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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2017

Venezuela
Entre guerra civil y lucha de clases

Massimo Modonesi
Rebelin


La semana pasada firm una declaracin sobre la situacin venezolana junto a diversos colegas y compaeros.http://llamadointernacionalvenezuela.blogspot.mx/2017/05/llamado-internacional-urgente-detener_30.html

Firm porque comparto el sentido y la intencin de fondo del comunicado, pero seal explcitamente que me pareca que, si bien contena los elementos indispensables de caracterizacin, haba un desequilibrio en trminos del espacio que se dedicaba a la crtica al gobierno y a la oposicin y que esto poda ser interpretado como una actitud condescendiente hacia esta ltima, cuyo perfil de clase est lejos de la posicin de izquierda que el comunicado intenta de sostener.

El planteamiento medular del documento est contenido en el siguiente pasaje:

El apoyo incondicional de ciertos activistas e intelectuales no slo revela una ceguera ideolgica, sino que es perjudicial, pues contribuye lamentablemente a la consolidacin de un rgimen autoritario. La identificacin del cambio, an de la crtica al capitalismo, no puede provenir de la mano de proyectos antidemocrticos, los cuales pueden terminar por justificar una intervencin externa, en nombre de la democracia. Desde nuestra ptica, la defensa en contra de toda injerencia extranjera debe basarse en ms democracia, no en ms autoritarismo. Por otro lado, como intelectuales de izquierda, tampoco desconocemos la realidad geopoltica regional y global. Queda claro que existen sectores extremistas de la oposicin (la cual es muy amplia y heterognea), que tambin buscan una salida violenta. Para stos se trata de exterminar, de una vez por todas, el imaginario popular asociado a ideas tan peligrosas como la organizacin popular, la democracia participativa, la transformacin profunda de la sociedad en favor del mundo subalterno. Estos grupos ms extremos de la derecha han contado, por lo menos desde el golpe de Estado del ao 2002, con apoyo poltico y financiero del Departamento de Estado norteamericano. Como ciudadanos de Amrica Latina y de otras regiones del mundo, sostenemos un compromiso doble. Por un lado, un compromiso con la democracia, esto es, con una democracia participativa, lo cual implica elecciones peridicas, ciudadanos en las calles y ampliacin de arenas pblicas para la toma colectiva y comunitaria de las decisiones; as como con una democracia igualitaria, lo cual conlleva la ampliacin de la frontera de derechos, en pos de una sociedad ms justa. Por otro lado, tenemos un compromiso con los derechos humanos, el cual coloca la base mnima e innegociable del respeto mutuo, que impide la tortura, la muerte del oponente, la resolucin de nuestros conflictos a travs de la violencia

El llamado al dilogo que segua no implicaba desconocer los rasgos de cada una de las partes sino, en mi entendimiento, salir del escenario de guerra civil para reconfigurar las formas de la lucha de clases ms all de la actual polarizacin entre gobierno y oposicin, donde el chavismo asume el monopolio de la izquierda y el sentir de las clases subalternas venezolanas y la oposicin de las derechas y los intereses de las clases dominantes. En efecto, hizo falta que se sealaran claramente los perfiles de clase de las fuerzas en conflicto y los horizontes polticos que quedan obturados en la coyuntura actual.

As como es necesario reconocer las fronteras reales de la disputa, es evidente que la crisis y la involucin de la revolucin bolivariana es dolorosa porque conlleva una derrota para todas y subrayo todas- las izquierdas latinoamericanas. Un poco como en ocasin de la cada del muro de Berln y de la Unin Sovitica, -aunque ni el chavismo ha sido un totalitarismo, ni su alcance internacional, ni siquiera regional, es comparable- cuando hasta las izquierdas que se oponan abiertamente a los regmenes del socialismo real fueron perjudicadas por la derechizacin que sigui al derrumbe. La eleccin de 98 de Hugo Chvez inaugur un ciclo cuyo fin podra quedar sellado en la cada de Maduro, al margen de que persistan gobiernos progresistas en Bolivia, Ecuador y Uruguay y de que podran volver en Brasil y Argentina. El ciclo tuvo una inflexin significativa hace varios aos, en el momento en que dej de tener el sesgo transformador que pretenda tener, y su punto de quiebre ha sido la ofensiva de derecha actualmente en curso.

Por otra parte, estas consideraciones amargas sobre el alcance histrico del ciclo progresista no pueden llevar a un alineamiento acrtico de todas las izquierdas bajo el paraguas de los gobiernos progresistas todava existentes. Existe no solo un derecho si no un deber de crtica, una crtica que puede expresarse al interior del movimiento bolivariano hasta donde es posible- pero tambin afuera, en un debate franco y abierto entre izquierdas, en particular aquellas de orientacin socialista y anticapitalista, respetando y valorando -an bajo el asedio imperialista- la irreductible pluralidad que existe alrededor del clivaje libertario-democrtico y del respeto de la autonoma de las organizaciones y los movimientos sociales.

Hay que reconocer que, en una situacin tan delicada, el tono y los nfasis del documento no produjeron el efecto deseado e inclusive fue cuestionado por sectores importantes sector de intelectuales y militantes de izquierda, muchos de ellos con una postura crtica cercana a la que defiendo.

Al mismo tiempo, otros tantos cuestionamientos virulentos y descalificadores de parte de otra franja de intelectuales y militantes que llama a la confrontacin que, insisto, en Venezuela es guerra civil ms que lucha de clases y denuncian a los firmantes del manifiesto como cmplices de las derechas y el imperio, son alarmantes, y ponen de relieve la persistencia de viejas culturas de izquierda autoritarias y dogmticas. Nos niegan calidad de izquierda, ponen en discusin nuestra labor intelectual o, en alternativa, nos acusan de ser simplemente intelectuales alejados de las masas. A pesar de las agresiones verbales -que lamentablemente corresponden a una degeneracin del debate que se dio en el contexto del fin del ciclo progresista, cuando intelectuales y militantes del progresismo latinoamericano perdieron la serenidad de la poca dorada no me arrepiento de haber suscrito la declaracin porque creo que all se plasma algo fundamental e irrenunciable y porque considero que la crtica es un deber revolucionario y un ejercicio que prefigura a la sociedad que queremos construir. As como se nos reclama haber criticado, otros asumirn la responsabilidad de haber callado.

massimomodonesi.net


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