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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2017

Las izquierdas latinoamericanas y la cuestin de Venezuela

Marcelo Pereira
Nueva Sociedad


Ser que nunca haremos ms que confirmar

la incompetencia de la Amrica catlica

que siempre necesitar ridculos tiranos?

Caetano Veloso. Podres poderes (1984)

La crisis venezolana es un parteaguas en la izquierda latinoamericana y en el territorio ms amplio del progresismo regional. Los motivos de esta divisin y la ndole de las posiciones que quedan de uno y otro lado, quiz no sean tan simples como parecen. Considerar de qu modo se dividen los campos en Uruguay puede tener alguna utilidad para comprender mejor el fenmeno.

Es frecuente que se identifique el apoyo al presidente Nicols Maduro con sectores de izquierda ortodoxa, y en ese contexto ortodoxia significa al igual que el trmino sesentismo, el apego a un ideario que se presupone obsoleto. Esta manera de abordar el asunto tiene algunos inconvenientes. Por un lado, no se sabe bien de qu posiciones supuestamente perimidas se habla, ni a cules se considera, en cambio, moderna y razonable. Adems, subyace a esa clasificacin algo muy parecido a un argumento tautolgico: quienes respaldan al gobierno chavista de Venezuela seran exponentes de una izquierda ortodoxa porque ese gobierno tambin lo es, y el hecho mismo de defenderlo probara una identidad semejante a la suya. Pero en qu sentido se puede considerar a Hugo Chvez o a sus herederos polticos parte de alguna ortodoxia izquierdista?

Si se detecta esa presunta ortodoxia en que la redistribucin de los ingresos petroleros (mientras estos se mantuvieron en altos niveles) atendi mejor que antes algunas necesidades sociales bsicas, o en el protagonismo omnipresente del Estado, la comprensin de lo que significa izquierda se queda corta. Si se considera que el izquierdismo anacrnico del chavismo reside en atribuir culpas al imperialismo estadounidense por los males de nuestra Amrica, o en prcticas a las que se puede aplicar la difusa categora populismo, estamos en el territorio caricaturesco y frvolo del 'Manual del perfecto idiota latinoamericano'.

El hecho es que, pese al notorio deterioro de los niveles de formacin y de reflexin poltica de la izquierda latinoamericana en las ltimas dcadas, parece muy difcil que algn dirigente medianamente experimentado haya llegado a ver a Chvez o a sus epgonos como modelos de referencia, o se haya tomado en serio lo del socialismo del siglo XXI, que nunca pas de ser un producto ideolgico de baja calidad con ms componentes cortoplacistas y retricos que pensamiento estructural y estratgico (el socialismo no era, por cierto, la electricidad ms los soviets, pero mucho menos es el extractivismo ms un lder carismtico, con bases dependientes en extremo de la providencia estatal).

En Uruguay, la pregunta no es solo por qu algunos sectores de la izquierda apoyan abierta y decididamente al gobierno de Maduro, sino tambin a qu se debe que otros a los cuales es difcil catalogar como radicales u ortodoxos mantengan sus cuestionamientos en un tono muy matizado y comedido.

O sea, por qu, ante la clara deriva antidemocrtica de ese gobierno, oscila entre la justificacin y algo muy semejante a la crtica fraterna una izquierda como la uruguaya, cuya reivindicacin de Jos Artigas se inscribe en una tradicin muy diferente de la bolivariana. Esa tradicin Artiguista es cultora de una racionalidad y un antimilitarismo que se llevan muy mal con el estilo chavista. En ella se forj gran parte de la identidad del Frente Amplio (FA) en la lucha contra la dictadura de 1973-1984, con una fuerte revalorizacin de la democracia y las libertades. No resulta casual, por ello, que el general Liber Seregni, lder histrico del FA, se negara a reunirse con Chvez cuando este visit Uruguay en 1994, por la simple razn de que era un militar golpista.

