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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2017

Julio Daniel Chaparro (1962-1991), poeta, reportero vctima de la guerra
El dolor de presentir la muerte

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin


Aunque en el prlogo de Con el viento en los patios, con honestidad y tino, el poeta Fernando Linero diga que esta muestra potica apunta hacia otra historia de Julio Daniel Chaparro Hurtado, la que casi nadie conoce, la fiesta del lenguaje, tambin cabe sealar, como quien sabe que cuanto ms rpido se plantea la tesis ms rpido surge la anttesis, que dicha muestra apunta hacia la tragedia de una vida: la del propio autor. En efecto, cruzada por varios temas, la autoafirmacin vital, la soledad, la preocupacin por el pas, el amor a la tierra, la pena por el dolor ajeno, la fiebre equina que anima a los poetas, los sueos, el dormir como anticipo del sueo final, la dificultad de dormir, no de soar, la Antologa viva De nuevo soy agosto y otros poemas sumerge al lector en el torbellino del presentimiento trgico, si no en el terreno de lo semiproftico mortal (1). En medio de la mirada hacia la naturaleza y su exhuberancia, de la celebracin por el poeta, de las referencias al crculo familiar (el padre, la madre, la esposa, el hijo, el hermano), se filtra la inefable experiencia sensorial de la muerte presentida. Se aclara de entrada que los fragmentos de los poemas son tomados tal cual aparecen en el libro, es decir, sin maysculas al comenzar lo mismo que despus de cada signo de puntuacin.

El poemario se divide en cinco libros: Y ramos como soles (1986), Pas para mis ojos (1987), rbol vido (1991), Postal de fin de siglo Antologa de varios autores (1995) y Obra nueva (Inditos). A continuacin, temas, tpicos y preocupaciones ms evidentes en cada uno. En el libro Y ramos como soles, de 1986, Julio Daniel Chaparro a manera de autoafirmacin dice, en poema de la presencia algo que en retrospectiva se transforma en sentimiento de extraamiento si no de ausencia: cmo le duele a la tierra mi pisada/ cmo me hincho extrao como un globo!. En de nuevo soy agosto, que da ttulo al volumen, asoma su preocupacin por la vida rutinaria: es verdad que cambian los rostros de la gente/ y son otros los nombres/ pero es la misma vida/ igual paraje el mismo oficio. Enseguida, la certeza de la soledad (y la impotencia que pregunta), del extravo, de la muerte: soy de nuevo agosto y viento y lluvia sonido de campanas/ y estoy solo: sientes este viento? En poema para mis poetas, una celebracin del otro en plural, se filtra la dulce terquedad de los poetas, la fiebre caballar que los anima, el torrente vital que los recorre, la premonicin mortal es decir, el abandono de la sangre para luego germinar cantando en libertad eterna: cmo quiere dejarnos nuestra sangre un da/ reverdeciendo cantando liberada para siempre. Pero, tambin la queja contra la intolerancia hacia los poetas: aicos y espejos y disparos y rabia de mastines/ cuando le gritamos orgullosos a la gente/ que aqu vivimos/ y soamos. En poema de los sueos, ahora las palabras dibujan el contraste entre un ayer de sueos y un hoy sin ellos, sin esperanza, mueco muerto, enemigo de s mismo, susurrando amor en un ro de sombras, en un mar de miedo, y el poeta se recuerda muerto de pjaros y de nuevo extraado: hubo un da,/ y ramos como soles/ ramos vientos. En poema del que duerme en tres momentos alude al padre, a la madre, al hijo que los mira mientras suea: y suea con el padre que lo estrecha gritando mientras habla de su cobarde circo de leones, de fugas, llantos, caricias, mutilaciones, implorndole que no lo abandone, que aprenda de sus canas, que sabe que se pudre y no quiere pero, tambin, en un dilogo onrico filial: me habla de los dolores del mundo/ de su eternidad/ del pas asesinado que le maltrata los sesos/ de tiernos nios desnutridos/ me habla solitario; y suea con la madre que susurra la historia de un dios que danza en los tejados como gata en celo y discute persiguiendo al poeta por los cuartos, hablando de mujeres de sal, de prncipes de tierra, de palacios donde se sienten los ayes de los perros y la rueda de los nios enjaulados y su madre manotea jovencitos, teje su angustia de palomas, su temor de jvenes moribundos y en un angustioso giro no teme ni al pleonasmo al presentir lo que ya su: mi madre sale hasta las calles, asustada/ sale gritando alaridos en mi nombre/ lanzando mi apellido hacia las nubes/ a que viva con los pjaros (Cursivas mas).

