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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2017

Sucede el mundo y Uno lleva su cuerpo
Para que se avive la llama de la vida

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin


La opinin de que el arte no tiene ver con la poltica

es ya, en s misma, una actitud poltica.

George Orwell


Antes de ir con los libros Sucede el mundo y Uno lleva su cuerpo, de Gustavo Quesada, vale la pena hacer una reflexin sobre un invaluable texto contemporneo de ellos dos: el del tambin profesor y poeta Eduardo Gmez (Miraflores, 1932) Ensayos sobre crtica interpretativa en el cual se destaca, para efectos de lo que se trata aqu, el ensayo ulterior Observaciones crticas sobre la funcin esttica y social de la poesa. Una de las primeras reflexiones que suscita dicho ensayo es que se trata de un texto crtico, ecunime, objetivo. La crtica se sustenta en la valoracin de los aspectos positivos y negativos que es posible hallar en los trabajos del arte y para el caso de la poesa. Gmez no incurre en el error habitual de confundir crtica con hacer panegricos o despotricar de algo. Del arte de crear, eso es poesa, como derivado del latn y del griego posis, creacin. Aqu cabra lo que se dice en deporte: todo futbolista es un atleta, pero no todo atleta es un futbolista. Todo poeta es un creador, no todo creador es un poeta. La ecuanimidad proviene de su capacidad para razonar frente al objeto de estudio o a los autores estudiados. No hay en l juicios peyorativos, sesgados o de mala fe. Todo obedece a consideraciones intrnsecas sobre la obra de arte, a sus virtudes y/o defectos. La objetividad de su anlisis est mediada por el conocimiento profundo de la materia de estudio; la obra de un autor; los autores a quienes se refiere; los movimientos en los que podran inscribirse o no; el contexto histrico y socio-poltico. En el que se incluye, claro, el contexto literario y las relaciones artsticas que de l emanan.

El ensayo Observaciones crticas hace parte del libro Ensayos sobre crtica interpretativa (1). Cabe citar su contenido, para vislumbrar lo que el maestro Gmez se propone estudiar: Marcel Proust, Thomas Mann y la novela latinoamericana; Lectura de La muerte en Venecia; Thomas Mann, la montaa mgica y la llanura prosaica o el nacimiento de una nueva crtica (ensayo en el que estudia el de E. Zuleta); Para una interpretacin de El Castillo de Kafka; Actualidad y tendencias en la obra de Franz Kafka; Dualismo y tica en el primer Fausto (el de Goethe); y, por ltimo, del ensayo que aqu se habla: Observaciones crticas sobre la funcin esttica y social de la poesa. La que, despus de estudiar el origen del trmino poesa, que en alemn proviene del vocablo dicht = denso, Gmez considera que es enriquecer la sensibilidad. Lo que, en otras palabras, coincide con la de Rojas Herazo, quien defini a la cultura como el refinamiento de los sentidos. Y en cierta forma con la de Ribeyro: La cultura no es un almacn de autores ledos, sino una forma de razonar. O con la de Cortzar: La actitud integralmente humana, sin mutilaciones, que resulta de un largo estudio y de una amplia visin de la realidad. Pero, hablar de poesa no es fcil: hacer crtica de ella ser siempre muy difcil para no racionalizar en forma destructiva la obra de que se trate y no empobrecer su bella ambigedad e irreductibilidad. La poesa, como todo arte, es un lenguaje que busca comunicar (as no haya cdigos comunes con el lector, como dira Paul Valry), lo que supone una capacidad implcita y especfica de conocer y objetivar el mundo, volver objetivo lo que per se es subjetivo: hacer arte en general.

