto aludir a ello. Pero cada vez me cuesta ms no utilizarla. El capitalismo es explotacin. Una explotacin gigantesca. Es tan grande que todos participamos en ella. Lo que orienta a su carcter invisible y descomunal. No lo ves. Ni siquiera escuchas su voz. Pero te habla todo el da. Si no lo atiendes, delega en otras personas, que te vuelven a explicar las reglas del juego. Son unas reglas crueles. Carecen de piedad. Si sigues sin atender, te las explican en tu propia casa. Te las dicen, incluso, personas que deberan acariciarte y decirte no vayas, qudate, vivir sucede en otro sitio distinto al que ests obligado a ir. En ocasiones, incluso, las reglas crueles te las llegas a decir t a ti mismo. El capitalismo no es, en fin, la explotacin de una persona por otra persona. Eso sucede, en fin, desde muchos siglos antes del capitalismo. Es algo mayor e inapelable, que impide que vayas al mdico o que te comas una boca cuando lo necesitas. Es -no hay brutalidad mayor- la explotacin de uno mismo por uno mismo.

Si tienen dudas vayan a ver La mano invisible de David Macin, basada en la novela de Isaac Rosa (https://www.cuartopoder.es/cultura/2017/05/22/la-mano-invisible-un-incomodo-espejo/). Y recordemos la disyuntiva sealada por Rosa Luxemburg hace un siglo: La sociedad capitalista se halla ante un dilema: avance al socialismo o regresin a la barbarie.

Voy al tema, sin observaciones previas. Sin anlisis de los borradores de la ley de transitoriedad jurdica (quin la habr filtrado?, con qu objetivo?, hay alguna duda que el referndum es una excusa y lo que rige es el secesionismo duro, antidemocrtico e impuro? Xavier Arbs Marn: La ley de transitoriedad catalana, en cambio, partir de un acto unilateral y sin encaje posible con el ordenamiento constitucional y estatutario. No puede haber transitoriedad en un acto unilateral, de modo que la ley nacer de y para la ruptura). Sin comentarios sobre las corruptelas y declaraciones pujolistas (Y mira que ha y te la aqu! Josep Pujol: Si mi padre hubiera confesado la herencia no habra sido presidente de la Generalitat). Tampoco sobre esta enorme e incomprensible barbaridad: http://www.asec-asic.org/2017/05/23/el-juez-fija-el-embargo-de-511-83505-euros-a-los-27-acusados-de-protestas-en-la-uab/; en el documento se aade la peticin de penas de prisin que van de entre 11 a 14 aos para 25 estudiantes, un profesor y un miembro del PAS ) ni siquiera sobre esta ms que lamentable situacin: Los 10.000 pacientes (y 15 mdicos) olvidados de Toni Comn. http://cronicaglobal.elespanol.com/vida/10-000-pacientes-olvidados-terrassa_73691_102.html.

Directamente, pues, a nuestro asunto, un tema que, mirado desde otra perspectiva complementaria que no contraria, se podra formular as: por qu cualquier crtica de fondo al nacionalismo o nacionalismos catalanes se interpreta, siempre o casi siempre y sistemticamente, como una defensa-apoyo-apologa del nacionalismo espaol por parte no slo del mundo separatista y de sus medios (parte ms que interesada en la confusin y divulgacin de la falacia) sino tambin de los soberanistas catalanes que se dicen de izquierda (e incluso, en ocasiones, de colectivos del resto de la izquierda espaola)? Las crticas al nacionalismo espaolista deben ser interpretadas, en consistente sintona con lo anterior, como apoyos al nacionalismo cataln? No, claro que no? Luego entonces: por qu no vale en este segundo caso y s, en cambio y casi siempre, en el primero? Un nacionalismo es bueno o bastante presentable, el cataln, y no lo es, en cambio, el espaol, por definicin y/o historia? Podemos apelar, sin ningn matiz ni contextualizacin, a un texto de Lenin de 1922, de casi hace un siglo, como el siguiente: En mis obras acerca del problema nacional he escrito ya que el planteamiento abstracto del problema del nacionalismo en general no sirve para nada. Es necesario distinguir entre el nacionalismo de la nacin opresora y el nacionalismo de la nacin oprimida (Lenin, 3, 775; 31/XII/1922)? Catalua es hoy, en 2017, no en 1945 o 1950, una nacin oprimida y por eso, desde una perspectiva leninista fija da en el tiempo, su nacionalismo es otra cosa, ms presentable, ms popular, ms democrtico, ms avanzado, ms progresista, ms de izquierdas...? Qu nacin opresora oprime a qu nacin oprimida ahora, en 2017? En qu concretamente?