Por ltimo, el poeta intil que delira ve al padre y a la madre que lo saben menos suyo, ms hado de palabras, ms taberna, pero no lo buscan ni intentan siquiera alcanzarlo y porque cierran los ojos: no me ven/ () lamiendo el sucio sexo de las prostitutas/ hecho el tnel ensangrentado de los rboles/ el poeta intil que delira/ el regurgitado entre las ratas/ el que duerme. En poema del insomnio permanente contrastan un mar de mariposas con un sol interno azul, mujeres desnudas en su cuarto, leprosos danzantes y ciegos cantando, con el ltimo destello de una piel y se asegura: hoy nadie entiende/ hoy nadie escucha y al final algo sencillo, el poeta logra para s la libertad de los parques: he despertado con mis sueos despiertos:/ estoy liberado como un parque. En si alguien te dice que yo he muerto y en si una noche cualquiera me encuentran muerto en una calle, ltimos poemas del primer libro, Julio Daniel pide no lo sufran, piensen en l y lo recuerden cantando o recuerden sus pasos detenidos frente a un piano para hablar de su madre bella y triste como un rbol/ como una huella de pjaros. Si sienten su hedor una maana, sepan que entiende: e imagnenme en los das felices de mi cuerpo slo playa/ y no sientan mi podredumbre como aviso de los dioses. Si lo ven muerto en una calle, piensen que ha vivido y por eso no lo lloren, aunque se haya perdido su sueo colectivo transparente en su terca persistencia, aun as una luz que alumbra al futuro: recuerden la joven figura ebria de los patios/ mis veintitrs aos que levant danzando/ mi pblico sueo de eco de agua que se pierde/ y no me lloren, no me giman siquiera:/ pienso que detendrn el sol que tendr entonces/ en mitad del pecho/ persistiendo tercamente en la ltima calle de esa tarde/ sobre la tierra.

En los 14 poemas que conforman el segundo libro, Pas para mis ojos, es donde, como apunta Linero, el poeta Julio Daniel detuvo su diligente mirada. La constante en ellos es, pues, el ojo detenido sobre el paisaje, sobre la geografa que al tiempo es el hombre; o, mejor, el paisaje que sin el hombre no es paisaje. El hombre hace la geografa, no al revs. El hombre es el paisaje. En entrevista con Betty Milan (1944),  Pierre Gourou (1900-1999) sostiene (2): La geografa, al contrario de lo que se ensea en la escuela, no puede ser dividida en geografa fsica y geografa humana. Se trata de una sola cosa. Todo paisaje es, antes que nada, un paisaje de civilizacin. La idea de que la naturaleza viene antes es una ilusin. Lo prioritario, del punto de vista del gegrafo, no es lo fsico, sino la civilizacin, o sea, el conjunto de tcnicas de produccin y el marco. (3). En ese marco de civilizacin se inscribe la poesa de Chaparro. As, en nia del agua habla del mito reconstruido, de la apreciable felicidad de un alma, la de la nia feliz, abierta y decidida para el ulular de un rbol: la nia sabe que ha callado el potro/ se levanta y sale, desnuda/ a inaugurar otra maana. En llanero, mientras la ciudad se oculta en cada paso, celebra el paisaje en medio del silencio que se queda dormido sobre el mundo, en el que (no slo) los llaneros son tan pequeos y aun as tan felices sin importar la penumbra que los rodea como un golpe o una negra herida: pero es mi tierra/ el olor extenso de mi tierra. Al igual que en llanero, que habla del hombre, en llanura, de los animales, sin olvidar al muchacho moreno que musita una palabra/ y abre su pecho como la sangre detenida; y en joropo canta al canto de su tierra que es tambin el de las aguas, el del ro desbordado, en una metfora del llanto: ah, esa inmensidad de ros, desbordada/ brotando otra vez por unos ojos/ que conocen/ que salen por el mundo/ a no cesar/ a continuar lloviendo... En panorama parte de la metfora no les cabe la tierra de sus manos para sentenciar que slo ella puede salvarlos y reiterar pero no les cabe la tierra de sus manos, concluyendo con la idea antojadiza de la utopa, la que sirve para caminar: slo su horizonte los redime.