Al mismo tiempo Gmez advierte sobre el peligro que corre la poesa en tanto forma de conocimiento y la ms abstrusa y amenazada (despus de la msica), en el terreno artstico, por el subjetivismo, esa actitud desenfrenada de algunos por reducir las cosas a lo que se cree que dicen, no a lo que dicen. A esto contribuye el que sea el gnero literario que logra una mayor condensacin expresiva. En alemn es ms evidente esa cualidad: Dichtung (poesa), Gedicht (poema), Dichter (poeta) y dichten (hacer versos), provienen de dicht, denso. Si se compara con la prosa artstica (cuento, novela, teatro), la poesa tiene de comn con ella la configuracin, mediante palabras, de imgenes artsticas, esenciales, totalizantes y ambiguas, pero se diferencia no slo por su mayor capacidad de sntesis sino porque, en su necesidad de condensacin, involucra con mayor frecuencia y audacia lo simblico y refuerza sus significados mediante un ritmo ms acentuado que la emparenta con el lenguaje artstico ms hermtico: la msica. As que glosando a Valry, el significado de la poesa resulta de la oscilacin entre el sentido y el sonido, ambos, indisociables en toda buena poesa. Cobra as fuerza lo que Nicols Gmez Dvila seala en sus Escolios: El poeta que no canta, tan slo opina.

Se puede pensar y comprender la poesa con objetividad crtica (aunque de forma ms relativa y ambigua que el cuento, la novela o el teatro), en contra de las posturas esteticistas y nihilistas de vanguardia que la consideran inaccesible y cerrada a un posible anlisis esclarecedor. Habra que estar de acuerdo con esa imposibilidad si se intenta un anlisis simplemente racionalista, lgico o tcnico de la obra potica; pero, no habra que estar de acuerdo si se logra una reflexin aproximativa mediante una razn ms compleja que d suficiente importancia a la sensibilidad y la conciba como capacidad cognoscitiva inherente al pensar y abierta a los laberintos del inconsciente: lo onrico, pulsional e instintivo. Las exageraciones irracionalistas del esteticismo y del vanguardismo son comprensibles como reaccin defensiva de la complicada ambigedad, ya que la crtica capaz de involucrar esa nueva razn, la que da importancia a lo inconsciente y plstico-musical en la creacin potica, es casi inexistente en el pas. Esa nueva razn surge de una comprobacin: A toda sensibilidad corresponde, de hecho, una forma de pensar y comprender el mundo y viceversa, no se concibe un pensamiento al que no corresponda una sensibilidad. Ello significa que esa nueva razn sensible aumenta en el ser humano la weltanschauung, la comprensin intelectual del universo. La sensibilidad involucra la sexualidad y sus formas de relacin con los otros, as como los dems instintos y las formas con las que una cultura los sublima, permite realizarlos o la sociedad reprime. A travs de la sensibilidad la poesa modifica el campo de la inteligencia, igual que al saber que esta conquista. As, la poesa cumple una funcin social: enriquecer la sensibilidad y mediante ella influye en la forma como el ser humano asume la realidad de su entorno.

La sensibilidad potica slo es concebible como sensibilidad cultivada, lo que pone en evidencia el vnculo dialctico e indisoluble entre sensibilidad, conciencia autocrtica y saber aprendido. Sin ellos, la obra de arte no es posible por cuanto no se realiza sin las modificaciones resultantes de la historia de la cultura, ni sin asimilar las conquistas de los grandes creadores en el campo artstico. Como la sensibilidad cultivada implica refinar los sentidos (saber ver y or) y esa educacin se efecta mediante las artes correspondientes (plsticas y msica) puede concluirse que, si se saben desarrollar las indispensables mediciones, la funcin de la poesa es de extraordinaria amplitud y eficacia soterrada a pesar de su apariencia frgil e inocua. Sobre los opuestos dbil y fuerte y quin vence a quin, Lao-Ts, en el Tao-te-ching dice: Cuando el hombre nace, es dbil y gil; cuando el hombre muere, es fuerte y duro. La fuerza y la dureza son amigas de la muerte. Hlderlin planteaba esa paradoja al distinguir a la poesa como esa tarea, entre todas la ms inocente, pero cuyo carcter ldico-testimonial, de lo que el hombre es la torna el ms peligroso de los bienes.