Hay fuertes indicios de que esa gama de actitudes tiene motivos bastante alejados de la afinidad ideolgica. Consideremos brevemente seis de ellos (el orden de exposicin no implica atribuirles mayor o menor importancia).

1. Desde un punto de vista geopoltico, la llegada del chavismo al gobierno de Venezuela fue un factor significativo de cambio en las relaciones entre los gobiernos latinoamericanos, y en las de estos con Estados Unidos. La escenificacin en 2005, durante la IV Cumbre de las Amricas realizada en Mar del Plata, del rechazo a la propuesta de rea de Libre Comercio de las Amricas, con fuerte protagonismo de Chvez, tuvo un fuerte impacto simblico como esbozo de nuevos alineamientos a escala continental, y tambin de relaciones eventualmente ms equilibradas en el campo del progresismo latinoamericano, que redujeran o por lo menos contrapesaran en alguna medida el podero brasileo. Otro asunto es en qu medida esa escenificacin simblica correspondi a las causas reales de lo que ocurri en Mar del Plata, y en qu medida como seis aos antes, en la III Conferencia Ministerial en Seattle de la Organizacin Mundial del Comercio se impuso un relato pico que no registra el papel de fuerzas contrarias al avance del libre comercio pero muy distantes del progresismo. Y an otro asunto es qu suerte tuvo, luego, la Alternativa Bolivariana para las Amricas (ALBA).

2. La alianza explcita de Chvez con Fidel Castro, que asegur un acceso al petrleo venezolano crucial para la supervivencia de Cuba, le otorg al chavismo una especie de salvoconducto a los ojos de una izquierda uruguaya que, por encima de sus diferencias y salvo raras excepciones, mantiene una actitud ante la cuestin cubana que abarca desde la adhesin incondicional hasta el silencio piadoso (una izquierda, podra decirse, histricamente fidelizada).

3. A las izquierdas de este siglo, asediadas por la incertidumbre estratgica y las contradicciones polticas les da vrtigo cortar algunas amarras que an las ligan a buena parte de sus bases tradicionales y de su propia historia. Por eso, una ruptura enftica con el chavismo puede parecerles ms riesgosa que indispensable.

4. En su perodo ms exitoso, Chvez pudo representar la ilusin de un atajo para sortear viejos dilemas no resueltos, en la medida en que se present como alguien que era al mismo tiempo nacionalista e internacionalista, gran ganador de elecciones y enterrador del sistema partidario tradicional en su pas (un bipartidismo que estuvo, junto con el uruguayo, entre los ms slidos de Amrica Latina), con voluntad de permanencia ininterrumpida en el poder pero sostenido por un pueblo dispuesto a movilizarse (como en el fallido golpe de Estado de 2002) y por un ejrcito politizado. De ilusin tambin se vive

5. Est, por supuesto, la cuestin del dinero. Una parte de los cuantiosos recursos manejados por el chavismo se destin a resolver problemas de otros gobiernos del campo progresista latinoamericano (incluyendo a Uruguay), y a apoyar de distintas formas a sectores y dirigentes de ese campo. El modo en que esto se hizo no fue siempre transparente o siquiera confiable, pero as se establecieron vnculos fuertes y se forjaron lealtades.

6. No hacen falta teoras conspirativas para ver el avance de las derechas en las Amricas y en el hemisferio norte. Ante esto, los progresistas no parecen demasiado deseosos de facilitarle el camino al gobierno a una oposicin venezolana que incluye a notorios golpistas y reaccionarios, claramente alineados con intereses estadounidenses. Las izquierdas ya deberan haber aprendido, tras numerosas lecciones desde el siglo pasado, que el criterio de defender todo lo que sea atacado por la derecha o, peor, la idea de que algo debe ser defendido porque la derecha lo ataca es una psima brjula para quienes quieren rumbear hacia relaciones sociales ms libres y ms justas. Pero parece que todava no lo aprendieron.

El autor es Periodista, editor de La Diaria, Uruguay.

http://nuso.org/


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