Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2017

Debates sobre comunismo

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


No me defender a m misma ni nadie me defender. Pertenezco por entero a la revolucin social. Si me dejis vivir, no dejar de reclamar venganza.Louise Michel, comunera parisina antes de ser fusilada.


Margari Aiestaranen eta Justo de la Cuevaren oroimenez [ "En homenaje a Margari Aiesteran y Justo de la Cueva"]


  1. Qu es la actualidad del comunismo?

  2. Qu hace posible y necesario el comunismo?

  3. Qu crisis capitalista?

  4. Estrategia poltico-militar?

  5. Autogestin, comunas, cooperativismo?

  6. Y el sistema patriarco-burgus?

  7. Religiones?


Estos son a grandes rasgos los temas sobre los que hemos debatido durante un mes en Venezuela y Colombia aprovechando las presentaciones del libro Breve historia del comunismo (edit. Trinchera, Caracas, Breve historia del comunismo).

Lukcs habl de la actualidad de la revolucin refirindose a Lenin, que a estas alturas de la historia viene a ser lo mismo que hablar de la actualidad del comunismo. Se responder que eso es imposible porque las revoluciones han sido vencidas, o han degenerado o agonizan. Se nos dir que el comunismo es imposible, que nunca lo fue y que el siglo XX y lo que va de XXI demuestra que hay que modernizar el paradigma, hay que relativizar la verdad: ahora debemos ser post-capitalistas, cosa muy fcil y cmoda porque nadie sabe lo que es.

En la atacada Venezuela el debate sobre la actualidad del comunismo est a la orden del da porque la izquierda revolucionaria sabe que la nica forma de salvar el proceso y derrotar al fascismo es profundizar y ampliar las comunas, llevar a la prctica la consigna de Chvez de comuna o nada. En Colombia la actualidad del comunismo se patentiza en la urgencia de extender una estrategia revolucionaria contra la sumisin de la burguesa a los EEUU y sus siete bases militares y a la OTAN. Bajo una implacable presencia militar imperialista, el futuro de Colombia slo puede pasar por el poder comunal. Y en Euskal Herria? La burguesa vasca, feliz bajo Espaa, explota adems de al pueblo trabajador tambin a los de Nuestra Amrica: en el siglo XVIII los venezolanos se sublevaron contra los expolios de la Real Compaa Guipuzcoana de Caracas; en abril de 2012 la burguesa vasca exigi al Estado espaol que tomara medidas contra Argentina por la nacionalizacin de REPSOL-YPF; el 30 de abril Anasagasti apoy en Bilbo a las guarimbas fascistas. Entonces?

  1. QU ES LA ACTUALIDAD DEL COMUNISMO?

Por actualidad de comunismo entendemos el conjunto de avances tericos marxistas que muestran que slo la revolucin comunista puede resolver la Gran Crisis en su grado extremo, lo que ahora se define como antagonismo entre la vida y el capital.

Ya para 1843 y por caminos diferentes Marx y Engels plantearon el antagonismo crtico, el nudo gordiano de lo que ms adelante se ha dado en definir como la contradiccin entre el capital y la vida: la propiedad de la tierra. Lo que ahora algunos presentan como la definitiva novedad que demostrara la obsolescencia del materialismo histrico y la necesidad de un nuevo proyecto post-capitalista, la irreconciliabilidad entre la vida y el capital, ya fue adelantado en su esencia en 1843. Poco despus, en Manuscritos de Pars de 1844, Marx explic en trminos filosficos la razn de esta incompatibilidad. En 1845 Engels escribe La situacin de la clase obrera en Inglaterra donde detalla los efectos del capitalismo sobre la salud del pueblo trabajador y muestra el inagotable potencial terico de lo que ms adelante se llamara marxismo.

En el Manifiesto Comunista se nos advierte que la lucha de clases mundial puede concluir con una tercera forma de desenlace: el exterminio mutuo de las clases en conflicto, y se afirma que la burguesa se asemeja al brujo que con sus conjuros ha desatado fuerzas infernales que no puede dominar. Dicho en otros trminos, ha abierto la caja de Pandora de la que surgen todos los males imaginables y hasta los inimaginables, o ha destapado la lmpara mgica de Aladino; o peor an: la casta intelectual progre y estrictamente democraticista y parlamentarista, asalariada pblica o privada en su inmensa mayora, que se horroriza ante la cruda verdad que siempre es revolucionaria- nunca prestar atencin a los avisos de Casandra que describen las contradicciones antagnicas con pelos y seales, advirtiendo del peligro mortal que se esconde en el Caballo de Troya, que no es otras cosa que la propiedad privada.

Segn avanzaban en la concrecin terica del comunismo, Marx y Engels fueron tomando conciencia de la creciente magnitud de las fuerzas destructivas inherentes al capitalismo, dejando constancia de una forma u otra en muchos textos, sobre todo en El Capital, Anti- Dhring, Dialctica de la naturaleza, El papel de la violencia en la historia En 1874 Engels profetiz que tarde o temprano estallara una devastadora guerra internacional. En el de1877, escribiendo sobre las contradicciones internas capitalistas, dice: la sociedad corre hacia la ruina como una locomotora cuyo maquinista fuera demasiado dbil para abrir la bloqueada vlvula de escape, explicando ms adelante as la fusin entre civilizacin del capital y militarismo: La moderna nave de combate no es solo un producto de la gran industria moderna, sino tambin una muestra de la misma; es una fbrica flotante aunque, ciertamente, una fbrica destinada sobre todo a dilapidar dinero.

Rosa Luxemburgo plante en 1915 en el Folleto de Junius que debamos optar entre socialismo o barbarie. Un ao despus Lenin indic que el imperialismo haba abierto una fase de guerras y revoluciones. En 1919 Preobrazhenski y Bujarin en ABC del comunismo mostraban que en realidad la opcin era entre caos o comunismo insistiendo en los efectos del capital financiero y de la militarizacin imperialista. Poco antes de ser asesinado Trotsky asegur que, si no se impeda, la inminente guerra mundial sera arrasadora. Mao no se cansaba de advertir que la lgica de la guerra era parte de la lgica del capital insistiendo en que, en definitiva, el poder nace del fusil. Fidel, el Che y prcticamente la totalidad de comunistas aceptan esta verdad concreta, objetiva, relativa y absoluta, pero rechazada por Allende.

En 1959 F. Sternberg publica La revolucin militar e industrial de nuestro tiempo. Para finales de la dcada de 1960 se acumulaban los datos sobre el agotamiento de los recursos y el impacto de la industria en naturaleza propiciando que en 1972 se publicase Los lmites del crecimiento del Club de Roma que da pie a que B. Commoner publicara El crculo que se cierra demostrando la responsabilidad del capitalismo en esa nueva crisis. En 1977 sale a las libreras La ciencia y la institucin militar de G. Menahem y por lo menos desde 1980 se inicia el debate sobre los terribles efectos de una guerra nuclear de modo que entre 1985 y 1988 se publican varias ediciones del impactante libro colectivo Invierno nuclear. Para entonces estaba surgiendo desde ese 1980 un Marxismo abierto al decir de Mandel, mientras que muy poco despus sectores marxistas debaten la tesis del exterminismo lanzada por E. P. Thompson.

No podemos olvidarnos del desarrollo imparable desde entonces del marxismo llamado ecolgico que tuvo en la revista Ecologa poltica de 1991 uno de los avances decisivos, sobre todo al introducir la explotacin patriarcal como parte sustantiva que deba ser analticamente estudiada: por ejemplo, la necesaria aportacin de Brinda Rao: La lucha por las condiciones de produccin y la produccin de las condiciones para la emancipacin: las mujeres y el agua en Maharashtra, India, en el n 1 de la revista. Luego volveremos a los recursos vitales y al patriarcado, problemticas que nos llevan a otras tambin cruciales como los efectos de la explotacin imperialista de los pueblos, en este caso de la India: todas ellas poderosos argumentos sobre la actualidad del comunismo.

Hemos reseado una nfima parte de la larga lista de hitos tericos sustentados directa o indirectamente en el mtodo marxista que fundaron las bases para que, incluso durante las modas post, la ideologa neoliberal, la implosin de la URSS, etc., reverdeciera un marxismo por ejemplo, Fundamentos y lmites del capitalismo, de L. Gill de 1996- capaz de explicar dos cosas con majestuosa coherencia lgica: en primer lugar, por qu se agudiza la contradiccin entre el modo de produccin capitalista y la naturaleza, la vida por decirlo en el lenguaje actual. Y en segundo lugar, por qu el comunismo multiplica su actualidad, su vigencia, como nica alternativa posible y necesaria frente al capitalismo. Fijmonos en que hemos concatenado textos sobre filosofa, poltica, historia, salud, economa, militarismo, ciencia y naturaleza, es decir, que la actualidad del comunismo se sustenta en la totalidad del pensamiento crtico.

Pero no debemos entender por necesidad un destino ineluctable, predeterminado de manera ciega y automtica. Si en las ciencias naturales la necesidad slo se entiende integrando en ella a la contingencia, al azar, en las llamadas ciencias sociales la necesidad del comunismo slo se comprende desde las aperturas o cierres creados por las tendencias de la lucha de clases, por sus derrotas y victorias. Las leyes sociales son leyes tendenciales en las que la necesidad se expresa mediante la complejidad extrema de la lucha de clases, complejidad en la que intervienen tambin lo irracional, el terror y las catstrofes, adems del herosmo, la conciencia y el deseo, todos ellos comportamientos humanos que exigen recurrir siempre a lo poltico en sus inagotables expresiones. Las salidas a todas las crisis son siempre alternativas polticas, es decir, activadas desde y para intereses sociales precisos: nunca son exclusiva y restrictivamente econmicas.

La posibilidad del comunismo surge de las entraas rugientes de estas contradicciones: la presencia objetiva de lo poltico al margen de nuestra capacidad subjetiva para comprenderla, la dialctica entre necesidad y posibilidad, otra categora imprescindible. P. Molina habl del Marxismo como tragedia en 1992 pero es mejor considerarlo como opcin dramtica.  Sin mayores precisiones, la categora de necesidad y lucha es en lo social lo mismo que la de necesidad y casualidad en lo natural: en la historia de la praxis necesidad y lucha aparecen como unidad ya en los orgenes del mtodo dialctico, segn L. Sichirollo en Dialctica de 1976.

Desde la crisis de octubre de 2007 la actualidad del comunismo ha vuelto a la escena cotidiana. El capital hace esfuerzos desesperados por ocultar el incuestionable valor praxeolgico del marxismo como opcin dramtica que aparece ms urgente da a da: si en la Alemania de 2005 slo se haban vendido 500 ejemplares de El Capital y 400 del Manifiesto Comunista en el primer ao de la crisis, hasta octubre 2008, se haban vendido ms de 2400 ejemplares del primero y 2800 del segundo, sobre todo entre jvenes de 20 a 25 aos. A comienzos de 2015 el Manifiesto Comunista segua siendo uno de los libros ms vendidos en Gran Bretaa.