Por lo mismo, Gabriel Celaya escribi, la poesa es un arma cargada de futuro. Hoy no se sabe qu tanto futuro tenga, aunque s puede asegurarse que sigue estando cargada para quienes apuntan a derrotar la ignorancia, llenarse de conocimiento, desarrollar una mayor comprensin del mundo y de quienes lo habitan, para as poder lograr un mundo ms tranquilo, vivir en poesa y que la llama de la vida siga viva. Gmez concluye: se trata de propiciar una sociedad en la que se pueda alcanzar una mayor plenitud y realizacin por parte de la mayora y en la que, en consecuencia, el arte no est tan heroicamente enfrentado ni aislado respecto a esa mayora. El problema no es, por tanto, tan especializado como para creer que afecta slo a los artistas y creadores, sino a la construccin de una sociedad donde sea posible vivir en poesa. Esto significa, en constante creacin, para la vida y no para la muerte, como lo sealara un hipottico canon vital hecho esta vez s, no como en la entelequia democracia, de, por y para todos: una poesa real y verdaderamente universal. Democrtica. En esa lnea van Sucede el mundo (indito) y Uno lleva su cuerpo (Los Conjurados), ambos de 2012, de Quesada: el primero, Sucede el mundo (2), un inquietante examen de la condicin humana, los avatares del planeta, la guerra y la paz (la que sucede menos de continuo que la guerra), en fin, una reflexin sin prejuicios sobre cmo pese a todo, la vida contina, as el referente inicial sea la muerte y no, como debiera, la misma vida.

Sucede el mundo va para Anamara, quien sucede de continuo un sentido texto, en forma de prosa potica o de verso libre aunque responsable, con ms sustantivos que adjetivos, con menos inaccin o inercia que verbo o accin. De los 32 poemas que lo conforman se hace aqu una seleccin, como todas arbitraria y excluyente aunque de buena fe, para su anlisis. Comienza con En la palabra el ltimo refugio, del hombre, y para quien el lenguaje es el nico elemento que permite crear mientras sigue sucediendo el mundo. En Divago por el laberinto, en medio de la guerra, el ciego huele todo y mientras el laberinto se alarga, l se acorta. En Metafsica, la muerte, antes fundadora, ahora es un oficio (y pago), si nada es y nada pasa, y todo vale, al hombre no le queda nada. En Sucede el mundo, mientras el poeta grita e iza banderas blancas o cubre de mieles los cuchillos, el mundo sigue sucediendo de continuo y le pide callar mientras contina sucediendo: tiene algn sentido la voz del poeta? Y aun as, se tiene que callar el poeta o irse desterrado a una isla? En Escena y sueo, el poeta ensaya una variacin sobre el sueo que so Borges sobre el sueo que no se sabe si es de Chuang Tzu que so ser una mariposa o de ella que so ser Chuang Tzu, en todo caso una hermosa re-creacin por parte de Quesada, quien se vale del cine para mostrar en primer plano un hombre, en segundo un sueo, pero no un sueo de poeta ni el sueo de la razn (que produce monstruos, como el que Goya sac de la realidad de la Espaa invadida por ese otro enano energmeno, Napolen): menos un sueo freudiano de aquellos que padecen los inteligentes. El hombre dispara a la mariposa y ella entiende su gesto como la invitacin a una fiesta: para los colombianos ese gag podra ser algo funesto. En Todo ha sido ocupado se permite inferir: qu (de bueno) puede pasar en un mundo donde aparte de ocupado todo ha sido vendido? Y podra preguntarse, entonces, cul ser el precio de una esperanza? Y pese a eso, al todo vale y a Varito y a Chucky, el mundo sigue sucediendo. En Sonrisa lo que est doliendo (p. 7), el poeta contradice, o entra en, la dialctica de Herclito: hay gente que se baa en las mismas aguas y en el mismo ro. Al volver sobre esa idea se descubre una metfora sobre el continuismo de los polticos y sobre la pasividad de la gente. Por eso antes en Sucede el mundo, se dice: El poeta desde su trinchera bombardea los campos enemigos con metforas. Y En la palabra el ltimo refugio, por eso se advierte que en ella, fuera del ltimo refugio del hombre, est el de la paz pues cuando la palabra cesa comienza la violencia y el resultado no es otro que la desaparicin, el desplazamiento forzado y la muerte.

