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(defendiendo el libre mercado)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2017

For export: las deportaciones forzadas en Espaa

Arturo Borra
Rebelin


Desde hace ms de una dcada, en el contexto espaol, los discursos polticos y mediticos dominantes se han encargado de construir en el imaginario colectivo el tpico de una suerte de invasin brbara que supuestamente pondra en riesgo no slo la convivencia social sino tambin la seguridad nacional. Asalto multitudinario a las vallas, Salto masivo de inmigrantes, Multitud de sin papeles asaltan de forma violenta las vallas y titulares similares se repiten de forma incesante en los grandes medios de comunicacin, creando un sentido de alarma colectiva que carece de toda base. Adems de reforzar la xenofobia y el racismo extendidos, uno de los efectos de dichos discursos es el llamado a la autoridad, esto es, el reclamo de orden basado en un presunto descontrol de las fronteras que creara una situacin social y econmica insostenible.

La propia terminologa policial oculta el drama cernido sobre miles de vidas en peligro, plantendolo como un problema securitario antes que como problema poltico. Por si fuera poco, el uso de trminos como multitudinario o masivo para referirse a los intentos desesperados de cruzar las vallas de Ceuta y Melilla inducen de forma deliberada al (t)error. Se trata ms bien de un fenmeno localizado que tiene ms relevancia por la gravedad de las circunstancias en que se produce que por el nmero total de personas que acceden de forma irregular por estos puntos fronterizos. Lo grave del caso no es que de forma espordica algunos cientos de personas logren llegar a territorio espaol por medios no autorizados -bajo la presin de la guerra, el cambio climtico, las carencias econmicas o las persecuciones de todo tipo-, sino el tipo de respuesta que el estado espaol ha proporcionado durante la ltima dcada: la vulneracin del derecho de solicitud de asilo, la represin de personas en situacin especialmente vulnerable, su eventual encierro en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) o en Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y el rgimen de deportaciones forzadas que el estado ha instituido ante aquellos flujos migratorios que ha decidido juzgar como indeseables, incluyendo desplazados que jams adquirirn el estatuto de refugiados.

Ante una poltica de (des)informacin masiva que se estructura sobre la repeticin tpica, repasar algunas informaciones estadsticas bsicas, aportadas por el Ministerio del Interior, puede contribuir a elucidar de qu estamos hablando. Segn los ltimos datos disponibles, durante 2015 han arribado por costa 5312 personas y por Ceuta y Melilla 11624, incluyendo 7198 personas de procedencia siria. En total, el fenmeno se limita a la llegada de 16936 personas por estos medios en el perodo de un ao, a diferencia de 2006 en el que llegaron por costa 39180 personas y por vallas 5566 (44746 personas)i. El balance es rotundo: la inmigracin por estos medios irregulares se ha reducido dos tercios en la ltima dcada, a pesar de la multiplicacin de guerras neocoloniales que expulsan a millones de sus pases de origen e incrementan la presin migratoria a nivel internacional.

En sntesis, el alarmismo meditico ante el ingreso irregular de personas al territorio espaol es tan invlido como cmplice de una poltica de estado que incumple de forma sistemtica la igualdad que proclama para legitimarse. Por el contrario, la reduccin del nmero de ingresantes por estas vas muestra a las claras que el estado espaol no est desbordado en el control de fronteras en lo ms mnimo. A pesar del repudio moral que una poltica semejante debera provocar en la ciudadana, la eficacia de esta poltica de control es indiscutible, siempre y cuando nos atengamos al objetivo prioritario que esa poltica presupone; a saber, blindar policialmente las fronteras asumiendo como parte constitutiva del procedimiento la vulneracin regular de los derechos de las personas damnificadas.

Dicho lo cual, conocer la magnitud de la situacin de la migracin irregular en el sur de Espaa supone, de mnima, comparar los datos sobre ingresos con los datos sobre egresos, sea por i) denegacin de entrada, ii) readmisiones a terceros pases, iii) devoluciones o iv) expulsiones, relativamente constantes en los ltimos aos. La conclusin es exactamente la contraria a la que se repite a diario: las deportaciones forzadas en 2015 -que incluyen el uso de sedantes para quienes se resisten a este proceso- es de 20091 personas. El saldo de inmigrantes que arriban por la frontera sur de Espaa por vas irregulares es, por tanto, negativo. El balance de 2015 (-3155 personas) muestra que no slo no hay nada semejante a una invasin, sino que las deportaciones son considerablemente ms numerosas que las llegadas. No deja de ser llamativa la omisin meditica sobre esta contraparte. Contra la imagen mtica de una supuesta benevolencia europea que tolerara de hecho los ingresos irregulares, las estructuras represivas del estado no han cesado de incrementarse para expulsar a aquellos colectivos que juzga como sobrante humano, acorde a una visin economicista de las migracionesii.

