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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2017

La intelectualidad apologista

Ral Prada Alcoreza
Voluntad de Potencia


No hay posiciones tempranas cuando ya se ha vivido una larga y dramtica experiencia en la historia poltica de la modernidad, particularmente de la tramade las revoluciones. Seguir insistiendo en apoyar las repeticiones dramticas de simulaciones polticas, pues no son otra cosa, de las revoluciones anteriores y decir que es demasiado pronto la evaluacin y la crtica, no es otra cosa que manifestar patentemente un conservadurismo recalcitrante y el apego a ilusiones, es decir, fantasmas, fetiches, que ya deberamos haber defenestrado. En otras palabras, es apostar a nuevas derrotas, despus de haberlas sufrido antes.

La intelectualidad enamorada de imgenes y de smbolos de las revolucionespasadas, quiere encontrar en los espectculos del presente la realizacin de esas revoluciones, como corroboracin de la dialctica de la historia. Esta actitud es la muestra pattica de una intelectualidad inactiva, poco creativa, nada crtica, que se contenta con encontrar que las revoluciones, supuestamente, se vuelven a dar en el presente. Solo que no se dan cuenta que son comedias, simulaciones, disfraces, que esconden degradaciones y decadencias. Entonces, esta intelectualidad es cmplice de la regresin conservadora, de la restauracin, nada menos que a nombre de la revolucin.

Ya se tiene una larga experiencia, en el medio milenio de la modernidad, como para darse cuenta de no poder sustentar algo como el decir que es demasiado temprano para juzgar a los gobiernos progresistas. La historia se repite, no solo como comedia y farsa, es decir, como simulacin, sino de una manera cada vez ms grotesca. No es, de ninguna manera acertado, decodificar en los sntomas de la decadencia de los gobiernos progresistas proyecciones transformadoras, pues no aparecen, en ninguna parte de sus manifestaciones, ejercicios de poder, nada parecido a esto. Se trata, mas bien, de repeticiones de lo mismo, del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente, solo que en versiones populistas.

La intelectualidad a la que le cuesta hacer la crtica a estos teatros polticos, a esta simulacin, expresa, lamentablemente, su entraable juego de poder, la gloria del prestigio, de la ceremonialidad del poder, de los que estn con los cambios de la historia. De manera concomitante a los revolucionarios de pacotilla, que son los gobiernos progresistas de Sudamrica, esta intelectualidad crtica no hace otra cosa que avecindarse a la gloria de hojalata de estas revoluciones chafas.

Por otra parte, olvida, esta intelectualidad, que en la medida que los gobiernos progresistas siguen el mismo modelo que los gobiernos que derrocaron, el modelo extractivista, no hacen otra cosa que reproducir la dominacin del imperioen el contexto de la geopoltica del sistema-mundo capitalista. No son como pretenden ser, ni vanguardias ni retaguardias de las movilizaciones sociales; son sencillamente dispositivos discursivos y enunciativos del orden mundial de las dominaciones polimorfas. Solo que ejercen este papel en guiones forzados de tramas desgastadas de hroes y villanos.

No se trata, de ninguna manera, de defender teoras desgastadas, tampoco pantomimas de gobiernos comediantes, sino, sencillamente, dicho llanamente, de continuar la lucha. Por lo tanto, esta intelectualidad, supuestamente crtica, lo que hace es castrar las capacidades de lucha de los pueblos. Juegan un papel inhibidor y apologtico en el difcil proceso de la movilizacin anti-sistmica.

Nos encontramos en una coyuntura que se parece a una encrucijada, pues hay que escoger caminos a seguir, incluso caminos que inventar al caminar. En estas condiciones, es indispensable aprender, no ensear. Una de las lecciones de la historia poltica de la modernidad es, entre otras, que no se puede seguir el crculo vicioso del poder; en otras palabras, no se puede tomar el poder; cuando se lo toma, es el poder el que toma a los que ocupan su lugar.

