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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2017

El burcrata y el servidor pblico

Juan Nicols Padrn
Cubarte


Con este texto publicado en el sitio digital Cubarte, Juan Nicols Padrn nos regala uno de los anlisis ms lcidos del fenmeno de la burocracia cultural en Cuba. Su lectura y debate deberan ser obligatorios para todos aquellos a los que les interese defender el bien pblico, entendido como algo que va ms all de los individuos y los grupos, y nos afecta como comunidad en su sentido ms complejo e integrador.

Hay aqu conceptos y matizaciones que uno no est acostumbrado a tomar en cuenta. Porque es real que muchas veces metemos en un mismo saco a todos los individuos y funciones, y eso, lejos de ayudarnos a entender el fenmeno, legitima un orden de cosas donde la impunidad del burcrata insensible termina anulando cualquier posibilidad de dilogo fecundante.

En Cuba no tenemos una conciencia ciudadana de lo que es realmente un servidor pblico. Muchas veces, y de modo inconsciente, fetichizamos el puesto, la jerarqua. No voy a generalizar. Existen realmente funcionarios que dejan a un lado la obsesin por cumplir lo que dice el reglamento (aunque ese reglamento probablemente solo funcione bien si regresramos a la Edad Media) y se concentran en estimular la creatividad. Yo he tenido la suerte de conocer varios.

Pero lo importante de un anlisis como el que propone Juan Nicols Padrn es que debemos pasar de lo anecdtico al examen de lo sistmico. La realidad siempre ser ms compleja que lo que cualquier conjunto de mentes lcidas pueda establecer. De all que la necesidad del debate permanente sea tan urgente.

Juan Antonio Garca Borrero

El burcrata y el servidor pblico

Por: Juan Nicols Padrn (Tomado de Cubarte)

Despus de la Revolucin Industrial inglesa y en medio de la creacin de la Compaa Britnica de las Indias Orientales, se revaloriz el concepto de funcionario; John Stuart Mill, quien trabaj para la Compaa ms de dos siglos despus de fundada y era miembro del Parlamento, los nombr civil servant ―servidores pblicos―, aunque fueran empleados por el gobierno o por privados. Esta buena voluntad de Mill le sirvi al economista y socilogo alemn Max Weber para analizar las relaciones del capitalismo con sus funcionarios y su capacidad de readecuarlos para eternizar el sistema en los tiempos del imperialismo; Weber teoriz sobre los funcionarios y la necesidad de estos para cualquier Estado moderno.

Los funcionarios se convirtieron en imprescindibles en cualquier sitio del mundo, y lo demuestran sus caractersticas: en primer lugar, la permanencia en el cargo y su progreso dependen de la incondicionalidad al jefe; son vigilados mediante calificaciones, evaluaciones, chequeos y controles peridicos, y pueden ser castigados de diferentes maneras, desde las ms sutiles hasta penosas sanciones, materializadas en una salida del entorno, el traslado a puestos de menor categora, demociones o expulsiones deshonrosas; siempre deben sacrificar la opinin individual, y a veces, anular su personalidad; adems, sus tareas o funciones no cambian con regularidad y generalmente permanecen constantes sus modos de operar y establecer relaciones, independientemente de quin es el jefe supremo; sus ocupaciones resultan necesarias pero exigen claridad, exactitud, velocidad, eficiencia, eficacia y regularidad; a cada uno se le otorga una cuota de autoridad para realizar su labor, y medios de coercin limitados para usarlos como parte de su jerarqua, con deberes y derechos para supervisar.

Sin ser propietarios, los funcionarios son responsables de los recursos que se les asignan y sus ingresos estn determinados por la cartera de funciones que ejecutan, su importancia y dimensin; no heredan ni transfieren sus desempeos, solo aceptan responsabilidades y beneficios de acuerdo con documentos firmados y cuos que avalan; todos son contratados, nombrados y promovidos sobre la base de una conducta exigida y de su lealtad a la razn por la que han sido designados. Con ellos naci una nueva relacin del ser individual con el proceso social, pues la modernidad inaugur nuevos tipos de esclavitudes enmascaradas como la de los obreros; sin embargo, los empleados pblicos son los menos vulnerables a cualquier cambio del sistema, porque son capaces de reacomodarse, siempre en su provecho personal.