En 2013 P. Gonzlez Casanueva emple el trmino de ecocidio para expresar la gravedad extrema del ataque capitalista a la naturaleza. Un ao despus, J. Beinstein escribe en 2014 Comunismo o nada para mostrar que ni siquiera el caos sera un enano y perverso consuelo ante la irracionalidad destructora del capital, porque slo sobrevendra la nada, simplemente la nada. La actualidad del comunismo significa, por tanto, que nuestro futuro depende de nuestra fuerza revolucionaria.

  1. QU HACE POSIBLE Y NECESARIO EL COMUNISMO?

Debemos conocer la diferencia entre las leyes de la evolucin del capitalismo y las categoras que empleamos en el estudio de esas leyes. Las leyes tendenciales expresan las constantes, las regularidades del movimiento del capital, de sus contradicciones, mientras que las categoras o conceptos muestran las regularidades de las relaciones estructurales, formas generales del problema que analizamos, las conexiones entre sus momentos y sus aspectos. Las categoras o los conceptos slo son verdaderas si muestran la unidad y lucha de contrarios que determina internamente la evolucin del problema que analizamos.

Esto hace que las categoras tengan tres caractersticas: son histricas, surgen en un determinado tiempo y espacio de la historia; median entre la especie humana que existe en ese momento histrico y la naturaleza; y, para ser ciertos, los conceptos o categoras han de ser flexibles, mviles, capaces de exponer el movimiento de las contradicciones del proceso que estudian, segn la conversin materialista y praxeolgica del dicho hegeliano de que La contradiccin es el criterio de verdad, y la falta de contradiccin el criterio de error.

La revolucin cientfica del siglo XVII slo logr llegar al mtodo lineal y mecnico del conocimiento de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento como progreso automtico atado por las limitaciones de la lgica formal, que negaba la complejidad, la bifurcacin, la emergencia de lo nuevo, la autopoiesis, la contradiccin, la lgica dialctica Los primeros economistas burgueses, sobre todo Smith y Ricardo, estaban constreidos por estas limitaciones objetivas a su poca. Sin embargo, y pese a que desde el siglo XIX era ya patente el fracaso del mtodo mecanicista, aun as, los idelogos burgueses y en concreto los economistas vulgares, tal como los denominaban Marx y Engels, siguieron y siguen interpretando superficial y formalmente el sistema capitalista.

Decimos esto porque la ideologa burguesa no puede conocer qu es el capitalismo, peor an, ha surgido y se moderniza para legitimarlo elaborando una imagen falsa, mentirosa, que oculta sus leyes tendenciales y sus contradicciones antagnicas. El mismo concepto de ley tendencial que iremos descubriendo es incomprensible para la ideologa burguesa que no supera el estrecho lmite de la lgica formal. Pero de qu leyes y contradicciones hablamos? Empecemos por las principales leyes del desarrollo capitalista:

  1. La centralizacin y concentracin del capital, que explica por qu las grandes corporaciones van absorbiendo a las pequeas, o destruyndolas; por qu se crean monopolios y grandes alianzas; por qu las grandes empresas van diversificando sus departamentos y ramas productivas, por ejemplo, un gigante farmacutico adquiere empresas qumicas y pacta con la industria militar; por qu desarrollan departamentos financieros propios y otros negocios de servicios, etc., para abarcar ms mercado; por qu crean redes de pequeas empresas dependientes de ellas; por qu estudian al milmetro los altibajos de otros negocios para, si son ms rentables, apropiarse de ellos invirtiendo capitales segn la ley de perecuacin que explica por qu tienden a igualarse las ganancias de las empresas.

  1. La proletarizacin progresiva de la humanidad, que explica por qu disminuye la clase campesina al industrializarse la agricultura, los y las artesanas individuales tambin decrecen porque se arruinan al tener que competir con los precios industriales, los pequeos patrones tienen que proletarizarse, etc., los autoexplotados no aguantan la presin y terminan asalarizndose, mientras que aumenta la clase trabajadora tanto asalariada como la que depende del salario indirecto, social y pblico porque se encuentra en paro o jubilada, o depende del salario familiar, etc. La concentracin y centralizacin de capitales hace que, por el lado opuesto, aumenten los asalariados de todo tipo.

  1. La socializacin objetiva de la produccin, que explica cmo la concentracin y la asalarizacin se sostienen sobre una imparable mundializacin del capital y sobre una tendencia a la coordinacin mundial de la humanidad explotada: el capitalismo se aduea del planeta y a la vez y por ello mismo genera la tendencia a que la clase trabajadora coordine su lucha de clases a nivel mundial. Cada vez ms los efectos negativos de una decisin empresarial o estatal burguesa se propagan a la velocidad de la luz por un planeta ya regido por la ley del valor, a la vez que las noticias sobre las resistencias populares y obreras superan con creciente eficacia las censuras, mentiras y obstculos que levanta la burguesa.

  1. El aumento de la composicin orgnica del capital, que explica por qu el capitalista ha de invertir proporcionalmente cada vez ms dinero en mquinas capital constante porque una vez pagadas funcionan con su mantenimiento- y cada vez menos en obreros, en salarios capital variable porque varan los salarios y el nmero de trabajadores-. Las mquinas transfieren parte de su valor a cada mercanca que hacen, pero son puestas en funcionamiento y utilizadas por los trabajadores: sin stos las mquinas no funcionaran y no se creara valor. Por tanto hay una relacin de valor entre mquina y trabajador. A la vez, las mquinas necesitan materias primas, instalaciones y energa, etc., para funcionar, todo ello bajo la accin de los trabajadores, lo que indica que existe una relacin tcnica. Ambas relaciones, que son variables, dan forma y contenido a la composicin orgnica del capital que, como est confirmado histricamente, incrementa ms el maquinismo o capital constante, que la fuerza de trabajo, que los trabajadores o capital variable.

  1. La tendencia a la baja de la tasa media de beneficio, que explica cmo el incremento de la composicin orgnica del capital determina que, por trmino medio y tendencialmente, descienda la tasa de ganancia aunque se produzcan repuntes locales durante un tiempo. El plusvalor, la plusvala y la ganancia slo la obtiene el capitalista mediante la explotacin de la fuerza de trabajo, sea directa o trabajo vivo, o sea indirecta o trabajo muerto y objetivado en las mquinas -quin ha construido las mquinas?: el trabajador; no surgen del suelo como las berzas, o caen del cielo como la lluvia, de modo que al disminuir la relacin de valor y aumentar la relacin tcnica arriba vistas, entonces tiende a reducirse la tasa de beneficio porque sta slo surge del valor que crea la explotacin de la clase trabajadora. En el mismo proceso, al aumentar la relacin tcnica que requiere cada vez ms gasto en mquinas, en capital constante, la relacin de valor, tiende a descender: la inversin creciente en cada vez ms costosas mquinas tiende a reducir cada vez ms el beneficio que se obtiene con la explotacin del trabajo.

Hay que insistir en que se trata de una ley tendencial, de una ley que depende de la lucha de clases y, dentro de ella, de las decisiones del Estado de la burguesa. Las seis medidas fundamentales que contrarrestan la tendencia a la cada son: aumentar la explotacin social; reducir los salarios; abaratar los precios de las mquinas; aumentar el desempleo para debilitar las luchas obreras; aumentar el saqueo imperialista; y aumentar el beneficio del capital financiero. Estas y otra medidas exigen una estrecha relacin entre el capital y el Estado para derrotar la lucha de clases y las resistencias de los pueblos que se niegan a ser expoliados por el imperialismo.

Pero la eficacia de estas y otras medidas no es eterna, no es definitiva sino que slo son parches transitorios porque ms tarde o ms pronto segn las circunstancias, se reinicia el descenso tendencial hasta que, por fin, se produce una crisis de la que la burguesa intenta salir en caso desesperado con la llamada destruccin creativa: destruir medios productivos, bienes, infraestructuras y fuerzas revolucionarias para, sobre ese desierto de sangre y devastacin, intentar iniciar otra fase expansiva.

Estas son las leyes inherentes, esenciales, definitorias del capitalismo y slo del capitalismo, no rigen en ningn otro modo de produccin. La diferencia cualitativa entre el capitalismo y los modos precapitalistas, de un lado, y el comunismo de otro lado, radica en la objetividad gentico-estructural de estas leyes que encierran en s mismas como contrarios unidos la lucha de clases permanente entre el capital y el trabajo. Es una objetividad minada internamente por la subjetividad consustancial a la lucha de clases.

Es decir, por esa subjetividad interna e inseparable de la objetividad, las leyes son tendenciales, histricamente transitorias dependiendo su evolucin presente y futura de esa lucha de clases, lo que explica que el capitalismo no es eterno sino que puede ser sustituido por otro modo de produccin cualitativamente diferente. Por ltimo, las leyes objetivas y tendenciales actan de forma sinrgica, como una totalidad en desarrollo desigual y combinado.

Para entender el porqu de la dialctica entre la subjetividad y la objetividad de las leyes capitalistas, para conocer qu dinmicas revolucionarias o reaccionarias chocan en esa dialctica y qu potencialidades de liberacin puede desarrollar la praxis revolucionaria incidiendo en su interior para orientarlas hacia el comunismo, para esto debemos ver las contradicciones bsicas del capitalismo:

  1. La contradiccin entre, por un lado, la creciente organizacin de la produccin a escala de las empresas individuales, es decir, la bsqueda de la racionalidad relativa de cada capitalista segn las leyes objetivas arriba expuestas; y por el lado contrario la creciente anarqua de la produccin mundial al chocar entre s las racionalidades relativas de cada empresa, de los Estados y, tambin, los efectos de la lucha de clases, lo que genera una contradiccin superior: la irracionalidad global del modo de produccin capitalista.

  1. La contradiccin entre, por un lado, la produccin social, la produccin como proceso de trabajo en el que participa directa o indirectamente la humanidad trabajadora desde la campesina de tercera edad en Asia que ayuda a alimentar el buey que gira el molino hasta la vendedora subcontratada que vende el caf en Suiza pasando por toda la cadena mundial de produccin, distribucin, venta y realizacin del beneficio-, y, por otro lado, la apropiacin privada de lo producido socialmente en beneficio de una cada vez ms reducida burguesa los propietarios de la empresa que produce caf a escala mundial y lo vende en Suiza, Pekn y Chile-.

