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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2017

Aborto & Dominacin masculina
En el aborto hay algo potente: rompe el control de la dominacin masculina

Azul Curdo
http://brecha.com.uy/

Con la antroploga Susana Rostangnol, doctora en antropologa, estudia desde hace aos las prcticas y representaciones en torno al aborto voluntario, cmo stas son el resultado de las relaciones de gnero y cmo actan para modificar o perpetuar esos vnculos. Entre juezas de concepciones puras y objetores de conciencia, la acadmica no duda: el xito ser mantener el derecho conquistado.


Casi diez aos despus de terminar el trabajo de campo, Susana Rostagnol pari 285 pginas que celebran su implicancia como antroploga feminista y describen cmo el aborto condensa relaciones de poder que corresponden a la dominacin masculina. Su nuevo libro (1) presentado a fines de marzo repasa el extenso trabajo de campo que realiz entre 2003 y 2007 es decir, mientras el aborto era ilegal en policlnicas barriales y en el hospital Pereira Rossell (2) en una coyuntura que conjug debates parlamentarios, la ordenanza 369/04, (3) el veto de Tabar Vzquez en 2008 a los artculos que legalizaban el aborto en la ley 18.426 de defensa de la salud sexual y reproductiva, y se extiende hasta el presente, tras aprobarse la ley de interrupcin voluntaria del embarazo (Ive) en 2012.

Mi subjetividad estuvo en juego durante todo el proceso de investigacin. Mi compromiso poltico y acadmico con el proyecto de transformacin social, y con la legalizacin del aborto en especial, me encorsetaron ms de una vez. Las utopas exigen certezas (el feminismo tiene su propia utopa); la academia exige dudas, confiesa en la introduccin de su libro. En el lving de su casa, con muebles y cuadros en tonos pasteles y celestes, que huele a sndalo y vainilla, Rostagnol recibe a Brecha y afirma: Me tuve que separar un poco (de mdicos y usuarias de salud) para poder escribir el trabajo. Tuve como una especie de saturacin del tema y ahora volv desde otro lugar, no ya a observar tanto la atencin en policlnica o en consultorio, sino con nudos como la objecin de conciencia, de la que hacen uso algunos gineclogos para no habilitar abortos legales.

Su implicancia con el objeto de estudio incluy acompaar a mujeres en sus procesos de aborto, con sus desesperaciones o con sus miedos. Acompaar es estar ah. Y aprend mucho, sobre todo de acompaar a mujeres que estaban y estn en contra del aborto, aun despus de haber interrumpido su embarazo. Yo me sent interpelada en muchas cosas. Al principio le adjudicaba al aborto antes de saber mucho de l un momento de empoderamiento de las mujeres. Y despus me di cuenta de que para muchas no lo era. Incluso era todo lo contrario. Cada aborto es nico, no es algo generalizable. Para algunas es un trmite, para otras es algo ms difcil. Ninguna lo va a utilizar como mtodo anticonceptivo.

Vnculos


El libro aborda distintas relaciones de gnero que se producen entre pacientes, entre gineclogos y entre gineclogos y pacientes, a partir de la experiencia del aborto voluntario. Entre sus notas del diario de campo que llev a lo largo de su observacin participante, la acadmica anota: Los gineclogos reparan slo en aspectos estrictamente fsicos, ignoran secretos familiares (que pueda acarrear la mujer al decidir abortar). Nadie le pregunt cmo se sinti frente al producto de la expulsin, ni por los dolores o sensaciones que manifest tener una adolescente de 17 aos que haba utilizado 26 pastillas y esperaba ser atendida. Rara vez preguntan (a las mujeres que estn pasando por una situacin de aborto) cmo se sienten, escribe, y ms adelante analiza: Los discursos mdicos no hacen referencia a una mujer titular de derechos cuando estn hablando de una en situacin de aborto.

Estas anotaciones se dan ms en el Pereira Rossell que en las policlnicas barriales, donde los equipos de salud interdisciplinarios (compuestos por mdicos, psiclogas, trabajadoras sociales) conocen las trayectorias reproductivas de las usuarias y las historias de vida de ellas y de sus familias: All las gineclogas saben si la mujer tuvo episodios de violencia, saben qu vnculo tiene con su pareja, cuntos hijos tiene, cmo y dnde vive. Hay un compromiso con la gente, que no est en el Pereira porque la gente cambia todo el tiempo, es imposible sostener un vnculo de mayor confianza, comenta Rostagnol en la charla. Adems porque en la sala de espera de la policlnica conviven todas: la que est embarazada, la que va a controlarse, la que va a abortar. Rostagnol anota en su diario que el gineclogo le habla amablemente y que no ejerce el habitus mdico de manera autoritaria, aunque le cuestiona a la paciente: Escuchame, chiquita, por qu no usaste condn?.

