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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2017

Entrevista a Julin Sanz, profesor de Historia Contempornea en la Universitat de Valncia
Sin la presin del antifranquismo, seguramente ni siquiera se hubiera producido la Transicin

Enric Llopis
Rebelin


La historiografa oficial ha destacado tradicionalmente el peso de las elites en la Transicin de la dictadura franquista a la democracia en Espaa. Se destacaba la influencia de la monarqua, las elites polticas y el sentido comn del pueblo espaol. Sin embargo, en la dcada de los 80, y sobre todo en los aos 90, empezaron a publicarse investigaciones que resaltaban el potencial de las movilizaciones populares (clase obrera, estudiantes, asociaciones de vecinos, colectivos de mujeres y abogados laboralistas, entre otros). Sin la presin del antifranquismo seguramente ni siquiera se hubiera producido la Transicin tal como hoy la entendemos, afirma el profesor de Historia Contempornea en la Universitat de Valncia, Julin Sanz. Respecto a las tesis que subrayan el contraste entre el caso espaol (de transicin a la democracia) y los de Alemania, Francia o Italia (de ruptura con el pasado), el historiador matiza y seala cambios y continuidades en ambos modelos: A veces tenemos la idea de que en 1945 cambi todo en Europa.

Julin Sanz ha centrado sus investigaciones en la derecha espaola contempornea, sobre todo la evolucin durante la II Repblica y la dictadura franquista. Es autor de los libros De la resistencia a la reaccin. Las derechas frente a la II Repblica (Cantabria, 1931-1936) y La Construccin de la dictadura franquista en Cantabria. Instituciones, personal poltico y apoyos sociales (1937-1951). En 2016 ha coeditado E.P.Thompson. Marxismo e Historia Social y editado los discursos en las Cortes Constituyentes de la II Repblica del diputado del PSOE y sindicalista de la UGT, Bruno Alonso. Sanz es, asimismo, miembro del Aula de Histria y Memria Democrtica de la Universitat de Valncia y del grupo coordinador de la seccin de Historia de la Fundacin de Investigaciones Marxistas (FIM).

-Durante mucho tiempo los historiadores han discutido sobre la naturaleza del franquismo. Est cerrada la polmica? Fue el franquismo una dictadura de corte fascista?

La polmica historiogrfica no est resuelta. Se continan generando debates, aunque no tan encendidos como hace unos aos y no tan centrados en torno al adjetivo fascista. El profesor Ismael Saz deca hace unos aos que hay un cierto acuerdo de fondo en que si se considera al franquismo por alguna de sus particularidades, como el integrismo y la fuerte fundamentacin catlica, sera el ms cercano al fascismo de los regmenes no fascistas. En cambio, si se le considera fascista, lo sera pero de manera especialmente singular precisamente por sus elementos tradicionalistas. Personalmente considero que la dictadura de Franco tiene un claro componente fascista hasta el final, y no se desfascistiza del todo en ningn momento. A veces depende del concepto de fascismo que se utilice. Si es ms amplio, entra el franquismo con unas particularidades; si es ms estrecho, no se le considera fascista, aunque se aproxime al fascismo.

-La historiografa socialista y marxista ha utilizado el calificativo fascista como elemento peyorativo, ms all de un anlisis riguroso? Haba un soporte terico y emprico que avalara el uso del adjetivo?

Es innegable que en nuestra sociedad el trmino fascista incluye una connotacin negativa, pero no creo que la historiografa marxista lo haya utilizado de manera inadecuada. Cuando se ha caracterizado al franquismo como rgimen fascista es por su funcin de clase, por cmo acab de modo violento con la democracia y el movimiento obrero. Pero tal vez haya que valorar ms elementos para caracterizar a una dictadura. Sin embargo, en el caso de la historiografa marxista haba razones serias, no era slo una acusacin. Tun de Lara consideraba al franquismo como un rgimen plenamente fascista. Adems, incorporaba en su anlisis los elementos del franquismo que consideraba ms arcaicos, como el clericalismo o el peso de los terratenientes, que provenan de una herencia histrica muy larga.

