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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2017

La fatal obsesin por un cupo poltico

Juan Pablo Crdenas S.
Punto Final


La desmedida influencia del dinero y los negocios en la poltica nos ha llevado a un extremo pragmatismo, as como al creciente desperfilamiento ideolgico de los partidos y falta de compromisos y propuestas de quienes ofician desde ellos.

En Chile no hay duda que la posdictadura hizo trizas el llamado servicio pblico; se apoderaron de la poltica los que descubrieron en ella un derrotero para el xito personal y la posibilidad de medrar en las instituciones del Estado. Se acabaron los proyectos histricos y los liderazgos morales en mrito del realismo poltico que llevara al presidente Patricio Aylwin, por ejemplo, a plantear que solo podra hacerse justicia en la medida de lo posible, en un tema tan sensible como los derechos humanos. Esto es, lo que los militares, la derecha, los empresarios y los grandes medios de comunicacin permitieran.

Entre las trampas de la institucionalidad heredada hasta hoy con la Constitucin de 1980, destaca el incentivo que tienen gobernantes, parlamentarios, alcaldes y otros con sus abultadas dietas y prebendas, sumado al hecho que el sistema binominal les ha procurado retener por varios periodos sus cargos en menoscabo de una saludable renovacin generacional.

Ya sabemos que los horrendos crmenes que se han podido aclarar se explican sobre todo por la accin de algunos pocos jueces dignos, la presin ejercida desde el extranjero y la irrenunciable y abnegada lucha de las organizaciones de familiares de detenidos desaparecidos, de los ejecutados polticos y de otras organizaciones de las vctimas de la represin pinochetista. Como se ha destacado tantas veces, de no haber sido detenido el ex dictador en Londres, posiblemente lo que habra prevalecido es la Ley de Amnista de la dictadura y la impunidad de decenas de torturadores y homicidas.

Todo esto ha contribuido a sacralizar, adems, el modelo neoliberal vigente en nuestra economa y relaciones laborales, a no avanzar prcticamente nada en materia de equidad social ms all de algunos esfuerzos por superar la extrema miseria para, con ello, mitigar el explosivo descontento de la poblacin. En efecto, en todo este tiempo, ninguna reforma relevante ha resultado de la iniciativa de la llamada clase poltica. Solo ha sido la concertacin de los estudiantes, de los pensionados y de los sectores laborales y poblacionales lo que ha activado al pas, y obligado a La Moneda, as como a los legisladores, a consentir algunos cambios ms bien tenues y siempre contemporizando con los refractarios a ellos.

La irrupcin en las calles de miles de jvenes y chilenos de distinta condicin nos dej a punto de una nueva alborada poltica. Por un momento pensamos que la movilizacin social podra producir un rpido derrumbe de nuestra impostura democrtica. Sin embargo, lo que ms despert fue la ambicin de promisorios dirigentes que, en un dos por tres, decidieron integrarse al sistema poltico vigente, antes que proponerse su desmoronamiento y reemplazo. Lo que hoy, como se ve, ha animado a decenas de sus seguidores a tomar el mismo camino en el empeo de hacerse de un cupo parlamentario y, como se proclama siempre, cambiar el sistema dentro del mismo sistema.

Si oper realmente una retroexcavadora durante este segundo gobierno de Michelle Bachelet, fue ms bien para cavar la tumba de la Nueva Mayora y ofrecerle en bandeja a la derecha recuperar La Moneda en andas de su multimillonario candidato. Salvo que se produzca el milagro de que en algunos meses la Izquierda pueda consolidar una candidatura de unidad, que en la desacreditada gestin presidencial los pudiera llevar a la papeleta de una segunda vuelta. Pero ya se ve que lo que resulte en este caso no va a ser capaz de comprometer al mundo social, el de los pensionados, los trabajadores portuarios, los mineros y campesinos que ciertamente habran preferido un candidato propio, por la desconfianza que siempre producen los iluminados que hablan en nombre del pueblo, desconociendo su realidad y distantes de ella, aunque estn animados de las mejores intenciones. Es evidente que la masiva irrupcin a escala nacional del Movimiento de Trabajadores No+AFP constituy el mejor momento para que algunos de los suyos se animara a competir por la banda presidencial.

Sobre todo, cuando no se aprecia una propuesta revolucionaria, ni siquiera reformista. Y algunos de ellos, negando su izquierdismo, hasta han llegado a la desvergenza de hacerse parte de los afanes sediciosos de nuestra Cancillera y de la OEA contra Venezuela. Abjurando, incluso, de los evidentes xitos de esa Cuba que tuvieron como cono en el pasado y a la que hoy, sin embargo, le dan capotera, en la posibilidad de ganar legitimidad en el centro poltico, la derecha, El Mercurio y los canales de televisin uniformados por los lineamientos del Departamento de Estado y su heraldo representante en nuestra Cancillera.

Sin duda, en la renuncia a cambiar el mundo, a luchar por la justicia social y la integracin regional y del Tercer Mundo, es que hoy a los movimientos y partidos vanguardistas -con algunas nobles y empecinadas excepciones-, se los ve acotados a los meros temas valricos. Es decir, mucho ms preocupados en conseguir una ley de aborto, por ejemplo, que en la recuperacin del cobre y de nuestros recursos esenciales, como avanzar a una profunda reforma educacional ms all de abogar por el trminos del Crdito con Aval del Estado (CAE).

Vociferantes candidatos y candidatas abandonan sus cargos de asesores bien pagados en los Ministerios para saltar ahora a la arena electoral, escapando del barco que se hunde inexorablemente en el repudio popular y que tal parece no tendrn ninguna posibilidad de continuar en La Moneda y salvar bien parados de una nueva correlacin de fuerzas, influencias y expectativas de colusin con los que seguirn gobernando: las patronales empresariales. Asumen con ingenuidad o candidez que las grandes transformaciones pueden resultar de los concilibulos cupulares en los pasillos de la institucionalidad vigente, de espaldas a la calle y las demandas de la poblacin.

Publicado en Punto Final, edicin N 876, 26 de mayo 2017.

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