En poema en aquel momento ensaya una instantnea sobre el deseo, la insercin del ayer en el hoy, el anhelo de ser lluvia, peasco, pedazo de noche hecha pjaro, quejido o murmullo de otra piel que, de pronto, no es ms y deviene prisionero del ahora: otro atrapado en este tiempo/ en el mismo cielo/ en el eterno cielo que abandona/ que como dios deja su fatiga/ su doloroso dolor/ su sombra. En noticia aventura la bsqueda de su amor tras los arbustos, cruzando ros, intentando un nuevo ruido de lagunas, rastreando las huellas del erotismo: o tus labios,/ o el olor de tu imposible ardor/ o tu silencio, para al cabo sumirse en la frustracin inevitable, en la certeza de la cada: pero no encuentro las seales de tu risa/ nadie canta, nadie inventa los paisajes de la luna, no sin antes expresar una plegaria no atendida: amor/ regresa con la lluvia. En para decir de ella le expresa a su mujer su infinita gratitud, en un plano-secuencia de metforas cargadas de una desgarrada y desgarradora fuerza telrica, una conmovedora fuerza potica, un contundente puo de honestidad de quien se sabe dbil y frgil en su inconformismo: quiero hablar de mi mujer/ y su atolondrado dilogo de pjaros/ de mi dulcsima mujer/ que me ense a caminar gota por gota/ sin ceder un puo para evitar el vrtigo/ sin negarme su pie para emprender el vuelo. De ella, de mi adorada vena desangrada/ de su soporte/ de su impulso tenaz en mi alarido. () En todo caso, yo amo desesperadamente su firmeza/ as resista cuando intento destruirla.

En poema con heridas, para Fernando, Rafael, Robinson y Evelio, poetbrios, ensaya una crnica lrica de la tentacin a travs de una mujer que muerde una manzana, tentacin que parece disolverse en el vino de la culpa (ay, loba hambrienta) al negarse el pecho a pronunciar el verbo que seduce (grita mi ebriedad y hasta la luna se desangra): est mordiendo una manzana/ inquieto corazn que me destruye el pecho/ que niega con otro golpe mis palabras. En la herida en el espejo se apoya en el protagonista de El Sur, ltimo cuento escrito por Borges de su puo y letra antes de quedar ciego y en el que se combinan sueo, tiempo, espacio, destino y muerte, Johannes Dahlmann que posa su pie en la llanura/ y ya no se detiene, y en aqul poeta espaol del Renacimiento y del Siglo de Oro que por un celoso muri de 37 aos en Mxico frente a la ventana de un amor tercerizado, Gutierre de Cetina que no silenci su amor y sigue sosteniendo el filo de la espada, para a la postre sostener que as permanezco yo, as contino vivo/ a pesar del espejo y mis palabras, como quien lanza una queja retroactiva por un error que, no obstante, an no se ha cometido y del que ser slo vctima... Y en ese devenir entre la mujer, la tentacin, el padre, la madre y el hijo, en habr que reunir las hojas Julio Daniel vuelve sobre la figura de la madre y sus miedos que a la vez son los miedos del hijo, retroalimentados en cadena, pero que no son nada frente a la muerte que acosa sin remedio y de la que, aun as, no se huye al no ser criminal: en el filo de tu sombra/ he sentido la fiebre que me agrieta, no es llanto de los pjaros, madre, no es el grito de los nios, madre/ nadie huye, no es la sed, madre/ no es el miedo/ es tan slo la muerte que me acosa/ ve tranquila.

