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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2017

Capital y trabajo en tiempos de Macri

Jos Natanson
Le Monde Diplomatique


Aunque probablemente Jeremy Rifkin se haya apurado en pronosticar su final (1), el mundo del trabajo experimenta cambios acelerados. Consecuencia de la robotizacin de los procesos productivos, la liberalizacin del comercio y la deslocalizacin el 70 por ciento de los celulares y el 60 por ciento de los zapatos que se consumen en el mundo se producen hoy en China (2), el universo de los trabajadores de los pases industrializados se ha ido heterogeneizando hasta configurar dos planetas distintos, que viven uno al lado del otro pero cada vez ms desconectados entre s.

De un lado, una elite profesional ultracalificada que se desempea en los ncleos dinmicos de investigacin y desarrollo, polticamente sensible a las propuestas liberal-progresistas, tolerante y cosmopolita, que valora la diversidad, ama conocer otras culturas y cuando viaja elige los vinos del lugar. Del otro, una masa de trabajadores excluidos por la disminucin del empleo industrial, condenados a la tercerizacin y la precariedad de regmenes de trabajo de corto plazo, inestables y mal pagos, que ya no se organizan en funcin de ciertas destrezas u ocupaciones sino en torno a bloques de tiempo, que es lo que compra una compaa de limpieza, vigilancia o incluso atencin al pblico cuando los contrata.

Los nuevos empleos creados por las industrias del conocimiento en reas dinmicas como el software, la biotecnologa o los segmentos avanzados del sector servicios no alcanzan a compensar el encogimiento del trabajo fabril puro y duro. El fenmeno excede al problema de la desocupacin: en Estados Unidos, por ejemplo, el desempleo es de apenas el 4,7 por ciento, cerca del umbral de pleno empleo, pese a lo cual la desigualdad y la pobreza aumentan. En una mirada general, el desplazamiento de las industrias del centro a la periferia, a Mxico, Europa del Este o Asia, produjo una periferizacin del Primer Mundo (3): alcanza con caminar las calles post-apocalpticas de los antiguos barrios industriales de Detroit o cruzar el Priphrique y penetrar los suburbios parisinos para chocarse con la monotona de bloques gigantescos de monoblocs deprimentes cuya realidad se acerca ms al Lugano del Pity Alvarez que a las deslumbrantes metrpolis post-modernas situadas a pocos kilmetros de distancia.

El quiebre, desde los 80, de lo que Robert Castel defini como el compromiso social del capitalismo industrial (4), agudizado unos aos ms tarde por la desaparicin del socialismo como alternativa poltica, habilit una hegemona laboral desreguladora que fue consolidando este sector social desesperado, cuyo malestar ha comenzado a politizarse. De hecho, algunas de las novedades ms impactantes de la poltica mundial, los ltimos momentos Mara Antonieta, como el Brexit, el triunfo de Donald Trump o el ascenso de Marine Le Pen, se explican en parte por esta modificacin subterrnea del mundo del trabajo.

Y por la incapacidad de las elites para registrarla: cuando la candidata del establishment demcrata Hillary Clinton convoc a Jon Bon Jovi y Bruce Springsteen para un acto de campaa en Filadelfia estaba buscando exhibir la adhesin de dos artistas populares que en su momento supieron expresar como pocos el sentir de la clase obrera norteamericana: Bon Jovi, el hijo de un peluquero de Nueva Jersey y una ex conejita Playboy, y Springsteen, el cantante del pueblo. El problema es que a esa altura ambos eran ya millonarios multipremiados y que las masas trabajadoras haban decidido su voto por Trump y reorientado sus gustos musicales hacia Lady Gaga.

Pero volvamos al punto. La metamorfosis profunda del mundo laboral es una tendencia mundial que, con todos sus matices y notas al pie, se replica en los pases en desarrollo, entre ellos el nuestro. Las diferencias radican en que en Argentina, producto de su industrializacin inconclusa, un sector de la sociedad nunca lleg a integrarse plenamente a los procesos de desarrollo, siempre se mantuvo excluido. Y tambin en el hecho de que, frente a la ausencia de un Estado de Bienestar al estilo europeo, el impacto social de la neoliberalizacin del trabajo comenz a sentirse ya en los 90, por lo que su respuesta, el giro a la izquierda de comienzos de siglo, fue tambin anterior.

Como en Estados Unidos, el principal problema no es tampoco aqu el desempleo: el hecho de que segn la ltima medicin del Indec la desocupacin (7,6 por ciento) sea casi cuatro veces menor que la pobreza (30,3) confirma que la cuestin no pasa tanto por el trabajo en s como por el poder de compra del salario y los niveles de proteccin.

Por eso vale la pena poner en cuestin las perspectivas liberales que, de Macron a Macri, ensayan respuestas orientadas exclusivamente a la capacitacin de los trabajadores, a partir de la idea de que el problema reside en un desacople entre la demanda de la economa, que exige trabajadores con ms estudios o con otros estudios o ms flexibles, y la calificacin de la fuerza laboral. Aunque por supuesto es importante, en el contexto de una economa en permanente y acelerada mutacin, apostar a la capacitacin permanente para mejorar la competitividad, este enfoque ignora la mutacin estructural del mundo del trabajo descripta ms arriba. Y, quizs sin proponrselo, produce una transferencia de la carga por va de una individuacin de la responsabilidad, que en un mgico pase de manos se traslada de una economa incapaz de proveer empleo de calidad a toda la poblacin a la situacin personal de los trabajadores, que si no consiguen empleo es porque no estudian.

