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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2017

Patrn de acumulacin extractivista y sus limitaciones

Gonzalo Colque
Rebelin


Este trabajo aborda los alcances y limitaciones del extractivismo que se propone desde el gobierno del MAS y que se implementa sin grandes preocupaciones por los impactos ambientales. El tema central es si la extraccin intensificada de recursos conduce (en qu grado o no) a un nuevo patrn de acumulacin capitalista, donde el modelo primario exportador debera dejar de ser la principal fuente de obtencin de la riqueza. Este debate tiene relevancia porque apremia encontrar el equilibrio apropiado entre proteccin de recursos naturales y desarrollo econmico.

Introduccin

El gobierno de Evo Morales est dando pasos firmes para desentenderse de su programa anticapitalista y antimercantilizacin de la naturaleza y pasar a abrazar con ms fuerza el extractivismo. Justificar y defender esta transicin radical no es una tarea fcil pero el gobierno ha comenzado a ocuparse de ello en los ltimos aosi. Como era de esperar, antes que una explicacin sistemtica sobre por qu es mejor la mercantilizacin intensificada de los recursos naturales y cmo ello conduce al Vivir Bien predomina el hostigamiento a quienes cuestionan este viraje.

La defensa del extractivismo desde una opcin confrontacional implica descalificar a los movimientos ambientalistas, como si con ello fueran a desaparecer los problemas de nuestro patrn de desarrollo primario exportador. Los ecologistas estn acusados de estar dedicados a cuidar los intereses de los pases ricos, es decir seran simples cmplices de los mayores culpables del calentamiento global. Adems, estaran en contra de los intereses nacionales por obstaculizar el desarrollo econmico y la puesta en marcha de programas de industrializacin para la lucha contra la pobreza. lvaro Garca Linera, en su ensayo Medioambiente e igualdad social, adems de reiterar su cuestionamiento al eco-imperialismo, enjuicia el ecologismo elitista que ignora los problemas sociales, pero no lo hace para exigir justicia ambiental, medidas ms firmes de los pases dominantes para la lucha contra la degradacin ecolgica o para avanzar en el anlisis sobre acumulacin y desposesin sino su escrito es, fundamentalmente, un alegato en defensa del extractivismo con inclusin socialii.

La intencin en este texto es retomar un punto fundamental que a menudo es ignorado: el extractivismo propugnado por el gobierno, ahora con licencia para contaminar, tiene limitaciones e inconsistencias severas en su formulacin como programa de desarrollo, en mucho porque sigue siendo funcional al sistema econmico global, al capitalismo destructor de la naturaleza y adicto al crecimiento ilimitado.

La intensificacin del extractivismo

El abandono de las polticas (no del discurso) de proteccin ambiental y la intensificacin del modelo extractivista ocurren en un periodo de tiempo breve y marcado por procesos polticos y econmicos solapados. Para muchos, el conflicto por el TIPNIS de 2011 que enfrent a los indgenas y al gobierno marca el punto de inflexin, el momento de retrocesos en las polticas ambientales y de adopcin abierta de la economa extractivista. Algunos ejemplos de la intensificacin extractiva son las nuevas y flexibles regulaciones para facilitar proyectos de exploracin y explotacin petrolera en reas protegidas y territorios indgenas o la ampliacin de la frontera agrcola a costa del bosque. Para alcanzar el objetivo de generar riqueza mediante la industrializacin se ha puesto en marcha la construccin de megaobras como la planta de fertilizantes de Bulo Bulo (862 millones de dlares, la inversin ms alta en la historia de Bolivia), el proyecto siderrgico El Mutn, el aeropuerto intercontinental o hub de Viru Viru o las hidroelctricas El Bala y el Chepete.

El inesperado fin del superciclo de precios altos de materias primas (2011-2013) influy decisivamente en la decisin gubernamental de compensar las prdidas econmicas por mayores volmenes de produccin. Los proyectos de industrializacin tambin se ampliaron a la creacin de una empresa estatal de produccin de alimentos, una planta industrial de carbonato de litio, otra planta de propileno y polipropileno, una ciudadela de investigacin nuclear y otrosiii. Dado que estos y otros proyectos necesitan ms renta extractiva, el gobierno acab por decantarse por una mayor dependencia del modelo primario-exportador. As, el extractivismo acab siendo un imperativo econmico y poltico.