Las citas iniciales se explican por s mismas. Cabe aadir otra ms del gran filsofo y helenista G.E.R. Lloyd, de un libro-homenaje a Luis Vega Ren editado en 2015:

No estamos aislados unos de otros, ni habitamos islas de significado inconmensurable. El precio que hemos de pegar es admitir la revisabilidad de prcticamente todo lo que nos hemos acostumbrado a creer. Ese es precisamente uno de los principios cardinales que no debemos olvidar nunca.

La revisabilidad de prcticamente todo lo que nos hemos acostumbrado a creer! Nada menos! Y qu nos hemos acostumbrado a creer en nuestro asunto?

Pues, por poner un ejemplo (hay ms, las tradiciones poltico-culturales tienen estos efectos que no siempre son negativos), en el derecho de autodeterminacin pensado, adems, ahistricamente y como solucin definitiva y altamente democrtica para cualquier situacin. Lo hemos repetido una y otra vez durante dcadas, viniera o no viniera a cuento: todas las naciones, sin apenas matices, tienen derecho a la autodeterminacin, a la independencia. Punto y aparte; disuelto el problema.

Pero la vindicacin tienes sus orgenes, tiene su historia, lo ha sealado el helenista Miguel Candel y muchos otros autores. Se sita, debemos situarla, en el muy particular contexto del hundimiento, como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, de diversos imperios -considerados "crceles de pueblos"-, como el otomano, el ruso y el austro-hngaro. En aquellas circunstancias se daban todos los ingredientes que las Naciones Unidas consideran necesarios para que se pueda reivindicar el derecho de "autodeterminacin" (en su lenguaje, "libre determinacin" ) .

Pero ahora y aqu e stamos en otra situacin. No creo que nadie, ni el ms acrrimo secesionista, pueda afirmar lo contrario. O s?

Regresemos al pasado; ubiqumonos en otras coordenadas temporales y hablemos de nuestra propia tradicin, la tradicin comunista democrtica y antifascista.

Verano de 1970, pleno del comit central del PCE. 47 aos, casi medio siglo ha pasado desde entonces. Todos los asistentes y los numerosos colectivos organizados, las clulas del partido que estn detrs de ellos, combaten con todas sus fuerzas (y con enormes riesgos: Grimau, Ruano, era asesinatos recientes) la dictadura fascista y tienen como horizonte poltico la conquista de una Repblica democrtica y federal que una -no rompa ni aleje ni desuna- a todos los pueblos de Espaa, respetando diversidades, culturas, historias plurales y lenguas. El ABC, la A de la poltica antifascista. Sobre lo que se llamaba entonces cuestin nacional, y ms concretamente, sobre la poltica del PSUC-PCE en torno al tema, Manuel Sacristn (1925-1985), entonces an miembro del comit central del partido de la resistencia, se manifest breve pero contundentemente en su intervencin ante el pleno (pp. 828-831 de la tesis doctoral de Miguel Manzanera, en uno de sus anexos). Resumo y comento su intervencin.

Seal inicialmente el autor de Sobre Marx y marxismo que la doctrina del partido sobre el tema le pareca clara y sin problemas de conceptos. Ser radical, deca Marx, coment, es coger las cosas por la raz, y la raz de las cosas es el hombre. La raz de la concepcin del partido del problema de las nacionalidades no son conceptos ms o menos mitolgicos, de patriotismo antiguo, de fidelidades feudales, ni de mitos burgueses, sino la presencia real de los individuos con sus caractersticas nacionales en las diversas localizaciones geogrficas.