Pero adems, y este aspecto es central, la reconfiguracin laboral ha llevado a un desdibujamiento de la relacin capital-trabajo, afectada por el hecho de que en el capitalismo de hoy el principal valor econmico ya no reside tanto en la posesin de activos fsicos como en el conocimiento, que es un capital pero no lo parece. La consecuencia es que este vnculo ha perdido la nitidez que adquiri desde la Revolucin Industrial y que, borroneado en un mundo sin chimeneas, resulta cada vez ms difcil de apreciar.

Sin embargo, vale la pena hacer el esfuerzo. Sucede que, ms all de las transformaciones recientes, la relacin entre quienes controlan los medios de produccin, sean stos una planta siderrgica, un campo de diez mil hectreas o un algoritmo, y los que viven de vender su fuerza de trabajo en el mercado, sea sta la posibilidad de limpiar una oficina, operar a un paciente o programar una computadora, sigue siendo fundamental a la hora de explicar el funcionamiento econmico de las sociedades actuales.

Las estadsticas globales confirman que la relacin se ha desbalanceado. Consecuencia de las transformaciones de las ltimas tres dcadas, el polo capital ha ido ganando cada vez ms peso en comparacin con el polo trabajo. Esta tendencia, que en Argentina comenz a mediados de los 70 y se profundiz en los 90, fue parcialmente revertida durante los aos del kirchnerismo, para retornar ahora, fortalecida por un gobierno que la estimula: la participacin de los asalariados en el PBI, que haba pasado de un piso del 24,5 por ciento en 2002 hasta tocar un 37,6 por ciento en 2013, cay 3 puntos, al 34,3, durante el primer ao de gestin macrista (5).

Esto es consecuencia de una serie de decisiones de poltica pblica: la disminucin del salario real, que cay entre 5 y 10 por ciento el ao pasado y que, a juzgar por las paritarias, parece difcil que se recupere; la reorientacin del modelo econmico hacia actividades como las finanzas, la minera y el agro, competitivas y superavitarias en divisas, pero ms intensivas en capital que en trabajo y con serias limitaciones para crear empleo de calidad, en contraste con la retraccin de ramas socialmente ms inclusivas, como la industria, la construccin y el comercio. Y, por ltimo, dos o tres guadaazos de poltica econmica decididos al inicio del mandato, entre los que sobresale el combo, nico en el mundo, de devaluacin y baja de retenciones.

Qu motiva al macrismo a hacer estos cambios? Hay varias explicaciones, no necesariamente excluyentes. La primera es la voluntad oficial de mejorar la rentabilidad de las empresas como va para impulsar la inversin privada y con ello echar a andar nuevamente la rueda de la economa. La segunda es la conviccin de que la destruccin creativa propia del capitalismo permitir compensar los puestos de trabajo desaparecidos en las ramas improductivas con nuevas oportunidades laborales en sectores ms competitivos. La tercera es la intencin de beneficiar a un sector social del cual forma parte.

Sea por ideologa econmica, conviccin futurista o conveniencia de clase, lo cierto es que, en contraste con un kirchnerismo que reaccionaba activamente cuando detectaba una empresa que suspenda o despeda trabajadores, el macrismo apuesta al lassez faire. Como sostienen Marshall y Perelman en su estudio sobre la historia de las negociaciones colectivas en Argentina (6), los contextos de repliegue del Estado limitan las estrategias sindicales centralizadas que generan negociaciones imitativas, bajo las cuales los gremios tienden a actuar de manera coordinada y los salarios se homogeneizan (incluso, como sucedi a menudo en la Europa de la posguerra, para moderarlos). Adems no se perfila un sindicato capaz de liderar polticamente al resto, como ocurri con los ferroviarios en la etapa agroexportadora de principios del siglo XX, la UOM en el perodo de sustitucin de importaciones y Camioneros desde los 90, lo que dificulta aun ms las posibilidades gremiales de acordar una estrategia nica. La posicin de los principales sindicatos industriales frente al gobierno de Macri, que muchos juzgan excesivamente concesiva, se explica en parte por esta correlacin de fuerzas.

El giro macro de la poltica econmica derrama en la realidad micro de los trabajadores y sus familias. El reequilibrio de la relacin-capital trabajo no es una abstraccin; es un dato concreto que se refleja en la vida cotidiana. El aumento del desempleo, la persistencia de un amplio sector en negro y la debilidad sindical significan tambin trabajadores ms temerosos y por lo tanto ms proclives a aceptar una baja de salarios, el pase a la informalidad o vacaciones anticipadas. Este nuevo contexto regresivo, que no fue producto de un golpe de Estado sino de una eleccin perfectamente democrtica, se sobreimprime sobre la crisis del mundo laboral analizada ms arriba. Y profundiza, aqu como en el Norte desarrollado, la fractura entre una elite primermundizada y cosmopolita que disfruta de su trabajo, para la que el gobierno macrista ha elaborado un discurso motivacional con apelaciones de autosuperacin, y un amplio contingente suburbanizado y hundido, que mira a Cristina.

Notas:

1. Jeremy Rifkin, El fin del trabajo. Nuevas tecnologas contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era, Paids, 2004.

2. Made in China, The Economist, 12-3-15.

3. Anbal Prez-Lin, Podr la democracia sobrevivir al siglo XXI? , Nueva Sociedad, N 267, enero-febrero de 2017.

4. El ascenso de las incertidumbres. Trabajo, protecciones, estatuto del individuo, FCE, 2009.

5. Datos de CIFRA-CTA.

6. Adriana Marshall y Laura Perelman, Cambios en los patrones de negociacin colectiva en la Argentina y sus factores explicativos, Estudios Sociolgicos, Vol. 22, N 65, 2004.

Fuente: http://www.eldiplo.org/216-quien-apoya-al-gobierno/capital-y-trabajo-en-tiempos-de-macri



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