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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2017

Resea de la autobiografa de Pierre Clmenti
Algunos mensajes personales. Abrid las puertas de las prisiones!

Mara Santana Fernndez
Rebelin


Desde el comienzo, el libro autobiogrfico de Pierre Clmenti resulta absolutamente subyugador por la crudeza y lucidez con las que muestra el mecanismo de funcionamiento de la crcel. Aparecen descritos de manera breve, pero muy esclarecedora, la frialdad del sistema judicial y penitenciario de la Italia de los aos 70. A lo que se aade una reflexin sobre el encierro absoluto, la prdida del contacto con los seres queridos, la inocencia de gran parte de los presos, la crueldad de los funcionarios de prisiones o el fingido paternalismo de los directores de las crceles. Queda en evidencia que el cineasta y actor trataba de mantenerse cuerdo con cada palabra pronunciada sobre su encarcelamiento, intentaba sostenerse frente a una institucin que buscaba quebrarle sistemticamente. Clmenti ve con sus propios ojos cmo la crcel tritura a las personas y se aferra a la escritura como una suerte de exorcismo que le permita volver a ser quien era. De ah que el texto pase de ser una crtica al sistema carcelario, a un relato de resistencia y de afirmacin de la propia identidad ms all de los muros de la prisin.

El anlisis realizado por Clmenti surge desde las tripas del encierro y guarda una viveza que an hoy resulta conmovedora. Desde la primera conversacin que mantiene con el director de la crcel de Regina Coeli se percibe la humillacin constante de ese biopoder en estado puro. Aqu todos somos nios, nos dice. Desposedos de la voluntad se convierten en nios a merced de la buena disposicin del gran padre que restringe o concede libertades de manera arbitraria. Esa denuncia del mecanismo de reeducacin y enderezamiento que supone la crcel entronca directamente con el anlisis de Michel Foucault realizado algo despus. Y queda enmarcado en la propia biografa de Clmenti a partir del periplo por orfanatos, centros de menores y dems instituciones por las que tuvo que pasar debido a su desarraigo familiar antes de conseguir dedicar su vida al teatro y el cine. Por tanto, el sistema represor y punitivo no le era en absoluto ajeno. Tal y como l escribe, quienes se quedan en los mrgenes de la sociedad siempre sufren el peligro de ser encerrados: Encerradlos para empezar en los manicomios, los cuarteles, las prisiones, las escuelas. () Es la sociedad del canguelo y de la porra: primero se golpea, despus se discute. Por eso, para quienes no han tenido que pasar por ese tipo de instituciones, el autor trata de insistir en la descripcin de sentimientos como el miedo que rodean al preso de manera constante. Con la certeza, por ejemplo, de que si el funcionario de turno ha tenido un mal da puedes acabar recibiendo una paliza de manera impune.

A pesar de que el sistema que padeci Clmenti se forj por Mussolini y se mantuvo durante un tiempo desconcertantemente largo, muchas de las caractersticas que denuncia se siguen manteniendo hoy en da. Por un lado, queda en evidencia que la crcel no tiene como objetivo la verdadera reinsercin del preso (haya sido condenado o permanezca en prisin preventiva), sino el estigmatizarlo para que se mantenga siempre en una situacin de marginacin. El sistema penitenciario se sostiene a s mismo a partir de la creacin de una materia prima fija, que son los propios presos. Gracias a ellos tienen trabajo los jueces, los funcionarios y los psiquiatras (hoy aadiramos a los trabajadores sociales). Adems, con la amenaza de la crcel se amedrenta a gran parte de la poblacin para que no muestre su descontento social, mientras que tambin se regulaba el paro que estaba creciendo en las grandes ciudades italianas. El negocio sigue siendo redondo, pues se justifican partidas econmicas constantes y puestos de trabajo fijos, mientras se saca del sistema a parte de la poblacin para escarmiento del resto.

Clmenti, del mismo modo que lo hace Foucault, seala la legitimacin del sistema represivo que suponen procesos judiciales como el suyo. Y en este sentido, hay que recordar que el cineasta fue vctima de un montaje policial cuyo fin principal era atacar a una parte de la bohemia ms crtica, de la cultura underground, que pona en duda la industria del espectculo tratando de mantenerse al margen con una clara conciencia poltica. Y que en aquel momento estaba ligada a acontecimientos polticos como el surgimiento de las Brigadas rojas o la acusacin de Valpredi por el atentado de la Piazza Fontana. En la convulsa Italia de aquella poca, el juicio a Clmenti tena un afn ejemplarizante: no gustaba su modo de vida, su cine o su aspecto dandy. Y de hecho, el juicio acab por convertirse en un circo meditico en el que declararon a su favor directores de cine como Fellini o De Sica. An as, la inevitable absolucin tard mucho en producirse y el actor tuvo que aguantar 18 meses en la crcel. Adems de quedar marcado de por vida, siendo siempre sospechoso.

La agudeza de su descripcin es impagable, por ejemplo, cuando indica el papel que comienzan a jugar los psiquiatras penitenciarios, quienes tienen como labor juzgar el verdadero castigo moral, el acto de contricin que debe dejarse traslucir en el comportamiento del preso: La represin ya no tiene pues como objetivo nicamente los actos pasados, el gesto criminal, sino el alma misma, embrutecida, destruida. Palabras directamente emparentadas con Vigilar y castigar o con los seminarios en el Collge de France de Foucault en los que describe el paso del castigo fsico al sistema de control y vigilancia de las crceles modernas, de la represin del cuerpo a la del alma. De ah que, como anota Clmenti, se escrute a los encarcelados, se espe su correspondencia, se lean sus rostros en busca de las seales que el crimen ha dejado, esa mancha de la que jams habrn de librarse y que les hace permanecer estigmatizados, carne de institucin.

Adems, el cineasta recuerda las revueltas en las crceles que se produjeron en Francia e Italia por aquella poca, y que en Espaa se produjeron a finales de los aos 70 principios de los 80. Y seala que, curiosamente, dichas revueltas fueron ms intensas en la crcel de Rebibbia, donde el rgimen interno era mucho ms tolerante, que en la vetusta Regina Coeli. Visto en la actualidad, lo que continua resultado sorprendente es que mientras en la mayor parte de los pases europeos la situacin en las crceles ha ido mejorando de manera progresiva, en Italia las condiciones se mantienen casi como las describe Clmenti. El ndice de suicidios de presos en Italia resulta inadmisible y, de hecho, Regina Coeli sigue en pie y repleta de presos que pasan ah semanas, meses o aos. De ah que no resulte de extraar que en esta misma crcel se registraran tres suicidios en los tres primeros meses de este ao (http://roma.repubblica.it/cronaca/2017/03/25/news/roma_ancora_un_suicidio_in_carcere_detenuto_si_impicca_a_regina_coeli-161369037/?refresh_ce). Lo cual nos da una idea del efecto que las celdas monacales de tres metros cuadrados siguen ejerciendo sobre los presos. La deshumanizacin, la ausencia de dignidad, les resta las fuerzas para comprenderse a ellos mismos, tal y como quera Clmenti, como la vanguardia del combate contra los propietarios del poder y les impide responder ante un sistema tan fuertemente represivo. En contraste, la prisin de Rebibbia a la que fue trasladado el actor a la espera de la apelacin, trataba de una manera ms humana a los presos y les permita imaginar, ser conscientes de todo aquello que les faltaba. Lo que dio pie, como indicbamos, a las revueltas ms virulentas. Y Rebibbia sigue hoy, en cierto modo, a la vanguardia carcelaria con los proyectos de msica, pintura o cine que se realizan por los propios presos con el tutelaje de artistas socialmente comprometidos.

Pero, como decamos al principio, los mensajes de Clmenti no son solo una denuncia de la deshumanizacin del encierro, sino una muestra de compromiso vital y poltico. Y, para quien lo lee, un ejercicio de memoria nostlgica por un tiempo que, a la vista de la banalidad y miseria cultural de la actualidad, resulta ms vvido y apasionante. Quedan muy lejos los debates, las revueltas, el compromiso y las manifestaciones culturales a las que hace referencia. Pocos entienden hoy su vida como una forma de militancia y su creatividad como un modo de transformacin del mundo. Igual que el sistema represivo se ha vuelto ambiguo, desconcertante y omnipresente hasta hacerse invisible, la lucha contra el mismo parece que carece de sentido y un libro as tiene el mrito de recordrnoslo. La crcel es la manifestacin radical de un sistema deshumanizador. Sin embargo, la prisin ya no es simplemente un espacio en el que se encierra a los seres humanos, sino que la relacin se ha invertido y somos cada uno de nosotros quienes mantenemos en nuestro interior esa celda.

Editorial Pepitas de Calabaza, Logroo, 2017, traduccin e introduccin de Diego Luis Sanromn.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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