Actualmente se tiene una visin de la historia de Espaa menos arcaizante, y una concepcin del fascismo en el que se subraya su modernidad. Muchas veces se consideraba el carcter no fascista del franquismo porque se parta de que el peso de la Falange (el partido fascista) era pequeo, no tena autonoma alguna, se hallaba plenamente subordinada al estado y haba pocos fascistas autnticos. Otros historiadores compartan esto, pero consideraban que el rgimen era fascista por su funcin de clase, lo que implicaba una cierta paradoja que ahora se busca superar estudiando ms en detalle el fascismo espaol.

-Qu diferencias sealaras, a grandes rasgos, entre el franquismo, el fascismo italiano y el nazismo? Contaron con el respaldo de los mismos sectores sociales?

Es una cuestin tambin debatida en los ltimos 20 aos. Antes se vio al franquismo como algo excesivamente impuesto desde arriba, sin tener en cuenta los apoyos sociales. Las investigaciones que me parecen ms afinadas, por ejemplo las de Francisco Cobo, Daniel Lanero o Miguel ngel del Arco han trabajado sobre estos apoyos en regiones como Andaluca o Galicia. La mayor diferencia se dara respecto al nazismo. ste logr calar en sectores mucho ms amplios de la poblacin que el franquismo o el fascismo italiano. Entre los casos espaol e italiano, hay bastantes similitudes. Adems del apoyo de la burguesa y la oligarqua, el franquismo cont con un apoyo importante de las clases medias conservadoras. Tambin de sectores del campesinado. Es algo que se ha sabido siempre, aunque tal vez ahora se vaya comprobando mejor. El apoyo en el campo incluye no slo a propietarios acomodados, que en un pueblo puede ser gente relativamente humilde que forma parte de la lite local, sino tambin a nfimos propietarios y arrendatarios con una cosmovisin conservadora. El fascismo italiano posee un componente urbano ms fuerte, pero tambin cuenta con un apoyo significativo en el campo. En ambos casos, salvo escasas excepciones, la penetracin en la clase obrera es muy pequea. En cambio, en Alemania s hay un sector de la clase obrera que se ve captado por el nazismo.

-Hay historiadores que han preferido reservar el trmino fascista para los partidos, sea la Falange en Espaa, el NSDAP en Alemania o el PNF italiano, ms que a los regmenes o gobiernos. Ests de acuerdo con la idea de que el partido, y no las formaciones estatales, constituiran el reservorio de la esencia?

El fascismo en Espaa est representado por la Falange (partido), pero tambin por la Falange unificada; es decir, la que surge de la unificacin desde arriba con el carlismo mediante un Decreto de Franco (abril de 1937). Se constitua as el partido nico del naciente rgimen. Deca Dionisio Ridruejo, poeta falangista en sus inicios, que con el Decreto de Unificacin se produjo un golpe de estado al revs, ya que era el Estado el que haba tomado al partido. La pregunta es si durante la dictadura hubo una continuidad con el fascismo que representaba la Falange antes de la unificacin; o si, por el contrario, sta se convirti en un partido instrumentalizado por el Estado y vaciado progresivamente de su componente fascista. Cada vez hay un acuerdo mayor en que quienes controlaron la Falange fueron en su mayora falangistas de antes de la guerra, o que siendo falangistas de los que se unieron durante el conflicto (camisas nuevas), adoptaron el ideario. Desde 1945, y sobre todo en los aos 60, el fascismo qued como algo obsoleto y la Falange se tuvo que adaptar. Adquiri un carcter diferente, por lo que a veces es difcil de adjetivar. Falange perdi una parte de poder dentro de la dictadura, y dentro del partido tambin se dieron cambios. Fue diluyndose la retrica fascista al tiempo que se practicaba un populismo de lenguaje diferente al de la guerra y la posguerra.

-Cmo explicaras la categora analtica de fascistizados, hace excesivamente difcil la comprensin popular del fascismo? Lo blinda en la academia y aleja de la gente que lo padeci o milit en el mismo?

