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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2017

Mercados agroecolgicos, Pacto de Miln y nuevos comunes

ngel Calle Collado
eldiario.es


Octubre nos aguarda en Valencia con una nueva cita del Pacto de Poltica Alimentaria Urbana de Miln, el llamado Pacto de Miln. Los mercados agroecolgicos, bajo diferentes tipologas y operando a distintas escalas, son una realidad en el presente. Son "economas vivas" renovadoras y a la vez fuertemente conectadas a manejos histricos, a costumbres de cuidar la tierra a la vez que cuidamos de nuestro alimento y de nuestros lazos sociales.

Octubre nos aguarda en Valencia con una nueva cita del Pacto de Poltica Alimentaria Urbana de Miln, el llamado Pacto de Miln. De Banjul (Gambia) a Belo Horizonte (Brasil), ms de un centenar de ciudades han declarado su compromiso con sistemas agroalimentarios sostenibles e inclusivos. Las ciudades son un voraz depredador de recursos alimentarios y energticos. Cabra pensar que en ellas podemos encontrar las soluciones para reconstruir sistemas agroalimentarios localizados? Ciertamente no, el mantenimiento de la biodiversidad, la reduccin de la huella ecolgica o las polticas frente al avance del cambio climtico nos obligan a tener planteamientos territoriales ms amplios, ms complejos, ms extensos.

Sin embargo, el Pacto de Miln puede ayudar y mucho a reclamar un derecho a la alimentacin y a revitalizar una produccin ms acorde con las potencialidades de un territorio (recursos disponibles, comercializacin directa, variedades y productos de temporada, mundo rural vivo) en el afn de crear cuencas alimentarias "resilientes", como seala el propio Pacto. Puede ser un aldabonazo que contribuya a expandir dinmicas ms descentralizadas y que dote de ms autonoma a los habitantes de un territorio para construir sus mercados, sus sistemas econmicos, sus formas de cuidar la vida.

Por ejemplo, puede ayudar a desarrollar redes de produccin y consumo basadas en el Derecho a la Alimentacin y no en la capacidad de los mercados globalizados para apropiarse de las cadenas alimentarias. Pero ese poder, para ser un poder real y sostenido en el tiempo, ha de descansar en el empuje social que ya viene ofreciendo alternativas a los mercados convencionales. Slo as se ganar en autonoma territorial real que pueda animar la construccin de economas inclusivas, pegadas al territorio.

Dnde encontrar ese empuje social? Qu otros mercados agroalimentarios estn siendo construidos? Los mercados agroecolgicos, bajo diferentes tipologas y operando a distintas escalas, son una realidad en el presente. Son "economas vivas" renovadoras y a la vez fuertemente conectadas a manejos histricos, a costumbres de cuidar la tierra a la vez que cuidamos de nuestro alimento y de nuestros lazos sociales.

As, por poner un ejemplo, en los pases centrales los rescoldos de la crtica a una modernidad devoradora se refugiaron en manejos campesinos, presentes en valles y serranas alejadas de las grandes urbes; en la voluntad cooperativa de las economas de cuidados (aupadas sobre hombros de mujeres, pero tambin en dinmicas locales de apoyo mutuo); o en proyectos sociales y polticos que animaban la (auto)gestin local, en clave de autonoma comunitaria o de mimbres libertarias.

En otras latitudes, la existencia de una tradicin de mingas (minkas), ejidos o comunidades indgenas da pie de forma ancestral a la pervivencia (actualizada en algunos casos) de los mercados de proximidad que cumplen una funcin de cohesionar sociedades, equilibrar dietas o garantizar unos mnimos alimentarios. Son la red de Tianguis en Mxico, los mercados campesinos en Colombia o en frica Subsahariana. Y a pesar de que las grandes distribuidoras y acaparadoras de tierra luchan contra la reproduccin de estos (nuevos) comunes, estas pequeas-grandes iniciativas son las que nos alimentan el mundo. Representan la tradicin universal de las economas de alta sociabilidad, no necesariamente circunscritas a lo local pero s aupadas desde ah, de las que daba cuenta la exploracin de mercados que elaborara Karl Polanyi, las economas vivas a las que se refiere Vandana Shiva, el gobierno de los comunes para beneficio de las comunidades afectadas que sistematizara Elionor Ostrom.