Carlos Marx haba avizorado las relaciones entre el individuo y la sociedad, as como las tensiones entre el funcionario estatal y el obrero, que parten de las diferencias entre la labor intelectual y la manual, frente a lo que fue en su poca una honda divisin social del trabajo. La expansin de la economa de mercado y el papel de las finanzas dejaron visible la influencia del aparato burocrtico como grupo social distintivo y con relativa independencia; el tiempo lo ha afianzado como casi autnomo, y el casi puede desaparecer si el funcionario tiene experiencia y el jefe es un novato. Tanto Marx como Federico Engels ahondaron en la esencia de estas cuestiones al abordarlas en sus estudios sobre la enajenacin del ser humano. La explotacin capitalista del Estado burgus precisaba ms burocracia, y ello provocaba una enajenacin que se generalizaba y se potenciaba. En las tesis para explicar el origen y el desarrollo de la enajenacin, Marx parta de cuatro fuentes: la religin, el Estado, el comercio y la tecnologa; si bien enfatiz en el papel negativo de la burocracia eclesistica en la Edad Media, asunto dominante todava en su poca, tambin se empe en demostrar el carcter explotador del burocratismo capitalista con su maquinaria estatal, comercial y tecnolgica. Al actualizar hoy el papel de los factores que inciden en la enajenacin del ser humano, notamos que la incidencia del mercado y los burcratas estatales se ha consolidado en cualquier lugar del mundo.

El impacto mercantilista ha superado aquellas reflexiones que se hacan en el Manifiesto comunista: Merced al rpido perfeccionamiento de los instrumentos de produccin y al constante progreso de los medios de comunicacin, la burguesa arrastra a la corriente de la civilizacin a todas las naciones, hasta a las ms brbaras. Los bajos precios de sus mercancas constituyen la artillera pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los brbaros ms fanticamente hostiles a los extranjeros. Si bien los bajos precios de las mercancas siguen constituyendo un arma sumamente poderosa, en no pocas ocasiones los funcionarios, especie de oficiales de campo, deciden tcticas y hasta pueden desviar estrategias. Con esas armas y esos oficiales hay que contar, y hoy resulta imposible desconocer la accin del mercado y el papel de los funcionarios y burcratas en la vida econmica, social y poltica de cualquier pas.

En Cuba, como en cualquier sitio, los servidores pblicos conviven con los burcratas, y habr que identificar o distinguir a uno del otro; tambin, como en todas partes, los representantes de la burocracia tienen sus cdigos, capaces de alterar el significado de las palabras, y hasta vaciarlas de contenido.

A los burcratas les produce urticaria la profundizacin en un determinado hecho y su relacin con otros semejantes. La concatenacin puede llevar al cuestionamiento de decisiones de sus superiores, a los que debe lealtad y de quienes, como ya vimos, depende su estatus. Quizs por esa razn exigen a ultranza aterrizar los problemas y tocarlos con las manos. Ello no implica que siempre estn equivocados, pues ciertas teorizaciones pueden adolecer de un lenguaje vacuo que no conduce a la solucin de los problemas.

Otro cdigo muy socorrido resulta argumentar que no es la coyuntura. Nunca responden a la pregunta: cundo ser la coyuntura?. Con esa lgica de pensamiento, Carlos Manuel de Cspedes nunca hubiera liberado a sus esclavos en Demajagua, Jos Mart no hubiera organizado la Guerra de Independencia ni Fidel Castro el asalto al Cuartel Moncada. A veces repetir que no es la coyuntura puede revelar el espritu ultraconservador de guardin demasiado cauteloso frente al reclamo urgente de muchos; en otras ocasiones tras esas demoras se esconde la mano sucia de la corrupcin, una fuerza oscura que retrasa el desencadenamiento de acciones cuya investigacin perjudica a funcionarios inmorales.

Resulta comn escuchar que estamos trabajando en esa direccin. Es la respuesta de quien no desea profundizar en el problema planteado, y como el tiempo es un recurso que los burcratas saben manejar a la perfeccin para su beneficio, el gerundio puede prolongarse hasta el advenimiento de una nueva era geolgica; oculta, adems, la causa de la deficiencia, no precisa en magnitud medible el tiempo de ejecucin de las tareas que la resolveran, ni los posibles obstculos o las personas e instituciones implicadas.