En mi padre en sueos el hijo lo observa y es bello como un nio/ soportando la carga de mis sueos y ve a aqul mirar los retratos y lo admira pese a su extravo bajo una nube que como la muerte/ permanece: de l recibir la huella de su rostro/ () el alcohol de sus lamentos y aunque intente marcharse no podr huir de entre mis dedos/ no saldr de este poema. El viento (de la muerte) golpea bruscamente y anochece En hay un pas desmiente la idea de felicidad olmpica y sibilina que se evoca a travs de Colombia es pasin en medio de tanta y tanta muerte, entonces: si vivi felicidad/ hoy todo es mentira. () No, ya no hay pas/ no existe un solo pueblo que no lamente sus muertos. () Ya nadie es feliz/ la gente es un llanto que se descubre entre las calles. No nacern ms hijos/ slo la ira ir creciendo como un rbol y de nuevo la muerte rondando hasta los sueos del poeta: la muerte es toda la palabra que tenemos/ es esa dura pelambre que tememos hasta en sueos. Por ltimo, en poema de amor para la viajera una vez ms vuelve sobre el pas, uno remoto y fro donde se prohbe la risa (o la asesinan), donde slo hay ojos de abismo, ojos negros de muertos muy profundos, donde el mar es surtidor de espuma/ visitado por putillas falsas/ que no abren sus piernas por amor/ como la ma. Donde el poeta se refugia en las tabernas a conspirar con los amigos: all me arranco los ojos/ all espero intilmente que me llegue la muerte/ all escucho los tiros que, pese al afn, no me hacen mella. Y le cuenta a su amiga viajera que dialoga con l los domingos de noche sobre su ms secreto temor, el que siempre termina por cumplirse: aqu vivo yo/ este es mi centro/ aqu me empujan mientras canto/ aqu temo ser feliz/ y que lo crean.   

En los 25 poemas de rbol vido, hay elementos constantes: lluvia, rbol, llanura, sueo, pas, muchachas, tierra, llanto, sangre, vida, muerte, amor, mscara, vaco, bondad, ciudad, herida, piel, ventana, ro, casa, techo, viento, falleba, extrao, enfermo, alteridad, sol, mar, abandono, hoguera, aurora, aplausos, selva, amigos, noche, licor, comunin: epigrama del invierno, la lluvia, metfora del encierro en la ciudad; milagro, el rbol alegora musical y mquina (natural) de hacer pjaros; sabanas, la llanura, fruto que verdece en las manos de los nios que a su vez escuchan cmo crece la hierba; gacela, el sueo de las muchachas en flor en ese mnimo pas que es todo su universo, con manos que crecen encima de su pecho, mientras refrescan la tierra con su llanto; noticias de los parques, mujeres que deambulan por ellos dndole aliento a la sangre con sus pasos, en cada hebra de casa que almacenan sus cabellos: pero, en paralelo corriendo vida y muerte: acompaadas de la muerte/ hablan del dolor/ e inventan un mundo feliz donde los hijos ya no crecen; enero, de nuevo las mujeres, de nuevo mi pas en los espejos: muchachas sollozando el amor como bandadas que, en medio de la fiesta, sobre vidrios rotos, recuerdan que seguimos con lepra; nueve estaciones, nueve momentos para descubrir de a poco la figura de un viejo que aprende a ser la mscara soada del poeta: el eco de su muerte/ fue esa sombra voraz, esa campana? y las metforas del horror del vaco en las que se refleja: l era el ancla del anochecer, esta negra carroza que no conoce la nieve, si slo mi blanca sombra se callara/ para agotar as la bondad de un vino clido, es un aullido la ciudad/ es un gemir con una herida:/ en ella el da se produce de pronto/ y acaricia la piel/ y no deja que duerman las ventanas; muro descubierto, el ro, la casa, el techo, el viento que cruza, la falleba que impide pasar al extrao, el nido en el alfizar en el que la araa al tejer anuncia la muerte: dnde han quedado los festejos?/ algn eco de palabras, de murmullos/ arrastra la brisa que desata las murallas; enfermo (para F. Linero), reconoce la alteridad, por un lado: otras venas en su pecho, lmparas que exigen luz para otra vida y aunque el mar tampoco alcance queda el sbito raudal del bello hermano y, por otro, advierte la voz nueva que sube al moscardn retando al ebrio, prefijando la muerte: escuchars mi canto/ escuchars un lamento de palomas/ un da morir en amigo.