Un mnimo de decencia periodstica obligara a revisar la terminologa: o bien se mantiene el lenguaje al uso y en tal caso habra que hablar de deportaciones masivas, utilizando el mismo criterio cuantitativo que se usa cuando se alude a las entradas irregulares-, o bien se reformulan los criterios de construccin de la noticia y en tal caso, se desiste de la referencia a lo masivo o a lo multitudinario que, adems de generar confusin, atemoriza a la poblacin local de forma completamente injustificada-. Es en este contexto en el que la aproximacin de la inmigracin irregular al discurso policial hace su trabajo (simblico). La propia nocin de asalto de las vallas carece de inocencia: legitima el rechazo ante una presunta amenaza expandida. De este modo, se plantea el cruce de una valla como una accin violenta e ilegtima, cuando lo que est en juego es la misma supervivencia ante condiciones econmicas, polticas y militares extremas. Convertir el previsible intento de acceder a territorio europeo para salvaguardar la propia vida en un asalto forma parte del arsenal retrico del racismo en los medios. En un golpe de efecto, significa un drama colectivo como un hecho policial que debe ser gestionado como cualquier otro: recurriendo a las fuerzas represivas del estado como solucin por excelencia.

En suma, la construccin simblica de los otros como figuras amenazantes forma parte de las operaciones discursivas que participan en la escalada racista y xenfoba que asola como una plaga a Europa. El corolario de esta construccin es evidente: sugerir que Espaa (y Europa en general) no puede hacer ms sitio para personas extranjeras. La hiptesis de la saturacin, sin embargo, es completamente invlida. Apenas es preciso insistir en que ninguno de los estados europeos (incluyendo a Alemania) son ejemplares en materia de acogida ni ocupan las principales posiciones en materia de recepcin de personas desplazadas. Ni siquiera han cumplido, en la mayora de los casos, las cuotas de por s irrisorias- de refugiados a reubicar. Por poner slo un ejemplo: de los ms de 5 millones de desplazados sirios, la Comisin Europea se ha comprometido a recibir en total unos 160000 en dos aos, lo que representa menos del 3 % del total. Hasta el momento, ni siquiera ha cumplido con este compromiso manifiestamente insuficiente, considerando adems el agravante de que muchos pases europeos coparticipan de forma directa a travs de intervenciones militares- e indirecta a travs de financiacin, logstica y venta de armas- en buena parte de los conflictos blicos que provocan estos grandes xodos de personas y ahondan las desigualdades estructurales a nivel mundial.

Por el contrario, la Europa-fortaleza se empea en encerrar en una grilla jerrquica a estos diferentes colectivos -sean desplazados, aptridas, solicitantes o inmigrantes- y a partir de ah modula la intensidad de sus prcticas de control. La leccin principal no es que cierra el paso de forma indiscriminada, sino que en su prctica discriminatoria ciertos flujos migratorios no cuentan en lo ms mnimo como no sea bajo la forma del estigma o la criminalizacin, comenzando por la poblacin subsahariana, magreb y arabo-musulmn.

Pese a ello, los discursos que predominan en los principales medios de comunicacin de masas insisten en plantear los flujos migratorios como un proceso homogneo y simple, consolidando los prejuicios eurocntricos que debera ms bien combatir. No se trata solamente de un problema de falta de rigor periodstico sino de desinformacin masiva y carencia de una mnima investigacin de fuentes que permitan contrastar las versiones dominantes. Ante la cantinela de la falta de tiempo dadas las rutinas productivas del periodismo, conviene insistir en la necesidad de producir investigacin crtica al interior de los mass-media, especialmente cuando los oligopolios mediticos amenazan no slo la sacrosanta libertad de prensa, sino la ms bsica pluralidad ideolgica (en otro tiempo, llamada libertad de pensamiento) requerida para no hacer de las noticias mera propaganda del poder colonial.

Notas:

i Remito al informe del Ministerio del Interior (2015): Inmigracin irregular, 2015, versin electrnica en http://www.interior.gob.es/documents/10180/3066430/Balance+2015+de+la+lucha+contra+la+inmigraci%C3%B3n+irregular.pdf/d67e7d4b-1cb9-4b1d-94a0-9a9ca1028f3d

ii Dichas expulsiones selectivas constituyen uno de los mecanismos reguladores del estado capitalista, complementario a cierta permisividad en la estancia irregular de cientos de miles de trabajadores extranjeros que participan en la economa sumergida espaola, en condiciones laborales y salariales especialmente penosas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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