Lo que decimos no desmerece el acto heroico de los pueblos, cuando se efectuaron las revoluciones; de ninguna manera. Ni de las vanguardiasinvolucradas. Nos ensearon lo que se contiene en las entraas del proceso, si se apuesta a la toma del cielo por las armas. Cambiaron el mundo jerrquico de las dominaciones, s, pero, para volverlo a restaurar de otra manera.

A estas alturas, no interesa ningn prestigio intelectual, ganado a costa de apoyar a espectculos teatrales de gobiernos progresistas. Lo que importa es no repetir los errores, aprender las lecciones histricas, seguir adelante, avanzar con los pueblos hacia las emancipaciones y liberaciones mltiples. De ninguna manera, creerse los iluminados, clarividentes, que apoyan a revoluciones, que en lo reciente y venidero parecen, mas bien, grotescas simulaciones.

Esta intelectualidad est, hoy, muy lejos, de las nuevas generaciones de lucha, muy lejos de las movilizaciones anti-sistmicas juveniles, que parece que han aprendido las lecciones histricas por otros medios, no necesariamente tericos, sino de la experiencia y la memoria social. Tambin estn muy lejos de las luchas actuales de las naciones y pueblos indgenas, en contra del modelo colonial capitalista extractivista. Tienen en su cabeza la configuracin esquemtica de la revolucin de octubre 1917, que aplican como referente decodificador a todo acontecimiento poltico, que se presume de progresista. La revolucin de 1917 fue un acto heroico de un pueblo que se enfrent a la realidad y a la historia; las supuestas revoluciones progresistas repiten la realidad impuesta por el orden mundial; es decir, por el poder y la historia circular. Una revolucin, en pleno sentido de la palabra, es indita, no repite, aprende las lecciones y sigue adelante. La nica revolucin reconocible, en este sentido, es la zapatista.

Si bien, esta intelectualidad, en su momento, nos ense como una interpretacin renovada de lo ocurrido, ahora, nos ensea que incluso esta intelectualidad, ante los desafos del momento, de la coyuntura, puede comportarse conservadoramente. A esta intelectualidad tenemos que decirle que no se puede apoyar a gobiernos progresistas que repiten, intensivamente y expansivamente, el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente; que no se puede apoyar a gobiernos, que a nombre del socialismo, reproducen el regreso al Estado policial; incapaces de debatir.

La tarea de los movimientos sociales anti-sistmicos, emergentes, de nueva generacin, es aprender de las lecciones dramticas del pasado, adems de aprender de estos comportamientos dubitativos y nostlgicos; que no se trata de aparentar ser vanguardias o retaguardias o como se quieran llamarse, sino de seguir adelante, de continuar las luchas en la desmantelacin de las mquinas de poder. Para seguir adelante parece menester romper con los mitosconstruos en la modernidad, entre ellos, de las revoluciones, adems del mito de los intelectuales de vanguardia o retaguardia.

En concreto, no se puede dudar en tomar una posicin clara ante una forma gubernamental clientelar, que a nombre de la revolucin bolivariana boicotea a las comunas, los acontecimientos lugareos que se encaminan a la autogestin comunitaria. Peor an, que a nombre de la revolucin bolivariana se enfrascan en las prcticas paralelas del poder, de manera desmesurada; la corrosin institucional y la corrupcin. Cuando se hace esto, cuando se obvia lo que ocurre, se es cmplice de la reiteracin del crculo vicioso del poder. Dicho de manera directa, se apoya a las dominaciones de la nueva lite del poder, que ejerce su dominacin, nada menos que a nombre de la liberacin, la soberana y la descolonizacin.

En este caso, no solamente, esta intelectualidad es cmplice de la derrota, as como de la decadencia, sino tambin de reiterada conquista y colonizacin. Usan lo indgena como valorizacin virtual de su propio prestigio y como chantaje emocional; estn muy lejos de las luchas concretas de los pueblos indgenas. No se dan cuenta, que los pueblos indgenas, en la coyuntura, se enfrentan a las polticas econmicas de los gobiernos progresistas, que apuestan al extractivismo, como conducto al desarrollo.

