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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2017

Stagers y Kellys: precariedad y clase obrera

Albert Recio
mientrastanto.org


I

El sector turstico est de moda. Hostelera y restauracin ha sido en los ltimos tiempos el sector de mayor crecimiento econmico y del empleo. El impacto del turismo est en el punto de mira de los movimientos urbanos y ecolgicos. Y las condiciones de empleo del sector ejemplifican el grado de precariedad al que se ha llegado en la era neoliberal.

Las primeras en saltar a la palestra fueron las trabajadoras de habitaciones (el gnero masculino brilla por su ausencia en esta actividad), que realizan un trabajo esencial para el buen funcionamiento de cualquier establecimiento hotelero. Ha sido siempre un trabajo duro y mal pagado. Ahora la situacin ha dado una vuelta de tuerca, y muchas empresas hoteleras han externalizado la gestin de esta actividad a empresas de servicios. Meros prestamistas laborales que explotan las posibilidades que ofrece la moderna reforma laboral para reducir brutalmente los salarios en beneficio propio y de sus clientes, las empresas hoteleras.

El caso de los stagers es distinto y parecido a la vez. Se trata de gente que en teora est realizando prcticas profesionales con el objetivo de convertirse en cocineros y camareros de restaurantes de lujo. En la prctica, en muchos de estos restaurantes con estrellas Michelin los tratan como semi-esclavos: sin salario, largas jornadas de trabajo, y realizando faenas estructurales para la marcha del negocio. Es algo que se saba de hace tiempo. Lo cont el periodista alemn Gunter Wallraff en un captulo de Con los perdedores en el mejor de los mundos posibles (Anagrama, 2010). Un reportaje de El Confidencial ha vuelto a destapar el tema. Quizs ms importante que la misma denuncia es la forma en la que algunos grandes chefs han defendido esta prctica. Aunque tambin es cierto que eldiario.es explic en un reportaje cmo haba restaurantes de lujo que criticaban esta prctica, y slo recurran a stagers como lo que realmente deberan ser: estudiantes en prcticas.

Desde una cierta lectura, kellys y stagers representan dos caras de la precariedad. Dos colectivos integrantes de la nueva clase del precariado. Pero desde otra lectura pueden observarse diferencias significativas. Las kellys realizan trabajos considerados poco cualificados, a menudo invisibles (estamos acostumbrados a encontrar las habitaciones de hotel impolutas, con las camas impecables, como si un hada hubiera pasado en nuestra ausencia); empleos que nadie desea para su descendencia. En cambio, los stagers compiten para ser estrellas del futuro, neo-artesanos especializados, un empleo por el que muchas familias estn dispuestas a gastarse los cuartos en carsimas escuelas de formacin. Hace pocos aos, el costoso anuncio veraniego de la cerveza Damm contaba una historia divertida de unos stagers del Bulli. No creo que a ninguna empresa se le ocurriera anunciarse de forma glamourosa con la imagen de trabajadoras de habitaciones. Las kellys saben que su trabajo es de por vida (o que su vida laboral circular por actividades parecidas), mientras que los stagers consideran esta experiencia como una mera etapa en un futuro brillante.

Hay algn otro aspecto distintivo. Hemos sabido de la situacin de las trabajadoras de habitaciones por su propia iniciativa y por la accin sindical. El propio nombre lo han creado un grupo de empleadas para discutir en Facebook su situacin: las kellys (las que limpian los hoteles). Y su situacin se populariz a partir de la publicacin del libro de Ernest Caada. Un libro producido por una confederacin sindical internacional y que, como se puede comprobar con su lectura, es fundamentalmente un discurso generado por sindicalistas. Pura lucha de clases. La investigacin que gener el libro y su posterior difusin est siendo utilizada para generar un movimiento sindical en los hoteles. La situacin en el caso de los aprendices de restaurante es muy diferente. Su nombre no es ms que un camuflaje fino de lo que realmente son: aprendices tradicionales. Su realidad ha sido puesta de manifiesto por una investigacin periodstica y est ms cerca del sensacionalismo que de la informacin. No se percibe un movimiento sindical real ni una respuesta cultural parecida.

Kellys y stagers son dos formas diferentes de precariedad. Pero el contexto social de las mismas es muy diferente. Expresa en buena medida el fraccionamiento de la condicin obrera en el capitalismo del siglo XXI. Un fraccionamiento que es imprescindible evaluar para desarrollar buenas polticas sociales.