El siglo XXI bien podr traernos, aparte de una extrema derecha que apele al retorno del padre que nos gue y nos controle, la aparicin de prcticas que caminen hacia nuevos comunes: economas cooperativistas con acento en la autogestin y en la cogestin para construir nuevos mercados. Nuevos comunes que rechazan el ilusionismo horizontal que se vende bajo el desarrollo de nuevas plataformas comunicativas en internet. Nuevos lazos sociales que trascienden el "slvese quien pueda" que aparece implcito en conceptos como "nichos de mercado". Tecnologas con sentido comn y territorial por encima de las apelaciones de las lites a embarcarse en una "agricultura inteligente" que favorezca an ms el mercado alimentario que controlan las grandes corporaciones. A la exploracin de dichas prcticas le hemos dado el ttulo de Rebeldas en comn (Libros en Accin, 2017).

As, a partir de apuestas municipalistas como el Pacto de Miln toman estabilidad prcticas que venan ya experimentndose, como los Ecomercados que aterrizan semanal o mensualmente en calles de grandes ciudades. Desde finales de los 90 somos testigos del boom de mercados sociales y grupos de consumo que renen a consumidoras y consumidores vidos de recuperar una nocin que supedite la idea de mercado al bien social. Agricultura soportada o apoyada por la comunidad, pero al mismo tiempo, posibilidad de lazos sociales que se recuperan, en medio del naufragio de las sociedades lquidas, a travs de un mayor protagonismo colectivo sobre cmo nos alimentamos. Mercados sociales que coexisten con la satisfaccin de otras necesidades (servicios, contactos, cultura) como nos ilustra La Tejedora en Crdoba. Comunidades que se (re)construyen y pasan a concretar acciones de gran escala desde premisas que potencian los llamados circuitos cortos: prximos en kilmetros, escasos en intermediarios, largos en poder cooperativo. La cooperativa BioAlai en Vitoria o Landare en Pamplona son buenos y actuales ejemplos.

Ante un sindicalismo agrario que se especializa en cogestionar la catstrofe y el suicidio colectivo que suponen los mercados globalizados y las "ayudas" de la Unin Europea, aparecen tambin iniciativas de grupos sindicales o de organizaciones ms innovadoras dirigidas a enlazarse al territorio. Pienso en los mercados que auspicia COAG en algunas localidades de Andaluca; en la iniciativa Nekasarea de EHNE-Bizkaia que une baserritarras y ciudadana; en proyectos de productoras que incorporan a consumidoras como es el caso de Subbtica Ecolgica; o en la propuesta de Punt de Sabor que viene fortaleciendo en Valencia la Uni de Llauradors i Ramaders a travs de servicio directo y ecolgico a supermercados y comedores junto con puntos de distribucin local.

Esta coordinacin territorial entre personas productoras tiene sus antecedentes en el cooperativismo agrario no vinculado a la integracin vertical, aquel cooperativismo con prcticas cooperativas en su base y que evita convertirse en apndice subordinado de Mercadona o de Eroski. Ejemplos de ello son iniciativas como la Xarxeta en Catalunya (Xarxa de Pagesos Agroecolgics), la FACPE en Andaluca (Federacin Andaluza de Consumidores y Productores Ecolgicos). Desde ah surgen las propuestas para construir sellos de calidad y lazos de confianza que sirvan para cuidar territorios y evitar los sellos "ecolgicos" que parecen destinados a satisfacer a la exportacin o mercados centrales de grandes empresas que concentran la tierra.