  1. La contradiccin entre, por un lado, la necesidad ciega del capital a expandir las fuerzas productivas de manera imparable presionado por las leyes tendenciales descritas; y, por otro lado, la incapacidad de la humanidad trabajadora para comprar y consumir lo que se produce en demasa porque, a la vez, los salarios no aumentan lo suficiente debido a que el capital necesita rebajarlos hasta el nivel mnimo necesario para que la humanidad trabajadora se reproduzca y no agote su fuerza de trabajo segn los estndares medios socialmente establecidos. Unido a los efectos de las otras contradicciones, sta ltima hace que al final estalle una crisis de sobreproduccin.

  1. La contradiccin entre, por un lado, la necesidad de expandir la tecnociencia como base para multiplicar el beneficio derrotando las resistencias obreras y la competencia de otros capitalistas; y, por otro lado, la necesidad de controlar y restringir el libre desarrollo de la ciencia fuera de los intereses imperialistas. La burguesa impuls las ciencias en una primera fase, pero ahora necesita controlarla y militarizarla, pero sobre todo abortar los avances cientficos que pueden ser monopolizados por competidores y especialmente aquellos que den poder a las clases y pueblos explotados.

  1. La contradiccin entre, por un lado, la irracionalidad global, gentico-estructural del capitalismo de mercantilizarlo todo, desde la joven fuerza de trabajo hasta la afectividad y el amor, pasando por la naturaleza en su conjunto; y, por otro lado, la capacidad de reproduccin de la vida y la capacidad de reciclaje del planeta. No se trata ya de la famosa crisis medioambiental y ecolgica, sino de la contradiccin antagnica entre el capital y la vida en su sentido lato, fuerte y cientfico del concepto vida como autopoiesis de la evolucin de la materia como categora filosfica que nos remite hasta sus posibles formas cunticas de existencia objetiva.

  1. Y, como sntesis de las contradicciones vistas y en especial de la insoluble entre el capital y la vida, tenemos la contradiccin decisiva entre la propiedad burguesa y la propiedad comunista, choque que reaparece a diario en miles de luchas pequeas y bsicas por la recuperacin de los bienes comunes privatizados por y para el capital, hasta la lucha revolucionaria por la expropiacin de los expropiadores pasando por la recuperacin de tierras, fbricas, escuelas, armas, bancos y, en lugar destacado, la recuperacin del propio cuerpo, del placer, del sol y de la primavera.

  1. QU CRISIS CAPITALISTA?

Para sobrevivir, la burguesa crea otros tres problemas que no haban existido nunca antes: Por orden cronolgico el primero es la posibilidad de exterminio de casi todas las formas de vida por la irracionalidad militarista del imperialismo, irracionalidad global que desborda cualitativa y cuantitativamente los muy pobres e inseguros destellos de racionalidad que de vez en cuando se logran mediante acuerdos internacionales: por ejemplo, en 2015 se destruyeron 400 ojivas nucleares pero en 2016 todava quedaban 15.405, y las amenazantes declaraciones Trump no auguran nada bueno. Pero al invierno nuclear sobre el que hemos hablado antes, hay que sumarle las destrucciones inconmensurables causadas por la guerra bioqumica y ciberntica, que envenenarn a cientos de millones de personas y sumirn al planeta en la oscuridad informtica y electrnica: se paralizar todo o casi todo lo que funcione con electricidad, desde hospitales y el suministro de agua, gasolina y gas, hasta ordenadores, GPS martimo y terrestre, grandes frigorficos e hipermercados y tiendas, semforos, ascensores, trenes elctricos La sinergia entre guerra nuclear, convencional, bioqumica y ciberntica ser devastadora.

El segundo problema, es la sexta extincin: el 80% de los procesos ecolgicos ya estn afectados por el calentamiento global; en 40 aos han sido extinguidos el 60% de los vertebrados; el 75% de la superficie terrestre ya est alterada Slo 10 empresas emiten el 28% de los gases de efecto invernadero en el Estado espaol, un Estado en el que hay 30.000 muertes prematuras al ao por la contaminacin del aire causada por la lgica del beneficio. El Estado espaol ha cumplido slo 1 de las 37 medidas internacionales para salvar la biodiversidad. La contaminacin atmosfrica supone el 3,5% del PIB del Estado espaol. A nivel planetario slo 90 compaas son las responsables del 60% del calentamiento global.

La FAO advierte en su ltimo informe que est en peligro el futuro de la alimentacin humana. Se estima que el planeta tendr 10.000 millones de habitantes en 2050 En un contexto de moderado crecimiento econmico, el aumento de poblacin elevar la demanda mundial de productos agrcolas en un 50% respecto de la actual, lo que incrementar la presin sobre los ya muy sobrecargados recursos naturales. Han sido talados casi la mitad de los bosques del planeta y el agua potable subterrnea se agota con rapidez. Cada vez se acidifica ms la tierra cultivada y pierde feracidad. 2016 ha sido el ao ms caluroso desde que se tienen registros histricos. Las aguas profundas de los Ocanos se calientan.

La mitad de los acuferos de agua dulce del mundo entrarn en agotamiento irreversible si contina el actual suicidio hdrico. Sea potable o no, el agua es imprescindible para la vida y la economa en su sentido absoluto, en especial para la del turismo y la agroindustria: por trmino medio, para producir y llevar un kilo de carne a la mesa se necesitan 15.000 litros de agua, y si es carne de vaca 7 kilos de crudo de petrleo. El 80% de la tierra agrcola se dedica a la produccin de carne que slo aporta el 33% de las caloras de la humanidad, y que es consumida sobre todo por los pases imperialistas. Una taza de caf requiere 140 litros de agua y 20.000 litros para fabricar un ordenador. La irracionalidad del mercado hace que se pierda un tercio de los alimentos mundiales.

Tanto el agotamiento de las reservas hdricas como la irracionalidad alimentaria responden a la lgica del capital, lo mismo que el calentamiento global que empeora todos los restantes problemas: 2016 volver a ser el ms caluroso desde hace miles de aos. De los ltimos 15 aos, 14 han sido los ms calurosos. Los sucesivos tratados internacionales para reducir en algo la emisin de CO2 a la atmsfera han fracasado porque las grandes potencias los han incumplido directa o indirectamente. El Acuerdo de Paris de 2016 que busca que el calentamiento global a finales del siglo XXI no supere el umbral de los 2-2,5, cifra lmite para evitar la catstrofe, ha nacido muy tocado pese a las declaraciones de prensa y el anuncio de la Administracin Trump de que no va a firmarlo a enardecido a las derechas que rechazan toda reglamentacin. El calentamiento de los ocanos supone un peligro de consecuencias ahora inimaginables.

El tercer problema es el da del exceso, el da en el que el capitalismo agota los recursos disponibles para el consumo anual, segn las estimaciones ms rigurosamente cuantificadas. Cualquier familia obrera, asalariada, sabe por amarga experiencia que su da del exceso cada vez llega antes comparado con el mes anterior: desde ese momento o antes incluso hay que apretarse el cinturn, tirar de tarjeta de crdito o pedir ayuda a personas amigas.

En 1970 el da del exceso fue el 23 de diciembre; en 2013 el 20 de agosto; en 2014 el 19 de agosto; en 2015 el 13 de agosto, y en 2016 fue el 8 de agosto. Desde el da siguiente a esa fecha, desde el 9 de agosto hasta el 31 de diciembre de 2016 por ejemplo, el capitalismo estuvo comindose literalmente el futuro porque el presente energtico haba sido devorado. Ignoramos an cual ser el da del exceso de 2017 pero es casi seguro que se habr adelantado con respecto a 2016. El da del exceso se adelanta cada vez ms forzado por las contradicciones del capital, una de las cuales el agotamiento de los recursos de la tierra- tambin fue estudiada por Marx y Engels.

Ahora sabemos que adems del cambio climtico, la crisis hdrica, alimentaria y sanitaria, el capitalismo se enfrenta a la dramtica disminucin de otros recursos como la reduccin de las reservas de minerales estratgicos, de las tierras raras, nombre dado a un conjunto de quince lantnidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo, samario), o tierras raras livianas. Las tierras raras pesadas son europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. El escandio y el itrio tambin son consideradas tierras raras. Estas tierras raras son imprescindibles para cualquier desarrollo tecnolgico, son por tanto vitales, y por ello causa de guerras.

En 2012, Y. Doudchitzky, en Las tierras raras: nuevas guerras del siglo XXI escribi que:

El cerio y el erbio participan de la composicin de aleaciones metlicas especiales; el neodimio, holmio y disprosio son necesarios en ciertos tipos de cristales de lser; el samario es un componente esencial de los imanes permanentes ms intensos que se conocen y que han abierto el camino para la creacin de nuevos motores elctricos; el iterbio y el terbio tienen propiedades magnticas que se aprovechan en la fabricacin de burbujas magnticas y dispositivos pticos-magnticos que sirven para el almacenaje de datos en las computadoras; y el europio y el itrio excitan al fsforo rojo en las pantallas a color. Otras aplicaciones tienen que ver con fenmenos catalticos en la refinacin del petrleo, elaboracin de cermicas superconductoras, fibras pticas, refrigeracin y almacenaje de energa, vidrios de alto ndice, polvos de pulido en ptica, bateras nucleares, captura de neutrones, tubos de rayos X, comunicacin por microondas, tubos de haz electrnico, equipos de imgenes en medicina, entre otros usos relevantes de las tecnologas moderna.

A la tremenda escasez de tierras raras hay que sumar el agotamiento de las reservas minerales estratgicas normales todava existentes. En 2011 W. Dierckxsens escribi en la obra colectiva El colapso de la globalizacin que:

El posible fin mineral del planeta Tierra constituye una relativa novedad cientfica internacional de alarmantes consecuencias. Antes de enfrentar una crisis energtica, la humanidad enfrentar una crisis de escasez generalizada de minerales. En pocas dcadas, nuestra civilizacin habr consumido los combustibles fsiles y dispersado los mejores materiales por el planeta sin posibilidad real de recuperacin. El colapso sistmico es cada vez ms evidente, a menos que se gestione de forma radicalmente distinta el recurso mineral. El proceso de reciclaje podr posponer el pico pero no lo evitar. De los 57 minerales existentes, 11 (casi el 20%) ya llegaron a su mxima extraccin: mercurio (1962), telurio (1984), plomo (1986), cadmio (1989), potasio (1989), fosfato (1989), talio (1995), selenio (1994), zirconio (1994), renio (1998) y galio (2002). Y ms de la mitad de los minerales llegarn a su punto mximo de extraccin en los prximos treinta aos.