En Sonrisa lo que est doliendo, hay tambin una irona virulenta sobre los nombres cambiados de las cosas, por (des)manes de los polticos, por capricho de quienes se niegan a su obvia decadencia, por la estulticia de quienes piensan con el deseo y pretenden ocultar el tropel detrs de la calma chicha, por la hipocresa y la cohonestacin de los medios masivos con el statu quo y con la falsa idea del segundo y ahora dcimo o veinteavo pueblo ms feliz; entonces, dice el poeta: Vuelvo a mi aldea numerosa [numerosa y todo pero al fin aldea], reno a los viejos y a los nios, a las mujeres, los perros y los gatos, para contarles la historia de los que llaman ascenso a lo que est cayendo, quietud a lo que pasa, sonrisa a lo que est doliendo. En Es digno de mirar (p. 8), de nia, que suea desnuda en la piscina, a bella mujer, que se mira en un orbe pasarela con miles de garras de hombres tendidas hacia ella, a anciana que suea con el cuerpo de quien humill a fieros guerreros: lo que podra llamarse tres en una o la evolucin/involucin de la mujer. El resultado? El dolor en los dedos, el llanto de los ojos, la melancola de la realidad; el sueo ha huido. En Los invisibles (p. 9) ante la llegada de la tropa (como en Marea de ratas, de Echeverri), con sus botas negras y sus largos bastones brillantes, la pareja, vinculada al mundo por libros y pantallas, se abraza, aterrada y ante el pavor general. Su actitud contrasta con la de los polticos y los dueos de los medios, para quienes sencillamente el conflicto es virtual, no existe, no se ve: sin embargo, para el poeta los invisibles, inexistentes, son aqullos cuyos cuerpos carecen de solidez para la muerte. En Los amantes se quitan (p. 11), la irona sobre un amor/comercio/consumo, de quienes se quitan el otro cuerpo y lo ofrecen en los remates o lo tiran a los mendigos: Puro asunto de hacer y de deshacer y de seguir haciendo, o sea, deshaciendo. En Canto (p. 12), el poeta expresa su optimismo, su esperanza, su deseo de libertad que incita a la accin, en medio de la guerra fratricida que contina: ms all de las explosiones y de los gritos, [] alguien est cantando. En Morir es simplemente (p. 16), el poeta recuerda que morir es que el mundo ocurra sin los que se van, aunque el dolor, digo yo, sea para los que se queden. Morir consiste en perder el deseo, en agotar la sed, en carecer de apetito frente a la delicia que es el conocimiento; en no discutir, no polemizar, evitar el dilogo, para a su vez evitar la angustia de tener que pensar: en no poder recuperar lo que ya, por inaccin, es irrecuperable, al extraviarnos del acontecer del mundo. En A la hora de siempre (p. 17), y siendo consecuente con lo dicho en su poema En la taberna (p. 21) de Uno lleva su cuerpo, quien so el fuego, cuando todo arde, ya no quiere sino el agua. Ante lo irremediable, hay que seguir acudiendo a la taberna, puntuales, a la hora de siempre, para escuchar a quienes hablan sin parar, los nicos que existen. Porque los dems estn callados, esto es, muertos. Slo quien habla y bebe, est vivo. Deca Baudelaire: Embriagaos, de vino o de virtud, pero embriagaos. Una segunda lectura de A la hora de siempre, es decir, puntual, revela que el poeta va a la taberna y bebe mientras el verbo hierve. Los mitos se destejen a la par que se tejen sonrisas y nostalgias. Si antes so el fuego, ahora que slo hay guerra, no desea ms que calma. Otro da se alej y ahora est incomunicado. Pero, de nuevo piensa en volver a conversar: Hay que volver a la muchedumbre. Su contacto endurece y pule. La soledad ablanda y pudre, deca Nietzsche. En efecto, as como slo quien ama, vuela, slo quien habla, vive. Slo quien es obligado a callar, no quien calla de forma voluntaria, muere. Y quien es obligado a hacerlo no muere solo.

