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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2017

El homenaje pstumo a Agustn Edwards, un ltimo gesto de la transicin

Paul Walder
El Ciudadano


Agustn Edwards no slo dej este mundo en la ms completa impunidad por su directa participacin en la instigacin del golpe militar, en el apoyo desembozado de la dictadura y en el ocultamiento sistemtico y permanente de los crmenes de los agentes de Pinochet, sino que tras su partida y de cuerpo ausente goza de un homenaje del Senado, una de las instituciones que ayud a cerrar con bala y cadena en 1973. En una sesin levantada por el senador UDI Ivn Moreira, ultraderechista y reconocido pinochetista y avalada por el demcratacristiano Andrs Zaldvar, los adlteres de Edwards intentan filtrar a su mentor en la historia no como una de las figuras ms oscuras del pasado reciente, sino como un empresario periodstico que deja como legado importantes e influyentes medios de comunicacin en el pas.

Durante la sesin se elev un ejercicio retrico ejemplar, con frases de epitafio destinadas a formar parte del futuro. En este rigor, Hernn Larran no se contuvo ni hall lmites en sus alegoras: Fue fundamental su adhesin irrestricta a los valores de la libertad en todos los mbitos y fue clave de su xito la capacidad de informar, con sentido de actualidad y rigor. Edwards y El Mercurio, fuente y canal de la democracia y las libertades en Chile se inscribe en los registros senatoriales.

La impunidad y la hipocresa se instalan y naturalizan en Chile como verdad y sentido comn. Edwards se retira de El Mercurio y de esta vida como un gran demcrata, tolerante y respetuoso de las libertades, callando buena parte de los aos ms ignominiosos de las ltimas dcadas del siglo pasado. El arreglo final, este oficioso reconocimiento, es una consecuencia sembrada con anticipacin por el mismo Mercurio recogida por toda la clase poltica de la post dictadura. Desde 1990 en adelante desde esas pginas se escribi la pauta de la agenda de medios y, por extensin y dispersin, del orden poltico de aquel interregno llamado transicin.

No constituye ninguna sorpresa aquel homenaje pstumo. Es una extensin del permanente y servil tributo que toda la clase poltica le ofrend a Edwards y a su cadena de diarios. De la derecha, ya sabemos todo y no se espera nada. De las socialdemocracias y sus aliados, hoy reveladas en toda su magnitud y figura, podemos decir que tampoco. Pero en algn momento de aquella transicin, en algn punto de esas largas y tediosas dcadas, s se esperaba algo. La respuesta de aquellos representantes polticos fue el silencio, el acomodo, la aparicin en las pginas de los matutinos y vespertinos, su consideracin como columnistas, la entrega al modelo de sociedad impuesto por la dictadura y consolidado ms tarde bajo la mirada atenta de Edwards y su cadena de papel.

El ingente poder que tuvo Edwards le fue otorgado y reforzado durante la post dictadura por los mismos gobiernos de la Concertacin. Esta coalicin lo convirti en un intocable, en una hidra que representaba a la oligarqua, al nuevo capital y aquellos clsicos poderes que se han movido por los subterrneos de la historia.

El Mercurio fue una expresin, un pretexto, el efecto final de otras acciones. En apariencia controla gobiernos entregados a sus pautas, temerosos a sus editoriales, aterrados de sus portadas. Un falso terror fruto de la debilidad y miseria. Porque la capitulacin de la ex Concertacin ante El Mercurio, a sus obsesiones, creencias y fundamentalismos del mercado y del capital, es el miedo a perder los privilegios obtenidos tras la entrega a los consensos, una actividad entonces polticamente liviana que el tiempo ha revelado como densamente corrupta.

Homenaje y rendicin a cambio de pequeos poderes y la tolerancia de la oligarqua hacia estos nuevos operadores a cargo del Estado. Privilegios a cambio de favores, como ocultar y olvidar la millonaria deuda de El Mercurio contrada con el Estado durante los ltimos das de la dictadura, estrangular y eliminar a toda la prensa crtica del orden heredado. El diario Clarn, confiscado por el Estado chileno desde 1973, es tal vez el mejor ejemplo de la opaca y susurrada pauta de Edwards sobre todos los gobiernos de la ex Concertacin El resultado, por varias dcadas, ha sido un duopolio comercial en la prensa escrita y un monopolio en los contenidos para la reafirmacin cotidiana del orden neoliberal.

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