Despus de argumentar contra el error lysenkista tendente a descalificar una cuestin o temtica simplemente por su origen social -en este caso, por su origen burgus-, el autor de El orden y el tiempo matiz que sin negar, desde un punto de vista histrico, la fecundidad de la burguesa, ya reconocida en el propio Manifiesto Comunista, lo que no es ni mucho menos verdad, es que el fenmeno de la constitucin de las nacionalidades haya sido un fruto tan recto de la evolucin burguesa como aparece en las historias. Por ejemplo, coment, no se ve por qu -no hay ninguna ley interna a los rasgos nacionales- para que lo que se llama la nacin francesa tuviera que ser ms nacin que lo que habra podido ser una nacin occitana con trozos de lo que hoy es Francia y trozos de lo que hoy es Espaa. En el caso de Euskadi exactamente igual, aadi.

Lo que era fruto de la burguesa, seal, era el Estado nacional. Un estado que no coincide necesariamente -como manifiestamente lo prueba el caso espaol, pero tambin cualquier otro como el francs- con una nacionalidad. Era nacional en el sentido que representaba el dominio y tambin la hegemona de la funcin dirigente de una determinada burguesa nacional. En el caso de Francia, la del centro, la del ncleo parisiense. En el caso espaol no se atreva a decirlo porque era demasiado complicado histricamente; en el caso italiano, la burguesa de la Toscana

Adems de ello, defendi, era la poltica del PSUC-PCE en aos, en duros aos de dictadura fascista y de opresin de lenguas y culturas, el derecho de autodeterminacin de las nacionalidades espaolas.

Es tambin cierto que en un texto de 1972, comentando el proyecto de introduccin al programa del PSUC de esos aos setenta, pueden verse varias consideraciones significativas y complementarias de su posicin. Francisco Fernndez Buey ha escrito sobre ellas (vase su Sobre Manuel Sacristn, Vilassar de Salt, El Viejo Topo, 2015). Selecciono una de ellas.

Recoge Sacristn el punto 13 del proyecto -Los comunistas consideramos que la nacin catalana est constituida por todos los que viven y trabajan en Catalunya- y comenta: esta definicin declara implcitamente de nacionalidad bajo-sajona a los obreros de Toledo o de Ripoll que trabajan en Volkswagen y es, adems, arbitrariamente falsa. Usada por fuerzas nacionalistas independentistas de aquellos aos -como el FNC [Front (Frente) Nacional de Catalunya] o el PSAN [Partit Socialista dAlliberament (Liberacin) Nacional]-, sirve para preparar la opresin de las minoras nacionales de habla castellana y/o francesa en un futuro estado cataln.... Los comunistas, afirma, no deben aceptar la cerrada alternativa imperialista, tanto sea del tradicional imperialismo espaol como del nuevo imperialismo cataln, implicada por esa definicin de untuosa apariencia generosa y humanista. Estas son, prosigue, argucias entre representantes de patrias y patriotismos, y los proletarios y los que nos adherimos al proletariado no tenemos patria. Tenemos nacionalidad como elemento de la formacin de la personalidad individual, de un modo ms acentuado en unos que en otros, los cuales pueden cambiar (relativamente) de nacionalidad, o bien conseguir una consciencia casi a-nacional adems de aptrida.

Hay muchas ms observaciones de inters en ese escrito que an permanece indito.

No fue la ltima vez que se manifest sobre esta cuestin. Hay varias, muy crticas, cuando el nacionalismo cataln empez a adquirir fuerza tras la muerte de Franco. Empero, en la que fue su ltima entrevista -con Mundo Obrero,finales de diciembre de 1984, editada dos meses despus-, una entrevista que convendra leer completa, volvi a manifestarse ciertamente en trminos muy similares a favor del derecho de autodeterminacin. Y como Sacristn, muchos de sus discpulos (Paco Fernndez Buey, maestro de muchos de nosotros, entre ellos) y otros colectivos comunistas. Aunque, es importante recordarlo y destacarlo, ds vindicaciones y una posicin de fondo y sentida al mismo tiempo: derecho de autodeterminacin, lucha contra todos los nacionalismos y defensa de la unin libre de todos los pueblos espaoles en una Repblica federal (sin dejar de pensar en una futura Repblica ibrica). Defensa en Mlaga... y en Gerona.