El segundo libro, una generosa y profunda meditacin sobre el pas, el paso del tiempo, la peste citadina, la fiesta del aniquilamiento, la permanencia de la tribu, la memoria (el nico tribunal incorruptible), la visibilidad de lo no dicho, la nostalgia por no ser salvados (salvo por el arte), los eruditos que prefieren la bibliografa a la lectura de los libros, la poesa de Vallejo y otros, la muerte, hueco infame en la memoria?, los hombres que por decir se sienten remisos a la muerte. Libro que recuerda Uno lleva su cuerpo ese buen acompaante, pese al peligro que entraan las malas compaas. Dividido en tres partes, Me encuentro midiendo la distancia (9-32); Metforas del duelo (33-53); y ngel desterrado (55-70), habla en lo esencial de la memoria (Como un hilillo de agua, 25, A esta hora, 31), del movimiento (Suave el andar hacia la fiesta, 13, Uno lleva su cuerpo, 22, Vamos cayendo, 32), del tiempo que se escapa (Se me va esta hora, 43), de la inaccin (Cada poeta gesta, 52), en fin, de la ambigedad, de la contradiccin, del oxmoron que habita en el poeta (A esta hora, 31): Debera estar quitando/ A las palabras lo que dicen/ Por qu dicen siempre lo que callo?.

Tambin hay lugar permanente para los homenajes: a Csar Vallejo, el gran poeta peruano; a Len de Greiff, el gran poeta colombiano; a Porfirio Barba-Jacob, otro gran poeta antioqueo y colombiano. De evocar a Vallejo, quizs provenga el ttulo general, cuando Quesada en Vallejiana sin lmite, dice: Uno porta su cuero y yuxtapone/ La risa vieja y los zapatos nuevos/ Mientras gasta en azules desteidos/ Lo que tiene. De evocar a De Greiff, Quesada ha hecho suya la imprecacin del acontista: Todo no vale nada, si el resto vale menos! (El da y la noche, 30). De Barba-Jacob, Quesada retoma la idea de lucha como quien se niega a dar la de derrota, en medio de la guerra civil que acosa al pas desde hace mucho ms de un siglo y que se recrudeci en la, equvoca, violencia partidista. Guerra con la que los polticos desataron una orga de odio y sangre, no partidista propiamente, como tanto se ha dicho: los chulavitas primero mataron a los liberales y luego a los propios conservadores que no les eran tiles o que fueran disidentes, como sostiene Gloria Gaitn, la hija del Caudillo, en carta pblica: Premeditadamente a esos sicarios los enviaban a las veredas y municipios liberales y, al grito de Viva el Partido Conservador, sacrificaban liberales indefensos. Luego, los mismos sujetos, viajaban a las veredas y municipios conservadores para, al grito de Viva el Partido Liberal, arremeter contra la vida y los bienes de inocentes ciudadanos conservadores. (3) Es decir, fue ms una guerra de clases que otra de partidos. Guerra civil jams reconocida por el bipartidismo y de la que, por contraste, surgi la obra de quien durante la gestacin de Uno lleva su cuerpo cay en las garras de la tristeza, sin por ello llegar a cambiar sus creencias durante esos ocho aos en que un cobarde acab con miles de mudos valientes al exacerbar la pobreza y la violencia. Aun as la palabra del poeta jams se perder. Hoy revive con el proceso de paz, ojal esta vez definitivo, aunque haya nacido muerto al no considerar igual una parte a la otra (4).