Recordando esta escena ella enfatiza que estas relaciones de poder mdico-paciente no slo estn atravesadas por relaciones de gnero, sino tambin de clase, e incluso de raza-etnia, por lo que deben ser estudiadas desde la interseccionalidad. A esto le suma: Hay que ver ciertos actos de subordinacin como estrategias de resistencia, desde una aparente subordinacin de las mujeres hacia los gineclogos. Por ejemplo cuando una le dice a su mdico: S, s, voy a hacer tal cosa, y luego no lo hace y opta por tomar sus propias decisiones. En un primer momento puede leerse como un acto de subordinacin porque no se sienten con fuerza como para responder, pero a la vez es un ejercicio de resistencia: no hago lo que me dicen, hago lo que yo quiero, pero no me enfrento. A la vez, durante sus observaciones en la sala de espera para recibir asesoramiento pre y pos aborto, destaca que se produca una suerte de communitas: una comunidad entre esas mujeres. Las veas como si fueran amigas de toda la vida, aunque despus no se vieran ms. El estar compartiendo una experiencia fuerte las una, dice.

En su diario pone en valor esta capacidad de tejer redes, compartir sabiduras y desdramatizar el momento vital que estn atravesando, a travs de charlas, de compartir sus experiencias de aborto y sobre el uso del misoprostol que comenzaba a extenderse e incluso a venderse clandestinamente en esas salas de espera. Recordando sus observaciones a los gineclogos, Rostagnol describe cmo operan las jerarquas en sus relaciones de poder: Haciendo este trabajo tuve la impresin de que la medicina como profesin, convertirte en mdico, es de una jerarqua sper estricta, similar a la de un rgimen militar. El residente de primer ao es el escaln ms bajo, no puede tomar ninguna decisin, y la obediencia la cumple sin cuestionar. Est muy claro que quien ocupa el puesto ms alto en el escalafn es quien est lidiando con vidas, no puede hacer ensayo y error.

No s si se podra hacer de otra manera, pero el tema es que es as. En tanto se sigue viendo el cuerpo de la mujer como cuerpo de madre, existe un control patrimonial de los cuerpos, dice la antroploga uruguaya, retomando a Giulia Tamayo, y explica: Patrimonial en el sentido patriarcal, pero tambin como cosa que tiene un valor. El cuerpo como patrimonio del macho.

Riesgo de qu

Rostagnol analiza el modelo de reduccin de riesgos y daos implementado en nuestro pas por Iniciativas Sanitarias, y critica que ste parta de la base de que el aborto es algo riesgoso para la salud. Es tomar la parte por el todo, dejando al aborto como una cuestin epidemiolgica, bajo el control ginecolgico, que lo vuelve un acto de medicalizacin de la reproduccin y del cuerpo de la mujer. Un ejemplo del control patrimonial del cuerpo que no promueve la libertad ni la expansin del derecho de la mujer como sujeto moral capaz de tomar sus propias decisiones.

Abordarlo epidemiolgicamente es otra estrategia del biopoder sobre el cuerpo de las mujeres, de control de la poblacin, afirma, y no duda en calificar a la ginecologa como una disciplina masculina, en su lgica y en su estatus, independientemente del sexo de la persona que ejerza la profesin: La voz ginecolgica es masculina. As como hay gineclogas y gineclogos que generan empata con las mujeres, hay otros y otras que ejercen mucho control y dominacin sobre las usuarias, ms del que ellos creen. Muchas veces, hablando con gineclogos fuera del consultorio, ellos te cuentan cmo estn empoderando a las mujeres, pero luego los ves en accin y no lo hacen. Tienen sus mejores intenciones, pensando que las estn respetando, y no: les estn ordenando hacer algo; pero todos decimos que actuamos de una manera y a veces lo hacemos al revs. No son hipcritas ni estn mintiendo. Somos gente contradictoria.

Tambin es cierto que en estos vnculos, que son de a dos, muchas veces las usuarias van esperando que les digan qu hacer. No van esperando tener una relacin horizontal, donde ellas van a decidir qu hacer. E incluso se infantilizan porque no obedecieron a lo que el mdico les indic. Es un vnculo complicado que hay que deconstruir, seala. En todos estos aos de debate, la discusin sobre el aborto ha quedado cada vez ms vinculada a lo legislativo, a lo legal y a modelos de polticas pblicas de salud sexual y reproductiva como formas de controlar y normalizar los cuerpos de las mujeres, en detrimento de considerar sus decisiones reproductivas.

El aborto voluntario rompe el control de la dominacin masculina, evidencia una prctica sexual y, a nivel individual, supone una subversin de la mujer contra el control patrimonial que el biopoder ejerce sobre ella. Ac hay algo muy potente dice la antroploga: la mujer que aborta est decidiendo no ser madre, no cumplir con ese mandato, con ese atributo social asignado, no se subordina a ese supuesto destino de las mujeres de ser las reproductoras, se deslinda de eso y muestra que la vida de nadie se resume en ser madre.