Por otra parte, las teoras de esta intelectualidad no abandonan el paradigma newtoniano, relativo a la episteme moderna; el paradigma de los esquematismo dualistas y lineales. Siguen pensando de la misma manera que pensaba Vladimir Ilich Lenin y Teilhard De Chardin, aunque parezcan formaciones discursivas y enunciativas opuestas. Es menester pensar de acuerdo a la complejidad de los problemas del presente, momento de acumulacin.

Que la intelectualidad crtica sea incapaz de hacerlo es una muestra de que juegan un papel conservador, legitimador del orden constituido, que se mueve en un margen de maniobra, que viene de desde gobiernos abiertamente neoliberales hasta gobiernos que se proclaman progresistas, pero, que ejercen el poder de la misma manera, solo que con discursos demaggicos populista.

No se trata, de ninguna manera, de colocarse en el nuevo papel de la verdad, que es solo una pretensin, sino de situar en su lugar a estas pretensiones intelectuales de vanguardia o retaguardia. Ni siquiera por desacreditarlas, sino porque no ayudan en la lucha de los pueblos contra las dominacionespolimorfas del sistema-mundo colonial-capitalista dependiente.

Lo que pasa en Venezuela, con la revolucin bolivariana, es dramtico. Un estrato burocrtico del partido revolucionario monopoliza la palabra y la representacin, sin dar acceso al pueblo; concretamente, a las comunas, que son el mejor logro de la revolucin. Ante esta usurpacin, la intelectualidadmencionada, opta por la burocracia. La crisis desatada, social, poltica y econmica galopante, es, en cierta medida, inexplicable, despus de los ingentes ingresos debido a los altos precios del petrleo, en la las fases anteriores. Qu se ha hecho con estos ingresos? Por qu no se ha invertido en el proceso de cambio? Es muy grave lo que ha pasado, cuando, ahora, sabemos, que este excedente ha servido, en gran parte, para la apropiacin privada de los jerarcas de la llamada revolucin.

No es sostenible tericamente, aunque lo sea ideolgicamente, justificar la ilusino la comedia o el espectculo de una revolucin, cuando la nueva lite se apropia a nombre del pueblo y su emancipacin, de este excedente. No se trata de mantener el mito por nostalgia o juegos de poder de prestigios institucionales o mediticos; sino de cmo continuar las luchas contra las estructuras y formas polimorfas de poder. En este sentido, esta intelectualidad renombrada se ha aplazado.

Nada sera lo que hemos dicho y anotado, si no estuviramos ante la crisis ecolgica, en sus intensidades y expansiones ms amenazantes. Ante esta crisis,que los gobiernos progresistas continen con el ejercicio y la efectuacin del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente, significa que son parte del camino al apocalipsis, definido como horizonte por el sistema-mundo capitalista. La intelectualidad mencionada opta por apoyar a los gobiernos progresistas, es ms, a su mito, a pesar de las alarmantes circunstancias. Esta actitud los acerca al comportamiento de la hiper-burguesa mundial, que descalifica las denuncias y descripciones de los colectivos ambientalistas y ecologistas como delirios. Este comportamiento no solo es conservador, sino es, sobre todo, reaccionario, pues aprueba las estrategias de muerte contra la vida.

Si bien se puede explicar, no justificar, la actitud de la intelectualidad, frente al estalinismo, que fue condescendiente con el rgimen policial, que no puede llamarse socialista, en pleno sentido de la palabra, salvo por forzadas metforas discursivas y literarias; ahora, en la actualidad, no se puede aceptar un equvoco como ste, pues ya hay experiencia social. Que los intelectuales vuelvan a incurrir en el mismo error, es una clara muestra de su complicidad con los devaneos del poder.

Los pueblos, sobre todo, las sociedades alterativas, no requieren de intelectualesde vanguardia o retaguardia, requieren del intelecto colectivo acumulado. Esto no quiere decir que la intelectualidad, que produce interpretaciones de los acontecimientos es inservible; de ninguna manera. Esta intelectualidad es importante, en lo que respecta a las elaboradas interpretaciones de los acontecimientos. Empero, cuando no hace esto, interpretar lo que acaece y, ms bien, legitimar las acciones de comediantes, lo que acaece entonces, cumple una labor ideolgica de legitimacin de las formas de poder barroca, que se dan a travs de la apologa de las simulaciones revolucionarias.

La coyuntura diferida que vivimos, que data desde el levantamiento zapatista de 1994 hasta la fecha, exige no solo una perspectiva y enfoque crticos, sino desplazamientos, es ms, de rupturas epistemolgicas, por as decirlo, para entendernos, pues, de lo que se trata es de resolver los problemas en el presente. Problemas, cuyo espesor es acumulativo. Esto no se puede hacer si se apoya a gobiernos reaccionarios, represivos, que justifican sus acciones a nombre de la revolucin. Mucho menos cuando se trata de gobiernos que ahondan la relacinde dependencia mediante la intensificacin del modelo extractivista.

Para decirlo en trminos sencillos, la revolucin se la hace, no se la discursea. La revolucin no puede ser una repeticin comediante o simulada, sino una invencin social, de la potencia social. La invencin social en Venezuela vino con el caracazo; la convocatoria del mito, por el caudillo, fue una resolucin representada, en realidad conservadora, ante la emergencia social; sin embargo, honesta, en la estructura subjetiva del caudillo. El alcance de la irradiacin se dio en la forma jurdico-poltica de la Constitucin bolivariana. El problema no se encuentra en el caudillo, que fue un dispositivo mediador en el proceso de cambio, sino en los seguidores; que usurparon al pueblo del caracazo la conduccin de un proceso que debera haber sido radical. Los seguidores apostaron por lo mismo, el crculo vicioso del poder, solo que lo efectuaron de manera ms escandalosa que las oligarquas dominantes anteriores.

No se trata de descalificar a esta intelectualidad conservadora y timorata, apologtica, sino de aprender de sus devaneos los desafos polticos del presente. Sobre todo, en lo que respecta, en este caso, a las formas de saber, que corresponden a las memorias y experiencias sociales. Se trata de la construccin colectica de los saberes populares presentes y en el presente, donde la intelectualidad crtica puede coadyuvar en la configuracin de interpretacionespertinentes.

Cul es el problema? La reproduccin de las jerarquas, en las que la intelectualidad juega su papel, quiralo o no; dicho de otra manera, si se quiere, realista; la intelectualidad interpreta la experiencia de las sociedades, mejor dicho, parte de su experiencia. No es, en este sentido, vanguardia, sino, mas bien, hermenutica de los acontecimientos. Menos la pretendida retaguardia, que es una manera de ocultar el papel vanguardista que juega. Con este prestigio puede llegar a avalar acciones evidentemente contra-revolucionarias, que se proclaman de revolucionarias. Los intelectuales de estas corrientes apologistas cierran los ojos ante las evidentes violaciones y violencias desencadenadas contra los derechos consagrados en las propias constituciones estatales. Como son violencias desatadas a nombre de la revolucin, los intelectuales inventan hiptesis ad hoc para justificarlas.

Lo que no entiende esta intelectualidad es que no se trata del prestigio, es decir, del juego del poder, de la ceremonialidad de poder de los foros, sino de los desenlace de los acontecimientos, que gozan o padecen los pueblos. No se puede justificar la muerte de campesinos en la Unin Sovitica, de la poca del comunismo de guerra, a nombre del socialismo. Tampoco se puede justificar la apropiacin indebida por parte de la burocracia del ingreso del excedentepetrolero, en los periodos de precios altos de las materias primas, a nombre de la revolucin bolivariana. Obviar estos hechos con el argumento de la ofensiva de la oposicin de derecha, no es ms que complicidad con la degradacingubernamental clientelista.

Esta intelectualidad, que manifiesta sus recalcitrantes conservadurismos, a pesar de sus discursos pretendidamente crticos, juega el papel de los dispositivos discursivos de legitimacin del poder, considerando cualquiera de sus formas de dominacin. Forma parte del sistema de dominaciones polimorfas del sistema-mundo capitalista.

Fuente: https://voluntaddepotencia.wordpress.com/2017/06/02/la-intelectualidad-apologista/



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