En el poemario tambin hay lugar para lanzar una mirada sobre quien no sabemos si nos mira, el Seor Dios, sobre quien jams se sabr si existe, pese a la fe (Fe es la creencia en una falta de evidencias, Carl Sagan): Yo s que debo devolverte/ La mirada // El tacto y el odo/ As me lo aconsejan/ Quienes me dicen que me aman/ Obedezco/ Pero tambin increpo/ Qu hago entonces con la msica?/ Qu hacer con el aroma/ Que esparcen las muchachas? () Seor/ Mientras la sed me apriete la garganta/ Mientras la sinuosidad de un cuerpo/ de muchacha/ Me impida/ Sumergirme en el libro de oraciones/ No estoy listo/ An/ Para devolverte la mirada (27-28). En Me encuentro midiendo la distancia, los temas constantes son: el movimiento, el tiempo, la ausencia (sustantivos) o los ausentes (sujetos), la peste, la amenaza, la cada, lo vital esto ltimo lo evidencia el poema En la taberna (21), una exaltacin de Baco, Eros, lo dionisiaco. Poema en el que lo irracional, gracias a la mediacin del poeta, se vuelve razonable e incluso necesario: el odio. Del que Baudelaire deca: Y as el Odio est condenado a la suerte lamentable/ de no poder dormirse jams bajo la mesa; slo falt: de ningn colombiano. Claro, ponindole algo de sal, podra agregarse: De ningn poltico c (Aqu el lector es libre para agregar a la c lo que considere).

En la segunda parte, Metforas del duelo, en Este da en que los muertos saben a olvido (35) hay, por contraste, espacio para las canciones, la pasin, el sueo, el labio (que Se queda mudo/ Slo subsisten las palabras, 37), la nostalgia (por un cuerpo que no es/ Que ya no sigue siendo, 38), la palabra (que repite en uno lo que otros van diciendo, 39), las ferias, en un pas de ferias, que llevan a la pregunta metafsica: Cunto ms he de caminar/ Para no seguir girando? (40), el sueo, el mal sueo que si se prolonga, que si contina, si se extiende, Me cubro los ojos/ con ortigas y sal/ Con cenizas y fuego (41), la luz, como metfora de la vida: Que no se apague esta luz/ Por lo dems que empiece. En fin, el duelo, la alegra, el puerto al que nunca se llega, no poder saber si uno sale o si va llegando, las tcnicas de duelo para enfrentar a la muerte, la presencia de la mujer como recuerdo, fotografa o ensueo, la quietud, no hacer nada, lo ms difcil; el cuerpo que duele, lo dems es levedad. La insoportable levedad del ser.

En la tercera parte, titulada ngel desterrado, el poeta se pregunta por el vestigio del ngel desterrado, habla del ngel cado que le queda al desalojado y vuelve a preguntarse, a nombre de ambos: Hay algo aparte de nosotros?, con lo cual pareciera aludir, sin nombrarlo, al natural egosmo del ser humano, aunque tambin a la indudable soledad. Luego, ante la evidencia de que slo existen la prisa las esquinas el hacer la multitud y el basta, viene la queja metafsica de nuevo: Ah, que t existieras! (59), la bsqueda insaciable de todo poeta, de todo ser humano, de todo romntico. Como nada en apariencia gracias a las palabras es imposible para el poeta, enseguida pasa a afirmar rotundo y triunfante, pero de momento: de ah la ambigedad, la contradiccin Ahora existes (60). Otra referencia potica es la del dolor: la ciudad que duele, la luz que no slo enceguece sino que duele (En la mirada, 61) y en Vallejiana (62) hay una queja por el peso de las rodillas, por el agobio que causa el omoplato, por lo cual el poeta reclama Que alguien diga basta!/ Y guarde para siempre/ Mi esperanza. El poeta atraviesa los escombros de un bombardeo reciente y recuerda a la memoria: El pjaro entona/ ritmos reconocidos/ Por la memoria antigua, para luego declarar su indignacin por el statu quo, como quien sin querer evoca a Rulfo en El llano en llamas (5): Duele la carga de tanto muerto/ Muerto de falsa muerte (63), a lo que se podra agregar de falsa muerte/ que a nadie importa. Y como el poeta que no canta, tan slo opina, el poeta, gracias al pjaro que lo habita, canta y traza crculos en el aire para, al final, notar que el canto del pjaro, tras el inicio del bombardeo, ya no se escucha.