En medio de estas medidas econmicas puede resultar curioso que el discurso ambientalista del gobierno perviva, especialmente frente a la audiencia global cuestionadora del psimo papel de los ricos para detener el desastre ecolgico y frente a las clases subordinadas. Pero tiene una razn de ser. Por un lado, es un instrumento retrico para conservar su imagen de gobierno indgena y legitimarse como una opcin poltica adscrita al movimiento Otro mundo es posible. Por otro lado la intencin es, por supuesto, persuadir e influir en la opinin pblica para dar por sentado que los movimientos ambientalistas y antiextractivistas tienen nexos con el eco-imperialismo, al igual que las organizaciones de la sociedad civil que cuestionan las contradicciones del gobierno. Esta asociacin ligera busca desacreditar a las voces disidentes, despejar el camino de obstculos y resistencias para mantener en marcha las nuevas iniciativas econmicas. Desde esta mirada, los ambientalistas son enemigos de los pobres.

Los activistas son retratados nicamente como idealistas de la naturaleza sin humanos, que soslayan la importancia del desarrollo econmico. Por supuesto que existen movimientos ambientalistas que califican de enemigos de la naturaleza a ciertos grupos poblacionales, especficamente a los campesinos andinos a menudo estigmatizados como tomatierras o depredadores, pero la realidad es algo ms compleja que la oposicin binaria de naturaleza y humanos. Una prueba de ello son las mltiples experiencias de gestin integral de territorios y comunidades en reas protegidas.

Para que el extractivismo tenga la categora de poltica de Estado, el gobierno asevera que las prcticas extractivistas son imprescindibles para sostener los programas sociales, en especial las transferencias monetarias hacia los sectores pobres y vulnerables. Dado que los problemas econmicos y sociales siguen azotando a la sociedad boliviana, desde el poder se insiste que oponerse a la mercantilizacin de los bosques, reas protegidas o territorios indgenas sera una posicin atentatoria contra los intereses nacionales y de las mayoras.

En perspectiva, el extractivismo sera una manera de alcanzar de forma escalonada tres grandes etapas de desarrollo: industrializacin con excedentes econmicos e inclusin social, crecimiento con reduccin de impactos ambientales y, por ltimo, una sociedad con mayor capacidad tcnico-productiva para el control de los procesos globales de producciniv. En estos trminos acaba siendo un patrn de desarrollo ideado por un movimiento poltico; en consecuencia, la interpretacin literal o mecanicista accin extractiva o de extraer deja de tener relevancia analtica y lo que importa es su connotacin como tendencia a intensificar la actividad extractiva, a modo de una condicin originaria para instaurar un particular sistema econmico y social de creacin de riqueza.

Grosso modo, la jugada consiste en superar el extractivismo con ms extractivismo, donde el Estado debe ser el protagonista central en calidad de estratega y promotor de procesos econmicos y redistributivos. No hay una estimacin especfica del tiempo que tomara este proceso. El ao del bicentenario, 2025, est marcado en el calendario como hito para que todas las exportaciones tengan valor aadido y segn algunas declaraciones pblicas, el cambio del patrn de acumulacin probablemente lleve unas dos dcadasv.

Inconsistencias y limitaciones

Esta formulacin que tambin se puede denominar extractivismo dirigido por el Estado, a pesar de sus mltiples implicaciones, no ha sido examinada con detenimiento. En parte esto es as porque, excepto un par de ensayos, la propuesta no est expuesta ni desarrollada de forma sistemtica sino sigue estando confinada a los documentos polticos y burocrticos. Este hecho en s mismo es una muestra de la fragilidad de la propuesta. Dejemos de lado este punto para advertir sobre las principales inconsistencias y limitaciones.