Territorio y mercado: dos lugares que haban sido obligados a divorciarse como idea y como espacios entrelazados, particularmente en las partes del mundo ms prximas a las entraas del monstruo capitalista. Mercado y creacin de lazos para cuidar(nos): dos acciones que buscan desafiar la mercantilizacin propuesta por las grandes superficies y los grandes fondos de inversin que hacen cotizar parte de nuestra alimentacin en las bolsas internacionales. Territorio-mercado-cuidados como exponente de una Agroecologa en 3C: circuitos cortos, cooperativismo, cuidados de territorios y personas.

Pero soy, que dijera el poeta, un optimista informado. Y les informo tambin que los mercados agroecolgicos estn en disputa: como lugar, como accin social y como concepto mismo. Como lugar porque se vende humo relocalizado que enmascara mercados para una riqueza global y nuevamente abstracta. Las lneas de supermercados en ecolgico apoyan (parcialmente) la produccin eco y local, pero tambin nos meten en el embudo distribuidor y eso significa dependencia y control sobre las espaldas de las productoras. Las llamadas economas colaborativas ofrecen el espejismo de "comunicacin directa" por internet, cuando en muchos casos es comercio que no propicia encuentros cooperativos, territorializados capaces de empoderar a pequeos productores. se es el defecto de proyectos como La Colmena que dice s.

La propia Unin Europea intenta colocar sus mercados en el centro de un hacer que se vende como "ms sostenible". A escala continental potenciando la llamada "economa circular": mismos mercados pero ampliando al tema de reciclaje. Y aupando las soluciones locales de mercado que plantea, de manera intencionadamente confusa, la llamada "economa del bien comn" de Christian Felber: responsabilidad social corporativa para empresas bajo una "libertad condicional" del mercado y los precios.

Todo ello crea nichos de mercado, pero no desbarata las estrategias monopolsticas de la gran distribucin, el control de los mercados de abastos por una oligarqua mundial (el hub alimentario de MercaBarna) o ms local (mercados de abastos en manos de familias "autctonas" y sin atencin al derecho ciudadano a la alimentacin y la produccin periurbana). Tampoco apunta a promover una dieta adaptada al territorio cercano, con menos presencia de carnes, pesticidas, grasas saturadas y emisiones de CO2.

En lo conceptual, la palabra agroecologa aparece crecientemente reducida a una condicin tcnico-capitalista, como sinnimo de sustitucin de insumos, mercados "verdes", certificacin que no se basa en la reduccin de huella ecolgica y en la defensa de la biodiversidad, o contemplada como un proceso de ingeniera cientfica de reduccin de impactos o de produccin de modelos de metabolismo generales donde la gente y la pequea produccin no aparecen por ningn lado a la hora de construir diagnsticos y alternativas.

Por su parte, las personas productoras no siempre son dueas de su accin. La presin sobre la obtencin de renta a corto plazo, el acceso a insumos "baratos" y la necesidad de colocar producto los sita ms en la innovacin urgente que en la transicin hacia otras gramticas econmicas, permeadas por esos lazos que van construyendo una Agroecologa en 3C. Si tuviera que enumerar 5 principios para tener un primer anlisis de qu es un mercado agroecolgico dira que plantea: economas viables para la gente que produce y desde economas donde el petrleo ser una reliquia; territorios habitables que se viven a travs de cuidados de bienes comunes y tecnologas de vida larga, adaptadas y fcilmente reparables; mercados que evolucionan como lazos sociales que reproducen bienes cooperativos en la produccin, la distribucin y con las personas consumidoras; sistemas agroalimentarios localizados que democratizan saberes, logsticas y accesos alimentarios sin desigualdades de clase socioeconmica o de gnero; y, por supuesto, mercados que contribuyen a una diversidad de sabores, paisajes y formas saludables de avanzar en una soberana alimentaria.

Fuente: http://www.eldiario.es/ultima-llamada/Mercados-agroecologicos-Pacto-Milan-comunes_6_648895108.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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