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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2017

El pesimismo solidario

Ibon Cabo Itoiz
Rebelin


En los ltimos das los militantes de Eusko Alkartasuna, hemos recibido a travs de diversos medios, mensajes pesimistas en torno a la merma de derechos y facultades que pudiera otorgarnos nuestra presencia en EH Bildu en una nueva estructura. Sin duda, el acento en el dolor se incrementa en funcin del posicionamiento poltico que tiene el medio en cuestin, ante el abertzalismo en general y ante el independentismo en concreto. Algo que se puede definir en un simple... a ms dependencia de Madrid peor cara. Pero, es justificable este pesimismo?

Sin duda, el trasiego desde la social democracia terica hasta la prctica , ha estado fundamentado en valores que han definido por sus polticas cuando estuvieron en gobierno referentes histricos como Carlos Garaikoetxea, Manolo Vigo o Rafa Larreina. Todos ellos hicieron transitar a EA por polticas como la implantacin de la RGI, el impulso de polticas contra la drogodependencia, la vivienda pblica y otros xitos que han apuntalado sin discusin el estado del bienestar vasco y sus diferencias con respecto al estado espaol.

Adems todos ellos, lucharon como jabatos ante intentos de ordenacin del territorio ajenos a nuestros intereses , que nos han llevado a una divisin institucional no fundamentada ni en la historia ni en las preferencias de todos-as los-as vascos. Entre ellas la separacin forzada de Nafarroa , la CAV e Iparralde en tres realidades institucionales, la imposicin por parte del PNV de la LTH que creaba de facto tres reinos de Taifas en la CAV; la LOAPA y ms en clave poltica, contra la desaparicin de los postulados independentistas en el partido mayoritario del nacionalismo tradicional: el PNV. Muertos estos ltimos tras el entierro de Ibarretxe y su sequito, y ms recientemente tras el pacto PNV-PP-PSE.

EA siempre ha sido un partido construido en clave nacional, liga do a la solidaridad y arriesgado para su tiempo como as lo demostr finalmente con la creacin en 2011 de Bildu. Sin embargo cabe recordar tambin que EA tambin ha tenido sus miedos. Trasladados por osmosis a una afiliacin fiel y leal donde las haya.

El primero de ellos lleg en su nacimiento. Ante la posibilidad de crear un tripartito de izq uierdas en la CAV (PSE-EA-EE), la falta de compromiso por parte del PSOE para la transferencia de la seguridad social, priv a la CAV del primer acuerdo de izquierdas de su historia. Tambin el miedo a ser superado por el PNV en la hegemona abertzale cre una nube de dudas ante lo que hubiera parecido el paso lgico para abordar desde la pole position el gobierno de este pas.

Ms tarde, lleg Ardanza, el fiel lugarteniente de Arzallus y cuando EA y Herri Batasuna empezaron a impulsar mociones pueblo a pueblo en torno al derecho de autodeterminacin, Eusko Alkartasuna fue expulsada del gobierno. Por segunda vez el pesimismo ante la valoracin que poda hacer el pueblo ante el hecho de pactar con quienes todava entendan la lucha armada como un medio, llev a EA fuera del gobierno, devolvi al mismo al PSE y priv a la CAV otra vez de un acuerdo entre solidarios.

Nafarroa no ha sido una excepcin. Dos veces han existido pactos entre agentes polticos favorecedores del reparto de la riqueza. La primera la trunc Urralburu y la corrupcin. La segunda sigue vigente bajo la amenaza aun, de un estpido velo meditico y de un profundo egosmo personal por la bsqueda de un liderazgo en clave interna, nada solidario y poco colectivo.

Despus vino Lizarra-Garazi, el mal llamado plan Ibarrtexe y la ilegalizacin de Batasuna. EA fue el motor ideolgico de este plan y sin duda el sustento de un gobierno que miraba con miedo y preocupacin ante unos JOBUBIS que ya no se conformaban con ver de Lehendakari a alguien ajeno a los dominios de D. Diego Lpez de Haro. Rompieron el plan acatando las cortes espaolas como siglos antes haban hecho los sucesivos seores de Bizkaia, pero esta vez sin viaje de vuelta, sin jura ante el rbol y si bajo promesas de eternas transferencias escritas un da en un estatuto al que cada vez le amarillean ms las hojas.