Aunque no sepa si va o huye, si inicia un viaje o un regreso, la mano del poeta, no la del poltico, permanece abierta. En Sabiendo que es mentira la trinchera, que la risa es aire y el grito llanto lento, sabiendo esto tan sabido, el poeta pregunta: Para qu la terquedad, si la memoria es la ruta del olvido?. Para terminar, aparece el que se supone es el remolino de la violencia que todo lo devora: Dulces en los bolsillos/ Caras iluminadas/ Pero no lejos/ Un ruido que no cesa/ Y gritos/ Un remolino lo devora todo (67). El mundo del placer, del deseo (motor de la libertad) del nio, se estrella contra el principio de realidad, el de la norma, de la vida all mismo en el poema En la esquina me aguarda El asaltante/ Que sabe que le espero y mientras el poeta observa todo lo que ocurre en ese embrujo que es la ciudad Mientras tanto/ Yo espero una cita inevitable/ Que jams sucede (68). Por ltimo, en Qu hacer con mi ciudad?, el poeta la describe como la Frontera de la aspereza y el delirio (69) y en Si el enigma cuando el poeta toca el nombre de su amada: Se incendian los pensamientos/ Y los nidos (70). Se recuerda, el libro va tambin Para Anamara: destilacin de cada poema.

Tanto Sucede el mundo como Uno lleva su cuerpo facilitan tejer un merecido homenaje al trabajo del poeta, de tantos aos y sobre todo de tanta sangre, sudor y lgrimas, que jams debieron verterse a no ser por la emocin, pero nunca por la incoherencia de los polticos. Tras leer Sucede, no puede dejar de felicitarse al poeta por el tratamiento del lenguaje, la creacin de una prosa potica atpica, la capacidad para aunar sentido y sonido como manda ese canon no oficial llamado imaginacin + sentido comn (el menos comn de los... tambin en trminos de poesa). En fin, por la coherencia entre la observacin que hace de lo real inmediato y el acto de plasmarlo; por el respeto a la memoria histrica, as como a la de tantos muertos: los que jams debieron morir. A quienes se debera dejar vivir, as no sea siempre en poesa, como sea que todos caben en este mundo, salvo para los que ven en la diferencia un obstculo: en realidad, el ms estimulante propiciador de vida, enriquecedor complemento para lograr la igualdad. Gracias, maestro Quesada, por ayudar a que cada uno sea capaz de llevar su cuerpo y por permitir comprender que a pesar de todo el mundo sigue sucediendo y sucede a pesar, tambin, de los polticos, esos indignos znganos que se creen abejas reinas: y que son abejas, no reinas. Si acaso reyes del oportunismo, la avivatada, la corrupcin.

En su obra, el poeta ha realizado la bsqueda insaciable sin importar que, al final, no obtenga los resultados que l mismo esperara: el arte no obedece a intenciones, produce efectos. Por eso, en Sucede el mundo se duele con angustia: Ay, de los poetas que se afirman para negar que el mundo los inventa y los destierra (p. 5). Por eso, en Todos se mueren, poema de Uno lleva su cuerpo, pregunta lo que no se puede evitar y para lo que, aun as, no hay respuesta: Cundo ser la hoja que termina el libro? (p. 19), para acabar formulando la que no se puede resolver, porque la muerte ocurre cuando ya nada importa: Ser la muerte/ El hueco infame en la memoria? En todo caso, con sus libros GQV ha producido unos resultados. As, la bsqueda insaciable del conocimiento y el mundo, aun con o a pesar de, continan: porque el sueo slo cesa con la inexorable parca. Con la bicfala parca, la que slo tiene piedad consigo misma: porque necesita, incluso contra el absurdo que contiene, que su llama gris siga prendida. Y para que eso no ocurra, basta apenas con la voluntad poltica de avivar la llama de la vida, en contra de las miles de muertes, los millones de muertos, que se producen da a da.