Sin embargo, ella sabe que aunque ahora abortar puede ser una decisin ms libre, sigue habiendo distintos grados de aceptacin respecto del aborto, en especial si es voluntario. Todava cuesta aceptar, e incluso entre nosotras nos cuesta escuchar, cuando una mujer manifiesta que no quiere ser madre. Otra cosa es si esgrime razones econmicas, coyunturales, familiares, por las que en ese momento no puede llevar adelante un embarazo no esperado.

Condenado, tolerado, negado

En Uruguay el aborto siempre tuvo condena, tolerancia y negacin, afirma el trabajo de Rostagnol. Yo creo que la condena empez a acabar desde los aos noventa. Antes de la dictadura creo que era otra cosa, pero no conozco bien; creo que haba ms libertad, por algunos cuentos y relatos. Pero s podemos decir que hasta fines del siglo pasado el aborto era una accin socialmente condenada e individualmente tolerada. Y la manera de compatibilizar la condena social y la tolerancia individual era negando el hecho. A m me parece que la ordenanza 369 cumple un papel fundamental, casi mayor que la ley de la Ive, en el sentido de que permiti que se hablara del aborto sin temor a represalias legales. Con la ordenanza el aborto toma estado pblico y se asegura que los mdicos puedan guardar el secreto profesional. A esto se le suma, tiempo despus, la denuncia de un mdico a una paciente y se arma una movida de juntar firmas y apoyar a esta mujer.

Pos ley, pos crucifixin

Segn Rostagnol, cumplir con la ley 18.987 casi que parece una carrera de obstculos. Se puede hacer, pero no es fcil, porque sigue habiendo dificultad para acceder a los servicios de interrupcin voluntaria del embarazo, hay dificultades para que el equipo interdisciplinario se rena y atienda de manera simultnea a la mujer que quiere abortar, hay altos porcentajes de objetores de conciencia en varios departamentos del pas, enumera. Antes estoy pensando en las mujeres del Interior quizs saban de alguna clnica clandestina y se venan hasta Montevideo para abortar, porque no queran que alguien se enterase. Se me ocurre que ahora, como la prctica sigue estigmatizada, muchas mujeres no van tampoco a su lugar ms cercano a hacerse un aborto (legal, en el sistema de salud), porque no quieren que su entorno lo sepa, entonces se hacen un aborto clandestino, opina.

Ante los altos porcentajes de objetores de conciencia detectados en varios departamentos del pas, en ciudades como Salto o Young, donde llegan al 100 por ciento de los gineclogos,(4) Rostagol subraya: La mujer tiene el derecho legal y moral de hacerse un aborto. La objecin de conciencia en s misma no es un derecho sino una prctica para resguardar su pensamiento o sus creencias.

Cabe decir que si todos los mdicos dijeran que objetan, estaran invalidando la ley y, por lo tanto, no estaran cumpliendo con el acceso a la salud. El mdico es un servidor pblico que tiene que bregar por hacer cumplir una ley sobre el derecho a la salud. En un caso extremo, es una desobediencia civil porque no est cumpliendo con su ejercicio como servidor pblico, y est negndole a una ciudadana su derecho a su cuerpo, a su decisin, a su libertad, le est negando su libertad. Los mdicos deben saber que (atender a una mujer que aborta) es parte de su trabajo, y que si no (quieren hacerlo) deberan cambiar de trabajo. Es un nudo. A veces se malentiende el uso de la objecin de conciencia por parte de los objetores. Sobre el presente, la antroploga concluye: Estamos en un momento bastante complicado. Los grupos neoconservadores antiderechos estn teniendo ms fuerza a nivel global. Esperemos ir a ms, recuperando el aborto como un derecho de las mujeres, no slo como un tema de salud pblica, pero lo poco que tenemos en derechos reproductivos es tan frgil, que mantener lo alcanzado en estos aos es un xito en este momento.

Alcanza con ver lo que ocurri en Mercedes (vase Amparo contra una ley, Brecha, 03-III-17) con una jueza que dio lugar a un recurso de amparo al supuesto progenitor para impedir la interrupcin legal de un embarazo y que hablaba de los derechos de un embrin. Estos cuestionamientos no han sucedido con otras leyes. Tenemos que pensar qu estrategias armar para sostener lo frgil de estas leyes que tanto nos han costado conseguir.


Notas
1) Aborto voluntario y relaciones de gnero. Polticas del cuerpo y de la reproduccin. Universidad de la Repblica, Ediciones Universitarias, Montevideo, 2016
2) En salas de espera, consultorios, salas de internacin, emergencia y cuartos mdicos del Hospital de la Mujer Doctora Paulina Luisi, del Centro Hospitalario Pereira Rossell, y en policlnicas pblicas de atencin primaria en barrios perifricos, as como en ateneos mdicos y seminarios para residentes de ginecotologa.
3) Ordenanza 369/04 del Ministerio de Salud: Asesoramiento para una maternidad segura. Medidas de proteccin materna frente al aborto provocado en condiciones de riesgo.
4 )Salud sexual y reproductiva y aborto en Ro Negro, Soriano y Paysand, Mysu, Montevideo, 2015.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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