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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2017

Las Marchas de la Dignidad y la reconstruccin del movimiento obrero

ngeles Maestro
Rebelin


En la Transicin se inici un lento proceso de degradacin de las iniciales comisiones obreras, que ha terminado haciendo de CC.OO. junto a UGT- unas de las piezas claves para el mantenimiento de la estructura de poder de la burguesa.

Su apuesta compartida por el PCE por la integracin del Estado espaol en la CEE, asumiendo ntegramente el mito de que Europa era sinnimo de riqueza, democracia y derechos sociales y laborales, fue clave para bloquear cualquier posicionamiento de clase mnima mente riguroso.

En los aos 80 se estaban implementando ya en los pases europeos las polticas neoliberales, estrenadas a sangre y fuego en el Cono Sur de Amrica Latina. Era pues evidente que lo esperable en los estados capitalistas centrales, en cuanto a polticas sociales se refiere, era exactamente lo contrario de lo que se venda: la ampliacin de los servicios pblicos y de la proteccin social y laboral.

La integracin del Estado espaol en la CEE primero y en la UE despus supuso la destruccin del importante tejido industrial pblico y la privatizacin de las grandes empresas a precio de saldo1. En el duro proceso cnicamente llamado reconversin industrial, que implic las destruccin de centenares de miles de puestos de trabajo, la colaboracin sindical fue clave para que las luchas obreras duras muchas veces no se unificaran. No hubo as posibilidad alguna de alterar el guin estratgico de las fracciones dominantes del capital europeo que con la colaboracin del PSOE- pretendan eliminar la competencia y ganar mercados.

Otro tanto ocurri con las privatizaciones de las grandes empresas pblicas realizadas por gobiernos PSOE y rematadas por el PP. Se transfirieron a precio de saldo monopolios que se hacan con el negocio asegurado de vender productos de primera necesidad a una clientela cautiva. La corrupcin inherente llev a una legin de exministros y ministras2 a sus consejos de administracin en pago a los servicios prestados. Ex cargos pblicos que sirvieron para seguir utilizando los mecanismos de coercin y corrupcin del Estado para forzar la privatizacin de las correspondientes empresas de pases latinoamericanos, como se ha visto con el escndalo del Canal de Isabel II. Todo sto sucedi sin que, salvo en casos puntuales y por sindicatos minoritarios, se pusieran en funcionamiento -en la poca de la globalizacin de las comunicaciones!- los ms elementales mecanismos de solidaridad obrera internacional.

La garanta del negocio pas sobre todo por liquidar masivamente y cuanto antes las antiguas plantillas con salarios relativamente altos y con ms derechos de los que implantaba la precariedad reinante. Uno de los instrumentos ha sido el brutal mecanismo de presin para llevar a cabo el proceso de auto-despido que ha conllevado el aniquilamiento personal de miles de trabajadores, incluido el suicidio3. Otro ha sido la doble escala salarial que, rompiendo la unidad de clase, ha permitido la instauracin generalizada de la precariedad en las grandes multinacionales procedentes de empresas pblicas.

Ninguno de los dos procedimientos ha sido confrontado por los dos grandes sindicatos.

La crisis capitalista ha venido a sumarse a este tsunami destructivo de empleo y de derechos instalando una jungla de explotacin salvaje y de ejrcito de reserva desesperado dispuesto a trabajar como sea.

Tras el 15 M y frente a la Cumbre Social, las Marchas de la Dignidad.

En este marco caracterizado desde el punto de vista sindical por el gran desprestigio de CC.OO. y UGT, la debilidad y la fragmentacin del sindicalismo alternativo, y en un escenario de auge de la movilizacin popular contra la crisis, surgen las Marchas de la Dignidad.

Se construyen tras comprobar el cenagal de impotencia y engao a que pretenda abocar al movimiento popular surgido en torno al 15M, una Cumbre Social que bajo el disfraz de multitud de ONG,s y movimientos sociales apenas encubra a los artfices del montaje: CC.OO., UGT, PSOE e IU.

Tras haber jugado el indigno papel de facilitadores y legitimadores del programa del capital, encubierto por ensima vez de la justificacin de es lo que hay y no es posible impedirlo y arropado por quienes se encargan de hacer realidad la profeca, los hacedores de la Cumbre Social reclamaban en 2012, la vuelta de la Europa Social, de los aspectos progresistas de la Constitucin de 1978 y del Estado del Bienestar4.

Para dar idea de la envergadura del montaje y de su papel distorsionador de la realidad, baste recordar que acababa de producirse la reforma del artculo 135 de la Constitucin (2011), el Tratado de la Zona Euro (2012) y la Ley Orgnica 2/2012 imponiendo frreamente a todas las administraciones pblicas, incluida la Seguridad Social, los objetivos del pago de la Deuda y de la reduccin del Dficit5.