La pregunta, la cuestin que a nosotros nos concierne en nuestro ahora es sta: cabe seguir diciendo lo mismo, pensando lo mismo, argumentando de la misma forma, reivindicando lo mismo, con el mismo lenguaje, 47 aos (casi medio siglo) despus (o ms de 30 aos dependiendo desde cundo queramos contar)? Parece que no, que no debera ser as, que la situacin poltica en el conjunto de Espaa y en Catalua no son las mismas que hace 47 o 33 aos. Es difcil hablar hoy de Catalua en trminos de nacin o nacionalidad oprimida, o incluso, como se ha comentado, de nacin esclavizada y expoliada. En qu, por quin?

Qu decimos, qu defendemos, qu argumentamos, qu pedimos, qu exigimos si no es descorts desde la izquierda no nacionalista de Catalua al resto de la izquierda de Espaa? Cosas tan bsicas, tan elementales, tan esenciales (casi ruboriza sealarlas), como las siguientes:

1. El derecho a decidir no existe. Es una idea (de esas del significante vaco o impreciso) o, si se quiere, un concepto poltico-jurdico creado por los nacionalismos que ha sido muy til en el caso de Catalua, menos en el caso del Pas Vasco. En todo caso, quines tienen ese supuesto derecho? Slo las naciones o nacionalidades? Por qu? Las ciudades tienen tambin derecho a decidir? Lo tiene tambin, por ejemplo, el rea metropolitana de Barcelona en su conjunto? La futura Catalua independiente reconocer ese derecho? A quines? A nadie porque Catalua es una sociedad homognea, sin tensiones ni conflictos identitarios?

2. El dret a decidir es una forma, muy estudiada, de apelar (ocultndolo) al derecho de autodeterminacin clsico. Lo reconoci, esta vez sin ocultaciones, el propio presidente Puigdemont en su conferencia del pasado lunes 22 de mayo en Madrid.

3. No hay nada, ni un solo indicio, que permita pensar que Catalua es hoy, como antes deca, una nacin oprimida, esclavizada, tomada, ocupada, expoliada, explotada, robada, golpeada, menospreciada... una colonia, una semicolonia, una comunidad social maltratada, castigada, aplastada y/o reprimida. De ah no se infiere, por supuesto, que se est de acuerdo con las polticas seguidas por el gobierno del PP -u otros gobiernos anteriores- durante estos ltimos aos ni tampoco durante la etapa aznarista que cont, como se recuerda, con el apoyo de CiU en su primera legislatura. Tampco que todo lo hecho haya sido un desastre contra Catalua como se suele firmar por aqu, por la ciudad que tiene un museo dedicado al fascista Joan Antoni Samarnach y una estatua en honor del financiero-golpista Francesc Camb.

4. No slo Espaa es diversa, que lo es, sin duda (qu pas no lo es por cierto?); tambin lo son Catalua o el Pas Vasco aunque se diga menos, nunca, o con los labios apretados. No es evidente por otra parte la lectura no fraternal ni federalista, de ruptura con el demos comn, de separacin, que las fuerzas nacionalistas-soberanistas-secesionistas haran (y hacen de hecho) de Espaa como Estado plurinacional? Por lo dems, no lo es tambin Catalua? Catalua no es una comunidad plural, binacional cuanto menos?

5. El movimiento secesionista cataln ha jugado desde hace ms de cinco o seis aos con toda la ambigedad calculada del mundo, engaando o incorporando a un sector muy importante de la izquierda de Catalua que, todo parece indicarlo, se ha dejado engaar con suma facilidad. En pactos, acciones, gestos, entrevistas, acuerdos, fotografas, etc. Las manifestaciones secesionistas fueron, durante algunos aos, inocentes manifestaciones democrticas a favor del derecho a decidir.

