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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2017

La credibilidad de un sistema en el que pierden los ciudadanos

Ricardo Orozco
Rebelin


Poco antes de que los comicios locales en cuatro entidades de la federacin comenzaran, el presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Crdova, afirm que lo que ms se est jugando en estas elecciones aunque de manera primordial en las que se celebran en el Estado de Mxicono son los cargos de eleccin pblica en s mismos, sino la legitimidad y la credibilidad del andamiaje electoral en su conjunto, de cara a las votaciones federales de 2018. Aunque infortunada, la declaracin de Crdova es acertada por varios motivos. El principal de ellos, quiz, es que sin importar por donde se los mire, en los comicios de este cuatro de junio todos los actores involucrados pierden.

Sin orden de importancia, el primero en perder es la autoridad electoral misma. Y es que a pesar de los titnicos esfuerzos de sta por mostrarse ante la ciudadana como entramado institucional neutral, justo y apegado a la legalidad que dictan las normas jurdicas que lo rigen; y a pesar an de las sumas millonarias empleadas para eliminar del imaginario colectivo nacional el recuerdo de ese amargo sabor de boca que dejaron elecciones pasadas marcadas por la violencia, el acarreo masivo, el dispendio en ddivas, la alteracin o eliminacin de boletas o la intransigencia ante las violaciones legales cometidas por los partidos polticos, etctera, el que la credibilidad del Instituto se resuelva en la determinacin del ganador habla, por si propio, de una institucionalidad en la que la ciudadana sigue observando las ms despreciables prcticas del ancien rgime: cuando el partido hegemnico (sin importar sus siglas: PNR, PRM, PRI), colonizando todo el aparato estatal, era el nico encargado de declararse victorioso porque nunca se asumi perdedor.

Las posturas, en este sentido, son ms claras que nunca: de ganar el Partido Revolucionario Institucional lo nico que el INE estara ratificando es su accin subordinada a los intereses que se aglutinan en aquel partido. La victoria de Del Mazo, aqu, implicara enviar a la poblacin el mensaje de que nada ha cambiado en realidad, porque lo primero que se observara es que el Instituto no estuvo dispuesto a permitir que la joya de la corona del prismose deslizara haca abajo y a la izquierda. El triunfo del Partido Accin Nacional y del de la Revolucin Democrtica, por su parte, no cambiara en nada el panorama, toda vez que desde la firma del Pacto Por Mxico, al asumir la presidencia de la Repblica Enrique Pea Nieto, identific a stos dos partidos polticos como meros apndices del prismo, ya sin distinciones ideolgicas o programitas entre unos y otros.

De frente a tal situacin, la victoria de Delfina Gmez se antoja como la mejor posibilidad del INE de lavar su propia imagen y de dar, por lo menos, un poco la sensacin de que la alternancia partidista (ms nunca democrtica) entre derechas (PRI, PAN y PRD) e izquierdas (Morena) tambin es posible en las grandes competencias por el botn del erario; y no slo en municipalidades o algunas curules en senaduras y diputaciones, para cumplir con la cuota del color ms aeja que las cuotas de gnero. La cuestin es que si en el triunfo de Del Mazo el Instituto pierde ante la ciudadana, en la victoria de Delfina Gmez lo hace ante la maquinaria de la cual dependen los puestos y los sueldos de sus funcionarios. En consecuencia, si el Instituto declara ganador al prismo, en automtico est sancionando que el sucesor de Enrique Pea Nieto en la presidencia de la repblica sea de su misma extraccin partidista; y quin sabe, hasta del mismo seno familiar.

Los siguientes en perder son, por supuesto, los partidos polticos y aqu prdida es mera retrica, pues an despus de los comicios sus integrantes mantienen sus privilegios de clase. En las urnas, la derrota del prismo, la verdad, se antoja distante. Siendo el nico partido contendiente con el respaldo del gobierno federal, tanto en el plano del financiamiento cuanto en el de vocera y publirrelacionista oficial, sin mencionar el de cooptador por la va de los programas de asistencia social: la nica manera viable de vencerlo, por parte de la izquierda, es mediante una masiva movilizacin de sus cuadros y del voto no-partidista.

Por ello, si el prismo es derrotado en las boletas, esa prdida se extrapola de inmediato aunque no de manera directa a nivel federal. Pero si gana, la derrota es an mayor, en trminos, por un lado, de la renovada desacreditacin que conllevara al sistema electoral en su conjunto; y por el otro, de la profundizacin en la que se encausaran la violencia, la corrupcin, la criminalidad, la pauperizacin social, etctera, en la lgica de fortalecer aquellos mecanismos que imposibiliten que cualquier otro partido, de izquierda o de derecha, se vuelva a aproximar tanto a la posibilidad de desbancar al prismo de sus posiciones clave para mantener su hegemona en la escala nacional. Una victoria del PRI, hoy, significara avanzar hacia un punto de no retorno en el que la coercin del voto slo puede seguir escalando en su violencia, habida cuenta de la desacreditacin autoinducida.

Del lado del morenismo la victoria de Delfina Gmez le pinta, tanto al partido como a la entidad, una derrota ms atroz que la que sufriran lasalternativas de derecha. El que Delfina gane la gubernatura no se traduce en que Morena adquiera la capacidad de hacer valer su proyecto electoral con total libertad y un completo despliegue de contenidos. La gestin de Delfina, sin duda, se deber enfrentar con la resistencia de las municipalidades y las diputaciones que an sostengan sus antagnicos. Ello, sin sumarle ms elementos, conlleva dos posibilidades: primera, se llega a un punto de inamovilidad en la administracin estatal; segunda, el enfrentamiento se hace tan descarnado que la asignacin de recursos, la implementacin de programas etc., profundiza las desgracias de sus gobernados.

Si Morena decide negociar con sus antagnicos ideolgicos, prismo, panismo o perredismo por igual, pierde frente a su electorado menos sectarista; afectando directamente la captacin de votos no-morenistas para los siguientes comicios. Es decir, en estricto, estara validando la posicin de sus detractores: que Morena es, despus de la demagogia y el populismo de sumesinico lder, ms de lo mismo que ofrecen el PRI, el PAN y el PRD sin tanto drama poltico y hasta con un dejo de civilidad y correccin poltica. Pero si decide la confrontacin, antes que la traicin de la agenda ideolgica y programtica con la que se ha vendido como algo distinto al statu quo partidista, la cuestin sera que Morena, en general; y Delfina Gmez, en particular; se estaran enfrentando ante una serie de dispositivos desplegados por PAN, PRI y PRD para hacer notar a la poblacin que, el final del da, Morena no sabe gobernar. Los incrementos de acontecimientos delictivos, del uso de la violencia por parte de crteles del narcotrfico, la intensificacin de operativos castrenses, el desvo de recursos, y hasta el bloqueo de los mismos para impedir el correcto funcionamiento del andamiaje gubernamental de la entidad se antojan el pan de cada da.

Ahora bien, en todos los escenarios anteriores la poblacin resulta afectada, y por ello, son los mexicanos quienes se presentan, en cualquier teatro de operaciones como los actores que ms pierde. La cuestin es, no obstante, que al margen de los sealamientos anteriores hay una manera muy propia de la ciudadana de perder, y de hacerlo de frente a s misma. Por un lado, si se opta por votar atendiendo a la tradicional maquinaria que despliegan todos los partidos, sin excepcin, para movilizar conciencias y boletas desde monederos rosas, con un sueldazo de poco ms de mil pesos mensuales para las amas de casa, hasta calentadores de agua solares, pasando por los vales de despensa, las despensas mismas, la posibilidad de obtener una pantalla plana o de pertenecer al padrn de algn programa social, la derrota de la ciudadana redundar en la legitimacin de la podredumbre del sistema en su conjunto.

En efecto, lejos de introducir un cambio cualitativo en la manera en que tanto el sistema de partidos cuanto el andamiaje electoral funcionan en el pas, el atender a los mecanismos de compra y coaccin del voto que emplean los institutos polticos solo viene a rectificar que despus de la contienda electoral stos reproduzcan la misma lgica viciada de la cual la ciudadana intenta escapar a travs de la delegacin de su voluntad. En este sentido, su prdida mayor es la de afianzar la lgica de sujecin a la que se encuentra sometida para permitir que unos cuantos sectores se beneficien como clase privilegiada. Y lo cierto es que castigar a la estructura poltica nacional con la anulacin del voto no har ninguna diferencia.

Ahora bien, por el otro lado, la ciudadana tambin pierde si asume que slo por hoy, y por los das en los que el sistema le concede el privilegio de votar por un representante pblico, tiene la potestad de influir y determinar la manera en que su organizacin poltica comunitaria se lleva a cabo. El voto, en ltima instancia, es nicamente una parte nfima de la enorme responsabilidad y cantidad de acciones que da a da cada habitante del pas debe realizar para mejorar su entorno, para ratificar la validez de su vigencia o para modificarla como mejor le convenga. De ah que la tarea de sufragar y conseguir el triunfo de la opcin partidista de su preferencia no sea ms que un parpadeo al cual deben seguir una profunda militante, quiz actividad ciudadana de control y gestin de la actividad poltica.

El entramado institucional del Estado mexicano es simplemente demasiado grande y profundo como para que se suponga, ilusoriamente, que el triunfo de una u otra opcin electoral bastar para mejorar las cosas, aunque sea slo en principio. Y por si ello fuese poco, los intereses internacionales estadounidenses, primordialmente son tan bastos y con tantos puntos de anclaje que abandonndose a la voluntad de la burocracia nacional para ejecutar el programa ideolgico que representa es lo mismo que abandonarse a la colonizacin de la vida comunitaria por parte de intereses reducidos que ven en la gestin pblica nada ms que la puerta de entrada para amasar grandes fortunas.

Aunque sean procesos locales, en los comicios de este cuatro de junio se juega mucho ms que la pura y simple posicin de un gobernador o una gobernadora, de una diputacin o una municipalidad. Las partes del conjunto que representa el sistema poltico mexicano no deben ser ledas como la mera suma de las partes, pues procediendo de esa manera lo nico que se logra es validar la renuncia de la poblacin a su potestad para darse la configuracin poltica que ms le sirva para alcanzar un mnimo de equidad y justicia

Publicado originalmente en: https://columnamx.blogspot.mx/2017/06/elecciones-la-credibilidad-de-un.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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