Primero, los promotores del modelo asumen que ms extractivismo desencadenar un proceso de transformacin estructural desde una economa primaria de exportacin hacia una economa con alto valor agregado y generadora de excedentes principalmente a partir de la industrializacin y las nuevas industrias de energas renovables. Es una narrativa atractiva pero bsicamente reproduce ideas evolucionistas y desarrollistas, como si el salto solo fuera cuestin de tiempo, sin reconocer el papel y lugar que ocupamos en relacin al mundo. Nuestra condicin es de una sociedad subordinada, espacio hacia donde se expande la acumulacin por desposesin y, adems, con un historial de psimo desempeo durante los aos de experimentos latinoamericanos de la industrializacin por sustitucin de importaciones (ISI). No es lo mismo transformarse teniendo control sobre las materias primas que suministrndolas al resto del mundo. El extractivismo es tal no por extraer o transformar la naturaleza sino por el vnculo funcional, digamos, con China y otros pases capitalistas. Adems, el extractivismo no es nuevo en nuestra historia. Por lo tanto, qu marcara la diferencia?

La respuesta del gobierno es que ahora el Estado tiene un papel decisivo en la economa. Pero este postulado no tiene correlato en los hechos. Un nmero creciente de estudios confluyen al concluir que el gobierno de Evo Morales subordina e instrumentaliza cualquier faceta del aparato estatal a su proyecto partidario: la conquista, apropiacin y dominacin ideolgica de las clases subordinadas, la reproduccin permanente de su legitimad poltica y su expansin hegemnica. La preferencia por un Estado intervencionista pero a la vez supeditado a los intereses del partido gobernante lgicamente atrofia cualquier posibilidad de hacer de ste una maquinaria burocrtica eficiente. Como sealan algunos estudiosvi, hara falta un Estado de tipo ideal weberiano para conducir las transformaciones econmicas de carcter estructural pero las evidencias abundan sobre lo contrario, es decir, sobre la persistencia en Amrica Latina (y en Bolivia) de aparatos pblicos ineficientes y cooptados por grupos de poder y gobiernos de turno. Si todo esto es as, entonces estamos cerca de repetir la historia de proyectos nacionalistas fallidos.

Segundo, los impulsores del extractivismo dan por descontado que la mercantilizacin creciente de la naturaleza gestar un proceso sostenido de acumulacin y apropiacin capitalista. Si bien actualmente Bolivia se caracteriza por relaciones capitalistas que se generalizan y se internalizan en casi todos los circuitos de reproduccin social, incluyendo la mercantilizacin de las economas de subsistencia de campesinos e indgenasvii, no se puede dejar fuera de la ecuacin el hecho de que todo esto no ha generado ni est generando acumulacin y desarrollo de fuerzas productivas en una escala expectable, digamos en comparacin con las tasas medias de los pases de la regin. El cambio de patrn de acumulacin se podra medir, con recaudos, mediante algunos indicadores econmicos. Por ejemplo, en materia de productividad laboral Bolivia ocupa el ltimo lugar en Amrica Latina y con un aadido bastante revelador y preocupante: la produccin promedio por cada trabajador boliviano es la mitad con respecto a la media de la regin y solo la tercera parte en relacin al mundoviii. En trminos de rentabilidad de las inversiones, el gobierno publicita que Bolivia tiene la mejor tasa de rendimiento pero no menciona o no cae en cuenta que se trata de un excedente capitalista generado por la apropiacin mercantil de los recursos naturales por parte de capitales transnacionales buscadores de rentas extraordinarias, es decir capitales incapaces de crear riqueza mediante la reproduccin ampliada o la explotacin capitalista de los trabajadores. De dnde viene la ganancia? En este caso de las rentas extradas a la naturaleza.

Tercero, los proponentes del modelo esperan que el Estado interventor conduzca el mencionado proceso de transformacin estructural y con amplia participacin de las empresas pblicas en los sectores estratgicos. Esto significa que las mayoras bolivianas estn consideradas tan solo como potenciales trabajadores asalariados antes que agentes econmicos y polticos. Pero esta idea es precaria en extremo sabiendo que tanto las empresas estatales como la burguesa nacional han sido y son profundamente dependientes de socios forneos y capitales extranjeros. Por ejemplo, la nacionalizacin de hidrocarburos no pudo cumplir con la meta de expulsar del negocio a las empresas petroleras transnacionales las que ms tarde acabaron siendo defendidas por el propio presidente Morales explicando que ahora son socios y no patrones. La historia tambin nos ensea que nuestras lites del agro bien conocidas por su mirada hacia afuera no son ms que socios minoritarios dentro del agronegocio ahora controlado casi por completo por capitales extranjeros. La improvisacin del plan de desarrollo tambin queda delatada por la ausencia de mecanismos y polticas de redistribucin de la riqueza, en caso de que prosperase la creacin de la riqueza mediante los nuevos patrones de acumulacin.

