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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2017

Los comunistas, segn Marx
La humildad en la organizacion, la grandeza en el objetivo

Juan Jimnez Herrera
Rebelin


Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros.

No tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado.

No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario.

 

La clase obrera industrial, base social de los proyectos revolucionarios, realmente, nunca fue mayoritaria entre las clases sociales. Sin embargo, su realidad numrica nunca fue bice para que, sobre ella, los marxistas hicieran descansar las posibilidades de la realizacin del socialismo. De una parte, porque sus condiciones de vida, de cierto pauperismo, inseguridad, etc, la empujaban hacia una superacin del capitalismo, y de otra, porque su posicin central en la produccin la hacan decisiva y determinante en la estabilidad y continuidad del mecanismo social. Sobre esta base social, pues, ms dinmica, los partidos comunistas iniciaron su andadura, desgajndose de la socialdemocracia. Esta, aun contando en sus bases con importantes contingentes de la clase obrera industrial, sobre todo la aristocracia obrera, estaba, sin embargo, muy condicionada por otros sectores sociales populares, como el campesinado pobre, algunos sectores de la pequea burguesa en proceso de proletarizacin, etc, y, en consecuencia, se muestra ms esttica, ms conciliadora con el capitalismo (reformismo).

En la actual estructura de clases, sin embargo, ha emergido un nuevo sustrato de trabajadores asalariados, con una fuerte preparacin tcnica, que, aun alcanzando porcentajes significativos, no constituyen tampoco mayora. El ttulo universitario o su alta especializacin los convierten en nios mimados del capitalismo; oscilan entre una inclinacin sociolgica hacia el proletariado industrial tradicional, con el que comparten hbitat laboral, y una aspiracin a integrarse en las clases dominantes, aunque slo sea en alguno de sus sectores de carcter secundario. Sin embargo, su significativo incremento cuantitativo provoca que ya no sea tan fcil, a travs de una poltica sectorial y privilegiada de salarios, integrarlos en las clases dominantes. En efecto, su actual asalarizacin se practica en unos niveles bastante menguados, incapaz de sustentar el acceso a parcelas de propiedad, circunstancia que los separa definitivamente de sus aspiraciones burguesas. Se prepara el camino, pues, para que se aproximen, progresivamente, a las condiciones y aspiraciones vitales del proletariado tradicional. Pero ello no deja de tener consecuencias; al menos en lo que al modelo de partido se refiere.

El anterior esquema de un base obrera industrial acompaada de una elite intelectual marxista, entresacada de las clases dominantes; la unin orgnica entre estos dos elementos en el partido comunista de nuevo tipo, parece que se queda estrecho para estos nuevos integrantes del proletariado. En efecto, ellos mismos disponen de conocimientos, inclusive cientficos, y, por s mismos, pueden alcanzar un nivel de autoconciencia (predominantemente reformista). Estas circunstancias los sitan, en principio, por encima de los trabajadores industriales, y por otra, los enfrenta a los intelectuales marxistas tradicionales, extrados de las universidades y de la burguesa o pequea burguesa. Estas contradicciones se han ido resolviendo de distintas maneras: una primera, que consiste en que estos trabajadores de cuello blanco copan y coparon los puestos de direccin de los partidos comunistas, desplazndolos, poltica y programticamente, hacia sus intereses vitales, que son, todava, insuficientemente anticapitalistas, pues su ubicacin en la produccin, su grado de explotacin, sus expectativas vitales y sus an mejores niveles salariales, los colocan en posiciones conservadoras, ms cercanas a la socialdemocracia, aunque, al tiempo, en contradiccin con la misma. En algunos casos, consiguen desnaturalizar la organizacin comunista, se aduean de ella y terminan por expulsar, tanto las ideas como a los hombres, a los obreros y a sus intelectuales. Es el caso ilustrado por los partidos comunistas de Espaa, Francia e Italia, los cuales, bajo el paraguas del eurocomunismo, formularon la coartada ideolgica para que ello sucediera: la alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura. La orfandad de la clase obrera industrial francesa es un claro ejemplo de lo que se afirma, a resultas de un organizacin comunista nacional que, abrazando (sobredimensionadamente) otras sensibilidades (cuestiones de gnero, etc), abandon la centralidad capital/trabajo, dejando el campo abonado al fascismo social de los Lepen. Otra consiste, aun partiendo de la primera, como de hecho se lleva a cabo en Portugal, en la formacin de otra fuerza poltica, tras el intento fallido de hacerse con la estructura partidaria comunista. Son los ejemplos del Bloc en Portugal, del NPA en Francia y de Podemos en Espaa.