rbol vido, el poema que da ttulo al libro, habla del abandono del poeta y de la certeza de su palabra intil, lo que al tiempo, sin que lo diga, implica la validez del esfuerzo, la pugna entre opuestos: es mi vecindad el habla cotidiana de la muerte/ y sigo naciendo en este nuevo da; epitafio, poema que aun con las fuerzas en contra, constituye una invitacin al desafo: da el paso que debieras/ ese instante de la muerte que an no tienes/ vuela. Despojados, un canto triste a lo ineluctable, a la hoguera que se extingue, a la breve aurora, a los aplausos que florecen allende las guirnaldas, a la sucia medicina que perfuma los salones, al llanto, al jardn roto, a la selva deshojada: llegue hasta el fondo de la muerte este poema. Memento (para Carlos Kovacs, en memoria), o sea, recuerdo, elega en cuatro partes en la que se evoca a los bellos y amados amigos, mis cmplices en hallar una ciudad para alguien que no tiene un lugar en el mundo y que, por capricho de los asesinos, nunca lo tendr: hoy hay cansancio,/ negro pus entre la herida./ la muerte se ha hecho ms frecuente que la lluvia/ y cada tarde nos llovizna. Meridiano se remite a la desnuda que frecuenta el paso de una estrella, a su minucioso jinete, al quejido de la luna penetrando el lodazal: espigada para el tiempo de la siega/ la desnuda despea de su frente/ la cada de la lluvia/ bajo la lumbre azul del medioda./ en ella galopan mis ojos/ florecidos de estrellas. Estacin frente al mar contiene el desesperado canto de la impotencia frente a un destino fijado por los hombres, no por los dioses, si el poeta creyese, aunque tambin plantea la lucha entre el perro rabioso del eros y la urgencia tantica, que la nada representa: podra correr poseso detrs de alguna estrella/ pero me queda este mar/ el vaco que alimento para que llegue el da. Fuego ahogado muestra a la noche que ofrece esquinas para beber hasta la humillacin y que al tiempo encarna la comunin entre los hombres: dulce esta noche extraa/ este incendio de manos que avasalla el corazn. Lienzo (para Guillermo Linero M.) detiene la mirada en el cuadro del pintor a quien Julio Daniel dedica el poema: es, en otras palabras, el observador observado, el vate al que el pintor mira a travs de su creacin, la muchacha cuyas piedras tambin queman al poeta.

Poema sobre el hermano a las seis de la maana podra verse como una situacin en espejo: en efecto, aunque dedicado para Juan Manuel, y el sobrino, que debe saberlo, como lector se puede interpretar que el largo gemido que hay en cada paso del hermano y que brilla en el fondo de los ojos es el mismo largo gemido que se refleja en los del poeta y por el que muere as todos los das: lo que vemos en el otro es lo que nos habita, en este caso una larga agona: este hombre es como un ro/ la muerte debe ser su punto de llegada/ su desembocadura. Todo ensayo es un pretexto de escribir sobre alguien para volver sobre s mismo. Y poesa es ensayo. Daniel y dictado por el hijo expresan la preocupacin del poeta, ante sus temores, por el hijo: el rostro de mi hijo contra m/ que sueo en tneles, en miedo, en todo.; por el alejamiento involuntario: mientras lloviznan estrellas/ mi exilio perdurable, mi ngel atrapado/ regresa con el viento a la ventana.; por las dudas que acechan: cuando regrese el fuego en el hbito del viento/ volvern las dudas () Mala fiebre (para Vicente Casadiego), en cuatro partes alude al canto llano y duro del amigo aun entre la alegra de los saxos y su contraste, la calle sucia de insectos y poemas: mala fiebre sin salida, amigo de migajas. l, que es poema, se derrumba desbaratando mesas. Hojas sobre los rboles del parque (para Jaime Barbini), mediante la escritura auto-consciente signada por las hojas, el caaduzal, el afn, la vida, la tierra, el ave, el cielo y el viento que los mece, ahonda en lo que el poeta anhela sea su obra: inquieta certidumbre.

Poiesieia, juego de poiesis/poesa, canto a la creacin, a la naturaleza, a la naturaleza de la creacin, y viceversa: en un lejano jardn se detiene mi mirada/ en el distante maridaje de la bruma/ en la lmpida palabra que escucho murmullar.; y lo hace con un lenguaje vegetal-surrealista preado de metforas: estalla el pino/ insiste en su verdor la hoja/ el piano azul canta un quelonio de algas nuevas/ la muchacha alumbra su raz y mana abejas:/ hay algo bello/ algo que no podr crepitar en la ceniza/ es un jardn/ un distante campanario/ una garganta que respira follaje poro a poro/ una selva incandescente y alta como un vuelo de terrazas. Pavana (danza italiana del siglo XVI, lenta y solemne, escrita en comps binario y que hace parte de la suite), a travs de un lxico antropo/vegetal (rara flor t/ porque en mi carne floreces) alude al intercambio entre naturalezas como quien sabe que de una sola se trata, para cantarle a su amada: slo conozco el aliento/ que me sembraste adentro, en la maleza/ de mi furiosa enredadera. El libro rbol vido termina con Esquela del ahogado, un grito al viaje sin regreso que los hombres guardan, como se guarda el eco en el cuenco de las manos, lo irremediable por adelantado: fuimos el rastro de unos labios pisoteados en la aurora.