Los tres problemas nacen de la lgica del capital, de sus contradicciones. Especial importancia en su desarrollo tienen el capital financiero y el militarismo imperialista. Marx cre el concepto de capital ficticio para, entre otras cosas, indicar cmo la burguesa haca negocios suicidas confiando en ensoaciones sobre una economa armnica, en equilibrio perpetuo, en la que las inversiones irreales y ficticias porque no tenan soporte material, siempre seran rentables. El peligro de holocausto imperialista, la sexta extincin y el da del exceso son a la capacidad de carga del planeta, a la naturaleza en su conjunto, lo que el capital ficticio es a la cada tendencial de la tasa media de beneficio mundial que se ha desplomado de una media del 40% en 1869-70 a un 20% en 2013.

Sera largo detallar aqu los procesos socioeconmicos que hacen que para reactivar la economa en estas condiciones, las burguesas imperialistas se endeuden hasta cifras inconcebibles: a inicios de 2017 la deuda mundial era estimada en ms de 208 billones-, el 327% del PIB mundial. Teniendo en cuenta las diversas formas oficiales de deuda que existen, slo el 5% de la deuda global corresponden a los pueblos del mal llamado Tercer Mundo. Pero estas cifras engaan porque en realidad son sus burguesas las causantes de la deuda.

Resulta prcticamente imposible taponar la brecha de la deuda interimperialista cuando la tasa media de beneficio sigue su lenta cada tendencial a pesar de los fugaces repuntes que se esfuman pronto. Tendremos que ver cunto dura la dbil recuperacin augurada por el ltimo informe del FMI y avalada por los recientes datos de la UE, pero la tendencia dominante es la de un largo descenso punteado por perodos de estancamiento y dbil crecimiento en contadas regiones mundiales.

Incluso aunque se iniciase un tenue crecimiento sostenido por ahora los EEUU avanzan mucho ms despacio de lo pronosticado por Trump- , no se suavizaran los tres problemas vistos porque la lgica del capital encierra en s misma la agudizacin de la competencia interimperialista, la necesidad de maximizar el beneficio sobreexplotando a los pueblos y aumentando la composicin orgnica del capital es lo que termina azuzando la tendencia a la cada de la tasa media de ganancia. Los altos beneficios de muy pocas empresas tecnologizadas, no compensan el retroceso o estancamiento de la gran mayora de empresas obsoletas y endeudadas, las empresas zombis que desaparecern, pero a costa de quin? Del desempleo masivo generado por la incipiente cuarta revolucin industrial que destruye trabajo vivo? Lo decidir la lucha de clases mundial.

La frrea necesidad de la sobreexplotacin se ve reforzada por aplastantes datos: Japn y los EEUU pierden conjuntamente 549.000 millones-$ al ao por la falta de sueo de sus poblaciones. Alemania pierde el 1,6% de su PIB, Gran Bretaa el 1,9%, Canad el 1,3%... La explotacin capitalista produce sufrimiento laboral, integrado en la crisis socioecolgica, que en el Estado francs genera prdidas de entre 800 y 1600 millones-. Ninguna de estas burguesas se preocupa por la salud de sus clases trabajadoras, todas ellas privatizan en lo posible la sanidad pblica convirtindola en un caro y rentable negocio: en el Estado espaol el 10% de familias tiene muchos problemas para cubrir los gastos sanitarios y no pueden hacerlo el 30% de las familias con personas dependientes.

El deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora responde a la urgencia de recuperar los beneficios por el medio que sea. Es por esto que la gran burguesa cierra filas aplaudiendo al FMI porque ha facilitado que el 1% de la poblacin adulta posea el 51% de la riqueza del mundo, o si se quiere, el 10% ms rico posee el 89% y el 50% ms bajo el 1%. Las mujeres ms de 18 millones de mujeres sufren malnutricin severa en el mundo-, junto a la infancia y la tercera edad son los sectores ms golpeados: el 22% de la infancia de los EEUU malvive en la pobreza, y los planes de Trump aumentarn ese porcentaje. La victoria conservadora en Gran Bretaa puede dejar a 900.000 nios y nias sin la imprescindible comida diaria que reciben en las escuelas pblicas, ahora en peligro.

La conciencia obrera y su capacidad de lucha es golpeada por la crisis porque esta multiplica el sufrimiento laboral, incrementando los suicidios y las depresiones: en el Estado espaol los suicidios masculinos de entre 50 y 60 aos han crecido un 40% entre 2000 y 2013. El consumo cotidiano de psicofrmacos y ansiolticos llega a cifras desconocidas hasta ahora: se ingieren como si fueran caramelos segn un informe oficial. No deben extraarnos estos datos: la incertidumbre vital destroza la vida de las personas adultas: el 40% de las y los habitantes de Estado espaol creen que no cobrarn nada cuando se jubilen. La incertidumbre y el sentimiento de precariedad vital el 50% de los contratos laborales de abril en el Estado espaol duran menos de tres meses- tienden a reforzar el individualismo pasivo y la ideologa reaccionaria.

Segn la Organizacin Mundial de la Salud la Gran Crisis provoca el incremento de las depresiones, denunciando que la mayora de las personas trabajadoras que la padecen siguen yendo al trabajo a pesar de su enfermedad por miedo a ser despedidas. La OMS dice que esta enfermedad causa unas prdidas de 92.000 millones de euros en la UE por sus efectos sobre la productividad del trabajo. La depresin afecta a la vitalidad, energa y nimo de la persona enferma, pero tambin debilita su memoria, su cognicin y su autoestima. La Gran Crisis destroza la vida porque reduce la libertad: el 44% de las personas con depresin tiene dificultades para tomar decisiones diarias.

Aun y todo as, la gestin neoliberal del sufrimiento causado por la crisis hace que ese dolor sea rentable al capitalismo: el sufrimiento de la mayora enriquece a la minora, aumentando su placer y felicidad, realidad inhumana innegable en la explotacin patriarco-burguesa, como veremos. La neurociencia, por ejemplo, rinde cada vez ms beneficios econmicos y poltico-represivos de control y manipulacin.

Hemos ofrecido unas breves pinceladas de la Gran Crisis. Cmo pueden salir de ella las grandes burguesas imperialistas? Para responder debemos explicar la funcin de lo poltico-militar en el capitalismo.

  1. ESTRATEGIA POLTICO-MILITAR?

En el Manifiesto Comunista se pueden leer estas palabras: Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno. Cmo vence esta crisis la burguesa? De una parte, por la destruccin obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotacin ms intensa de los antiguos. De qu modo lo hace, pues? Preparando crisis ms extensas y ms violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.

Marx y Engels incluan la estrategia poltico-militar en su concepcin materialista histrica como una fuerza especfica con gran influencia en la evolucin econmica y poltica incluso anterior al capitalismo, como se comprueba en la carta del 25 de septiembre de 1857 del primero al segundo. En el libro III de El Capital Marx expone sucintamente las seis causas ms importantes que contrarrestan la cada tendencial de la tasa media de beneficio: la intervencin estatal es necesaria para que las seis sean efectivas, y en el fondo de ellas est presente en ltima instancia el recurso a diversos grados de violencia. Tenemos que partir de aqu para entender las dos guerras mundiales como soluciones capitalistas, pero sobre todo el antagonismo irreconciliable entre Estado burgus y partido comunista.

Para Marx y Engels la estrategia poltico-militar era otro de los componentes definidores de la teora de la organizacin revolucionaria que fueron precisando desde su primera militancia clandestina y que nunca abandonaron en su esencia aunque la variaran en sus formas durante el medio siglo en el que tuvieron que militar en situaciones, coyunturas y contextos muy diferentes. La naturaleza poltico-militar de la organizacin era innegable en la Alemania bismarkiana con la ilegalizacin de la socialdemocracia, por citar un solo ejemplo. A Engels le apodaban el general y fue l quien primero rechaz frontalmente la exigencia judicial alemana de que el partido socialdemcrata ilegalizado renegara del derecho a la violencia revolucionaria como condicin para ser legalizado. Esto fue en 1884.

La estrategia poltico-militar de la burguesa alemana buscaba chantajear al partido con esta propuesta de legalizacin para que fuera ganando peso la tendencia reformista y pacifista que exista en su interior. Tendencia impulsada desde la dcada de 1860 por un artista infiltrado que lleg a altos cargos de responsabilidad. La misma exigencia de renuncia del socialismo hacia la patronal a las y los trabajadores despedidos para ser readmitidas de nuevo en sus empresas. La lucha terica, filosfica y tica, sin la cual no se entiende el papel de la violencia en la historia, es inseparable de la teora del partido y de la estrategia poltico-militar. Los bolcheviques y en especial Lenin, lo comprendieron as desde 1902. Las dificultades insuperables que tuvo la II Internacional para vencer la ideologa nacionalista burguesa en las clases trabajadoras europeas pese a las reiteradas declaraciones oficiales sobre huelgas generales pacficas destinadas a abortar el estallido de una cada vez ms previsible guerra europea, estas dificultades que le llevaron al terrible fracaso de agosto de 1914, tenan mucho que ver con la incomprensin del contenido de lucha terica y tica de la estrategia poltico-militar revolucionaria, y del papel decisivo de partido.

Vemos as como interactan muchas causas parciales en el desencadenamiento de las grandes crisis capitalistas, causas parciales en las que los errores y aciertos polticos llegan a jugar el papel predominante en determinados momentos. Insistimos en que uno de esos errores ms tarde sera un acierto, como veremos- fue el de rechazar la dialctica entre lo militar y lo poltico en el interior de las contradicciones capitalistas.

Hemos dicho que la tasa media de beneficio era del 40% en 1869/70 y que ha descendido al 20% en 2013. Pero no ha sido un descenso uniforme y constante, sino perodo de cada suave, otros bruscos, y con una intensa recuperacin en un momento crtico. Vemoslo: Durante la larga crisis de 1873-1900 la tasa media desciende del 40% al 35%; se debate sobre si el descenso hubiera podido ser ms intenso de no mediar la sobreexplotacin colonial que de alguna forma sirvi de paracadas frenando el descenso, aparte las tasas de explotacin y ganancia especficas de los Estados coloniales. Recordemos que es aproximadamente en 1900 cuando irrumpe la fase imperialista, con sus sobreganancias extras, con la militarizacin desbocada anterior a 1914 y hasta 1918, con el salto a la segunda revolucin industrial de la mquina de vapor a la de gasolina, a la electricidad, la aviacin, etc.- factores que unidos a otros explican que hasta 1923 la tasa media descendiese slo un 3%, es decir del 35% de 1900 al 32% de 1923.

La pujante industria militar de esa primera etapa del imperialismo fue uno de los factores que explican la ralentizacin de la cada tendencial, adems de su propia juventud expansiva que no encontraba an muchas resistencias sistemticas en los pueblos, sin olvidarnos del fin de la guerra de los Boers en frica, la revolucin mexicana de 1910-17, la revolucin de 1905 en Europa, y el Octubre de 1917 con la oleada de revoluciones y contrarrevoluciones subsiguientes. Pero entre 1923 y 1929 la tasa media se desploma del 32% al 22% precisamente en los llamados locos20, aos en los que pareca que el capitalismo haba superado para siempre todos sus problemas.