Para Santiago & Valentina, mis hijos/escudo contra la parca

Notas:

(1) Gmez, Eduardo. Eds. Uniandes, 2 edicin, 2006, 175 pp.

(2) Aunque indito en su mayor parte, la Universidad Nacional a travs del Viernes de Poesa hizo una seleccin el citado ao 2012.

(3) Carta del 26/nov/12 https://librepenicmoncjose.blogspot.com.co/2016/09/de-como-nacio-la-guerrilla-en-colombia.html

(4) Veo que no me equivoqu, sobre todo cuando se conocen ya los funestos resultados del NO a esa farsa de plebiscito que jams debi efectuarse, como lo comprueba este ensayo: escrito mucho despus del presente sobre Quesada y su obra. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222754

(5) En el cuento El hombre, de El llano en llamas (1953), dice el protagonista: No deb matarlos a todos iba pensando el hombre. No vala la pena echarme ese tercio tan pesado en la espalda. Los muertos pesan ms que los vivos; lo aplastan a uno. A eso pretende resistirse, por ejemplo, Uribe.

http://elpais.com/especiales/2017/juan-rulfo/ 

Luis Carlos Muoz Sarmiento (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Estudios de Zootecnia, U. N. Bogot. Periodista, de INPAHU, especializado en Prensa Escrita, T. P. 8225. Profesor Fac. de Derecho U. Nacional, Bogot (2000-2002). Realizador y locutor de Una mirada al jazz y La Fbrica de Sueos: Radiodifusora Nacional, Javeriana Estreo y U. N. Radio (1990-2014). Fundador y director del Cine-Club Andrs Caicedo desde 1984. Colaborador de El Magazn de El Espectador. Ex Director del Cine-Club U. Los Libertadores y ex docente de la Transversalidad Hum-Bie (2012-2015). Escribe en: www.agulha.com.br www.argenpress.com www.fronterad.com www.auroraboreal.net www.milinviernos.com Corresponsal www.materika.com Costa Rica. Co-autor de los libros Camilo Torres: Cruz de luz (FiCa, 2006), La muerte del endriago y otros cuentos (U. Central, 2007), Izquierdas: definiciones, movimientos y proyectos en Colombia y Amrica Latina, U. Central, Bogot (2014), Literatura, Marxismo y Modernismo en poca de Pos autonoma literaria, UFES, Vitria, ES, Brasil (2015) y Guerra y literatura en la obra de J. E. Pardo (U. del Valle, 2016). Autor ensayos publicados en Cuadernos del Cine-Club, U. Central, sobre Fassbinder, Wenders, Scorsese. Autor del libro Cine & Literatura: El matrimonio de la posible convivencia (2014), U. Los Libertadores. Autor contraportada de la novela Trashumantes de la guerra perdida (Pijao, 2016), de J. E. Pardo. Espera la publicacin de sus libros El crimen consumado a plena luz (Ensayos sobre Literatura), La Fbrica de Sueos (Ensayos sobre Cine), Msicos del Brasil, La larga primavera de la anarqua Vida y muerte de Valentina (Novela), Grandes del Jazz, La sociedad del control soberano y la biotanatopoltica del imperialismo estadounidense, en coautora con Lus E. Soares. Su libro Ocho minutos y otros cuentos (Pijao Editores, 2017) fue lanzado en la XXX FILBO, dentro de la Coleccin 50 Libros de Cuento Colombiano Contemporneo: 50 autores y dos antologas. Hoy, autor, traductor y, con Lus Eustquio Soares, coautor de ensayos para Rebelin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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