Los cinco poemas de la antologa Postal de fin de siglo tienen en comn la urbe, la muerte, el amor, la noche, el tiempo, la pobreza, los habitantes, la ebriedad, la derrota, el invierno, la vida que se apaga. En ciudad, la muerte o el amor/ acechan con su celo/ all abajo mi ciudad/ su pobreza dividida en habitantes. En nocturnos dos ciegos ebrios superan a golpes lo ms abierto del sendero: en la calle soltaron al vuelo las palabras/ y ningn eco golpe en el muro de sus sombras. En hora lejana el poeta aora vencido el pasado, extraa a la amada, reclama de nuevo para s el despertar de una sonora campanada. En noticia de cometas un galope de caballos trae el rumor de la muerte ante el cual la multitud se agolpa como un grito y una rota mariposa impide el paso por la acera. Por ltimo, en el fro respirando la vida se va extinguiendo lentamente.

El quinto y ltimo libro en De nuevo soy agosto es una serie de once poemas inditos titulada Obra nueva, un lento y agnico recorrido hacia el fin de la luz, el encuentro con la suprema oscuridad, con la brutal e implacable parca. En ocurre la borrasca habla de una muchacha que dice es hora de partir a una hoja que es su hijo y la furiosa llama de la lluvia flamea, del invierno despiadado que deviene hambre: desesperadamente muere la hojarasca/ y no hay ni pan ni vino.; de la esperanza: la muchacha vuelve a su hoja y otra vez le dice al poeta hijo y de nuevo canta. En ciudad con pasos de muchacha se refiere a una chica incansable, como las que no aparecen en los medios sino en la poesa, su nica ocasin, y no a ese pas donde ya nadie es feliz sino a la urbe, llena de soldados, donde la gente ya no re, en la que en cualquier esquina, ni mejor ni peor, irrumpe la tristeza ltima: alguien est al final en una esquina/ las manos se detienen en un cuerpo/ que horrorizado gira, est girando/ se va abriendo como un labio/ como una gran herida. En pareja cinco lneas bastan para indicar la proximidad de la cada: un epgrafe de Gaitn Durn, de muerte trgica, resume la lucha sin fin de los amantes: voy a vivir contigo y contra ti. All deposita en el cesto de su inocencia, el futuro de ambos (slo) en los hijos: contigo y contra ti y contra dios/ viviendo escasamente/ en cada paso adolescentes puros/ recomenzando a morir y nada ms:/ slo los hijos.; en el amante otras cinco lneas alcanzan para sentir la fatiga, el ocaso, la partida, el fracaso, la desesperanza: se me cansa el da entre las manos/ se me acaba la tarde/ y tu paisaje no dibuja/ siquiera una alondra ms/ entre los ojos. En el poeta responde a sus amigos lo hace con un intenso flujo de erotismo: quiero cobijarme con tu piel de csped y de arroyo/ durante una noche que sea larga larga/ desatado aguacero.