6. Como ellos mismos (Santi Vila conseller) han reconocido: el movimiento secesionista ha sido, en sus orgenes ms prximos, un procedimiento de justificacin de unas duras polticas sociales implantadas por CiU en .Cat y ha intentado, acallar a un tiempo, el significado y la peligrosidad para ellos del 15M en Catalua (nada que ver con el nacionalismo en cualquiera de sus variantes).

7. Del derecho a decidir se ha pasado a la secesin directa. De esta a otra pantalla cuando ha interesado. De la formacin de un nuevo Estado de Europa a un referndum. De uno pactado a uno unilateral. De la desconexin abierta a la implantacin de unas nuevas leyes. De la apelacin a la democracia a la ocultacin y a la manipulacin del Parlamento. De ah a los borradores ocultados de leyes histricas. Y as siguiendo.La ltima segn el borrador: implantacin de un nuevo Estado y luego ya veremos y con el control de la prensa dscola y de los jueces. El estado soy yo.

8.Hablemos con cualquier persona que haya vivido en Catalua en estos ltimos 60 aos. Preguntmosle: ha habido algn momento a lo largo de estas dcadas en el que haya regido tanto y con tanta fuerza la arista identitaria? Cundo, en qu momento, hemos considerado en las tradiciones emancipatorias que ser cataln, vasco, espaol o gallego era una seal de identidad prioritaria? Ser cataln, ser espaol, ser vasco, es tan importante, tan decisivo, tan de nuestro ser y estar en el mundo? Quin, quines han hecho todo lo posible para generar y difundir ese sentimiento en millones y millones y, en la mayora de los casos, vivido de forma excluyente? Ser cataln, para muchos, era una forma de decir y sentirse no espaol.

No les canso ms -ya es suficiente!- por el momento. Sigo la semana que viene con el mismo tema.

PS: Un regalo, gramsciano por supuesto. El pasado 3 de mayo la FIM, la FEC, IUCyL y el Colectivo de Estudios Culturales Antonio Gramsci, organizaron en la Universidad de Salamanca (USAL) las jornadas "Gramsci: Un marxismo para el siglo XXI. El pensamiento gramsciano ante el cambio social contemporneo" en homenaje al pensador y dirigente comunista italiano en el 80 aniversario de su muerte. Nos remiten los enlaces con los vdeos de dichas jornadas (no se los pierdan, valen la pena!)

Mesa 1. Presentacin de las jornadas y Mesa 1: el marxismo de Gramsci: https://www.youtube.com/watch?v=Y8CPyYHZyos&t=163s Mesa 2. El concepto de hegemona en Gramsci. https://www.youtube.com/watch?v=XJAkYiW2hdY&t=446s Mesa 3. La concepcin nacional-popular y de bloque histrico en Gramsci. https://www.youtube.com/watch?v=X8-XA0JINt0&t=36s Mesa 4. Gramsci y el cambio social contemporneo. https://www.youtube.com/watch?v=jzW-k0NP-tU&t=338s Fundacin de Investigaciones Marxistas. www.fim.org.es

Otra buena noticia: http://www.asec-asic.org/2017/05/23/el-palau-de-la-musica-acusara-a-convergencia-de-cobrar-comisiones-tras-el-cambio-de-criterio-de-la-generalitat/

La reunin de este martes del Consorcio, que ha durado una hora y media, era la ltima oportunidad para que el Palau de la Msica sealara a CDC. La votacin se ha saldado con 5 votos a favor de acusar a CDC y 4 en contra. Han votado a favor los dos representantes del Ayuntamiento -Jaume Asens y el responsable de los servicios jurdicos, Joan Llinares, los dos representantes del Ministerio de Cultura Montserrat Iglesias y Eduardo Fernndez Palomares, ambos directivos del Instituto Nacional de Artes Escnicas y Msica (INAEM) y un miembro del Orfe Catal. Han votado en contra de acusar a CDC cuatro miembros del Orfe Catal, entre ellos su presidenta, Mariona Carulla, que ha argumentado que la votacin que vala era la del pasado da 12, cuando se decidi no sealar el partido. La Generalitat se ha abstenido y ha justificado su cambio de voto se opuso a acusar a CDC hace 15 das por la votacin del Parlament de la semana pasada que inst al Govern a sealar al partido.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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