La creacin de la Internacional Comunista en 1919 azuz la cada tendencial sobre todo cuando en 1920 fij las 21 condiciones que deban cumplir las organizaciones que queran integrarse en ella. La estrategia poltico-militar para la lucha comunista en aqul contexto mundial estaba sintetizada en las 21 condiciones que, en su esencia, no eran sino otros tantos puntos tericos de fijacin conceptual del imperialismo en contenido poltico-militar, en su ncleo de dictadura socioeconmica amparada en las violencias. Demostraran su efectividad revolucionaria conforme eran practicadas por decenas de miles de militantes que arriesgando desde la tortura hasta la muerte, luchando contra todas las injusticias. La influencia de la Internacional Comunista como una de las fuerzas que agravaron la crisis de 1929 y forzaron el estallido de la II GM, se comprueba estudiando el impacto de sus congresos en la lucha de clases a pesar de que muchos pases los comunistas eran cuantitativamente dbiles.

Se ha escrito mucho sobre la crisis del 29 as que no vamos a extendernos excepto en el tema que ahora desarrollamos, el de la estrategia poltico-militar capitalista para resolver la crisis mortal entre la burguesa y el proletariado en primer lugar, y luego las crisis inetrimperialistas. Dejando de lado ahora el debate sobre si el verdadero inicio de la II GM fue en 1931 con la invasin japonesa de Manchuria, en 1936 con la invasin italiana de Etiopa y con la sublevacin franquista, o en 1939 con la invasin nazi de Polonia y rusa de Finlandia, lo cierto es que estas guerras forman parte de un feroz proceso militarista en el que se probaban nuevas armas, tcticas y estrategias militares, nuevas formas de guerra psicolgica y propagandstica, etc., experiencias sin las cuales la guerra oficial de 1939-45 no hubiera alcanzado tanta letalidad.

Esta perspectiva larga de la IIGM es la que nos permite comprenderla como un feroz e implacable conjunto de medidas desesperadas para aplastar al comunismo y detener la cada tendencial de la tasa media de beneficio intentando abrir otra fase histrica de crecimiento, a lo largo de al menos siete momentos:

Primero, el intervencionismo estatal descarado tanto en las democracias burguesas como en las dictaduras fascistas y militaristas. Segundo, imponer el nazi-fascismo y el militarismo en los Estados en los que era fuerte el movimiento revolucionario, destrozndolo. Tercero, rearme masivo con la integracin de la ciencia en la guerra. Cuarto, absoluta simpata y apoyo poltico-econmico de la gran burguesa democrtica hacia el nazi-fascismo y tolerancia inicial a su expansionismo contra la URSS, enemigo mortal a destruir. Quinto, guerra interimperialista en Europa por error estratgico de Hitler al invadir Polonia, luego extendida a Asia por ataque japons a los EEUU. Sexto, guerra mundial total con cuatro niveles: por un lado, contra la URSS; por otro lado, interimperialista; adems, contra la resistencia de los pueblos ocupados; y por ltimo, lucha de clases dentro de los Estados burgueses. Y sptimo, proyecto de guerra imperialista convencional y nuclear contra la URSS desde 1944 que no lleg a materializarse por varias razones, pero s se inici una cruzada anticomunista mundial que an sigue.

Como consecuencia de esta guerra absoluta entre el capital y el trabajo, y entre opuestos capitalismo, la tasa media de beneficio que en 1929 haba cado al 22% ascendi vertiginosamente al 37% en 1945: la barbarie y el caos, la sangre en cantidades inimaginables, el horror cientficamente aplicado salvaron al capitalismo. Sin embargo, pese a tan inhumano salvajismo desatado la tasa medida del 37% alcanzada en 1945 estaba por debajo de la del 40% de 1869. El capitalismo daba muestras de cansancio aun habiendo vampirizado tanta energa humana, tanto trabajo vivo. La propaganda burguesa habla de los treinta gloriosos como otra poca dorada del capitalismo: entre 1945 y 1975, pero en realidad entre 1945 y 1966 la tasa media de beneficio mundial descendi el 37% al 26%, algo superior al 22% de 1929 pero con una clara tendencia de cada a pesar de la tercera revolucin tecnolgica propiciada por la ciencia militarizada, del keynesianismo y del supuesto Estado del Bienestar (?), de la convivencia pacfica garantizada por el XX Congreso del PCUS de 1957, del posterior eurocomunismo y su reconciliacin nacional

El siglo XX ha sido definido como el siglo de la violencia, de las guerras, y lo que llevamos del siglo XXI indica que hemos entrado en otra fase de la historia blica en la que las nuevas guerras irregulares conviven con otras convencionales, con nuevas doctrinas de contrainsurgencia, etc. Por otra parte, ni el neoliberalismo y su Consenso de Washington, ni la maraa de aparatos internacionales de control y direccin del capitalismo, ni las sucesivas nuevas economas punto.com, economa inmaterial, economa inteligente, etc.,- ni el imparable capitalismo criminal, ni la financierizacin ni nada de nada han podido evitar la crisis de 2007 y que siguiera cayendo la tasa media de beneficio incluso con los fugaces repuntes localizados regionalmente, y en lo que va hasta 2013 la cuesta abajo llega al 20% como media, con un mnimo del 18%.

La estrategia poltico-militar ha sido una constante del capitalismo desde el siglo XVI y en especial desde el XVII. Como venimos exponiendo, segn se agudiza la lucha de clases se refuerza esta constante hasta acaparar el grueso de las tareas de los Estados burgueses, sobre todo de los imperialistas. La izquierda europea fue muy consciente de su importancia en la lucha de clases hasta comienzos de la dcada de 1960 cuando un conjunto de factores facilitaron el desarme terico, poltico y tico pacifista de los PCs formados en la matriz de la URSS. Una reducida parte de la izquierda occidental sigui fiel a las enseanzas de la historia y, al margen de que recurrieran o no a la lucha armada fracasando en sus objetivos, lo fundamental es que mantuvieron esa visin terica sobre la importancia de lo militar que vuelve a ser imprescindible no slo para responder a la estrategia imperialista en s misma sino tambin a prcticas contrarrevolucionarias que reaparecen con la crisis, como las varias formas de neofascismo, racismo, terrorismo machista, etc.

No se puede reducir lo poltico-militar a la mera estructura jerrquica de los ejrcitos de la burguesa, de sus fuerzas represivas en suma. En realidad es un componente interno a su ideologa y prctica de clase desde su primera aparicin histrica, cuando se arrog para s y slo para s el derecho a la guerra y a la rebelin contra la tirana monrquica pero los neg al pueblo trabajador tanto para resistirse a esas guerras como para rebelarse contra la explotacin burguesa. Este es el secreto de la estrategia poltico-militar de la clase dominante y de su Estado como forma poltica del capital.

Tres son los objetivos principales de la estrategia poltico-militar: Uno, impedir que surja y se afiance la independencia poltica de clase del pueblo trabajador. Dos, en el caso de no lograrlo aplicar las medidas represivas necesarias para aplastarla. Y tres, segn la jerarqua imperialista del Estado, disponer de la fuerza militar suficiente para asegurar la explotacin de otros pueblos y defender el espacio de acumulacin del capital nacin en el sentido burgus- ante posibles ataques externos. La defensa de la propiedad privada y del Estado del capital son las prioridades que dan sentido unitario a esta estrategia por debajo de los objetivos especficos de cada nivel.

Tras las lecciones aprendidas de la derrota de la revolucin de 1848-49 Marx y Engels desvelaron minuciosamente ese secreto en la Circular del Comit Central a la Liga Comunista y en El 18 brumario de Luis Bonaparte. Por debajo de sus diferencias, estos textos muestran cmo el capital iba generando mecanismos de orden global en los que interactuaban diversos instrumentos represivos materiales y culturales, parlamentarios e institucionales pero tambin extra y paraestatales, instrumentos que se desarrollaran an ms con el tiempo como la creacin de organizaciones pre-fascistas y paramilitares, este proceso complejo puede derivar en el fascismo a partir del bonapartismo, la utilizacin reaccionaria de lo que se ha definido como lo irracional en poltica, la cobarda de clase de la burguesa democrtica dispuesta a aplastar al proletariado para impedir que siga avanzando en el proceso revolucionario, etc.

Estas tendencias reaccionarias operativas ya en la mitad del siglo XIX se integraban entonces dentro de la estrategia poltico-militar de la burguesa a pesar de las innegables autonomas relativas con las que operaban cada una de ellas. La ramificacin acelerada de esta lgica es la que explica por ejemplo que recientemente se hayan descubierto conexiones nazis en el ejrcito alemn tras ms de seis dcadas de desnazificacin. Lo mismo debemos decir con respecto al autoritarismo racista y machista que se expande imparable en las fuerzas policiales cada vez ms militarizadas, en el silenciado ascenso del fundamentalismo cristiano.

Aunque la forma ms brutal de la estrategia poltico-militar se despliega en las guerras contrarrevolucionarias, golpes militares, y fascismos, no es menos cierto que se llega a estas situaciones slo en momentos crticos. Por lo general, la estrategia poltico-militar tiene fases o escalones sucesivos de menor a mayor violencia represiva, de control y vigilancia preventiva a una escalada represiva frecuentemente acompaada por el endurecimiento de la guerra psicolgica. La ley Mordaza, por ejemplo, hace parte de los niveles bajos de la estrategia poltico-militar de la burguesa espaola. No es una simple ley represiva, sino que es parte de la estrategia global.

Una de las muchas ventajas que otorga el criterio de actualidad del comunismo es que nos despierta de toda somnolencia democraticista y credulidad pacifista porque nos descubre la realidad del poder burgus en sus bases ltimas, aunque no se apliquen en la prctica ms que en escasa medida y siempre que no haga falta. La actualidad del comunismo nos explica que segn sea la dureza de la lucha de clases ser la dureza represiva, y que debemos prepararnos para vencerla. La necesidad del partido, de la organizacin comunista, vive en esas mismas contradicciones objetivas como su antagonismo subjetivo que, mediante la praxis, de transforma en fuerza material.

  1. AUTOGESTIN, COMUNA, COOPERATIVISMO?

La independencia poltica del pueblo trabajador, as como la independencia nacional del pueblo sometido a expolio imperialista, son los dos enemigos irreconciliables a batir por la estrategia poltico-militar burguesa. La independencia poltica de clase aparece como fuerza consciente antagnica una vez que la clase obrera y el pueblo trabajador han asumido como necesidad la destruccin del Estado de la burguesa y la socializacin de la propiedad privada.