En territorio nueve cantos bastan para armar un sentido mapa por el que atados van eros y tnatos: como la rfaga de un ro/ como animal hozando entre las hierbas/ hasta que venga el naufragio. () aquel que cruza ahora bajo el cielo y me habla/ con tu espalda desnuda/ con tu sexo fundido en el viento. En rima una que no pero rima: lo ltimo de ti para m/ fue un rastro de pjaros/ araando/ la piel/ del cielo. En poema sobre una palabra vuelve a cantarle al hijo, Daniel, para expresarle sus sabidas certezas y, por contraste, en medio del fuego que consume, su ms honda esperanza, la que al mirarla, de vuelta inventa al padre: te hablarn de m seguramente/ de la copa que no dejo de beber/ de mi tristeza. () pero es simple, hijo, es esto/ nosotros:/ la mariposa que aletea y no cesa de cantar/ entre las llamas. lo que t sers, lo que ya eres/ una esperanza as/ una esperanza/ epigrama para mi amor. te miro/ y de tanto verte aleteando mariposas/ entiendo que me inventas. En madrugada sobre la limpia pared de un amanecer el poeta escribe historias en la hoja del rbol que susurra en el parque as, mugiendo en voz baja. En tiempos difciles evoca a su modo al rebelde Bob Dylan as como, aunque no se refiera al propio autor, al canto (trgico) a m mismo de Whitman: el hombre es un bulto aspeado de cerillas/ su pecho huele a lluvia/ su voz retumba ms all del aguacero/ su sangre queda en mojones olvidados de la tierra. () esa sombra tendida a la basa de las cercas/ despreciada por un cuerpo, arrumbada en un umbral cualquiera/ deja que brillen sus labios para gemir la huella de estos tiempos. despus se anega, mortal, erizada de junqueras. Para terminar, en peticin de gracia (para Lele, desde mis manos) el poeta dedica a la esposa de su amigo, poetbrio, msico y prologuista del libro, un canto fraterno, casi filial, en el que alternan la admiracin por la mujer con la visin dolorosa aunque certera del pas con el reflejo del poeta en el Otro u Otra y, ms all, en los dems: cercana amiga que silbas el mismo sonido de la flauta:/ no aprendiste tu labor de rbol, tu vocacin de viento soplando las cometas./ no fuimos la sangre de los charcos, ni prado ni montaas/ ni muchachos enarbolados como nubes para incendiar los gritos/ de este rompezn de manos que llamamos patria. baste la sed por estos das/ baste el llanto/ los hijos alojados en la risa/ baste la risa. nuestra vida que inventamos sin alhajas, con estrellas. rostro mo en otro rostro, igual dolor igual herida/ suave sangre que estuvo en el primer litoral alcanzado por la ola./ amiga: deja estas sombras gemir pero evita que nos agoten los pantanos.

El vuelo de la imaginacin, la creacin de lenguaje, la abundancia de metforas, la intertextualidad constante, la variedad de temas, la amplitud de sentido, la capacidad de sentir y de ponerse en el lugar del otro, la riqueza del lxico, tal vez sean razones suficientes para considerar el valor de un poemario como De nuevo soy agosto y otro poemas, con el que El Zahir recupera casi toda la produccin de Julio Daniel, el poeta sogamoseo al que el viento de la muerte le quebr las alas en suelo segoviano antes de remontar el vuelo de la tercera dcada. Para contrarrestar tan funesto hecho, por fortuna, queda tanto su trabajo en El Espectador, por el que no obstante los asesinos segaron su vida, como su trabajo potico, sin olvidar desde luego su propia vida, la que entreg por un pas en el que, pese a los ruidos triunfalistas ya nadie es feliz, que si vivi felicidad/ hoy todo es mentira, pas adolorido el nuestro, donde no nacern ms hijos pues slo la ira ir creciendo como un rbol, y ya slo queda un puado de hombres asustados/ un pas de corazones de ceniza. Poesa en la que, aun con lo dicho, hay tan slo la necesidad de expresar lo que antes de que caiga la soga del verdugo sobre el cuello del inocente se hace irreprimible. Ni libelo ni panfleto. Poesa de la ms pura estirpe, en tanto cantera del lenguaje, aquello que dignifica al hombre, tambin por lo cual es un ser poltico, as se dedique al arte: La opinin de que el arte no debe tener nada que ver con la poltica ya es, en s misma, una actitud poltica, deca Orwell.

Poesa de una exuberante riqueza, notable generosidad, recursiva heterogeneidad, mediada siempre por una idea: lo importante no es decir la verdad, sino decir lo que se siente. Aunque tanto mejor si lo dicho sentido se percibe cierto, si lo dicho es verdad      

As como Mario Torres an tiene una deuda conmigo, yo tena otra con Carlos Pachn. Aqul, siempre generoso, me obsequi un da su novela, otro, su libro de poemas y, ahora, el libro de Julio Daniel, con una sutil peticin: Ojal escribieras algo Hoy, cumplo mi palabra y al mismo tiempo adquiero otra deuda: esta vez con Carlos mismo, a quien ms adelante le har saber lo que sus textos me ayudaron a compenetrarme con l y con Julio Daniel y su obra (4). Cmo aprend de ambos a entender al ser silencioso, introvertido, seguro de su presente y de su futuro: o, en el caso de Julio Daniel, lo ms terrible, de su no-futuro en este pas asesinado a fuerza de nios desnutridos, jvenes masacrados, adultos extinguidos en campos y selvas, a la entrada de hospitales, en carruseles de contratos, paseos de la muerte, escndalos financieros, corrupcin poltica, supuesto cese parcial de la guerra tras los acuerdos de La Habana, que deja ya 156 lderes asesinados (5). En este rompezn de manos que llamamos patria. En este rompezn de patria donde cada da caen ms manos en minas, ros y lagunas, fosas comunes, casas de pique: como en el Bronx bogotano, extinguido por las malas polticas del alcalde Pealosa, o en la maltratada aunque batallante y nunca derrotada Buenaventura, por la psima actitud del Gobierno. Una vez se lee De nuevo soy agosto es imposible no sentir el viento huracanado y quemante del dolor ajeno: la pena constante que debi probar Julio Daniel al presentir la muerte. No slo la suya. Sin embargo lo importante est en haber cantado esa pena, expresado lo que senta antes de pensar siquiera en decir la verdad, gritando alaridos, como segn aqul haca su madre en nombre de todos, ya no slo colombianos: en nombre de la comunidad humana.

