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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2017

Quin acusar a los acusadores?
Con la revolucin bolivariana por siempre!

Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad


Bajo la implcita formula del yo acuso y unas horas antes de la reunin de la OEA en la que se discutira nuevamente la intervencin en Venezuela, ms de una centena de intelectuales y acadmicos latinoamericanos, europeos y norteamericanos, firmaron recientemente una solicitada titulada Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela. Dicha solicitada constituye toda una declaracin de principios de su posicin respecto a la coyuntura bolivariana, elaborando diagnsticos, atribuyendo responsabilidades, y prescribiendo una salida a la crisis que tiene lugar en el pas caribeo.

No ofenderemos la inteligencia ni la moral de los suscribientes (algunos verdaderas vacas sagradas del mundo acadmico crtico) poniendo en tela de juicio su compromiso poltico o sus competencias interpretativas. Asumiremos cada afirmacin de la solicitada como lo que es, como una tesis errnea sobre el acontecer del proceso bolivariano de Venezuela. Y como tal, la someteremos a anlisis, dando cuenta de que tambin los acusadores pueden y deben ser acusados. Tambin los intelectuales, adems de pontificar desde las encumbradas alturas de las academias, debern dar cuenta de sus aciertos y sus errores en este dramtico impasse continental, que bien podr significar la clausura conservadora de un ciclo poltico ascendente, o bien el remanso previo a una eventual segunda oleada progresista y de izquierda en la regin. Una derrota de las clases populares latinoamericanas no dejar de salpicar a los intelectuales en su prescindencia orgnica, en su incapacidad pedaggica, o en sus desinteligencias a la hora de calibrar juicios certeros.

El concepto de guerra de cuarta generacin o de guerra de baja intensidad, es mucho ms que una hiprbole para sealar la intensidad de una coyuntura especfica. Es, ms bien, la descripcin de toda una estrategia insurreccional del imperialismo norteamericano para roer la joya ms dura de la corona: la porfa de una revolucin venezolana que, como ha hecho la cubana, viene a ofender nuevamente las aspiraciones virreinales de Estados Unidos respecto de su patio trasero. Ms an si consideramos la vital importancia econmica y geopoltica de Venezuela para la reciente administracin republicana de Donald Trump. Demostrada est la capacidad venezolana de religar a las experiencias progresistas y de izquierda y de tensionarlas hacia los lmites de lo posible con una audaz poltica de integracin latinoamericana, as como su control soberano sobre importantes recursos estratgicos tan caros a los proyectos de desarrollo de los pases centrales como el petrleo o la biodiversidad. Slo Venezuela, partera de este nuevo ciclo histrico, puede, con su cada, sellar su clausura irremediable. As lo ha entendido Estados Unidos, ms no as, pareciera, algunos de nuestros ms prestigiados acadmicos.

Venezuela parece encontrarse en el preciso y doloroso trnsito entre dos de las etapas analizadas por Antonio Gramsci en sus anlisis de situacin y correlaciones de fuerza (es decir, en el anlisis del grado de organizacin, autoconciencia y homogeneidad alcanzados por grupos sociales antagnicos). Hace tiempo que Venezuela se desplaz eficazmente de un momento meramente econmico-corporativo hacia un momento poltico, con la formacin de una identidad popular comn al conjunto de las clases populares (el chavismo) y con su confrontacin global con las clases dominantes. El fallido golpe de estado de 2002, el desbaratado paro petrolero, y la asuncin de un socialismo para el siglo XXI sealan este derrotero. Ahora bien, este momento poltico sostenido hasta el 2013, y su consiguiente empate hegemnico entre bloques sociales, comenz a desmoronarse con la muerte de Hugo Chvez Fras y se consum con el cierre del cerco internacional tras la derrota electoral del kirchnerismo en Argentina y con el golpe institucional a Dilma Rousseff en Brasil. El tercer momento analizado por Antonio Gramsci, el inevitable momento poltico-militar al que nos estamos precipitando, fue, paradjicamente, alcanzado no slo por la radicalizacin endgena del chavismo, como por la reaccin envalentonada de una derecha local y trasnacional dispuesta al ms descarnado de los revanchismos.

Ahora bien, analizar este momento poltico-militar en ciernes, implica considerar que las guarimbas de la oposicin, el asesinato de referentes chavistas en el campo y en la ciudad, la infiltracin incesante de paramilitares colombianos, la formacin de milicias bolivarianas, el fortalecimiento de la unin cvico-militar y el patrullaje militar de las costas venezolanas por las potencias emergentes, son mucho ms que testimonio de la desbordada pasin caribea. Son, en cambio, sntomas de toda una etapa que amerita categoras de anlisis especficas, para entender la radicalizacin militarista del imperialismo norteamericano en su largo pero irrefrenable declive global. En nuestra opinin, ignorar la dimensin de este proceso lleva a anlisis superficiales que intuyen derivas autoritarias, presuntos autogolpes, o militarizaciones ociosas de la clase poltica de los gobiernos latinoamericanos. Siempre bajo la ptica de intelectuales propensos a describir dficit de democracia por estas latitudes, siempre con la vara de concepciones eurocntricas y pretendidamente universales sobre lo que ha de ser lo democrtico.

Por supuesto que hay un proceso de militarizacin y una escalada de violencia, pero lejos de ser el resultado de factores internos, esta militarizacin es permanentemente inducida por la agresin imperialista en todos sus niveles (diplomtico, poltico, econmico, militar, meditico, financiero). O debemos enumerar acaso los golpes de estado en Honduras, Paraguay y Brasil que anteceden la presente arremetida? De nada valen las groseras teoras de los dos demonios para analizar las causas de la violencia venezolana: o qu significa entonces el origen complejo y compartido de la violencia sealado por la solicitada? O la identificacin, aparentemente simtrica, de extremistas de derecha y totalitarios de izquierda, que redunda al finalizar el texto en el sealamiento de un nico e inaudito responsable de la violencia: el estado y el gobierno bolivariano! Justo quienes insisten en una estrategia de paz!Qu deberan haber hecho, segn estos intelectuales, Fidel Castro y los revolucionarios cubanos ante la invasin de Playa Girn? Sentarse a parlamentar con diplomticos inexistentes mientras las bombas atronaban en Baha de Cochinos? Enfrentar con papeletas electorales los fusiles de los mercenarios? Peticionar cautamente ante la OEA?

 

El ms elemental de los anlisis crticos ha de ser capaz de separar la paja del trigo, de distinguir la violencia fundante y la mera violencia reactiva de las clases y los gobiernos populares, y de entender, como Antonio Gramsci, que no hay resolucin pacfica o democrtica (en el sentido estrictamente liberal del trmino) a la lucha de clases. Tarde o temprano las clases dominantes, en su impotencia electoral, acudirn a golpes blandos comandados por las corporaciones judiciales o mediticas, y cuando tambin estos se muestren intiles, harn sonar nuevamente la hora de la espada.

Por eso, la pretendida mirada ms all de la polarizacin, ese vano intento de otear una realidad lmpida tras las nieblas de una lucha poltica sin cuartel, se demuestra imposible. Se trata, nuevamente con Gramsci, de tomar partido, lo que no significa apoyar enceguecidamente a un proceso poltico o a su conduccin eventual, sino de elegir el campo desde el que se enuncian las crticas y desde el que se cumplen las tareas especficas de la praxis intelectual. El intelectual orgnico no es un modelo de intelectual de izquierda, sino el nico en sentido estricto: es decir, aquel que reflexiona en conjunto, codo a codo, sin la mediacin de pedestales odiosos, con los sujetos populares organizados. No deja de resultar sugestivo que una solicitada firmada por acadmicos de tan alto nivel prescinda de las ms elementales categoras de anlisis del arsenal poltico crtico, dando por tierra con el intento de fundar una caracterizacin certera sobre el proceso bolivariano. Ni clases sociales, ni dependencia estructural, ni tampoco el imperialismo, aparecen siquiera mencionados en la solicitada, mientras stas son herramientas que cualquier comunero o comunera venezolana hace tiempo que ha incorporado a su vocabulario poltico, en lo que constituye otra faceta de un proceso de democratizacin (y de socializacin del poder) bien radical.

Creemos encontrar en la solicitada, en cambio, una fetichizacin notable de la democracia en sus formatos liberales. Porque, desde qu otra concepcin de la democracia es posible juzgar como antidemocrtico a un proceso que combate a una Asamblea Legislativa en desacato por juramentar a diputados elegidos de manera fraudulenta, y que ha intentado, sin tener atribuciones constitucionales para ello, destituir cuatro veces al Presidente Maduro, lo que sin duda constituyen intentos de golpe de Estado, pero que, sin embargo, la sostiene plenamente en funciones?Desde dnde se intuye una deriva antidemocrtica en un proceso que an moviliza activamente a cientos de miles de personas y que sostiene y ampla elementos democrticos cualitativos como las Comunas y los Consejos Comunales? Dnde estn los elementos autoritarios de un gobierno que responde a la agresin institucional y a la violencia callejera con la ms protagnica de las respuestas, es decir, con una convocatoria re-constituyente que relance hacia adelante la radicalidad de un proceso largamente estancado por el asedio externo y los errores internos?

Volver a historizar a la democracia, escindir el ideal de sus imperfectas realizaciones institucionales, desfetichizar sus elementos formales y comprender sus nuevas modalidades emergentes, resulta imprescindible para no caer presa de una valoracin liberal-republicana y en suma, colonial, sobre qu es lo democrtico. Es ms, creemos que ni siquiera desde una visin liberal consecuente es posible criticar al proceso bolivariano que, como ningn otro proyecto, supo tomar, profundizar y radicalizar la democracia liberal formal con mecanismos consultivos, plebiscitarios y revocatorios absolutamente inditos. No hay democracia a secas, democracia pura, democracia al margen de la historia y de las determinaciones clasistas, nacionales, tnicas y sexo-genricas de la lucha poltica. Hay, o habr democracia de los trabajadores, los campesinos, los pobres, los indgenas, los afrodescendientes, los estudiantes, los migrantes, los jubilados, las mujeres. Y sta solo se conquistar cuando los intereses de las clases populares se impongan: si ser por las buenas o por las malas, por mtodos consuetudinarios o violentos, por va electoral o a travs de una dolorosa guerra civil, lo decidirn como siempre, los que tienen todo que perder, pero tambin todo que ganar en Venezuela y en el conjunto de Nuestra Amrica.

Basado en el texto homnimo de Lautaro Rivara (Socilogo y poeta argentino ), publicado en La Tecl@ Ee

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  • Beatriz Rajland Prof Facultad de Derecho. UBA, Investigadora en el FISyP, Buenos Aires.
  • Daniel Campione, Prof de Teora del Estado. UBA. Investigadora en el FISyP, Buenos Aires.
  • Eduardo Schmidt. Fundacin de Investigaciones Sociales y Polticas (FISyP), Buenos Aires,
  • Federico Nacif
  • Hebe Livio
  • Sergio Zeta, Contrahegemonaweb
  • Fernando Cardozo - Relaciones Internacionales, Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) Autnoma.
  • Gonzalo Arma, Secretara Operativa ALBA Movimientos
  • ALBA Movimientos- Articulacin continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA
  • ATTAC Argentina
  • Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social - Buenos Aires
  • MULCS Buenos Aires
  • Movimiento Proyecto Popular
  • Escuela de formacin poltica Jos Carlos Maritegui

 

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