Casi inmediatamente despus de esa frase acuada, y como un libreto aprendido, viene la argumentacin esperada: el bloqueo; y aunque tal vez una buena parte de los factores ―directos o indirectos― que obstaculizan la solucin, provienen de los conflictos ―a veces no muy visibilizados― del bloqueo comercial, econmico y financiero, no es menos cierto que se escamotea, minimiza u oculta una historia de deficiencias que alcanzan las decisiones del burcrata, de su organismo o de malas polticas implementadas o ejecutadas en diversos niveles. El bloqueo existe y presumiblemente existir, y hay que contar con l como si fuera un asunto biolgico, por eso es inadmisible que la explicacin sobre estas causas externas y los daos provocados por los desmanes del bloqueo, no dejen margen para el anlisis de las razones internas y temas concernientes a los errores de planificacin o inversin, imprevisin, descoordinacin, desatencin, desidia, olvido, descontrol, incumplimientos, negligencias, impagos, y un largo etctera.

Otro mecanismo de defensa de los burcratas cubanos cuando se sienten cuestionados y perdidos, es recurrir a la poltica. La politizacin, que a veces deriva en politiquera, es un medio de emergencia en que se acomodan para defenderse en una contingencia; estamos cansados de ver a funcionarios inmorales apelar a un discurso en que se ha corrompido el patriotismo trocndose en patrioterismo, acompaado de intrigas, bajezas, superficialidades y ligerezas, y, como resguardo, el rezo de que el enemigo no descansa. Para ellos cualquier respuesta ante una prfida maniobra del enemigo, siempre ―absolutamente siempre― tiene que ser contundente; esa falsa combatividad ha pervertido el lenguaje al punto de que es posible suprimir los sustantivos y seguir entendiendo la frmula: ante la prfida, la contundente.

Los burcratas viven cuidndose. Su nica previsin es cmo ser ledo por sus jefes lo que hacen, el pulido de su actuacin, que nadie les pueda rayar el vinil, independientemente de las razones para decidir cualquier cuestin. La crtica es anatema porque tras el sealamiento casi siempre est lo que no supieron, no quisieron o no pudieron hacer; tal vez por esta razn, cuando alguien les hace una crtica, si se registra por escrito en un informe o noticia, la frase que se impone es: hay que ponerlo en positivo; entonces, el espritu de lo all sealado ―que para ellos supone hipercrtica―, se esfuma en la redaccin y se diluye en el arte de los eufemismos.

En muchos de estos personajes y personajillos, la defensa ante la crtica refleja su ignorancia, pues suelen vivir en el asteroide B-627, bien alejados de los problemas de la gente comn; algunos nunca suben a un mnibus, se sientan en el banco de un parque con Wi Fi, hacen cola para comprar papas, conversan con los clientes de un bar o caminan por las calles de su ciudad despus de las doce de la noche; salen de una reunin para otra, se informan por resmenes y responden a lo que piensa su jefe: no ven o no quieren ver, o no les conviene ver. Quien insiste en la crtica es problemtico y conflictivo, aunque le hayan incumplido un contrato firmado, lo hayan sancionado injustamente, lo hayan peloteado de oficina en oficina o lleve un mes con la casa inundada de aguas albaales: al burcrata no le duele; no lo oye porque nada de eso afecta a su posicin. La respuesta para continuar usando el tiempo a su favor resulta tambin esperada: estamos puntualizando los detalles.

No hay por qu satanizar a todos los funcionarios ni confundirlos a todos con burcratas ―recuerdo que una vez, con su habitual genialidad, Leo Brouwer admiti la existencia del funcionario sensible, escaln superior de la burocracia―, pero hay que identificar a los servidores pblicos que elogiaba Mill, de los que analiz Weber para cumplir un encargo capitalista y que han perfeccionado sus mecanismos de enmascaramiento. No olvidemos que ahora una buena parte de los ciudadanos cubanos pagamos impuestos y esos fondos pblicos deben corresponderse con una verdadera rendicin de cuenta de los servidores del pueblo. Ningn funcionario es dueo, y hasta el salario que cobran sale del fruto del trabajo de todos. Hay que identificar y aniquilar al burcrata y distinguir y colaborar con el funcionario sensible. El lenguaje ayuda a identificarlos y a distinguir a unos de otros. No es tan difcil.



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