En este contexto se empiezan a construir en el otoo de 2013 las Marchas de la Dignidad como espacio de confluencia de sindicatos, movimientos sociales y organizaciones polticas en torno a un programa poltico de ruptura cuyo primer punto es: No al Pago de la Deuda, y que identifica a los gobiernos de la Troika como agentes de las polticas que asolan las condiciones de vida de la clase obrera y sectores populares.

La movilizacin ms grande desde la Transicin cerr la boca de quienes encubran su connivencia con el poder arguyendo que para que las movilizaciones sean masivas hay que rebajar contenidos polticos o que la gente no entiende lo de la Deuda y la UE.

El tiempo transcurrido no ha hecho ms que reforzar la validez de los planteamientos de las Marchas. Cada vez es ms evidente que la Deuda y el cumplimiento del Dficit, y en definitiva la pertenencia a la YE y al Euro, actan como tenaza que imposibilita cualquier poltica alternativa. Desde los estibadores, a la lucha de los pensionistas o las polticas de gasto social de cada una de las administraciones pblicas, chocan una y otra vez contra el mismo muro.

A todo ello se une la evidencia incontestable del escarnio que el gobierno de Satiriza protagoniz en 2015 y que se agiganta cada da. No slo traicion todos sus compromisos polticos incluyendo el respeto al resultado del Referndum que le exiga no acatar los designios de la Troika sino que demostr a todos los pueblos de Europa que no hay posibilidad alguna de alternativa poltica en el marco de la UE y del Euro. Lo que ocurri en Grecia no hace an dos aos, y de lo que ninguna organizacin de la izquierda institucional habla, sita al programa de las Marchas de la Dignidad como la nica plataforma poltica del movimiento popular que hace del cuestionamiento de la UE el centro de su discurso poltico.

Por eso precisamente, porque ese programa poltico deja en evidencia los nuevos-viejos seuelos de la impotencia reformista hoy menos creble que nunca las Marchas de la Dignidad estn plagadas desde sus comienzos de tensiones internas. Quienes pretenden reconducirlas a lo polticamente correcto, suean estar en el gobierno en fecha no lejana y quisieran no encontrarse con una clase obrera y unos pueblos que van aprendiendo lo intil y peligroso que es darse una y otra vez con el mismo muro. Y que al mismo tiempo van viendo cmo, frente a una izquierda dbil y sin poltica alternativa, se alzan cada vez con ms fuerza opciones electorales de extrema derecha.

Por ello, la reconstruccin del movimiento obrero inevitablemente debe realizarse confrontando radicalmente las polticas de colaboracin de clase, entre las que la defensa de la UE y el Euro ocupa un lugar central. Lneas de demarcacin como el No Pago de la Deuda (que curiosamente fue una de las primeras decisiones del Soviet de Petrogrado frente a un emprstito multimillonario suscrito por el Zar con la banca francesa), junto a la unificacin de las luchas obreras y movimientos sociales son elementos clave.

Tal y como recoge el Manifiesto-llamamiento de las Marchas para el 27 de mayo6: En la lucha difcil que hemos emprendido por un cambio real, no un simple cambio de gobierno, necesitamos que quienes estemos dispuestos a pelear nos unamos. La construccin de poder popular exige pasos pacientes y firmes que no se dejen seducir por los cantos de sirena de falsas soluciones institucionales que tan caro pagamos en la Transicin y que hoy, en el marco de la Unin Europea, son ms engaosos que nunca.

Mayo de 2017

Notas:

1 http://informes.seminaritaifa.org/el-impacto-de-la-ue-en-la-industria-espan%CC%83ola/

2 http://canarias-semanal.org/not/10499/la_increible_bicoca_de_los_ex_ministros__del_ppsoe__listado_de_sus_suculentos_salarios_y_ocupaciones_/

3 Este asunto ha sido analizado recientemente por mi en un captulo titulado El grito, integrado en el libro colectivo Capitalismo y salud mental (2017) . http://www.cismaeditorial.esy.es/saludmental.html

4 Un lcido anlisis sobre ese proceso puede encontrarse aqu: http://redroja.net/index.php/comunicados/831-el-mito-de-la-vuelta-al-estado-del-bienestar-otro-capitalismo-es-imposible

5 Un riguroso anlisis de los mecanismos de coercin de la Euro-zona para imponer recortes del gasto pblico y privatizaciones puede encontrarse aqu: http://www.redroja.net/index.php/noticias-red-roja/noticias-cercanas/1910-informe-de-red-roja-sobre-la-ley-organica-22012-el-final-de-cualquier-soberania-y-el-arma-de-destruccion-masiva-de-los-servicios-publicos

6 El Manifiesto-llamaiento completo para el 27 de mayo se puede consultar aqu: http://marchasdeladignidad.org/el-27-de-mayo-volvemos-a-madrid/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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