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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2017

Pero la lucha contina
Tras 40 das de huelga de hambre, los presos palestinos alcanzaron su objetivo

Mara Landi
Desinformmonos


Hasta este sbado 27, mi columna mensual comenzaba as:

Mientras escribo estas lneas, miles de familias palestinas, y en especial miles de mujeres, entraron en el mes de Ramadn con una angustia que les hace intolerable el diario vivir −aun para ellas, que a lo largo de todo su ciclo vital no han conocido un solo da de normalidad y paz, gracias a esa eficaz maquinaria destinada a hacer de sus vidas un infierno cotidiano: la ocupacin israel.

No hace falta mucha empata para comprender lo que estn viviendo: imagnate que tu ser ms querido tu hijo, tu pareja, tu padre− est encerrado en una celda, alimentndose slo con agua y sal desde hace 40 das, sin poder comunicarse con sus compaeros, con su familia, con su abogada, rodeado solamente por guardias enemigos que lo hostigan y maltratan cotidianamente para quebrarlo y hacerlo desistir de su justa protesta. No sabes cmo se siente, cuntos kilos ha perdido, qu sntomas y dolores le provoca el ayuno prolongado: estar vomitando u orinando sangre? Soportar los dolores viscerales? Tendr algn rgano vital seriamente afectado?, y de ser as, ser reversible? Y a pesar de tu desesperacin y angustia, no tienes adnde reclamar, a quin exigirle que ponga fin a esta situacin antes de que sea demasiado tarde.

Qu familia palestina no tiene un integrante (o varios) en la crcel? Conozco a muchas de esas mujeres; he visitado sus casas, he tomado t dulcsimo conversando con ellas sobre su espritu de sumud (su paciencia y tenacidad para resistir y permanecer en su tierra); he visto las fotos de sus hijos presos o mrtires (o ambos) en las paredes de la sala; he cosechado aceitunas con ellas, riendo y sudando bajo el implacable sol de octubre; he admirado sus jardines cuidados y sus bordados tradicionales, asombrada de su capacidad de producir belleza en medio de tanta muerte y horror. Y mi corazn est destrozado, como el de ellas. Mis hijos no estn en la crcel, pero puedo imaginar cmo me sentira si esos seres que adoro estuvieran agonizando a manos de un enemigo cuyo nico propsito es destruirlos.

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