II

La comprensin de la estructura social, de los grupos sociales, es un elemento esencial de cualquier poltica de transformacin social. El concepto de clase social ha sido crucial en el anlisis y la poltica inspirada por el marxismo. La forma ms simplista ha sido la de analizar la sociedad en clave dualista: obreros y capitalistas. La evolucin del capitalismo tendera a eliminar las capas intermedias: pequeos campesinos, comerciantes independientes, artesanos, polarizando as la sociedad en dos grandes grupos. De esta polarizacin social nacera la posibilidad de trascender el orden capitalista, pues la inmensa mayora de la poblacin, la clase obrera, se sentira atrada o protagonista de la construccin de un nuevo orden social.

La realidad es siempre ms compleja que los esquemas simplistas. La evolucin del capitalismo ha generado una curiosa paradoja. Mientras que, a grandes rasgos, la dinmica de la polarizacin entre asalariados y capitalistas se ha cumplido en los pases de capitalismo maduro, y hoy la inmensa mayora de la poblacin es asalariada (e incluso una parte de la no asalariada forma parte de este nuevo colectivo de autnomos dependientes, o sea de gente cuya situacin de autonoma es parecida a la de los asalariados), esta poblacin es ms heterognea entre s y casi nadie se reconoce en la categora clase obrera. Es cierto que el discurso poltico de los medios de comunicacin y de academia conservadora han hecho importantes esfuerzos para laminar la identidad de la clase obrera. Pero tambin es cierto que las condiciones materiales y culturales de los asalariados experimentan una notable diferenciacin. Incluso, hay que advertir que la confusin entre clase obrera y empleo industrial (en la que cay parte de la izquierda) tampoco ha contribuido a facilitar una readaptacin del concepto, en un mundo donde los empleos de servicios son mayoritarios y ocupan a la gran mayora de personas con situaciones laborales peores.

Vale la pena sealar que el dualismo no es exclusivo de las producciones de la izquierda. La ventaja del dualismo es su simplificacin de la realidad y su capacidad para alentar discursos maniqueos. El dualismo tambin ha formado parte de las construcciones intelectuales de algunos institucionalistas norteamericanos. Y constituyen ahora mismo la forma en la que la derecha econmica espaola est legitimando la desregulacin del mercado laboral apelando a una posible dualizacin entre empleados fijos y temporales. Si no me gusta (no por motivos estticos, sino por cuestiones analticas) el trmino de precariado es porque cae en un parecido esquema dual que enfrentara a la clase obrera, se supone con estabilidad econmica e integrada al sistema, con un precariado viviendo en una permanente inestabilidad econmica y con potencialidad de desafo al sistema.

La construccin del precariado tiene a mi entender una doble confusin. De un lado, genera un tajo entre vieja y nueva clase obrera, all donde hay ms continuidades que diferencias. La condicin de precariado ha sido la situacin habitual de las clases trabajadoras a lo largo de la historia del capitalismo. Si en alguna fase histrica han conseguido una mayor estabilidad y un cierto nivel de derechos sociales ha sido en buena parte el resultado de luchas exitosas y de encajes polticos temporales. Pero se trata de una situacin inestable, tal y como han mostrado los ltimos casi cuarenta aos de contrarrevolucin neoliberal, que han significado un deterioro progresivo y desigual de estas conquistas. Entre el empleado precario, el empleado al que se le aplican polticas de flexibilidad que complican su vida cotidiana y el jubilado al que se le rebaa su pensin hay una continuidad y una gradacin de situaciones. No una ruptura radical.

Del otro lado, el precariado es un concepto demasiado amplio que engloba en su seno a situaciones diversas. No slo en el plano material, sino tambin en la perspectiva vital, en la generacin de consciencia que impide pensar que frente a la clase obrera tradicional emerge una nueva clase social alternativa. No pretendo que esto sea lo que quieren decir personas, como Guy Standing, que han elaborado el concepto. Pero s considero que esta es la traduccin del concepto que est operando entre muchos sectores activistas; al fin y al cabo, la popularizacin de una idea, la forma como se produce, es lo que acaba generando su significado operativo.

III

Desde finales de la dcada de 1960, una diversa variedad de economistas y socilogos heterodoxos elabor el enfoque de la segmentacin laboral, que trataba de explicar las diferencias en las condiciones de trabajo como resultado de las polticas empresariales y de la propia evolucin del capitalismo. En la fase final del capitalismo keynesiano, era ya bastante evidente que las principales causas de diferenciacin de la clase obrera provenan de la constitucin de enormes estructuras jerrquicas (necesarias para la gestin de las enormes empresas oligoplicas), de los intentos deliberados de fragmentar el colectivo obrero y los espacios de negociacin colectiva, y de permitir a las empresas una gestin poco costosa de la incertidumbre y los altibajos de la actividad econmica. Bastante pronto se percibi que la segmentacin y diferenciacin era ms efectiva si esta diferenciacin de condiciones de trabajo se combinaba con situaciones personales, que diferenciaban a las personas entre s. Los procesos sociales que construyen las desigualdades de gnero, de nacionalidad, de etnia o educativas son potentes cooperadores en la construccin de un mundo desigual.

La posterior evolucin del capitalismo no ha hecho sino acentuar esta fragmentacin. De forma evidente, por medio de los cambios legislativos que han tendido a debilitar y diversificar los derechos de la gente. De forma quizs menos evidente, pero igualmente sustancial, por la transformacin de las grandes empresas en nexos que engloban a complejas redes empresariales. Y de forma ms sutil, en la diversificacin de la propia realidad laboral, de cmo es vivida y percibida por la gente, de su papel social.

Lo que diferencia a las kellys de los stagers es menos su posicin material que su ensamblaje con la carrera profesional vital. Las kellys tienen una perspectiva de inalterabilidad de la situacin. Su empleo es un medio para obtener ingresos, no da prestigio social, no tiene reconocimiento, est definido como no cualificado, se supone que cualquier persona lo puede hacer. Muchas de estas mujeres adems llegan al empleo con procesos personales condicionantes: son inmigrantes con pocos derechos, o personas que ya han experimentado la sensacin de fracaso en su experiencia educativa; son mujeres a las que se ha tratado de socializar en el esquema de valores del patriarcado (cuando menos en lo que afecta a la divisin del trabajo). Son, a menudo, ignoradas por las personas a las que prestan un servicio esencial.

En cambio, los stagers son tiburones compitiendo por alcanzar el xito en una profesin. Su precariedad es parte del coste asumido para llegar a la cima. Han estado socializados en el mundo de la excelencia individual, la competitividad, la carrera profesional como centro de su experiencia vital. Siempre me ro de los colegas que dicen que el trabajo ha perdido centralidad cuando se analiza cmo la vida de gran parte de la gente educada gira en torno al empleo y a la carrera profesional. Gente educada sobre todo para competir, para ignorar la complejidad social en la que se mueven. Los stagers son un ejemplo al lmite de lo que se vive en muchos espacios profesionales, en muchas universidades. Personas incapaces de reconocer que su precariedad forma parte de una organizacin social fraudulenta, que solo dar recompensas a unos pocos. Pero que es totalmente eficiente en consolidar un sistema de desigualdad.

Es evidente que no toda la gente ni todos los empleos caen en este esquema dual. Pero tambin es cierto que cuando se analizan los cambios en el mundo del trabajo en los ltimos aos, y se analizan muchos de los discursos intelectuales de mayor predicamento, se advierte que sobre el trabajo se est desarrollando un planteamiento maniqueo. Muchos empleos normales son considerados de baja cualificacin, amenazados por la robotizacin en marcha, prescindibles en el medio plazo, propios de personas poco interesantes. Otros, en cambio, son presentados como parte de una carrera competitiva, creativa, de realizacin personal para la que vale la pena sacrificarse. Carreras para las que vale la pena no slo pagar los peajes del aprendizaje sino tambin la participacin en ambiente competitivo y la renuncia a otras facetas de la vida social. Y que visualiza a los dems como meros perdedores, por mrito propio, o inadaptados para integrarse en un proyecto excitante.

A la generacin de esta diferenciacin social contribuyen muchos factores. En primer lugar, el sistema educativo, que genera la falsa imagen de ser una experiencia en la que lo nico que cuenta es el mrito, cuando resulta apabullante la evidencia de que la experiencia educativa, como la salud, va por barrios (o sea por clases y subclases sociales). En segundo lugar, contribuyen los discursos de los medios de comunicacin y su promocin de poderosas imgenes sobre lo que es interesante y lo que es insignificante. En tercer lugar, contribuyen poderosamente las polticas empresariales diseadas precisamente para diferenciar, jerarquizar, explotar, fragmentar y cargar el riesgo sobre las espaldas de la gente comn, como forma de perpetuar una acumulacin de capital en beneficio de las lites. La dinmica del capitalismo no conduce a la igualdad, a la unificacin de la clase obrera, sino todo lo contrario.

Slo un proyecto alternativo que analice en detalle los mecanismos de diferenciacin y reproduccin social y trate de buscarle alternativas podr recomponer una base social comn suficientemente densa. Entender qu hace semejantes y qu hace diferentes a kellys y stagers, a empleados estables y precarios, debe constituir un elemento esencial en cualquier intento de construccin social alternativa.

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article12663#sthash.curKxr9C.dpuf


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