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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2017

La blasfemia, el Gran Wyoming y Kichi

Antonio Gmez Movelln
Rebelin


Parece mentira que, en pleno siglo XXI, la blasfemia sea un delito en Espaa. Muchos socialistas que hoy se indignan con la acusacin al Gran Wyoming y Dani Mateo de blasfemia por cagarse en la cruz del Valle de los Cados fueron los mismos que, en el ao 1995, promulgaron -con la abstencin electoralista del PP- el Cdigo Penal que tipifica la blasfemia como delito y algunos, como Margarita Robles, celebraron la promulgacin del cdigo penal, al ritmo de salsa de Caco Senante, en una fiesta hortera que organiz, en el Palacio de Parcent de la calle San Bernardo de Madrid el arrogante viceministro Belloch.

Ese cdigo penal que celebraron a ritmo de salsa, Belloch y Margarita Robles tuvo como resultado llenar las crceles de presos, incluyendo a ms de mil jvenes que se negaron a realizar el servicio militar. En realidad no haba nada que celebrar y as lo hicimos pblico varias personas en un manifiesto, encabezado por Gonzalo Martinez-Fresneda, publicado en El Pas el 8 de junio de 1996, dnde denuncibamos el carcter reaccionario de ese Cdigo Penal.

En efecto, en ese manifiesto se deca lo siguiente: "Arrastrada una vez ms al terreno de la polmica que le interesa a la derecha poltica, la izquierda en el gobierno no fue capaz de plantear el verdadero debate: qu penas, para qu conductas, con qu resultados y qu alternativas. Instalada en esa impotencia, la iniciativa legisladora se ha querido justificar con algunas pocas pinceladas progresistas, por las que adems ha pagado su peaje(..) pero muchas disposiciones ominosas de este Cdigo Penal se han colado en silencio,(..) . Mientras juzgar y condenar sea inevitable para la sociedad, la eleccin de los hechos considerados punibles y de su castigo implica una opcin poltica fundamental que no se puede dar por sentada y que en este caso no diferencia sustancialmente al Cdigo nuevo del Cdigo viejo. Incluso, en algunos aspectos, en el Cdigo Penal de 1995, se produjeron, en relacin con la ltima reforma penal que realiz el franquismo en 1973, regresiones. Por ejemplo, mientras en la reforma del cdigo penal franquista la blasfemia se circunscriba a los lugares y actos de culto, en el Cdigo penal de la democracia la blasfemia- ahora escondida bajo el trmino de ofensas a los sentimientos religiosos-, se extenda a cualquier lugar o medio. En efecto, las penas por blasfemia en el cdigo penal de la democracia son sorprendentes:

Articulo 525

1. Incurrirn en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesin religiosa, hagan pblicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, tambin pblicamente, a quienes los profesan o practican.

La profanacin -otro curiossimo delito-, en los artculos 523 y 524, incluso est ms condenada que la blasfemia con penas De seis meses a seis aos!

Estos socialistas que hoy se indignan con la acusacin contra el Gran Wyoming ayer aplaudan a rabiar estas reaccionarias tipificaciones. El bipartidismo tambin ha funcionado en Espaa para el mbito de los derechos civiles y las libertades pblicas. Si la blasfemia es un delito en Espaa es porque nadie se ha atrevido a quitar esas tipificaciones en el cdigo penal y adems al mantener la blasfemia se mantiene la censura ya que los medios de comunicacin se abstienen de hacer mofa de la religin. Cuando Dani Mateo declara que no quera ofender a nadie ya est censurndose. Acaso no se puede criticar a una religin? Acaso tenemos que comulgar, por ejemplo los no creyentes, con los dioses y sus encarnaciones? Acaso no nos podemos rer de Mahoma, de Jess o de Buda?

El decoro con la religin en Espaa es ridculo; hasta el alcalde de Cdiz, Jos Mara Gonzlez de Podemos, ya ha condecorado a una Virgen. La comisin de honores del ayuntamiento de Cdiz aprob la concesin de la Medalla de Oro de la ciudad a la Virgen del Rosario, patrona de Cdiz. En el pleno del ayuntamiento los votos de Podemos se unieron a los de PP, PSOE y Ciudadanos, con los nicos votos en contra de los concejales de IU. Juan Carlos Monedero, con la buena fe de apoyar a su compaero, lo ha justificado, desde el diario Publico, con argumentos de una beatera popular que roza la oera social-falangista (Porque la Virgen de los humildes, aun siendo cierto que trabaja ms tiempo para los poderosos que para los pobres, ayuda a que los golpeados imaginen la vida un poco menos miserable. Y eso, nos guste ms o menos, hay que respetarlo). Las instituciones pblicas deben mantener el laicismo sin ms. No reconocer a las religiones es el elemento esencial del laicismo y los nuevos ayuntamientos lo que deben impulsar es el laicismo y no la beatera. Lo mismo hace Carmena desde el Ayuntamiento de Madrid apoyando a la religin catlica siempre que tiene ocasin y participando en sus liturgias con el cardenal Osoro.

Algunos alcaldes, como el de Santiago, mostrando un coraje fuera de lo comn, y en una ciudad como Santiago! se ha adherido a la Red de municipios laicos, iniciativa de Europa Laica, que busca crear una red de municipios en apoyo del laicismo en los ayuntamientos. Lo mismo se puede decir de Mnica Oltra que se ha enfrentado a las monjas capuchinas y est exigiendo que la gestin de los centros de menores tutelados sean de gestin pblica y no como ahora que estn cedidos a las organizaciones religiosas y a las sectas. Esta actitud contrasta con el ayuntamiento de Madrid que, en este mismo mes de enero, ha dado al padre ngel 600.000 euros para arreglar, eso dice l, colegios en Hait.

En Espaa vivimos un momento poltico de exigencia de democracia; el surgimiento y xito de alianzas electorales como Unidos Podemos y otras adems del proceso constituyente en Catalua, todo ello presiona por algo nuevo pero cada vez que un ayuntamiento condecora a tal o cual virgen nos alejamos de ese anhelo popular de cambio y regresamos a la vieja poltica y al conservadurismo. El laicismo es esencial en los cambios por venir. No es algo secundario es algo esencial para la democracia como lo son las garanta de las libertades individuales o la separacin de los poderes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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