Cuarto, el extractivismo dirigido por el Estado no es parte ni est acompaado de esfuerzos sistemticos en cuanto a reformas y cambios institucionales hacia dentro de nuestras fronteras. La pobreza, la desigualdad en razn de gnero y pertenencia tnica, la baja productividad laboral, la creciente dependencia de las importaciones o la incapacidad de controlar la expatriacin de la riqueza son parte de los problemas de fondo que sistemticamente se reproducen. Esto significa que persisten las fallas de gran magnitud en la estructura social y econmica nacional. Nuestra inclinacin por asuntos macro o estructuralistas nos ha hecho perder de vista muchos otros problemas que tenemos en casa. Por ejemplo, los pactos gobierno-latifundistas han saboteado reiteradamente cualquier iniciativa de reforma agraria para modificar la estructura agraria dual que explica la mayor parte de la extrema pobreza en que viven los pobladores rurales. Con este tipo de acuerdos y alianzas, los agroexportadores aumentaron su influencia sobre los gobiernos en las ltimas dos dcadas y consolidaron nuestra condicin de simples suministradores de materias primas, en detrimento de procesos de industrializacin interna y creacin de clases medias y trabajadoras. Nuestra clase poltica y gobernante en cierto sentido procrastina al buscar por el mundo a los culpables del cambio climtico o aventurndose en soluciones eco-populistas y sin prestar atencin de forma sistemtica a la necesidad de encarar cambios estructurales hacia adentro.

Conclusin

Para nadie es desconocido que apremia encontrar el equilibrio apropiado entre proteccin de recursos naturales y desarrollo econmico. Hasta ahora los virajes bolivianos ms bien han pasado de un extremo a otro. E l extractivismo que se propone ahora es un tipo de desarrollo econmico sin obligaciones ambientales. Este planteamiento se justifica con enunciados como que el calentamiento global no es un problema nuestro, los culpables de los desastres ecolgicos son otros, los ambientalistas obedecen a intereses forneos y son los enemigos de los pobres. La conclusin obvia de la clase gobernante es tenemos derecho a explotar los recursos naturales para nuestro provecho y sin preocuparnos por los costos ambientales.

En este texto hemos privilegiado una cuestin crucial que se pasa por alto en muchos debates: si el extractivismo intensificado conduce (en qu grado o no) a un nuevo patrn de acumulacin donde el saqueo de los recursos naturales no sea la principal fuente generadora de la riqueza. La aproximacin crtica que hemos ensayado nos ha llevado a identificar vacos, inconsistencias y limitaciones en la formulacin y argumentacin a favor del extractivismo promovido por el gobierno. Por esta razn y por las complejidades inherentes, el hacer frente a la destruccin de la naturaleza y adiccin al crecimiento obsesivo exige replanteamientos de fondo.

Notas:

i lvaro Garca Linera (2012): Una vez ms sobre el llamado extractivismo. En Geopoltica de la Amazona: Poder hacendal-patrimonial y acumulacin capitalista. Vicepresidencia del Estado Plurinacional-Bolivia.

ii lvaro Garca Linera (2017): Medioambiente e igualdad social https://goo.gl/drT3wH

iii Gobierno de Bolivia (2016: 3-6): Plan de desarrollo econmico y social 2016-2020: en el marco del desarrollo integral para vivir bien. http://www.planificacion.gob.bo/pdes/ 25/05/2016

iv Ver el primer texto de esta lista de referencia, p 109

v Carlos Corz (2016) Garca Linera dice que Bolivia gan una dcada y perfila 20 aos de extractivismo. La Razn Digital. https://goo.gl/uYhl9U 18.08.2016

vi Murat Arsel, Barbara Hogenboomb y Lorenzo Pellegrini (2016): The extractive imperative in Latin America. En The Extractive Industries and Society. Volumen 3, Issue 4, Noviembre 2016, pp. 880887.

vii Henry Bernstein (2016) Dinmicas de clase y transformaciones agraria. Cambios agrarios y estudios del campesinado. La Paz: TIERRA.

viii Beatriz Muriel (2016) Cmo est Bolivia en materia de productividad laboral? https://goo.gl/ZfsUJu 7.03.2016

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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