Estos nuevos trabajadores son, en principio, refractarios a la disciplina tpica del centralismo, prefieren la democracia horizontal, no reconocen centros de decisin alejados, ni, por tanto, una estructura vertical. Su componente intelectual y carcter autnomo lo hace impracticable. As, pues, su condicin social y econmica (y, consecuentemente, sus aspiraciones cuasianticapitalistas o tendencialmente anticapitalistas) y su preparacin tcnico- intelectual los hacen acreedores de una nueva estructura de partido, de organizacin, en principio, incompatible con los principios y maneras de los partidos comunistas. La base social de los partidos comunistas es otra: un sector del proletario industrial, el proletario agrcola, los excluidos y trabajadores de los sectores informales, y los intelectuales decididamente socialistas. No parece que este conglomerado pueda convivir bajo las mismas estructuras partidarias. Y ambos necesitan su espacio vital, sus propias estructuras orgnicas, sin las cuales, no podra desarrollar correctamente su proyeccin poltica. Pero, al tiempo, estn obligados a confluir por su denominador comn de una posicin sustancialmente anticapitalista, que alcanza, progresivamente, a estos nuevos sectores, en la medida que su existencia se vuelve insegura con el funcionamiento en crisis del capitalismo.

Tenemos, pues, varios partidos obreros, en la anterior terminologa, o varios partidos de trabajadores asalariados. Sigue siendo cierto todava que slo el partido comunista tiene claro el objetivo del socialismo, porque el anticapitalismo de los nuevos sectores proletarios puede no atacar la propiedad privada como tema nuclear. Y sobre estas nuevas circunstancias: puede, no obstante, el partido comunista reivindicar su carcter de vanguardia? El carcter decisivo en la produccin que estos nuevos trabajadores ostentan, no les conferir ese carcter de vanguardia a ellos mismos? Aunque no de una vanguardia decididamente socialista. Es evidente que las relaciones entre ambos destacamentos se sitan en un nivel ms problemtico, ms complejo. Ni uno ni otro aceptar, que, en sus necesarias relaciones, ninguno de ellos se abrogue el carcter de vanguardia, ni que acte como tal. Sus relaciones son por ello conflictivas. Pero el conflicto se resuelve en la prctica, en el nivel ascendente de la lucha anticapitalista, en la medida en que estos nuevos partidos acepten, en su integridad, no la vanguardia del partido comunista sino que los hechos, las circunstancias histricas fuerzan al movimiento hacia posiciones resueltamente anticapitalistas y socialistas. Hasta entonces debern caminar separados, manteniendo estructuras separadas, sin que ello impida que puedan confluir en procesos electorales, inclusive en un movimiento socio poltico flexible; pero, en el nivel de mayor intensidad de la lucha de clases, en el final, construyendo el socialismo o la revolucin socialista, confluirn en el nico partido del proletariado, cuyos perfiles no son objeto de este anlisis, porque, sin duda, vendrn determinados, no ya por la lucha contra el capitalismo, sino por la construccin de una nueva sociedad, el socialismo, el cual, sin duda, tendr como objetivo una tendencial eliminacin de la divisin entre trabajo manual e intelectual, lo que destruir, tendencialmente, las bases materiales que justifica la diferencia de expectativas y de organizacin.

La conclusin se nos antoja fcil; no deben sentirse los partidos comunistas aquejados por una crisis. Estos no aspiran sino al socialismo; de ninguna manera a construir un partido por el partido. El partido para los comunistas no es un fin en s mismo; este instrumento, menguando cuantitativamente, por la prdida de homogeneidad de la clase obrera, debe cumplir, no obstante, y, en otro escenario, su tarea. Adems, es inconcebible que en el marco de la sociedad capitalista, en la que la ideologa dominante es la burguesa, el partido comunista sea mayoritario, incluso, en el seno de clase obrera. Si, por el contrario, acaso alguna vez sucediera tal cosa, seguro que sera a condicin de mantener, nominalmente, la denominacin pero con un cuerpo ideolgico y programtico distinto (el caso del Partido Comunista ITALIANO).

De otro lado, estos nuevos partidos emergen, al parecer, con el propsito de desplazar a los antiguos partidos socialdemcratas, como, de hecho y, progresivamente, est ya sucediendo en Alemania, con el Dien Linke , en Portugal, en Francia (La France insumise) y Espaa (Podemos y el declive electoral del PSOE); fenmeno, sin duda, altamente positivo, pues ensancha la base del movimiento anticapitalista. Si aceptamos estas nuevas circunstancias y les sacamos el mejor provecho, y, al tiempo, sabemos relacionarlos correctamente con el resto de los partidos emergentes, habremos cumplido nuestra tarea. En ello est la clave para el acierto hacia el socialismo. As, pues, fortalzcanse los partidos comunistas; no se concite animadversin hacia la creacin de los partidos anticapitalistas, porque estn laborando por arrancar a amplias capas asalariadas del dominio socialliberal (no sin pasos atrs y, a veces, de forma inconsecuente y oportunista) y, juntos, respetando los distintos campos de actuacin y estructuras organizativas, sin actuar como rivales, hacia el socialismo. Este es el sentido que debe recobrar hoy la afirmacin de Marx de que los comunistas no son una partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros; nuestra obligacin no es tanto atraer hacia nuestras filas a los destacamentos obreros o de asalariados (objetivo al cual, naturalmente, no se renuncia, en la medida que no reconocemos compartimentos estancos), como de dirigir a estos y sus organizaciones, hacia el socialismo. Esa es nuestra virtud: la humildad desde la organizacin, la grandeza en el objetivo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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