Desde la aparicin del comunismo utpico, con todas sus limitaciones, la salvaguarda por la clase dominante de su monopolio de la violencia y de la propiedad ha sido una constante. La independencia poltica del proletariado pudo expresarse de forma terica a partir de la mitad del siglo XIX sobre todo con la Comuna de Pars de 1871: desde entonces el comunismo como autogestin social generalizada aparece ya como un objetivo cada vez ms factible y no nicamente como una necesidad. Pero la condicin de su existencia es a la vez la causa por la que la burguesa necesita liquidarla. Dicho radicalmente, la condicin de existencia de la independencia poltica de clase es la exigencia de desaparicin de la propiedad y viceversa: son dos exigencias contrarias, necesariamente inconciliables.

La independencia poltica de clase se desarrolla mediante la pedagoga de la propia lucha, asumiendo siempre que dentro de la sociedad capitalista es imposible abrir la fase del socialismo si previamente no se ha liquidado el sistema poltico-militar burgus, su Estado de clase. Es reformismo dice que s, y tambin lo dice la tergiversacin reformista de Gramsci, pero la historia dice que no. Entonces para qu sirve el cooperativismo, la comuna, la autogestin socialistas que con extremas dificultades quieren prefigurar el socialismo siquiera en algunos de sus principios mnimos? Sirven para aprender que el pueblo trabajador puede auto organizarse, auto gestionarse, auto determinarse y auto defenderse sin necesidad de un poder exterior y opresor.

Con todas las limitaciones imaginables, el cooperativismo, la comuna y la autogestin socialistas siempre dentro de los muy estrechos mrgenes tolerados por el capital- ensean a las trabajadoras y trabajadores cmo auto dirigirse sin patrones, sin ceder a las leyes del mercado capitalista, sin querer convertirse en otros patrones que explotan a la clase obrera. Insistimos en el sustantivo de socialistas porque define lo esencial: son pedagogas polticas que combaten la lgica del beneficio, de la dictadura del mercado y del salario, de la disciplina laboral burguesa buscando prefigurar algunas formas de vida y organizacin socialistas dentro del capitalismo: islotes de libertad que resisten en el ocano de la opresin.

Pero estas prcticas sern minoritarias si no van unidas a las grandes luchas de la clase obrera y del pueblo trabajador contra todas las formas de explotacin. Es muy difcil desarrollar la conciencia poltica necesaria para crear formas embrionarias de autogestin que prefiguren de algn modo el socialismo si no se ha aprendido en las luchas sociales cotidianas que no puede reformarse la esencia del capitalismo: el mximo beneficio mediante la explotacin social. La conciencia poltica revolucionaria emerge como tal cuando se vivencia en los hechos cotidianos que el capitalismo no se derrumba por s mismo sino que hay que destruirlo. Desde esta perspectiva, la praxis comunera en sus mltiples expresiones es la forma autoorganizada ms efectiva para debilitar algunos de los pilares ms flexibles y resistentes del sistema burgus. Es la mejor pedagoga pero la ms difcil de practicar porque se enfrenta a la misma lgica del capital: la ley del valor, la teora de la plusvala, la dictadura del trabajo abstracto.

En condiciones de paz social, de normalidad democrtica, es decir de sumisin, la burguesa tolera el sindicalismo regulado y limitado al interior de la fbrica, del taller; tolera la accin parlamentaria slo dentro de sus instituciones de clase; permite la accin cvica en escuelas y universidades, hospitales, servicios pblicos; acepta la libertad de expresin siempre que no demuestre la irracionalidad del sistema Pero de inmediato maquina contra cualquier prctica autoorganizada de independencia poltica de clase, la que fuere, desde una empresa recuperada hasta una cooperativa socialista, pasando por la accin poltica del sindicalismo revolucionario y la supeditacin del parlamentarismo a la lucha de clases, a los movimientos populares, a la iniciativa del pueblo trabajador.

Una frontera porosa y flexible define en cada fase de lucha de clases lo tolerable y lo intolerable para el capital, y esa flexibilidad la decide su estrategia poltico-militar: el ltimo caso, lo que nunca permite la clase dominante es que la independencia poltica de clase del pueblo trabajador se concrete en fuerza de masas con organizaciones de contrapoder real capaces de infligir derrotas estructurales al capital, y menos an permite que de esas victorias de contrapoder el pueblo avance a situaciones de doble poder: aqu est el lmite.

La actualidad del comunismo saca a relucir los lmites infranqueables de la autogestin, de las comunas, del cooperativismo, del conjunto de formas radicales de lucha vital cotidiana, de lucha poltica en su sentido radical, avisando que la clase dominante nunca permitir que se desarrollen ms all de un lmite de seguridad; pero a la vez, la actualidad del comunismo dice que esas luchas son imprescindibles, necesarias en s mismas por su innegable eficacia pedaggica.

  1. Y EL SISTEMA PATRIARCO-BURGUS?

Si la economa poltica legitima la explotacin capitalista, su parcialidad y subjetividad se multiplican exponencialmente cuando hay que ocultar el patriarcado y la opresin nacional. La denominada correctamente economa invisible es una base elemental de los beneficios capitalistas.

Estudios rigurosos han llegado a la conclusin que el trabajo de la mujer aportaba entre el 70% y el 80% de las necesidades energticas humanas durante el largusimo y decisivo comunismo primitivo. Ha sido destrozada la mentira de la debilidad biolgica e intelectual de la mujer en comparacin con el hombre. Sabemos que la compaera de Marx, Jenny, influy poderosamente en la redaccin del Manifiesto Comunista, del mismo modo que lo hicieron las ideas de Flora Tristn y del feminismo socialista utpico. El Manifiesto critica que la mujer sea un instrumento de produccin en manos de la burguesa. Por su parte, el pensamiento de Mary Burns, compaera de Engels, fue decisivo para que ste comprendiera la importancia de la liberacin irlandesa.

Para los modos de produccin basados en formas de propiedad patriarcal, la mujer es un instrumento de produccin cualitativamente superior a la fuerza de trabajo masculina por cuatro razones: Una, tiene ms resistencia biolgica para sobrevivir y para realizar esfuerzos continuados relacionados con su estructura psicosomtica media; mientras que el hombre es ms fuerte en trabajos pesados. Esta caracterstica hace ms explotable a la mujer en mltiples tareas: desde la economa invisible en general hasta la doble y triple jornada de trabajo, pasando por todas las modalidades de trabajo no retribuido, etc.

Dos, la mujer produce vida, es decir, produce fuerza de trabajo explotable en todos los sentidos, produce carne de can para la clase dominante, pero tambin produce seres humanos crticos y conscientes, personas luchadoras que no se doblegan ante la injusticia. La propiedad patriarcal vigila muy estrechamente que la mujer slo produzca vida alienada. Uno de los medios ms inhumanos para asegurarse de que sea as y de que sobre todo produzca carne de can es el infanticidio femenino. Otro es la ablacin del cltoris para destruir la independencia sexual y afectiva de la mujer.

Tres, la mujer produce cultura en el sentido humano, marxista, porque produce valores de uso en el trabajo domstico aunque sea bajo explotacin patriarcal. Existen muchos indicios que sugieren que los principales avances en la cultura de la antropogenia fueron obra de la mujer, desde la domesticacin del fuego hasta el conocimiento de las plantas, races, pequeos animales, as como la primera cestera, textiles y cermica; o en todo caso tales avances se realizaron en sociedades matrilineales, sin dominacin patriarcal. La historia de las diosas, de la madre-naturaleza, etc., tambin avala esta tesis. Castrar o controlar la capacidad de la mujer para crear cultura va a unido al control de su poder productor de vida.

Cuatro y ltimo, la mujer produce placer en el sentido pleno del trmino, no en el pobre sentido del placer patriarcal centrado en su sexualidad masculina, falocntrico. Al margen de las sucesivas formas histricas de familia, los cuidados maternales con su afectividad en la primera crianza hasta las relaciones interpersonales durante la vida, este proceso es bsico para garantizar un mnimo de felicidad y de placer. Incluso en la educacin infantil realizada slo por hombres, incluso as la tranquilidad afectiva y emocional claves para entender el placer- se obtiene por mtodos no machistas, no patriarcales, porque ya existe una emancipacin relativa post patriarcal. Manipular o aniquilar esta forma de placer es una necesidad para el orden patriarco-burgus, para su consumismo basado en el mercado sexo-simblico y para la industria cultural.

Los sucesivos modos de produccin basados en la propiedad patriarcal, que es parte de la propiedad privada de los medios de produccin, han variado las diferencias de estatus de clase entre las mujeres trabajadoras explotadas y las mujeres de las clases explotadoras, de modo que no podemos hacer un corte absoluto entre mujeres y hombres. Existe una conexin irrompible entre la mujer explotada en la Sumeria de hace 6000 aos y la trabajadora actual, al igual que la existe, en el lado contrario, entre la mujer de la clase dominante sumeria y la trabajadora actual. Cada modo de produccin basado en la propiedad privada exige su estudio detallado: las mujeres de las clases explotadoras siempre han vivido mejor que las mujeres de las clases explotadas, y debiramos decir que las mujeres ricas han intuido o sabido que vivan bien a costa de las mujeres explotadas.

Considerando todo esto, podemos comprender las dinmicas que hacen de la mujer un instrumento de produccin sean imprescindibles para el capitalismo. Un estudio de 2015 afirmaba que la mujer aportaba el 52% del trabajo mundial pero reciba un 24% de salario menos que los hombres y ocupaba el 25% de los puestos administrativos. Cuando se profundiza en la explotacin y se llega al trabajo del cuidado en la familia, trabajo no remunerado, entonces la aportacin de la mujer se incrementa por trmino medio mundial en cinco semanas ms de trabajo no remunerado al ao.

Segn un estudio de 2010 del Banco Mundial las mujeres aportaban alrededor del 47% del gasto medio en salud, siendo el 48,8% de ese porcentaje en forma de trabajo no remunerado. En 2015 una investigacin publicada por la prestigiosa revista The Lancet afirmaba que la aportacin de la mujer a la salud supona el 4,8% del PIB mundial. El trabajo no remunerado de cuidado de la infancia por parte de las mujeres viene a suponer el 13% del PIB mundial a comienzos de 2016. Un estudio de comienzos de 2017 del BBVA afirma el PIB mundial aumentara en un 12% si se tuviese en cuenta el trabajo no remunerado de la mujer.

El capitalismo en su conjunto y los hombres en su individualidad obtienen sobreganancias materiales y psicolgicas ingentes con la explotacin diaria de la cudruple fuerza de trabajo de la mujer. Un dctil y tentacular sistema de dominacin reproduce las explotaciones segn los altibajos de la lucha feminista. Una vez ms, el Estado patriarco-burgus es clave para mantener las opresiones forzando que incluso en el interior del machismo ms furibundo se concedan a la mujer algunos derechos burgueses: ser polica y militar, tambin juez, altos cargos polticos y religiosos pero siempre dentro del sistema y sin alterar lo sustancial.

