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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2017

El suplicio, la dejacin de armas y el sujeto corregido
Las FARC-EP y la normalizacin de los cuerpos rebeldes

Josu Roncancio Ruiz
Rebelin


Cabalgamos por el mundo

En busca de fortuna y de placeres

Ms siempre atrs nos ladran,

Ladran con fuerza

Quisieran los perros del potrero

Por siempre acompaarnos

Pero sus estridentes ladridos

Slo son seal de que cabalgamos.

Klffer, Goethe.

 

En el seminario Cultura de legalidad y seguridad jurdica en las fuerzas militares, realizado en la escuela militar general Jos Mara Crdova (2016), el Comandante del ejrcito; General Alberto Jos Meja, afirmaba que las FF.AA. haban vencido en la guerra a las FARC-EP y que esa victoria se deba, en buena medida, a la moral y a la tica de todos los soldados colombianos. Asimismo afirmaba que, no constitua una humillacin para ellos el cuidado y la proteccin de los guerrilleros de las FARC-EP en el proceso de dejacin de armas, debido a que ellos eran quienes haban ganado la guerra y por tal motivo conservaban las armas y los uniformes de la Republica.

Declaraciones contiguas daba al peridico El Tiempo, por esos das, el exjefe del estado mayor conjunto Almirante David Ren Moreno en entrevista con Diego Arias. En el dilogo el almirante explicaba que la guerra ganada corresponda a una victoria estratgica en una guerra irregular, esto debido, a las tcnicas de doblegamiento que redujeron la voluntad de agresin armada de las FARC-EP, para as, consolidar la entrega y la desmovilizacin, y, una negociacin en trminos de desarme en condiciones favorables al Estado colombiano. De igual manera, el almirante afirmaba que: el problema de la subversin no requera solamente una solucin militar. Necesita que todos los elementos del Estado se unieran en un solo frente para darle una solucin poltica a ese fenmeno.

Partiendo de la prctica militar del General y del Almirante se podra decir que, as como los partes de guerra nunca coinciden, la opinin sobre la victoria estrategia de las FF.AA. sobre las FARC-EP o sobre la victoria de las FARC-EP sobre las FF.AA. (al no ser derrotadas por un ejrcito que recibi ayuda econmica, tcnica, logstica y humana por parte de EUA) necesitara del esclarecimiento de la comisin histrica del conflicto y de la comisin de la verdad para no entrar en debates prricos e ilegtimos, y as, interpretar el problema a travs de la comprensin que se desprenda del desenvolvimiento histrico y no de los intereses emotivos de un representante del establishment o de la insurgencia.

No obstante, si aceptamos que el enunciado del General y del Almirante est en la verdad tendramos que preguntarnos si: La victoria estratgica de las FF.AA. sobre las FARC-EP, tambin derroto la miseria y las limitaciones de las instituciones liberales del Estado colombiano?, esto debido a que la guerrilla es una expresin militar y poltica de la miseria, y efecto de las limitaciones de la democracia colombiana y de los partidos tradicionales para canalizar y solucionar el descontento popular (Betancur Belisario, 1982).

Indiscutiblemente si buscamos una respuesta a esta pregunta esta sera que NO. Esto debido a que, la miseria econmica, la marginacin social y la exclusin poltica son elementos constitutivos del sistema liberal colombiano y como tal las FF.AA., as no lo manifiesten intencionalmente sino irnicamente, preservan ese estado de cosas en la Repblica. Si el enunciado est en la verdad es slo por el inters de masificar un relato oficial sobre la victoria de las FF.AA. para hacer circular un relato que brinde seguridad existencial a aquellos que dan su palabra y al no cumplirla creen burlarse del otro, sin saber que al no agachar la cabeza no humillan al otro sino a s mismo (Benjamn Walter, 1971)

De la misma manera, en las declaraciones del General Alberto Jos Meja y del Almirante David Ren Moreno se asevera que la tica de las FF.AA. establece sus preceptos en el DIH y en el DD.HH, y que, los principios y los valores de las fuerzas militares han sido siempre: nunca buscar la aniquilacin del adversario. Declaraciones paradjicas si recordamos las muertes de los guerrilleros de los diferentes Bloques insurgentes y el asesinato del Comandante Jorge Briceo Suarez y del Comandante Alfonso Cano, en momentos en los cuales las FARC-EP y el establishment colombiano se encontraban en un lugar comn: en la demanda de materializar un dialogo.