Para Daniel Chaparro Daz, desde mi corazn de padre, poeta y amigo

Para mis hijos Santiago & Valentina, motores de mi esperanza.

Notas:

(1) Chaparro Hurtado, Julio Daniel. De nuevo soy agosto y otros poemas Antologa viva, El Zahir Editorial: Serie Tierra Balda, 1 Edicin, abril 2012, 112 pp.

(2) Agulha Revista de Cultura, de Brasil. No 3 mayo 2012.

(3) Traducido del portugus por LCMS.

(4) Desafortunadamente, esto no fue posible: Carlos Pachn tambin muri por el camino en Villavicencio, el 20/ago/2013. file:///C:/Users/Santiago/Downloads/20130822LL017.pdf

(5) http://www.elespectador.com/noticias/nacional/van-156-lideres-sociales-asesinados-desde-enero-de-2016-articulo-687117 Aunque revista Semana registra apenas 127, claro, solo hasta 2016. http://www.semana.com/nacion/articulo/onu-preocupada-por-asesinato-de-lideres-sociales/518741 

Luis Carlos Muoz Sarmiento (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Estudios de Zootecnia, U. N. Bogot. Periodista, de INPAHU, especializado en Prensa Escrita, T. P. 8225. Profesor Fac. de Derecho U. Nacional, Bogot (2000-2002). Realizador y locutor de Una mirada al jazz y La Fbrica de Sueos: Radiodifusora Nacional, Javeriana Estreo y U. N. Radio (1990-2014). Fundador y director del Cine-Club Andrs Caicedo desde 1984. Colaborador de El Magazn de El Espectador. Ex Director del Cine-Club U. Los Libertadores y ex docente de la Transversalidad Hum-Bie (2012-2015). Escribe en: www.agulha.com.br www.argenpress.com www.fronterad.com www.auroraboreal.net www.milinviernos.com Corresponsal www.materika.com Costa Rica. Co-autor de los libros Camilo Torres: Cruz de luz (FiCa, 2006), La muerte del endriago y otros cuentos (U. Central, 2007), Izquierdas: definiciones, movimientos y proyectos en Colombia y Amrica Latina, U. Central, Bogot (2014), Literatura, Marxismo y Modernismo en poca de Pos autonoma literaria, UFES, Vitria, ES, Brasil (2015) y Guerra y literatura en la obra de J. E. Pardo (U. del Valle, 2016). Autor ensayos publicados en Cuadernos del Cine-Club, U. Central, sobre Fassbinder, Wenders, Scorsese. Autor del libro Cine & Literatura: El matrimonio de la posible convivencia (2014), U. Los Libertadores. Autor contraportada de la novela Trashumantes de la guerra perdida (Pijao, 2016), de J. E. Pardo. Espera la publicacin de sus libros El crimen consumado a plena luz (Ensayos sobre Literatura), La Fbrica de Sueos (Ensayos sobre Cine), Msicos del Brasil, La larga primavera de la anarqua Vida y muerte de Valentina (Novela), Grandes del Jazz, La sociedad del control soberano y la biotanatopoltica del imperialismo estadounidense, en coautora con Lus E. Soares. Su libro Ocho minutos y otros cuentos (Pijao Editores, 2017) fue lanzado en la XXX FILBO, dentro de la Coleccin 50 Libros de Cuento Colombiano Contemporneo: 50 autores y dos antologas. Hoy, autor, traductor y, con Lus Eustquio Soares, coautor de ensayos para Rebelin. 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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