Una de las fuerzas irracionales que sostiene la dominacin patriarcal es la necesidad masculina de reafirmarse ante un universo de miedos y dudas que los sucesivos sistemas patriarcales han mantenido activos en lo profundo de la personalidad machista. La duda y el miedo manipulados impulsan comportamientos autoritarios y brutales. Las religiones del libro judasmo, cristianismo e islamismo- juegan aqu una tarea fundamental en la que luego nos extenderemos. De este modo, la sinergia entre ganancia material y miedo y duda explica mucha de la persistencia histrica del terrorismo machista. Qu dudas y qu miedos socialmente construidos y mantenidos?

Uno es el miedo a la menstruacin: la mujer rompe la simplona lgica masculina que cree que la sangre slo puede surgir de una agresin externa asestada a la pasiva naturaleza de la mujer. Para el pensamiento patriarcal la naturaleza, la mujer, es pasiva en s y por s: debe ser dominada, fecundada, penetrada para que sea productiva, y eso produce sangre y dolor. La mentalidad masculina, y ms en su expresin burguesa, no comprende que la naturaleza tiene vida propia, se rige y funciona por sus leyes especficas, y que por eso mismo la mujer menstrua porque es una fuerza independiente, no menstrua por debilidad sino por su superioridad cualitativa: producir vida. La mentalidad ecocida del sistema patriarco-burgus cree que, al contrario, esa sangre expresa la debilidad consustancial a la mujer naturalizada. Pero la experiencia ensea que no es as, y por eso el hombre vuelve a la perplejidad, a la incomprensin, al rechazo y al miedo.

Otro, el segundo, es el himen, la virginidad como muestra de una posible libertad de la mujer que debe ser impedida. El hombre no puede permitir que sea la mujer la que decida cundo y con quien pierde su virginidad, y menos teniendo en cuenta la creencia de que la mujer como la naturaleza ha de ser fecundada por su propietario. La solucin patriarcal es hacer de la mujer virgen propiedad del hombre. Saber o creer que es el primero que rompe el himen le tranquiliza por un tiempo ya que cree que la mujer no tiene experiencia, no tiene punto de comparacin y que puede as vivir engaada. Pero es un consuelo vano y fugaz porque pronto le surge la duda.

El tercero es el del parto o dicho de forma cruda: el de la paternidad. Hasta que la ciencia cre el mtodo gentico, la paternidad era un acto de fe, y sigue sindolo para quienes no pueden pagarlo o no se atreven a encargarlo, o creen que un 98% o 99% de certidumbre nunca es suficiente. Siempre revolotean las dudas sobre eso que llaman infidelidad, engao, relaciones simultneas, etc. El acceso a los anticonceptivos, la libertad relativa que permite el trabajo extra domstico, las apertura de relaciones que posibilita Internet, estos y otros cambios aumentan las dudas no ya estrictamente sobre la paternidad sino sobre la libertad entera de la mujer.

Qu hacer frente a tanta duda creada y mantenida socialmente que corroe la autoestima del hombre? Hay que saber que toda relacin explotadora como es la del amor burgus empieza a fallar en su eficacia, en la obtencin de la tasa media de beneficio sexo-econmico y afectivo que es en su esencia, la duda obliga al patrn-marido a ampliar los controles. Como en toda dinmica de explotacin para obtener un beneficio, tambin en el amor ocurre que el aumento de las vigilancias termina bien por encrespar las resistencias bien por caer en la pasividad, lo que siempre redunda en un descenso de los beneficios obtenidos por el explotador.

Frente al misterio de la menstruacin, la virginidad y la paternidad, la especificidad del poder patriarcal hace que la violencia opresora adquiera muchas ms formas, siendo la de la violacin fsica y la muerte su prctica culminante aunque hay otras tantas formas de violacin como resistencias hay que vencer. La categora general de violacin es clave en los modos de produccin basados en la propiedad patriarcal.

Nunca se desarrollar el comunismo si el sistema patriarco-burgus sigue actualizando estos miedos que impulsan brutales fuerzas contrarrevolucionarias.

  1. RELIGIONES?

El comunismo como posibilidad y necesidad actuales engarza con la antigua utopa del reino de la justicia que aparece en las primeras referencias a la lucha contra la miseria y la explotacin. La fuerza evocadora y movilizadora de la justicia en su expresin utpica volvi a ser confirmada con la rebelin taiping en la China de 1851-64, en la que un cristiano converso supo adaptar a la cultura campesina el igualitarismo que late en versiones populares del cristianismo. La muy diferente cultura china no fue obstculo para que el pueblo explotado hasta la extenuacin luchara desesperadamente en una larga guerra social que slo fue vencida con el apoyo militar sistemtico del colonialismo occidental a la podrida y corrupta clase dominante china, con un costo humano que se estima de entre 20 y 50 millones de muertes.

La facilidad con la que el sincretismo utpico cuaj en China se explica por la dialctica entre la objetividad de la explotacin y la subjetividad del mensaje igualitarista. En las religiones del libro, de la Biblia, son frecuentes las referencias a la propiedad comn en sentido literal o figurado, tambin en las denuncias de la corrupcin y de los abusos de los ricos contra los pobres. Clemente de Roma, de finales del siglo I, derivaba el nombre de Can del hebreo que vena a decir algo as como envidia de la posesin, envidia de la propiedad ajena y apropiacin privada de la tierra. Pero a pesar de la relativa abundancia de denuncias de la propiedad privada, hay que decir que, de un lado, se inscriban en la esfera de la tica individual y, por otro lado, eran contrarrestadas por otras muchas en defensa de esa misma propiedad y de aceptacin sumisa del orden establecido. Como mnimo hay cinco referencias mticas contradictorias en s mismas que abren perspectivas de resistencia de masas si previamente existen condiciones objetivas y subjetivas que las facilitan e impulsan, o que las cierran al condenar las rebeldas a los peores castigos.

La primera es el mito del ngel cado, de la primera rebelin contra dios por parte de ngeles que fueron derrotados y condenados al infierno eterno. Uno de los peores castigos fue el de cortarles las alas, amputarles una de las cualidades bsicas, la de no tener que andar por la tierra: sin alas nunca podrn volar hasta la altura de dios, estando por tanto siempre debajo de l con la indefensin que ello acarrea. Desde entonces, el ngel cado fue convertido en diablo, en Satn, en el Mal. El peor pecado capital, el de la soberbia, fue imputado para siempre al diablo. Y la humildad es la primera de las siete virtudes. Desde entonces las ansias de justicia, los motines y las rebeliones utpicas y ucrnicas han tenido que superar el estigma contrarrevolucionario de la soberbia como pecado horrendo que anula toda legitimidad a la resistencia, excepto aquella permitida por la Iglesia cuando justifica el tiranicidio, el derecho a derribar o matar al tirano cuando incumple la ley de dios.

La segunda es el mito sumerio de la mujer rebelde, de Lilith, que se mantiene presente en las tradiciones antiguas y en el judasmo oral pero cuyo nombre fue borrado en la versin cristiana de la Biblia para aniquilar toda posibilidad de liberacin de la mujer. Lilith se separ de Adn y fue a vivir libre lo que es imperdonable. La defensa de la dignidad es una constante en Lilith: se negaba a estar debajo del hombre durante el placer sexual; de nuevo aparece la simbologa de la verticalidad del poder. Eva y Mara son los mitos antagnicos creados para extirpar el poder evocador de Lilith. La Biblia cristiana endurece el machismo de los libros judos porque en estos hay dos versiones de la creacin de Eva: en la primera, dios la crea a la vez que Adn; en la segunda, dios duerme a Adn y crea a Eva de una de sus costillas. El cristianismo oficializa la segunda versin para reforzar el poder patriarcal.

La tercera es el mito de la expulsin del Paraso, de la prohibicin del pensamiento crtico y cientfico, la condena al trabajo y al parto con dolor, como castigo de dios a Adn y a Eva por desobedecerle. La crueldad de este mito es inhumana y por ello es uno de los argumentos irrebatibles de la correccin tica del atesmo humanista y comunista: dios es malo porque prohbe comer del rbol de la ciencia del bien y del mal, ya que la manzana nos har ser como dios. La responsable del pecado es Eva aunque tambin lo es Adn por no mantener su autoridad siendo embaucado por ella. Desde entonces volver al Paraso ha sido un anhelo pero lleno de temores para no volver a provocar la ira divina.

La cuarta es el mito de las Bienaventuranzas o del Sermn de la Montaa, en el que las bienaventuranzas oficialmente admitidas pueden ser interpretadas de diferentes, opuestos y hasta contrarios modos segn los intereses sociales en lucha en cada poca. No vamos a discutir aqu el hecho de que slo Mateos y Lucas hacen referencia a este sermn pero con diferencias, ya que lo que nos interesa su uso social: por un lado, se condena la injusticia pero se exige pasividad, mansedumbre y se ensalza el pacifismo; por otro lado, se insina que vencern los que sufren persecucin por defender la justicia. Pero esa ambigedad est muy escorada hacia la espera pasiva de la llegada del Mesas.

Y la quinta es el mito de las Siete Palabras, en el que se exponen las debilidades del Jess Hombre. P. Casaldliga, representante de la teologa de la liberacin, ha intentado descifrar las contradicciones irresolubles de las Siete Palabras pero fracasa en todas, sobre todo en la cuarta: Dios mo, Dios, mo, por qu me has abandonado?: Todos nuestros pecados se hacen hematoma en tu Carne, oh Verbo. Todos nuestros rictus te deforman el Rostro. En tu soledad se refugian todas las soledades de la Historia Humana... En tu grito vencido -(misteriosa victoria!)- detonan, oh Jess, todos nuestros gritos ahogados, todas nuestras blasfemias... -Dios mo, Dios mo, por qu me has abandonado? Por qu nos abandonas en la duda, en el miedo, en la impotencia? Por qu te callas, Dios, por qu te callas delante de la injusticia, en Rio o en Colombia, en frica, en el mundo, ante los tribunales o en los bancos...?