I

La guerra va para terminarla en unas mesas de conversaciones, resolviendo lo que est planteado en los documentos de las FARC. De otra manera no hay acuerdos. Eso no se termina a tiros, ni a bombas, ni a misilazos, ni con aviones. Se termina con poltica. Esa fue la respuesta del Comandante Jorge Briceo Suarez ante la pregunta Par dnde va la guerra? realizada por el periodista Jorge Enrique Botero en algn lugar de la Macarena; Meta. En ese mismo lugar, pero en la vereda la Escalera de la jurisdiccin de la Julia, treinta das despus se daba la defuncin del Mono Jojoy por un bombardeo de la FF.AA.

La muerte asctica y anestsica, que sufri el comandante insurgente, por no ser un espritu dcil y obediente; por no ser un cuerpo que se incluyera en la regla y en la norma, llego por medio de un operativo militar que arrojo 50 bombas; 7 toneladas de explosivos, que arrasaron con toda la vegetacin. Los 800 soldados de las fuerzas especiales del ejrcito, la infantera de marina, los comandos jungla, los comandos de operaciones especiales (Copes) y del grupo tctico antiterrorista (Grate) descendan de los 72 aviones y helicpteros para complementar el espectculo punitivo en donde se realizara una ejecucin pblica. Adems de esto, para hacer ms claro y preciso a los subversivos la lgica de la condena y de la sancin se dispuso de 7000 soldados de la Fuerza de Tarea Omega en compaa de fuerzas especiales de Estados Unidos y mercenarios militares israeles a los alrededores para contener cualquier incursin de los frentes insurgentes que se encontraran en la periferia.

Esta desproporcin en el ejercicio de la fuerza slo visibiliza que el esfuerzo de las FF.AA. y la oligarqua colombiana para castigar corporalmente al Comandante Jorge Briceo Suarez (como despus al Comandante Alfonso Cano), abandona la dimensin de una operacin militar para neutralizar a un sujeto de alto valor de la insurgencia; y se acerca y se comprime a la prctica de las faidas como procedimientos de dirimir ofensas personales. La coercin no discreta que busco reprender lo que se manifest como anormal; que busco corregir y restaurar un ideal de sujeto por medio del castigo de aquello a lo cual se le ha negado su presencia, no censuro el tormento pblico porque buscaba incluir la regularizacin y la sustitucin de un estado de cosas en las formas concretas de las existencias que se encontraban afuera de la norma.

La muerte del Comandante Jorge Briceo Suarez no slo desempea una funcin correctora y normalizadora, en cuanto imagen que ilustra lo que puede suceder a aquellos que desobedezcan al amo, sino que, se presenta como signo y sntoma del conflicto de constitucin de la Nacin: la contradiccin cultural de ser una nacin mestiza y barroca de la contrarreforma que implemento unas instituciones modernas y liberales (Gmez Hurtado, 1958). La detencin y la privacin de la facultad de movilidad que son las formas esenciales de la punicin en las sociedades modernas: en Colombia no se aplican para las disidencias polticas y los movimientos beligerantes. Al parecer la tradicin inquisitoria de Toms de Torquemada y las formas de represin de la Europa de Luis XV se confunden, en el conjunto de la sociedad colombiana, con el empleo del tiempo de las casas de jvenes delincuentes de Pars y con las tcnicas correctivas desarrolladas en la modernidad desde el siglo XIX.

Basta relacionar la manera en que fue asesinado el comandante insurgente con la forma en la cual Robert Franois Damiens compenso su intento de parricidio en contra del bien-aim. A Damiens con tenazas al rojo vivo, le arrancaron la piel de diversas partes del cuerpo y vertieron en las heridas plomo derretido, aceite hirviendo, as como cera y azufre fundidos juntamente (Corcuera, pgn 224, 2002), seguido a esto, su cuerpo estirado y despedazado por seos caballos y sus segmentos y tronco consumidos en el fuego. Si el poder disciplinario se ejerce hacindose invisible y en cambio impone a aquellos a quienes somete la visibilidad obligatoria (Foucault, 2003) es slo a condicin de que las voces tienen que callar para que hablen las marcas del condenado.

El Comandante Jorge Briceo Suarez comparte con Damiens los dolores indecibles de los suplicados y el sufrimiento sombro que no confesaron, que fue silenciado, al igual que, visibilizado. Como exhortados se hicieron participes de la prctica de simbolizacin del poder soberano; que por medio de la muerte inscribe en la vida la infamia y la liturgia de purgar el delito: pero no reconciliarlo. Se dibuja sobre el cuerpo del condenado unos signos que no deben borrarse; la memoria de los hombres conserva el recuerdo de la exposicin, de la tortura y del sufrimiento debidamente comprobados (Foucault, 2003).

La tecnologa del poder sobre el cuerpo, en el caso del Comandante Jorge Briceo Suarez, no guardo la discrecin en el oficio de hacer sufrir. Lo sutil y lo silencioso de los juegos de los dolores no fueron despojados de su suntuosidad visible. Los verdugos se adecuaron como criminales y los jueces como asesinos. La imagen del cadver se encontraba en la lnea divisoria de la apreciacin cotidiana y de la conciencia abstracta; su recuerdo trasmitira el castigo no declarado por la desobediencia. Si con la modernidad los elementos constitutivos de la pena ya no son el sufrimiento fsico y el dolor del cuerpo mismo Por qu se someti a sensaciones insoportables los cuerpos rebeldes a la norma?

Herir algo que no es el cuerpo mismo; actuar en profundidad en la voluntad, el pensamiento, la disposicin de accin, hacer del alma efecto e instrumento de una anatoma poltica; el alma, prisin del cuerpo (Foucault, pgn 36, 2003), como procedimiento de poder en Colombia, al parecer, no opero en la estructura de la subversin. La rebelda contra la economa de los derechos suspendidos y contra el carcter correctivo de las penas, visibilizo que en el sistema penitenciario y judicial colombiano el castigo, la modificacin, la reformacin y la curacin tenan que supeditarse y articularse, en cierta medida, al sufrimiento corporal y a los estragos del cuerpo. La manifestacin decorosa de las prcticas punitivas y la sobriedad en la graduacin de los castigos de acuerdo con el delito juzgado revelaban y escondan que la violencia legal del amo descansa en la accin disciplinaria que busca, la expiacin, el dolor y no la reparacin.

Ahora bien, si la muerte procede como tcnica para hacer a los sujetos ms dciles y tiles; y el registro, la valoracin y la vigilancia de los cuerpos opera para inscribir sobre la carne y sobre el espritu los discursos que producen explotacin econmica y sujetos sometidos, en el dialogo de paz Dnde emerge la normalizacin y el castigo de los cuerpos rebeldes? Si se parte de que la jurisdiccin especial para la paz, que se articula al punto seis: vctimas, sistema integral de verdad, justicia, reparacin y no repeticin; es el proceso de expiacin y de punicin en donde el cuerpo y el espritu de la subversin van a ser lugar de cadalso y en donde la sobriedad del sufrimiento causado y la sutilidad de la apercepcin de los crmenes cometidos en el conflicto interno por la oligarqua van a ser visibilizados, se cometera una desviacin analtica.

El problema de la emergencia de la normalizacin y la regularizacin de los cuerpos rebeldes se encuentra, al igual que se despliega, en la aplicacin del punto tres o del fin del conflicto. Esta acontece desde la implementacin del cese al fuego y hostilidades bilateral y definitivo, y opera, dentro del establecimiento de las zonas veredales transitorias de normalizacin (ZVTN). Esto debido a que el cuerpo y la existencia, su fuerza y su utilidad, su plasticidad y su docilidad son cuantificables en la medida en que; se pueda convivir respetando la ley y se pueda sostener las propias necesidades en la economa del Estado. El cuerpo slo se convierte en fuerza til cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido (Foucault, pgn 33, 2003).

La visibilizacin de los cuerpos, su distribucin, su clasificacin y su conocimiento, son el comienzo de la intervencin en las ZVTN para el control y la administracin de la existencia de los rebeldes. La valoracin social sobre aquello que se juzga como normal entra a delimitar y a ampliar la hegemona social sobre lo que se considera anormal. La vuelta a la cotidianidad y lo que, se le atribuye como su nomos, su regla propia; su naturalidad, no sera ms que la sancin y la afirmacin de la infraccin; que no es origen de la regla, sino el origen de la regulacin (Canguilhem, 1971) . De este modo, regularse, normalizarse, volver a la regla, consistira, solamente, en retornar a realizar actividades cotidianas; como producir capital.

La ZVTN como dispositivo de individuacin, normalizacin y sujecin de los insurrectos al sistema disciplinario busca sustituir la indiferenciacin por la uniformidad, busca la normalizacin para borrar lo que difiere y absorber, en el todo liberal, las diferencias para hacerlas tiles. La normalizacin aunque no se presente como imposicin es el castigo absoluto de la oligarqua a los insurrectos. Es la desobediencia, la afrenta del esclavo al amo, lo que pone de manifiesto la irregularidad de la norma en la visibilizacin de lo anormal, de su naturalizacin en las relaciones sociales de produccin y reproduccin social. Lo irregular no slo se presenta como condicin de posibilidad de la norma, sino que, se despliega como su negacin; como posibilidad de construir otro sentido y destino en el entramado social de significacin.

Si una norma extrae su sentido, su funcin y su valor del hecho de la existencia fuera de ella; de aquello que no responde a la exigencia que ella atiende (Canguilhem, 1971), en ese afuera lo normal como prototipo o estado natural de las cosas se puede manifestar como contradiccin de la pretensin portadora de poder. Lo normativo como: 1). Procedimiento de valoracin material y 2). Cambio en la disposicin prctica de los sujetos, en ese afuera puede incluir la negacin en el acto de juzgar: lo natural en el hombre seria no tener esencias y no trasformar la norma en algo normal. La regularizacin y la normalizacin mantendran el rechazo en la inclusin, pero, facilitaran la contradiccin para visibilizar normas con sentido y funcin que agrieten el estado de cosas en la nacin. Por ejemplo las zonas de reservas campesinas con un modelo de produccin comunitario podra satisfacer la demanda interna de productos agropecuarios, as como, establecer el smbolo y la imagen de una sociedad ms racional.

No obstante, si andamos de nuevo la calle, en busca de esa realidad cotidiana sin cuyo respaldo los mejores discursos son letra muerta (Cortzar, 1984) irrumpe ante la conciencia esa prctica de gobierno, duradera y variable, que hace que el sujeto este fuera y, no obstante, este dentro de esa zona de indiferenciacin e indeterminacin en donde nadie comparte completamente el derecho de juzgar, pero todos participan del poder de castigar. Esa indiferenciacin normalizadora dejara, entonces, signos en forma de hbitos y de comportamientos que diferenciaran lo normal de lo patolgico y haran operable en la prctica poltica ese contraste. La consecuencia de ese estar siempre operando; del estado de excepcin, prescribira lo normal y la normalizacin al elemento soberano y decisional de la autoridad y la potestad del amo. Claro est que, esa norma que busca la situacin de normalidad en la decisin soberana se presentara como una anomia, antes que, como validacin o suspensin del anonimato de la autoridad.

Y es que, en una nacin como Colombia en donde: la disidencia y oposicin poltica se asocia a incompatibilidad y variabilidad negativa en el funcionamiento social e institucional en la repblica, la decisin soberana busca restringir la dimensin de soberana a los sujetos para conservar un orden jurdico y social. El no lugar descrito por Agamben (2014) entre la aplicacin de la ley y la decisin soberana de aplicarla, entre la aplicacin de la norma y la decisin soberana de aplicar la normalizacin, no tiene en cuenta que la idea del derecho no se realiza por si sola y que la aplicacin de la norma requiere de una forma particular concreta (Schmitt, 2009), de un contexto que facilite las condiciones de normalidad. La restriccin de la autoridad y la potestad a los sujetos manifiesta que aquello que es lo normal no es ms que aquello anormal; es eso anormal de la misma norma lo que posibilita pensar que se puede instaurar otras normas en el sujeto.

Ese no lugar, no es ms que el espacio para la disposicin prctica de los sujetos, la intervencin efectiva sobre el cuerpo y la existencia de los sujetos posibilita pensar que ms alla de la formalizacin de la norma, est en su aspecto negativo puede facilitar la transformacin y la correccin de aquello que es anormal en la norma. Un estar enfermo y poder recuperarse, un momento deseable que satisface la pluralidad, la diversidad y la singularidad constitutivas de la condicin de lo humano.

 

Bibliografa.

Agamben, Giorgio (2014). Homo Sacer II; estado de excepcin. Lebenglik Editorial. Buenos Aires, Argentina.

Benjamn, Walter (1971). Angelus Novus. Edhasa. Barcelona, Espaa.

Betancur, Belisario (1982). El pueblo es mi fiador: progreso con equidad. Imprenta de la Secretaria de Informacin y Prensa de la Presidencia de la Repblica. Bogot, Colombia.

Canguilhem, Georges. (1971). Lo normal y lo patolgico. Siglo veintiuno editores. Mxico.

Cortzar Julio. (1984). Nicaragua tan violentamente dulce. Nueva Nicaragua. Managua, Nicaragua.

De Mancera Corcuera, Sonia (2002). Voces y silencios en la historia. Siglo XIX y XX. Fondo de cultura econmica. Mxico.

Foucault, Michel (2003). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisin. Fondo de cultura econmica. Argentina.

Gmez Hurtado, lvaro (1958). La revolucin en Amrica. Editorial Barcelona

Schmitt, Carl (2009). Teologa poltica. Editorial Trotta. Madrid, Espaa.
 

Consultora Pedaggica.

Josu Roncancio Ruiz.

Vida, Paz, Educacin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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