Despus vino la ilegalizacin. Ante este hecho hubo posturas divergentes en el seno de EA. En algunos ayuntamientos se cogieron las actas de concejal y en otros no. Pero cuando lleg el momento verdaderamente importante, es decir, la convocatoria de elecciones a los parlamentos autonmicos, surgi el concepto de Polo soberanista, acuado por Unai Ziarreta. Junto a l llegaron las negociaciones para llegar a un acuerdo de m nimos, sin embargo, a juicio del ponente, no parecan preparadas las personas para el cambio estratgico. Volvi el miedo y este unido a un discurso tibio en lo social, ms parecido al de otros tiempos que a los que ya se estaban viviendo pueblo a pueblo en el partido, llev a Aralar al estrellato meditico y a la nueva izquierda abertzale a copar la mayora parlamentaria en ese mbito. Otra vez el pesimismo a lo solidario pareca imponerse a la lgica adecuacin a los tiempos del discurso poltico.

Cuando todo apuntaba a negro y olvido, lleg la apuesta de Pello Urizar y su ejecutiva por construir desde los cimientos un movimiento con tres objetivos claros: construir una mayora en torno al derecho a decidir, luchar desde la calle y las instituciones por instaurar la justicia social y los derechos humanos y en tercer lugar, democratizar los procesos de toma de decisiones de los ciudadanos en el mbito institucional.

Justo en este ltimo punto hubo errores y miedos a partes iguales. Errores como la imposicin de algunos modelos que pretendan incrementar ipso facto la tasa de reciclaje y la no adopcin del mismo por vas participativas. Aparte de los clsicos errores ya ventilados en los medios afines al constitucionalismo, la cuestin de fondo fue de nuevo el miedo a la democratizacin en la toma de decisiones.

Y entre diversos pesimismos llegaron las elecciones municipales y forales de 2015. Llegaron los vetos y otra vez la falta de democracia. Y resurgieron los miedos a lo solidario. Volvieron las menciones a hubo tiempos mejores. El ansia de poder demostrada por determinadas personas en algunos pueblos llev de nuevo a EA otra vez al lmite. Pero el viejo reino resurgi para imponer su criterio y pasar del pesimismo al optimismo del cambio, como as fue. Voces relevantes nos llevaron de nuevo a arriesgar y a sacrificar para imponer la lgica poltica ante las apetencias que nos salan de lo ms profundo. Y aqu nace la pregunta clave, Qu garantas tenemos para seguir arriesgando y no caer de nuevo en el pesimismo solidario?

Las garantas son tres: 1) El respeto al camino recorrido en las pe ores condiciones posibles como fueron las elecciones municipales de 2015. 2) La clarificacin del panorama poltico donde ha quedado ntido y trasparente que el enemigo es el estado espaol y el rival el PNV. Para vencer a nuestro rival no hay otro camino que contar con EA. 3) La democratizacin interna siempre favorece al inquilino ms prximo a la normalidad. El friquismo y el impulso de minoras sociales entre las clases polticas, ha perdido fuelle ante unas clases medias hartas de ser el pin pan pum de bancos, constructoras y polticos corruptos. Aqu vuelve a surgir la necesidad de una EA fuerte. De una Eh Bildu potente y plural.

Por todo ello EA debe renunciar a su pesimismo solidario histrico. Estamos ante la oportunidad de generar una nueva mayora social en torno a EH Bildu. En torno a unas nuevas formas de organizacin poltica que generarn, con esfuerzo y trabajo, un espacio ntido y claro para EA pero que traer, por fin, a las clases medias y populares una victoria despus de tantas derrotas. No perdamos el tren como en 1987 y no nos anclemos en miedos y fobias que son parte del pasado. Miremos hacia delante y caminemos juntos arriesgando. Hagamos lo que siempre hemos hecho, apostar por el pas y e l pueblo. Olvidmonos de los prosaico, valoremos en su justa medida el botn personal, pues est en juego una nueva mayora social.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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