Amparndose en estas y otras contradicciones, las burocracias religiosas no han tenido muchas dificultades para dominar desde su interior las corrientes utpicas que han ido surgiendo, y cuando no han podido abortarlas en un principio han pedido ayuda a los ejrcitos de las clases dominantes para aplastarlas en el campo de batalla. Muchas veces han recurrido a los dos mtodos, como ha sido el caso reciente en Nuestra Amrica con la teologa de la liberacin, hoy reducida a una sombra. En el Estado espaol el nacional catolicismo no tard mucho en desplazar las superficiales innovaciones de la poca de Tarancn, y en Euskal Herria los famosos curas vascos nunca han dado el paso para crear una una iglesia nacional como s lo hicieron los movimientos protestantes desde el anglicanismo del siglo XVI, o como pudo haberlo intentado el movimiento hugonote de Hego Euskal Herria, fracasando. El meritorio esfuerzo de cristianos como Herria 2000 Eliza choca contra una mquina autoritaria decidida a expandir su poder.

El fundamentalismo cristiano se est reorganizando y avanza mientras la prensa slo habla del fundamentalismo islamista; sin embargo el primero es potencialmente mucho ms destructor que el segundo dado que domina religiosamente en el imperialismo occidental. Con respecto a la reaccin cristiana, el grueso de la izquierda est cometiendo un error muy parecido al de la despreocupacin de la estrategia poltico-militar burguesa: no formar a su militancia en la defensa a ultranza del atesmo militante, de los valores humanos socialistas, de las enseanzas de la ciencia crtica, del internacionalismo.


 

Nota sobre la presentacin de la obra Breve historia del comunismo

Justo en un momento, como el actual, de altsima confrontacin social y poltica, se presenta a Venezuela Iaki Gil de San Vicente para colocar en el debate un texto cargado de heterodoxia y radicalidad, Breve historia del Comunismo, cuya puesta en circulacin coincida con su llegada a nuestras tierras. En efecto, la gira que este vasco-nuestro americano-universal realiz entre el 18 de abril y el 27 de mayo de 2017 por seis ciudades del Centro-Occidente venezolano se desarrolla en un contexto que puede ser definitorio para el destino de la nacin bolivariana, donde, el ya largo asedio por parte de la barbarie capitalista contra el proceso de reformas profundas e intentos de transito revolucionario ha entrado en una fase distinta donde la violencia se hace creciente.

En realidad, no ha habido tregua en los 18 aos de Chvez y el chavismo en el gobierno, la reaccin interna e internacional ha desatado una lucha tenaz por desalojarlo del control del Estado, pero de un tiempo a hoy, as lo determina la correlacin de fuerzas, se ha entrado en un nuevo momento, donde la intensidad de la lucha escala da a da; momento de dualidad de poder o empate catastrfico que habr de resolverse a corto plazo.

As las cosas, el proceso sobre el cual se ha volcado la mirada esperanzada de la humanidad trabajadora, con un particular nudo contradictorio a su interior, bajo la conduccin ahora del presidente Nicols Maduro Moros, resiste el embate, de un lado, de la poltica que despliega el imperialismo estadounidense con el claro objetivo de recolonizar Amrica Latina y El Caribe; y de otro, el haber surgido en el seno de la sociedad venezolana un germen de fascismo como reaccin de las llamadas clases medias al intento bolivariano de construir el Socialismo, como rechazo a la proclamacin de parte del Estado de su preocupacin por el bien comn.

Cabra preguntarse, entonces: qu espacio queda para el debate de ideas en medio de esta nueva ofensiva violenta que desarrolla la sedicin de derecha en Venezuela con un saldo de 45 crmenes, infraestructura destruida, rboles derribados, ataques a centros educativos y/o de salud? Por qu escribir y editar un libro sobre la pertinencia del Comunismo? Habr inters en ese debate en la Venezuela del Siglo XXI?

Una primera respuesta: porque para las y los revolucionarios todas nuestras luchas, las grandes y las concretas, han de darse sin perder de vista el horizonte estratgico; y, adems, porque en un momento de tantas complejidades, de redefiniciones y reafirmaciones, como al que se asiste ahora en la Venezuela bolivariana, entre tanta vacilacin y eclepticismo de muchos, se hace necesario pensar la poltica prctica del da a da con cabeza transversalizada por los intereses del pueblo trabajador.

Ms an, polemizar acerca del presente y futuro del Socialismo/Comunismo es un tema absolutamente vigente en tanto y en cuanto la direccin de la izquierda latinoamericana, en casi su totalidad, sufre un severo contagio de reformismo, conformndose con aspirar una vez en el gobierno a implementar medidas asistencialistas, benefactoras y, en todo caso, ha renunciado, por ahora, a la superacin de la civilizacin burguesa.

Al impulso revolucionario vivido durante los primeros aos de este Siglo XXI, cuando con la direccin de Hugo Chvez se retom la idea fundante nuestra americana de la Gran Patria Continental, y el Socialismo levant banderas en muchos espacios, guiados por el convencimiento de que ...en el capitalismo la humanidad no tiene futuro, para ms adelante dar saltos al acariciar la idea del desarrollo de implantes societales donde se superase el metabolismo del capital; ha sucedido un momento de retroceso donde, a lo sumo, campean las tesis del Socialismo de mercado.

Se ha hecho hegemnico un lineamiento que no atisba la senectud del Capitalismo, ni a la realidad de la presente etapa de su desarrollo, cuando en medio de una decadencia histrica da zarpazos y, no slo combate a la Revolucin, sino que ni siquiera acepta la reforma. La forma como el sistema del capital enfil bateras contra los gobiernos de Cristina Fernndez, en Argentina, y de Dilma Ruseft, en Brasil; son la mejor prueba de ello. No debe caber duda: el sistema global, en lo que Jorge Beinstein califica como su racionalidad irracional, se ha tornado cada vez ms violento, guerrerista y autoritario, y sus centros hegemnicos oprimen con mayor rudeza a las periferias.

El Comunismo, con dcadas de satanizacin a cuestas, recibe en la Breve Historia... un tratamiento no tradicional. Iaki empieza por definir al Comunismo y emparentarlo con la lucha por la propiedad comn: La historia del Comunismo es la historia de 'largas luchas' y 'procesos histricos' que estallan por las virulentas contradicciones sociales. Esta historia puede resumirse en el objetivo de que la humanidad reconquiste la propiedad comn de la tierra que le fue siendo arrebatada desde hace varios milenios...

Nada parecido a la conceptualizacin a que nos tena acostumbrados el pensamiento dogmtico, manualesco. Ahora bien, donde el texto representa una ruptura radical con la historiografa eurocntrica es en presentarnos esa historia de lucha de la humanidad desde una perspectiva Nuestra Americana. De ah que aparezca una novel periodizacin histrica donde adquieren todo vigor el significado de la convocatoria al Congreso Anfictinico de Panam o la poco conocida sublevacin andina de Wilka, faenas heroicas de la humanidad oprimida que la escolstica no asocia al Comunismo. Debo admitir que, tal manera como Gil de San Vicente presenta la historia del Comunismo, nos sacude nuestros esquemas mentales y nos invita a desaprender muchas cosas y a emprender con decisin el estudio colectivo de nuestra historia.

Iaki es un ser de pensar profundo, ampliamente conocido en los grupos radicales, entre las y los marxistas, feministas, en los crculos de pensamiento crtico venezolano; ledo con frecuencia a travs de la web. Tambin, ha sido editada parte de su obra en nuestro pas. Particularmente, Editorial Trinchera ha puesto en circulacin: El marxismo como teora matriz, 2011 (agotado); Dos tesis marxistas, 2011 (agotado); Marxismo Vs. Sociologa, 2012 (agotado, en preparacin una segunda edicin); El Che del siglo XXI, 2016; y ahora, Breve historia del Comunismo, (Obra homenaje al Centenario de la Revolucin rusa), 2017.

Es, entonces, perfectamente explicable el inters que despert la posibilidad de debates presenciales que incluyeron, aparte de entrevistas radiales y televisivas, varias presentaciones del nuevo ttulo (Caracas, Sala 1 de Parque Central, 22/472017; Barcelona, Saln de actos Jos Antonio Anzoategui, 24/4/2017; Coro, Auditorio Pedro Laguna, 27/4/2017; Maracaibo, Museo La Bermdez, 3/5/2017; Presentacin conjunta de Breve historia del Comunismo y Chavismo salvaje, de Reinaldo Iturriza, en Museo Barquisimeto, 4/5/2017; Acarigua, conversatorio sobre Arte y quehacer colectivo, en la Universidad de las Artes Unearte, 5/5/2017; y Barinas, Casa de la Alba, 6/5/2017. Foros sobre distintos temas: Cooperativismo, Ciencia y Socialismo, durante la inauguracin de la empresa cooperativa Aliantec; charla en el Ministerio del Poder Popular para la Educacin con el tema La industria cultural y la dominacin capitalista; intervencin en la clase inaugural de la Ctedra Libre Fabricio Ojeda, en la Universidad Politcnica Territorial Alonso Gamero de Coro, donde disert sobre El marxismo y la teora de la crisis capitalista; debate en el I Congreso Articulador de Mujeres de Izquierda con la ponencia Modos de Produccin, Patriarcado y Triple Opresin de la Mujer, Coro, 27/4/2017; Foro en la Universidad Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (Unellez) sobre Tendencias actuales del capitalismo global; participacin en el programa En Debate, conducido por Thas Rodrguez, trasmitido por Vive TV, donde el tema central fue el contenido del libro; participacin en el programa Escuela de Cuadros con el tema Lectura Poltica de El Capital; entrevista para el programa especial del canal Vive-Occidente sobre Historia del movimiento obrero. Adems, conversaciones con varios colectivos de trabajo. En fin, una gira muy rica, de gran utilidad para el fortalecimiento de los ncleos marxistas venezolanos.

La obra Breve historia del Comunismo se inscribe en la bsqueda enriquecedora de la teora revolucionaria, del pensamiento crtico, que afanosamente trata de proveer de herramientas conceptuales al sujeto hacedor de la historia, a ese ser colectivo llamado a dar al traste con el sistema de explotacin capitalista. Es parte del nuevo Socialismo o de lo que ha dado en denominarse Socialismo del Siglo XXI que, en algunos casos ha servido para justificar el policlasismo reformista, pero que nace de la necesidad de la superacin crtica del pensamiento fosilizado, dogmtico, que prim en la construccin del real Socialismo, experiencia euroasitica del Socialismo en el siglo XX. Deslinde terico que consigui en Che Guevara uno de los primeros y ms lcidos exponentes al alertar sobre la imposibilidad de construir la nueva sociedad con las armas melladas del Capitalismo y emprender el cuestionamiento de la Ley del Valor.

Lucha de ideas sometida a los vaivenes de la lucha de clases que reaparece en forma recurrente, haciendo sntesis en el actual tiempo histrico en Comuna o Nada/Comunismo o caos. Queda, pues, en manos del pueblo trabajador un texto invaluable para que colectivamente sea estudiado, revisado, enriquecido; una herramienta de lucha y de construccin.

Amlcar Jess Figueroa Salazar

Caracas, 30 de mayo de 2017


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter