Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2017

Uruguay
En qu quedamos? Los militares portan armas o crticas polticas?

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Parece que al Uruguay le est llegando el tiempo en que los militares empiezan a actuar polticamente. Empezando por un rea elemental, que es dar opinin. Pblicamente. Una forma de ir ajustando los marcos sociales de discusin y de decisin.

El 18 de mayo, conmemoracin de la Batalla de Las Piedras, convertido en fecha del Da del Ejrcito, su comandante en jefe, Guido Manini Ros, incursionando en poltica ha cuestionado el comportamiento presidencial (en uno de sus ms ilevantables planteos presidenciales, como fue declarar su disposicin a pedir auxilio a los militares estadounidenses; la polica mundial que lo que ms quiere es que le otorguen ese carcter). El actual presidente Vzquez haba revelado, una vez terminado su perodo presidencial (el primero, 2005-2010), que durante la tensin creada con la Asamblea Ciudadana-Ambiental de Gualeguaych, el presidente Kirchner y la Argentina en general, sopes la posibilidad de reclamar apoyo militar a EE.UU.

Manini Ros hizo una inexcusable referencia a semejante actitud. Con lo cual, quieras que no, ha presentado una desautorizacin a la investidura presidencial, hecha desde otra investidura pblica, que nos hace acordar a febrero de 1973. Porque si de algo se puede preciar una democracia es que los militares, no pueden manifestarse polticamente. Porque si no est robado, dado que precisamente, adems tienen las armas. se es el pacto mnimo y bsico de toda democracia: o se disponen de votos o de botas. Pero nunca de las dos cosas a la vez. Cuando esto sucede (y lamentablemente sucede a menudo) ya no se puede invocar la democracia.

En febrero de 1973, como vemos ahora, furibundos antibordaberrianos festejaron el desplante militar. Cierto es que entonces el desplante fue expreso y ste del 18 de mayo de 2017 ha sido apenas tcito. Pero el efecto fue visible en el estrado de las primeras figuras del pas, donde la TV nos permiti ver a todo el mundo al actual presidente Tabar Vzquez como el nico no aplaudiendo el discurso del general Guido Manini Ros.

Ya volveremos a las intromisiones polticas o poltico-estamentales de dicho general. Pero sigamos ahora con la significativa proliferacin de declaraciones polticas de militares. Porque la mera proliferacin nos indica mucho.

Tuvimos que escuchar, hace pocos das al general (R) Ral Mermot, excomandante del Ejrcito, defendiendo la tortura. Claro que la defensa en s no es delito. El delito es torturar. Pero la opinin es muy llamativa, porque con ese tipo de opiniones s se hace poltica.

Inmediatamente −observe el lector la profusin de declaraciones y tomas polticas de posicin por parte de la cpula militar− el coronel (R) Carlos Silva, presidente del Centro Militar, defendi sin decirlo expresamente, a Mermot, manifestando preocupacin por el pedido fiscal de procesamiento de dicho general por un delito de "apologa de tortura", y confundiendo alegremente los tantos declara: Ha habido muchas declaraciones que podran considerarse apologa del crimen por parte de personas de izquierda que no han sido tratadas de la misma forma como [en] el caso del general Mermot". Silva mete en la misma bolsa (delictiva) la apologa de la tortura y el reconocimiento de haber matado, que califica de apologa del crimen. Pero son dos cosas bien distintas, aun en el caso en que se tratare de alguien que se ufane de haber matado. O de alguien que no hubiera pagado condena por tal accin.

Del discurso pblico del general Manini Ros del 18 de mayo hay que destacar otros pasajes llamativos y preocupantes.

Dejemos a un lado el recurso mstico de la apelacin permanente a Artigas y a visualizar como artiguista la actividad militar uruguaya. Si algo sabemos es que Artigas no fue uruguayo. Siempre fue oriental, se sinti parte de una Patria Grande que no se pudo consolidar porque Artigas tambin supo ver el papel monopolizador de Buenos Aires y plante una organizacin poltica que no tuviera como capital a Buenos Aires. Su diseo confederal fue formidable pero los enemigos de su proyecto a favor de los nativos, los negros esclavizados y los pobres del campo tuvieron ms fuerza y apoyos. As que Uruguay, mal que nos pese, no fue la realizacin de ningn sueo artiguista.

El discurso tuvo adems por lo menos otras dos cargas polticas, otras dos bombas de profundidad: la reivindicacin cerrada del sistema de pensiones y jubilaciones militares tan odiosamente preferenciales como rigen y siguen rigiendo con disposiciones de una ley de retiros militares aprobada durante la dictadura cvicomilitar, en 1974.

No tener ni una palabra para referirse a tales privilegios, odiosos, en medio de la pobreza que afecta a tantos orientales es altamente significativo. En realidad, expresa soberbia, la pretensin de no aceptar crtica alguna.

Esto tambin nos hace acordar a febrero de 1973, cuando muy pocas voces; Vasconcellos, Ferreira Aldunate, Quijano (prcticamente la nica voz del Frente Amplio) amn de algunos ncleos de izquierda ajenos al FA, levantaron su voz. Vamos a ver ahora.

Los militares son financiados para tener jubilaciones con 50 aos y menos aun de edad, en tanto el resto civil de la poblacin no puede jubilarse antes de los 65 aos. Y se trata de jubilaciones muy por encima de la media. Que se extienden a diversos miembros de su familia con una generosidad mayor a la que corresponde a otras familias. Conoc hijas de militares que murieron solteras y nonagenarias con pensin desde sus 20 y pocos aos. Una pensin que les permita vivir con muy generosos niveles de vida. Para no hablar de los clculos jubilatorios que incluyen aos de liceo militar

Para colmo, el comandante supremo tach de "falsedades" y de que hacen "tergiversaciones malintencionadas"1 a los crticos de las pensiones de privilegio sin dignarse fundamentarlo, apenas usando la irona, una esquiva irona.

Otro captulo en el cual el actual general en jefe del ejrcito pretendi valorar el papel de los militares uruguayos fue en los servicios a la ONU. Con lo cual la crtica al actual presidente Vzquez por su inefable recurso a la proteccin estadounidense se muerde la cola puesto que, por ejemplo, la larga ocupacin de Hait fue programada por los estrategos estadounidenses que se valieron de la ONU para obtener las tropas de entre sus aliados-vasallos. En el caso de las sudamericanas, hubo una clara disposicin de EE.UU. a que Brasil, Argentina y Uruguay participaran de la MINUSTAH, que inicialmente tuvo el mando de Brasil.

La poesa le jug una mala pasada al general cuando, refirindose a los militares uruguayos en Hait agreg que "tienen el privilegio de llevar en su brazo la bandera uruguaya a los rincones ms apartados del planeta, de recibir la sonrisa de un nio haitiano o camboyano, que encontraron en ellos el cario que la vida les neg". Ya lo deca nuestro maestro de maestros Cervantes: Peor es meneallo.

Hay que consignar que a la misma hora en que nuestros militares repasaban una foja inmarcesible de servicios, unos cuantos miles, ms bien decenas de miles de uruguayos en decenas de ciudades del pas reclamaban por vigesimosegunda vez−22 aos− conocer siquiera el paradero de los huesos de los seres queridos atrapados en recintos militares y policiales durante la dictadura y de los que jams se tuvo noticia.

Jams; lo nico que se percibe es la pretensin de que se cierren las heridas mediante el olvido, o tal vez mediante la extincin biolgica de los deudos


Nota

1 Cit. p. Daniel Isgleas, COMCOSUR n o 2126, 19/5/2017

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter