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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2017

Operacin plomo slido
La ltima matanza de Israel

Higinio Polo
El Viejo Topo


En la madrugada del 5 de junio de 1967 Israel inici la Guerra de los 6 das al atacar por sorpresa a Egipto, Jordania y Siria. Empezaba as el Libro Negro de la ocupacin de los territorios palestinos, uno de cuyos episodios narra aqu Higinio Polo.

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ltima matanza por cunto tiempo? Israel quiere a los palestinos, derrotados y humillados, como siervos, como barata mano de obra. Y no necesita a tantos. Quiere, eso s, su agua y sus tierras. Pero le sobran muchas personas. Y eso a qu o a quin recuerda?

El pasado 17 de enero, el Tsahal israel, tras detener la agresin a la franja de Gaza, permiti la entrada de algunas personas de organizaciones internacionales por el paso de Rafah, fronterizo con Egipto; entre ellas, un pequeo equipo de Amnista Internacional. Era una novedad, porque desde el mes de noviembre de 2008, Israel impeda la entrada en la franja de Gaza de organizaciones humanitarias y periodistas. La mquina de guerra israel acababa de detener su furia. Las primeras impresiones de los miembros de Amnista Internacional fueron atroces: en Gaza, todava podan verse trozos de fsforo incandescente en la calle, en viviendas, al alcance de los nios. Pudieron ver cmo, entre un caos dantesco, los ciudadanos se afanaban para recuperar los cadveres enterrados de cualquier forma por las palas de los bulldozersmilitares del ejrcito israel entre los escombros de las casas, que trataban a los muertos como si fueran basura. Porque, mientras tena lugar la feroz matanza de palestinos, los militares hebreos impedan el entierro de los muertos, dejando que los cadveres empezaran a descomponerse: ms de cien cuerpos fueron recuperados en los primeros das de la nueva tregua. De nuevo, con su potente maquinaria militar, a la vista del mundo, Israel arrasaba pueblos y ciudades, como hace poco ms de un ao en Lbano. Las consecuencias han sido letales: ms de mil trescientos muertos, casi seis mil heridos, ms de cien mil desplazados, cuatro mil casas destruidas y barrios enteros arrasados, decenas de escuelas daadas, hospitales, centros administrativos, almacenes.

Para justificar su actitud, acumulando mentiras sobre mentiras, Israel acus al gobierno de Hams de haber roto la tregua, acto que estara en el origen de su Operacin Plomo slido. Hams haba cumplido con los trminos de la tregua, as como otras organizaciones palestinas, a pesar de que algunas, como el FPLP, no estaban de acuerdo con su contenido. La acusacin del gobierno israel era una mentira ms, porque la agresin fue iniciada por el Tsahal y, adems, olvidaba deliberadamente el inhumano bloqueo a la franja de Gaza, el cierre de los pasos fronterizos, la negativa israel a permitir la entrada de gasolina, medicinas, alimentos, hasta el extremo de haber creado una situacin de emergencia denunciada por los organismos de la ONU y por organizaciones humanitarias. Se calcula que en la Franja entraban setecientos camiones diarios con suministros para la poblacin, y que, segn datos de la Fundacin Carter, el bloqueo israel ha reducido esa cifra a menos de un tercio, condenando a la penuria y al hambre a un milln y medio de personas. En Gaza falta hasta el agua potable.

Qu haba pasado, en realidad, en los meses anteriores a la agresin? El 19 de junio de 2008, el gobierno de Hams en la franja acord una tregua de seis meses con Israel, por la que Tel-Aviv se comprometa a suavizar el bloqueo, mientras que los palestinos aceptaban detener el lanzamiento de cohetes a territorio israel. En ese momento, durante los poco ms de cinco meses transcurridos del ao 2008, el ejrcito israel haba matado a casi cuatrocientos palestinos, entre ellos sesenta nios, casi todos habitantes de la franja de Gaza, al tiempo que diecisis civiles y nueve militares israeles haban muerto en acciones palestinas. Algunos ataques israeles tuvieron especial repercusin internacional, como el asesinato en Gaza del periodista Fadel Shana, de la Agencia Reuters, y de tres palestinos, dos nios y un adulto, en abril de 2008. El periodista estaba debidamente identificado con un chaleco antibalas fluorescente, donde poda leerse, al igual que en su vehculo, PRENSA, circunstancia que no impidi su asesinato: mientras Fadel Shana filmaba un tanque israel, sus ocupantes lanzaron un obs contra l, pese a la presencia de civiles. Era el sptimo periodista asesinado por el ejrcito israel. Para limitar las crticas internacionales, procediendo segn su costumbre, Israel anunci una investigacin, que concluy justificando la accin de sus soldados. De hecho, ante asesinatos semejantes, todas las investigaciones que ha emprendido Israel han sido exculpatorias para sus militares.

La tregua de junio de 2008 fue recibida con alborozo por la poblacin palestina, desesperada, pero deseosa de aferrarse a la ms mnima posibilidad de cambio que permitiese la apertura de las fronteras y la llegada de alimentos y suministros. Israel, una vez ms, no slo incumpli sus compromisos, sino que aument su presin sobre la martirizada poblacin palestina, que alcanza a todos los aspectos de la vida cotidiana. Ya en abril de 2008, antes de la firma de la tregua, la Organizacin Mundial de la Salud haba denunciado que los servicios de seguridad del Shin Bet israel llegaban al extremo de denegar muchos permisos para pacientes palestinos que deban ser tratados de cncer fuera de la Franja. Debido a ello, en los ltimos meses, decenas de palestinos han muerto por la negativa israel a permitir su salida de la franja de Gaza, pese a conocer que no podan ser tratados dentro por la precaria situacin hospitalaria. Para conceder el permiso de salida de Gaza, los militares israeles ponan en ocasiones la condicin de que el paciente palestino se convirtiera en delator y colaborador de sus servicios secretos! En noviembre de 2008, John Ging, director de la UNRWA, denunciaba que Israel llegaba al extremo de someter a embargo a los propios organismos de la ONU que realizan trabajo humanitario, y se preguntaba en qu lugar del mundo la ayuda alimentaria era sometida a tan severas restricciones. Al mismo tiempo, en Ginebra, Navi Pillay, alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, denunciaba: Un milln y medio de palestinos han sido privados de sus ms bsicos derechos humanos durante meses. El bloqueo es una violacin de las leyes internaciones y humanitarias. Israel haba creado un ghetto infame, aislado del mundo, y aumentaba su presin. En ese momento, haca cuatro meses que el lanzamiento de cohetes hacia Israel desde la franja se haba detenido por completo: la poblacin israel haba disfrutado de una calma absoluta y las milicias palestinas no haban realizado ningn ataque, pese a padecer hechos tan graves como el pogromo contra palestinos en la ciudad israel de Acre (donde viven muchos colonos extremistas evacuados de Gaza en 2005), pogromo tolerado por la polica israel, o asesinatos selectivos por parte de los servicios secretos israeles.

El 4 de noviembre de 2008, pese a la calma, Israel, utilizando como excusa que los palestinos estaban construyendo un tnel cerca de la frontera, rompi la tregua con Hams, asesinando a seis palestinos en una incursin en el interior de Gaza, apoyada por fuerzas terrestres y aviacin. Desde ese momento intensific an ms el bloqueo, creando una situacin de emergencia y configurando un gigantesco campo de concentracin donde se impeda la entrada de periodistas, diplomticos europeos, organizaciones humanitarias e incluso funcionarios de la ONU. Amnista Internacional acus a Israel de estar llevando a cabo un castigo colectivo a toda la poblacin palestina. Sin inmutarse, a finales de diciembre, el gobierno israel ordenaba al Tsahal atacar Gaza para iniciar la matanza. Comenzaba la Operacin plomo slido, preparada desde muchas semanas atrs. Pese a la propaganda con que Israel intent intoxicar al mundo, fueron los soldados invasores quienes ocuparon las casas, quienes las utilizaron como puestos de ataque, quienes destrozaron el mobiliario, reventando las paredes y, desde los agujeros, practicaban la caza de palestinos.

Mientras tanto, sus tanques aplastaban ambulancias, vehculos, destrozaban las calles. Los misiles lanzados por Israel, junto con el bombardeo de sus F-16 y de la artillera crearon tal escenario de destruccin que Amnista Internacional hablaba de barrios concurridos convertidos en paisajes lunares. La ferocidad israel pareca no tener lmite. Una buena parte de los huertos y carreteras, hospitales, escuelas, conducciones de agua, tendidos elctricos, almacenes de alimentos, oficinas y locales de la ONU, centros administrativos, viviendas, fueron arrasados por completo: la devastacin fue apocalptica. Incluso la agencia de la ONU para la Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNRWA) de Jabalia fue bombardeada, matando a 41 personas, y la escuela primaria de la UNRWA de Beit Lahia, donde se refugiaban casi dos mil personas que dorman hacinadas pensando que all estaban seguras, fue blanco de la artillera israel: varios nios murieron y otras personas resultaron heridas. La inhumanidad del ejrcito israel, que bombarde con saa a los civiles, sin preocuparse por las consecuencias, llen Gaza de cadveres, de personas con miembros amputados, con la cabeza reventada, con espantosas heridas que horrorizaban incluso a los mdicos, quienes, con precarios medios, intentaban afrontar un infierno. La revista The Lancet, que denunci el silencio de la mayora de las asociaciones mdicas del mundo, recogi las palabras de unos mdicos noruegos, expertos en escenarios de guerra, Mads Gilbert y Eric Fosse, quienes llegaron al hospital Al-Shifa de Gaza cuando el ao 2008 finalizaba: Hemos visto las heridas de guerra ms horribles en hombres, mujeres y nios de todas edades. Los testimonios eran numerosos, pero, negando la evidencia, el gobierno israel y sus cmplices prosiguieron encarnizadamente la matanza. El propio Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, que entr en la franja de Gaza el 20 de enero, calific de escandaloso que Israel hubiese bombardeado incluso la sede de la ONU en Gaza y prometi que la organizacin internacional hara todo lo posible para que se abriera una investigacin sobre la matanza de civiles. Pero la martirizada poblacin palestina necesita algo ms que palabras. La propia ONU considera que reparar la devastacin causada por Israel costar miles de millones de dlares.

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Esa es la secuencia de los hechos, aunque ello no impida a Israel seguir acumulando mentiras acusando a Hams de haber roto la tregua. Tel-Aviv lo hizo con la ayuda del gobierno Bush (y con el silencio de Obama), cuya secretaria de Estado, Condoleeza Rice, pese a que estaba bien informada por sus servicios secretos y saber que no era as, tambin hizo responsable a Hams de la ruptura. Algo parecido hizo el Parlamento Europeo, que culp al movimiento islamista del fin de la tregua, y, aunque acompa esa acusacin del reconocimiento de que Israel estaba violando el Derecho Internacional Humanitario en su agresin a Gaza, se abstuvo vergonzosamente de pedir el fin del bloqueo a la Franja. Diputados comunistas del Parlamento Europeo acusaron a la Unin Europea de complicidad con el gobierno israel, y de ser responsables, junto con Estados Unidos, de la impunidad criminal de Israel. Pero sus demandas de expulsin de los embajadores israeles, de suspensin del Acuerdo de Asociacin con Israel, firmado por la Unin Europea, y de creacin de una Comisin de Investigacin sobre los crmenes cometidos por Israel en Gaza, fueron desodas por la mayora del Parlamento.

Para justificar su feroz agresin, la propaganda israel puso en circulacin las habituales mentiras, mezcladas con medias verdades. Como la insistencia en el lanzamiento de cohetes (algunos portavoces militares, sin ningn escrpulo, hablaban de misiles), ocho mil, segn Tel-Aviv, que han causado muy pocas vctimas entre la poblacin civil israel. La propaganda israel tambin utiliz al soldado Gilad Shalit, que sigue prisionero en Gaza, cuyo cautiverio fue una de las excusas dadas por el gobierno de Olmert para mantener el bloqueo a la Franja y para justificar su actuacin, aunque se abstuvo de recordar que casi diez mil palestinos se hallan en prisiones israeles (de los que casi mil proceden de la Franja). Para mayor vergenza de Israel, adems de la persistente poltica de asesinatos y matanzas contra la poblacin palestina, llevada a cabo por todos los gobiernos israeles, en el inicio de la Operacin Plomo slido haba tambin clculos electorales: para reforzar las posibilidades de Kadima, y tambin de Barak y Livni, aunque pertenezcan a distintos partidos.

Sin embargo, algo est empezando a cambiar. Las manifestaciones de solidaridad con el pueblo palestino que llenaron las calles de muchas ciudades del mundo, muestran el progresivo aislamiento de Israel, aunque no hayan conseguido detener su ferocidad. Las palabras del parlamentario britnico Gerald Kaufman, judo y miembro del Partido Laborista, en la Cmara de los Comunes, calificando a los gobernantes israeles de criminales de guerra, ilustran el desprestigio creciente de Israel: Me educaron como judo ortodoxo y sionista. [] Mis padres vinieron a Gran Bretaa como refugiados desde Polonia. La mayora de sus familias fueron ms tarde asesinadas por los nazis en el holocausto. Mi abuela estaba enferma en la cama cuando los nazis llegaron a su casa en el pueblo de Staszow. Un soldado alemn le dispar un tiro en la cabeza. Pero mi abuela no muri para prestar cobertura a los soldados israeles que asesinan abuelas palestinas en Gaza. El actual gobierno israel explota cnicamente y sin piedad la inacabable culpabilidad de los gentiles por la matanza de judos en el holocausto como justificacin para asesinar palestinos. [] Ya va siendo hora de que nuestro gobierno le diga claramente al gobierno israel que su conducta y su poltica son inaceptables, y de que imponga una total prohibicin de suministro de armamentos a Israel. Ha llegado el momento de la paz, pero de una paz autntica, no de la solucin por conquista que pretenden los israeles y que nunca podrn alcanzar. No son simplemente criminales de guerra: estn locos.

En el ataque a Gaza, el Tsahal mat a casi mil cuatrocientos palestinos, y caus heridas a unas seis mil personas ms, entre ellas dos mil nios y ochocientas mujeres. Para justificar el elevado nmero de civiles asesinados (entre ellos, ms de cuatrocientos nios y ms de cien mujeres), Israel volvi a acusar a las milicias palestinas, sobre todo a Hams, de utilizar a la poblacin como escudos humanos. Era una burda mentira, pero, segn el derecho internacional, aunque esa acusacin fuera cierta no justificara el asesinato de civiles inocentes. Trece israeles murieron, entre ellos cuatro civiles. La desproporcin era evidente. Tambin lo es el nmero de muertos en ambos bandos: en los ocho aos transcurridos desde el inicio del siglo XXI, 15 israeles han muerto a causa del lanzamiento de cohetes palestinos; mientras que el Tsahal ha causado directamente la muerte de casi cinco mil palestinos en el mismo periodo. Para vergenza del gobierno israel, Amnista Internacional ha acusado directamente a su ejrcito de ser quien ha utilizado a la poblacin civil palestina como escudo humano, ocupando viviendas palestinas y utilizando a las familias como rehenes en los pisos superiores mientras los francotiradores israeles ocupaban los bajos de las casas para disparar desde all. Es cierto que, al mismo tiempo, Amnista Internacional reprocha a los combatientes palestinos que disparen desde zonas prximas a las viviendas, con el peligro que supone para la poblacin, aunque es obvio para cualquier observador que en una zona tan pequea y superpoblada como la Franja de Gaza es difcil para la resistencia defenderse y disparar lejos de zonas urbanas o campamentos de refugiados.

Israel ha utilizado armamento prohibido por los acuerdos internacionales, ha pisoteado las Convenciones de Ginebra, ha utilizado su poderosos ejrcito, su marina, su aviacin, contra milicianos mal armados, y contra la poblacin civil, en un intento deliberado de crear una situacin de terror. La evidente comisin de crmenes de guerra por Israel exige que todas las organizaciones progresistas y los ciudadanos honestos pidan a sus gobiernos y a la Corte Penal Internacional la apertura de una investigacin internacional y la creacin de un tribunal que juzgue a los responsables. Convertidos en criminales de guerra, los dirigentes israeles despreciaron incluso las acusaciones de algunas asociaciones judas internacionales y de destacados judos, como el escritor francs Andr Nouschi, que, a principios de enero de 2009, escribi una contundente carta al embajador israel en Francia en la que afirmaba: Como judo, siento vergenza de vosotros.

El gran argumento que repite la propaganda israel es que Israel es la nica democracia de Oriente Medio y que no hace sino responder a las provocaciones terroristas palestinas utilizando su legtimo derecho a la defensa. Es difcil acumular tantas mentiras. Para empezar, porque Israel no es una democracia, sino un Estado racista, colonial, oficialmente judo (similar, por tanto, en ese sentido, a la teocracia iran o a la dictadura saudita), que utiliza la tortura en sus centros de detencin, que ordena asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, que discrimina a buena parte de la poblacin de su territorio, que encarcela sin justificacin, que permite el robo de la tierra y las propiedades palestinas, no ya en Gaza o Cisjordania, sino en el propio Israel, como atestiguan los constantes abusos en Jerusaln Este, y que incluso impide la participacin poltica de algunos partidos palestinos. Segundo, porque la mayor de las provocaciones, y el origen de todo el conflicto, es la limpieza tnica y el despojo protagonizados por las organizaciones terroristas sionistas en 1948 que provocaron una oleada gigantesca de refugiados palestinos en toda la zona, y que hoy, sesenta aos despus, siguen malviviendo, ellos y sus descendientes, en infames campamentos de refugiados. Esa es la verdadera provocacin y el origen del crimen. Tercero, porque la defensa propia siempre debe ser proporcional, e Israel utiliza el terror y, con mucha frecuencia, es quien inicia los nuevos episodios de enfrentamientos. Ese es el Israel que dice defenderse. Puede el mundo aceptar su comportamiento?

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La glida indiferencia ante la muerte de los civiles palestinos que ha gangrenado a buena parte de la sociedad israel, explica el cinismo y la impunidad con que actan sus gobiernos. Despojando de toda humanidad a la poblacin palestina, los soldados israeles pueden reventar las casas, patear las cabezas de aterrorizados ciudadanos, disparar al menor pretexto, tratar a los palestinos como si fueran bestias, asesinar sin temor a las consecuencias. El desprecio, el odio y el fanatismo religioso refuerzan la crueldad con que Israel destruye las vidas de tantos palestinos: aos de mentiras, de humillaciones, de asesinatos impunes, de saa y de brutalidad, han creado en el imaginario colectivo de buena parte de la poblacin israel un estereotipo de palestino que se acerca mucho a la concepcin que tenan los nazis sobre los propios judos. As, los palestinos despojados durante dcadas no son vctimas, sino feroces partidarios del terrorismo islamista y merecen el bloqueo e incluso la muerte. Por eso, es habitual que incluso responsables de organizaciones israeles califiquen a los palestinos de bestias, de cucarachas, de basura, cuyo destino debe ser el xodo y la aniquilacin. Para Israel, los palestinos deben aceptar que jams volvern a recuperar su tierra, y la poltica de ampliacin de los asentamientos para colonos israeles, de construccin del muro, de confiscacin arbitraria de tierras palestinas, est orientada a la absorcin de buena parte de Cisjordania, encerrando a los palestinos en ghettos aislados, fuertemente vigilados, similares a la Gaza que conocemos hoy. El viejo plan de Ariel Sharon de retirarse de Gaza para controlar Cisjordania fue incluso rechazado por los ms feroces partidarios de la segregacin de la poblacin palestina: incluso el Likud se manifest contrario al plan de Sharon. En nuestros das, el gobierno de Olmert ha continuado impulsando la creacin de nuevos asentamiento y la ampliacin de los existentes. Ms de doscientos mil colonos israeles viven ya en barrios del Jerusaln palestino, y otros doscientos cincuenta mil ocupan las mejores tierras de Cisjordania. En ese escenario, el proceso iniciado en Oslo, y la posterior hoja de ruta diseada por el gobierno de Bush son una verdadera burla y la constatacin de que Israel no quiere la paz y, mucho menos, la solucin del drama palestino. La va de la negociacin impulsada por la ANP y por Abbas, encajonada entre Oslo y la hoja de ruta, no ha dado ningn resultado, y ha servido de coartada para que Israel prosiga su poltica de represin y de despojo.

La resistencia palestina, que se debate entre organizaciones nacionalistas, islamistas e izquierdistas, tiene ahora un complejo escenario ante s. Las grandes cuestiones que plantea la causa palestina continan siendo las mismas: el fin de la ocupacin israel y la creacin de un Estado independiente que conserve las fronteras de 1967; la cuestin de Jerusaln, que debe ser la capital, compartida o no, de la nueva Palestina; y el retorno de los refugiados. La paz en la zona debe basarse en esas premisas, porque todas las dems cuestiones son secundarias. Porque, pese a la enorme destruccin, el pueblo palestino ha vuelto a demostrar que, truncando el objetivo israel, no va a rendirse, y que el nico camino es combinar la resistencia y la negociacin. Sin embargo, acechan muchos peligros: Israel ha conseguido convertir a buena parte de la Autoridad Nacional Palestina, ANP, en colaboracionista en muchas de sus decisiones, ahogada la administracin de Mahmud Abbas en la corrupcin y en la ineficacia, con la vieja Al Fatah de Yaser Arafat convertida en una organizacin desprestigiada. De hecho, Mahmud Abbas, que fue en los aos setenta un destacado miembro del FDLP, se ha convertido en una figura que recuerda al Ptain colaboracionista bajo la ocupacin, y no debe extraar que Hams y organizaciones de izquierda como el FPLP acusen a una parte de la ANP de complicidad con Israel. Pese a ello, la Autoridad Nacional Palestina ha decidido denunciar al gobierno israel ante los organismos internacionales por la comisin de crmenes contra la humanidad. Pero la divisin palestina hipoteca la resistencia.

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A Israel le conviene presentar a la resistencia palestina como un movimiento con hegemona islamista, para intentar convertirla en un espantajo similar a Al Qaeda. De hecho, el apoyo israel a Hams, en sus inicios como movimiento, tena como objetivo la erosin y posterior destruccin de la OLP como organizacin palestina mayoritaria, que se manifestaba progresista y laica, y de la izquierda representada por el FPLP de George Habash y otras de menor implantacin. Israel ha conseguido parcialmente ese objetivo, y la divisin poltica entre Cisjordania y Gaza, con dos gobiernos diferentes, que actan con lgicas enfrentadas, juega a favor de Israel. Esa divisin tiene su origen en el proceso electoral que se inici en 2005. Tras la muerte de Arafat (envuelta en mltiples sospechas que apuntan a Israel), el 9 de enero del 2005 se celebraron las elecciones a la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina, creada en virtud de los acuerdos de Oslo. A los comicios (que, pese a los obstculos israeles que impidieron votar a decenas de miles de palestinos, fueron calificados por observadores internacionales de ejemplares) se presentaron como principales candidatos Mahmud Abbas, por Al Fatah, y Mustaf Barghouti (el compaero de tantas batallas de Edward Said); adems de Taysir Khaled por el FDLP, Bassam Salhi, por el Partido del Pueblo Palestino, y los independientes Abd Al Karim Shbair, Al Sayyed Barakeh y Abd Al Halim Al Ashgar. Los resultados confirmaron a Mahmud Abbas como presidente de la ANP. As, Al Fatah mantuvo su funcin de eje de la resistencia palestina. Sin embargo, un ao despus, el escenario cambi. Las elecciones parlamentarias, celebradas el 25 de enero de 2006 y consideradas plenamente democrticas por todos los observadores internacionales destacados en la zona, dieron la victoria a Hams, configurando un Parlamento palestino donde Hams dispona de 76 escaos sobre un total de 132. La resistencia de Abbas y de Al Fatah a ceder el gobierno a Hams aument los desencuentros, que culminaron en la negativa del partido de Abbas a integrarse en un gobierno conjunto y, despus, en enfrentamientos armados entre ambas organizaciones que desembocaron en la actual situacin, con dos gobiernos palestinos, uno en Gaza dirigido por Hams, y otro en Cisjordania dirigido por Al Fatah. Para complicar ms la situacin, el mandato de Abbas ya ha terminado, aunque siga ejerciendo como presidente, y Hams no reconoce su autoridad.

La propaganda israel, con el silencio y, a veces, la complicidad de la ANP, ha intentado crear la idea en el mundo de que el gobierno de Hams en la Franja es ilegtimo, calificndolo como fruto de un golpe de Estado, pero esa versin dista mucho de ser cierta. De hecho, actuando as, Israel, con el apoyo de Estados Unidos y, tambin, de la Unin Europea, que califican a Hams de organizacin terrorista, pretende desconocer el resultado de las elecciones democrticas celebradas en todos los territorios palestinos ocupados, y esas elecciones dieron la victoria al partido de Jalid Mechaal, gusten o no sus postulados. La izquierda palestina tampoco los comparte, pero sabe que, hoy, Hams est del lado de la resistencia ante la ocupacin israel y sabe que ese es el principal instrumento que debe mantener la poblacin palestina.

La poltica de negociacin y colaboracin con Israel que ha mantenido la Autoridad Nacional Palestina no ha dado resultados. Ni el proceso iniciado con los acuerdos de Oslo (han pasado ya diecisis aos!, sin avances tangibles hacia un Estado palestino), supervisados por el gobierno Clinton, en un momento de desconcierto por la desaparicin de la URSS, tradicional apoyo palestino; ni la posterior hoja de ruta, que el llamado Cuarteto (Estados Unidos, Rusia, Unin Europea y la ONU) lanz para supervisar las negociaciones de paz, han dado resultados. Hay que recordar que la hoja de ruta fue publicada por el Departamento de Estado norteamericano en abril de 2003, y prevea un arreglo final y global al conflicto palestino-israel para 2005. Fue una iniciativa estadounidense, aceptada por los otros tres avalistas del proceso, que, sin embargo, fue papel mojado desde el principio. La ltima declaracin norteamericana, bajo el gobierno Bush, fijaba el lmite de 2008 para cumplir con la hoja de ruta. Todo han sido mentiras, porque Israel no tiene la menor intencin de negociar con seriedad, y, mucho menos, de avanzar hacia la creacin de un Estado palestino.

La estrategia de Tel-Aviv se resume en el mantenimiento de un estado de guerra y tensin intermitentes, enmaraando las negociaciones, aadiendo siempre nuevas exigencias, imponiendo la discusin de cuestiones menores, dilatando la solucin a la cuestin palestina, eternizando en el tiempo el proceso, en la confianza de que la conjuncin de su brutal represin sobre la poblacin palestina, de los asesinatos selectivos de sus dirigentes ms significados, de los masivos ataques armados y del estmulo de los enfrentamientos interpalestinos, aadidos al deterioro hasta lmites insoportables de la vida cotidiana de los habitantes de Gaza y Cisjordania, sometindoles incluso a la tortura del hambre y al cerco de las enfermedades por las degradadas condiciones sanitarias que ha creado el bloqueo, mientras Israel sigue anexionando territorios y encerrando en ghettos inconexos a los palestinos, al otro lado de un muro ms cruel que el del ghetto de Varsovia, llevar a las organizaciones palestinas a la interiorizacin de la derrota y al inicio del xodo definitivo. Pero si una cosa ha demostrado el pueblo palestino es que continuar la resistencia al expolio y a la ocupacin.

La colaboracin de las dictaduras rabes, desde Egipto hasta Jordania y Arabia, complacientes con Estados Unidos e Israel, facilita la actuacin israel, que regularmente inicia agresiones limitadas, guerras que posponen la solucin del conflicto palestino y crean cuestiones de disputa secundarias que facilitan su estrategia de no entrar a negociar la creacin del Estado palestino. No es casualidad que Israel, adems de destruir las infraestructuras de los territorios ocupados, arrase sistemticamente todos los organismos e instituciones que pueden ser el germen del futuro Estado palestino. Tel-Aviv sabe que todas las organizaciones palestinas aceptaran la solucin de dos Estados sobre la base de las fronteras de 1967. Pese a sus declaraciones, Israel no quiere la paz, sino la guerra, como demuestra su actuacin: en el Lbano, Israel ha lanzado ataques en 1978, 1982, 1993, 1996 y 2006, y contra Cisjordania en 2002 (llamada, de manera hipcrita, Operacin escudo defensivo), y la ltima, Operacin plomo slido, contra Gaza, por no hablar de las acciones ms limitadas contra los palestinos o como el ataque contra Siria en 2008. Esa es la estrategia compartida por la mayora de organizaciones israeles que defienden el delirio sionista.

Pero la divisin, y el enfrentamiento armado entre facciones palestinas, azuzado por Israel y por Estados Unidos, plantea un difcil futuro en un Oriente Medio cruzado por mltiples enfrentamientos, con la ocupacin norteamericana de Iraq y Afganistn, y donde tienen mucho qu decir Irn y Siria, Tur-qua y Egipto, adems de las grandes potencias. El mandato de Mahmud Abbas ha concluido, y Hams no reconoce ya su autoridad, como la ANP no reconoce al gobierno de Ismael Haniya, pero la dificultosa, e imprescindible, bsqueda de una estrategia comn va a complicar el futuro inmediato, sobre todo porque Israel sigue estimulando la guerra civil entre los palestinos. En el horizonte inmediato slo esperan al pueblo palestino nuevos sufrimientos, pero la resistencia sigue siendo el nico camino.

Palestina, libre, libre

Mientras Israel bombardeaba despiadadamente la franja de Gaza, cuando ya haban sido asesinados centenares de palestinos, las organizaciones judas que apoyan la actuacin de los gobiernos israeles lanzaron una campaa para contrarrestar las masivas manifestaciones de protesta que estaban teniendo lugar en todo el mundo contra la ferocidad del ejrcito israel. Diferentes concentraciones de apoyo a Israel tuvieron lugar en ciudades europeas y americanas, con la colaboracin de organizaciones conservadoras y partidos de derecha.

As, el 11 de enero de 2009, en Nueva York, una nutrida manifestacin de unas diez mil personas se concentraron ante el Consulado israel. Haban sido convocados por la Federacin UJA de Nueva York, por el Jewish Community Relations Council, tambin de Nueva York, y por la Conference of Presidents of Major America Jewish Organizations. Recibieron el apoyo del Consulado israel y de importantes ncleos del poder norteamericano. Ante la concentracin, el senador demcrata Charles Chuck Schumer defendi el ataque de Tel Aviv a la poblacin de Gaza y habl de los mtodos humanitarios de guerra de Israel, porque, afirm, el Tsahal enviaba mensajes SMS a los palestinos cuya casa iba a ser bombardeaba porque almacenan armas en ellas, y se pregunt, admirado, qu otro pas hara eso?. El senador Schumer se abstuvo de hacer mencin del elevado nmero de vctimas civiles, de nios y de mujeres asesinadas por el ejrcito israel. Por su parte, David Paterson, gobernador del Estado de Nueva York, justific tambin el ataque a Gaza. Para ellos, Israel se defenda. La gran prensa norteamericana actuaba de forma similar: The New York Times, ante la evidencia de los crmenes israeles, hacia imposibles equilibrios para intentar equiparar a ambas partes, recogiendo declaraciones de profesores que certificaban () que las normas ticas y legales del Ejrcito israel son estrictas y el personal [] militar ha sido instruido en ellas concienzudamente. Algunos de los periodistas del diario insistan en hablar de los misiles lanzados por Hams, omitiendo deliberadamente la abismal diferencia entre cohetes artesanales y misiles. Todo vale, para defender a Israel.

Durante el acto neoyorquino, los manifestantes bailaban alegres al son de la msica, agitando banderas israeles, mientras gritaban a por ellos!, en clara alusin a los terroristas palestinos. Pancartas con leyendas como Islam: Cult of Hate, culto del odio, se pasearon por la concentracin. El fanatismo proisrael lleg a tal extremo que algunos asistentes hablaban de las fbricas de armas que se encuentran en las escuelas de Gaza, o en los hospitales, y justificaban los bombardeos contra la poblacin civil. Una manifestante, para justificar el despiadado ataque a los palestinos de la Franja, aleg ante las cmaras que haba visto en Internet como una nia era degollada por su propio padre en el curso de una fiesta musulmana chita en el Lbano: segn la mujer, el padre le cortaba la cabeza. No era en tierra palestina, sino en el Lbano, y la noticia era harto dudosa, pero todo eso no importaba. La conclusin era obvia: acabar con esa gente atroz (palestinos, rabes, musulmanes, todo mezclado, qu ms da) es legtimo. Merecen la muerte. Esa inhumanidad, ese desprecio atroz hacia el sufrimiento de los palestinos, esa indiferencia ante las ms de mil trescientas personas asesinadas, mostraba la degradacin tica y moral en la que se han hundido los defensores del gobierno racista de Israel. Mientras eso ocurra, y mientras en Gaza los palestinos intentaban sobrevivir a otro infierno, el embajador israel en Espaa, Raphael Schutz, tena la desvergenza de denunciar los hechos antisemitas que, segn l, tenan lugar en Catalua y en otros lugares de Espaa. Ninguna mencin al terrible castigo inflingido a los palestinos, ningn recuerdo para los asesinados. Los terribles hechos antisemitas que haban tenido lugar fueron unas pintadas en la sinagoga barcelonesa de la calle Porvenir.

Las escenas de esa manifestacin neoyorquina llegaban mientras los soldados israeles bombardeaban el hospital Al Quds de Gaza. Llegaban pocos das despus de que, el 28 de diciembre, cinco hermanas de la familia Baalousha (Jawhir, de 4 aos; Dina, de 8; Samar, de 12; Ikram, de 14; y Tahrir, de 17) murieran en su casa del campo de refugiados de Jabalia, al norte de Gaza, alcanzadas por las bombas israeles. Llegaban poco despus de que Ihab al-Madhoun, mdico, y Muhammad Abu Hasida, el enfermero que le acompaaba, murieran tras un ataque areo el 31 de diciembre, cuando intentaban evacuar a personas heridas en un ataque de la aviacin. Llegaban, mientras Nour Kharma, una adolescente palestina que vive en la ciudad de Gaza, se preguntaba, despus de conocer la muerte de su amiga Christine, yo tambin voy a morir? No s si su amiga era la misma Christine, una chica de catorce aos, que muri de miedo en esos das: tras el paso atronador por su barrio de Al-Remal de los F-16 israeles que bombardeaban, Christine se derrumb, y su padre, mdico, no pudo hacer nada por ella. Llegaban, mientras hombres maduros lloraban como nios, viendo a las madres desesperadas, y a los mdicos impotentes ante la barbarie. Llegaban, mientras los enfermeros del pobre hospital de Gaza se vean obligados a limpiar con mangueras la sangre derramada en el suelo de los quirfanos.

Son tantas las historias de destruccin y de muerte que parece mentira que la dignidad humana siga consintiendo ese odio purulento de los gobiernos israeles hacia un pueblo perseguido, masacrado, pobre y hambriento. Tal vez los dirigentes israeles no soportan la dignidad con que generaciones de palestinos se han rebelado contra la adversidad, contra la derrota, contra el olvido. Son esos palestinos hacinados en los campos de refugiados de Sabra y de Chatila, en ghettos de pobreza donde brota el cansancio, y, a veces, la desesperacin. Esos habitantes de los campos del Lbano, de Siria, de Jordania, de Gaza o Cisjordania, de la dispora de millones de palestinos dispersos por el mundo, con las familias que siguen guardando un recuerdo perdido, la fotografa de una casa, de un pequeo jardn, de un huerto, de una tapia, prendidos en la retina cansada de los palestinos viejos, siempre colgados de un aire de primavera que se resiste a llegar a un pueblo de refugiados en los rincones ms pobres de su propia tierra, aptridas desde hace sesenta aos, refugiados de todas las guerras. Todas esas escenas nos traen a la memoria el ghetto de Varsovia, y los infames ghettos donde los nazis confinaron a tantas personas dignas, en Riga, en Vilna, en Cracovia, y las dantescas imgenes de los cadveres de nios palestinos amortajados con pobres sbanas, esperando el ltimo adis; o de los nios palestinos heridos, que traen a la memoria las miradas asustadas de los nios judos que pasaban entre las alambradas de los campos nazis de exterminio.

El odio sanguinario de los hijos de Israel, de sus gobernantes, de esos jvenes soldados que volvan a casa satisfechos tras arrasar Gaza, tras haber pintado en las casas palestinas muerte a los rabes!; que volvan haciendo el signo de la victoria, dejando atrs la devastacin y la muerte; el odio de esos soldados sonrientes, seguros, no podr borrar de nuestra memoria la imagen de esa chica valiente que enarbolaba una bandera palestina subida a un montn de tierra, en Gaza, sola con su pauelo y su voz, enfrentando la mirada de los soldados israeles cargados de armas. No podr ahogar la voz de un annimo palestino que, en la manifestacin de solidaridad realizada en Barcelona, gritaba desde los altavoces Palestina libre, libre, con toda la tristeza del mundo en su voz, cansada, casi afnica, rota, pero no vencida. Su voz llegaba con la megafona, pero pareca apenas un susurro, de alguien que arranca fuerzas de flaqueza, de alguien que cuando parece imposible soportar ms, seguir adelante, se levanta y muestra al mundo la dignidad palestina. Mientras el fuego bblico del feroz dios de los judos asolaba Gaza, resonaba en nuestros odos: Palestina, libre, libre. Palestina, libre, libre.


Fuente original: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/operacion-plomo-solido-la-ultima-matanza-de-israel/


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