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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2017

La doble distribucin de la riqueza
Por qu se dispar la violencia?

Jorge Alejandro Surez Rangel
Rebelin


Ya pas la eleccin en el estado de Mxico, ya no pueden acusarme de hacerle el juego al PRI. Ya se disipa la paranoia neurtica y comienza la resaca democrtica: la desilusin, ese proceso de consciencia que a veces tarda aos en concretarse.

Cuando se habla de violencia, hay razones obvias a enunciar, como el narcotrfico, el mercado de las armas de fuego, la corrupcin y otros males endmicos de nuestro pas. Pero tambin existen otras causas, no tan obvias, que vale la pena analizar.

Nuestra democracia, nuestro estado nacin, nuestra libertad, son paradigmas de un modelo adoptado por Europa, los Estados Unidos y gran parte del mundo; a partir del llamado siglo de las revoluciones, en que se colaps definitivamente el modelo monrquico, como principal forma de dominacin masiva. Siendo la principal causa de su cada, el movimiento de masas. Unas veces llamado socialismo, otras liberalismo; la mayora de las ocasiones, simplemente revolucin. El movimiento de masas fue la respuesta lgica en un mundo donde la riqueza, producida por todos, se concentraba en una minora, con su respectiva carga de despotismo, marginacin y monopolio de la violencia. Luego de siglos de sometimiento, los pueblos decidieron apostar por la mayora numrica y rebelarse.

A partir de entonces comenz a construirse un nuevo modelo, capaz de resistir y superar las debilidades del anterior. Un modelo que comenz a concretarse desde la primera mitad del siglo veinte, pero que tuvo que esperar el paso de la segunda guerra mundial para llegar a su solucin definitiva: la doble distribucin de la riqueza.

Este proceso puede dividirse en tres fases.

Primera fase, anterior a la cada del modelo monrquico.

Las bases econmicas para la doble distribucin de la riqueza aparecieron de manera casi espontanea, en los primeros pases industrializados. Gracias a la necesidad de trabajadores con mayores capacidades intelectuales para el manejo de la produccin masiva, se pudo crear una clase privilegiada con un ingreso econmico superior al de la gran masa de obreros no calificados. Este privilegio fue distribuido en un principio bajo las leyes de jerarqua, instituidas a partir de la produccin artesanal, que se vala del sistema educativo como aparato principal para el control y preservacin del tejido social.

Hay que destacar que, aunque hoy se re-descubre el papel de la educacin como medio de control, ha sido siempre el mismo a lo largo de la historia: mantener y preservar en su lugar de privilegio o de marginacin, a cada miembro de la sociedad. El modelo no cambi con la aparicin de la maquinaria industrial ni con la ilustracin, sino que fue obligado a cambiar por la presin de los movimientos de masas.

Segunda fase, posterior al siglo de las revoluciones.

Tras la cada de las viejas cpulas de poder, los nuevos lderes estaban obligados a aceptar una transformacin en la estructura de la produccin-educacin, que se tradujera en una distribucin ms equitativa de la riqueza.

El sistema educativo tuvo que dejar paso a la revuelta de intelectuales revolucionarios, que se haban reproducido durante el largo periodo de movimiento. Estos intelectuales, a su vez, introdujeron los discursos populares en el sistema y prepararon nuevas generaciones de obreros calificados, con derecho a sueldos ms altos.

La creciente industria y la expansin de los mercados alrededor del mundo, dieron espacio para satisfacer la demanda de estos puestos de trabajo, haciendo posible la distribucin de la riqueza entre un sector cada vez ms grande de la poblacin: la clase media.

Luego de que las masas fueran compradas por un sistema produccin-educacin que les prometa una mejor distribucin de la riqueza, la concentracin de la riqueza capitalista volvi a su cauce natural. Los capitales amasados antes de la transformacin revolucionaria, siguieron amasando fortunas; siendo hoy incomparablemente mayores y concentrandose en muchas menos manos (1% de la poblacin).

Tercera fase, posterior a la segunda guerra mundial.

La clase media, que en principio fuera una promesa de la distribucin general de la riqueza y, por ende, la justicia para todos, se convirti en el nuevo modelo inamovible de la sociedad.

La industria haba abierto espacio a un grupo mucho ms extenso de trabajadores privilegiados con acceso a un mercado de riquezas nunca antes producido; el sistema educativo permiti el ascenso de un porcentaje considerable de marginados a los niveles correspondientes de una clase superior.

Y, entonces, la transformacin se detuvo; se estableci el nuevo sistema de jerarquas, bajo las mismas reglas que haban permanecido intactas en la herencia cultural, base de la civilizacin pro-occidental. Las masas pobres quedaron marginadas de oportunidades, sometidas por un nuevo rgimen llamado democracia, en donde su principal enemigo ya no era una minora militarizada, sino una masa empoderada, indispuesta a perder sus privilegios de clase; indiferente a sus penas y sufrimientos.

A pesar de los siglos de transformacin propiciados por el movimiento de masas, el sistema capitalista segua intacto. La distribucin social cambi su forma imaginaria, de la vieja pirmide medieval, a un edificio de dos pisos, donde los de abajo son los pobres y los de arriba la clase media.

La imposibilidad de una lucha de masas en estas condiciones, estabiliz el nuevo sistema de poder, asegurando los privilegios del uno por ciento ms rico.

As surgieron por el mundo grupos radicales que, a semejanza de los nazis, demandaban su entrada al paraso prometido del consumo. Grupos que cayeron en la trampa electoral, extendiendo el mismo modelo del que eran vctimas, votando por partidos que eran incapaces de cambiar el paradigma y s, en cambio, reforzarlo. Grupos de personas incapaces de entenderse y de identificarse entre el gran caos de la sociedad a la que creen pertenecer, pero que los mantiene al margen de los privilegios.

El caso mexicano.

En nuestro pas, corredor de paso en el trfico de drogas; donde la estrategia militar de Amrica para los banqueros norteamericanos, impide el florecimiento de cualquier poltica que no se someta a sus intereses; donde el mercantilismo brutal de europeos y gringos satura el mercado de armas ilegales; donde los poderosos, sometidos a intereses ajenos, encuentran su principal ingreso en la corrupcin; donde los movimientos populares que intentan romper este circulo vicioso son apagados a punta de pistola; en esta colonia-economa-perifrica; en este pas nuestro, los extremismos se expresan de un modo distinto.

La envidia por el privilegio de la clase media, que manifiestan los seguidores de Marine Le Pen en Francia, aqu se manifiesta tambin por parte de los pobres haca ese grupo social, slo que su solucin puede ser ms pragmtica, manifestndose, por ejemplo, en robos y crmenes menores.

El odio de los conservadores yanquis haca los mexicanos, aqu se dirige de los marginados haca los mexicanos de clase media. Los muros los construyen stos ltimos, para resguardarse del rencor de los primeros. Y se pagan con la plusvala que produce la mano de obra barata.

La sangre, la muerte, la tortura, las desapariciones, el feminicidio; tampoco son barbaries exclusivas de nuestro pueblo; en el Mediterraneo, por dar un ejemplo, han muerto ms de diez mil personas en los ltimos aos. Slo que, de aquel lado, la brutalidad se dirige haca el otro, haca el musulmn, mientras que aqu se dirige haca nosotros mismos, de arriba haca abajo.

La violencia que invade nuestra vida tiene mucho de polarizacin, de fenmeno contemporneo, aderezado con una muy mala vecindad y un poder corrupto.

Muchas otras explicaciones se pueden encontrar. Sin duda existe una responsabilidad individual en cada uno de los delitos, as como existe la omisin de las autoridades. Pero no podemos esperar que, el mismo sistema de distribucin de la riqueza y de la justicia, que limita la participacin de las masas a una oportunidad en el mercado y un voto cada seis aos; el mismo sistema causante de la desigualdad econmica y, por lo mismo, de la polarizacin social, nos de la respuesta a esta crisis humanitaria.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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