Hay diversos usos del concepto fascistizacin por parte de diferentes historiadores, lo que todava complica ms las cosas. La formulacin ms conocida, la de Ismael Saz, implica que sectores procedentes de diferentes campos de la derecha se vieron influidos por el fascismo, hasta el punto que su ideologa y forma de practicar la poltica dej de ser la de la derecha tradicional, conservadora o radical anterior; no llegaron a ser fascistas plenamente, pero s mutaron sustancialmente por su contacto con el fascismo. Esta misma idea servira para caracterizar la dictadura de Franco: incorpora muchos elementos del fascismo sin ser plenamente fascista, como s se considera a los regmenes de Italia o Alemania.

Desde el punto de vista analtico, creo que es muy til la idea de que existen elementos fascistizados a caballo entre la derecha tradicional y el fascismo. En la misma encaja mucha gente. Sirve para analizar la deriva de un sector muy amplio de la derecha espaola y europea. Un ejemplo? Carrero Blanco, militar y presidente de uno de los ltimos gobiernos de la dictadura, asesinado por ETA en 1973. Se le juzga habitualmente como monrquico o autoritario, pero muchas de las ideas que defiende son de matriz fascista, no se le puede considerar propiamente un fascista, pero s se ve influido por esta ideologa. No se trata de un monrquico autoritario sin ms; a veces, creo que se ha exagerado su consideracin como antifalangista dentro del rgimen. Por otro lado, resulta difcil de trasladar a la esfera pblica la idea de fascistizados. Hay que hacer un esfuerzo para explicarlo con claridad, no estoy seguro de si contribuye o no a aclarar la cuestin.

-Se ha sostenido que en Espaa ha tenido lugar una Transicin de la dictadura franquista a la democracia, sin ruptura ni cambios en el aparato del estado; la ruptura s se habra producido, por el contrario, en Alemania e Italia tras la derrota del fascismo en la segunda guerra mundial. Ests de acuerdo con estas interpretaciones o habra que matizarlas?

Matizara bastante. La ruptura brusca existe en Italia y Alemania porque, en efecto, es derrotado un rgimen fascista y se constituye una democracia. Pero en la Transicin espaola tambin habra, en ese sentido, una ruptura. Muchas veces las rupturas se mezclan con las continuidades. Tal vez se haya idealizado lo ocurrido en Alemania, Italia, Francia y otros pases europeos, donde hubo muchos elementos que pervivieron. Por ejemplo, en el caso italiano, el Concordato fascista con el Vaticano se mantuvo posteriormente; adems, buena parte de la legislacin fascista se mantuvo hasta los aos 50 y 60. La razn es que muchos aspectos recogidos en la Constitucin, por ejemplo penales o respecto a la censura, tardaron aos en desarrollarse mediante legislacin concreta. La depuracin de jueces y policas que venan del fascismo fue, asimismo, bastante leve. En Alemania se produjo una ruptura legal mayor, pero ocurri lo mismo: la pervivencia en los aparatos del Estado de muchsimos nazis. Esto desmiente la idea que tenemos a veces de que en 1945 cambi todo en Europa. En Francia hubo mucha gente que colabor con el Rgimen de Vichy, y que todava en los aos 60 eran altos cargos de la polica. El caso ms conocido es el de Maurice Papon, jefe de la polica francesa responsable de la matanza del Sena, en 1961, donde hasta dos centenares de argelinos murieron asesinados en Pars, durante una manifestacin en el contexto del conflicto por la independencia de Argelia.

-Sostienes, por tanto, que la Transicin espaola implic una ruptura con la dictadura franquista?

Hay una ruptura en el plano legal bastante clara. Se pasa de una dictadura con un importante componente fascista a una democracia parlamentaria, con todos los lmites que se quiera. Casi todas los han tenido. Pero la legitimacin del poder cambia radicalmente. Otra cuestin son los lmites impuestos por la presencia del ejrcito y la pervivencia absoluta de los aparatos del Estado, que no es parcial como en otros pases: en el caso espaol es enorme.

-Las interpretaciones oficiales de la Transicin espaola han puesto el nfasis en el papel reformista de las lites, que pilotaron el cambio. Figuras como la del monarca Juan Carlos I de Borbn, Adolfo Surez o Torcuato Fernndez Miranda, sumadas a una izquierda responsable, una derecha con capacidad de reciclarse y la madurez del pueblo espaol hicieron posible el cambio poltico. El bnker, los sectores ms ultramontanos de la polica y el ejrcito, as como los llamados incontrolados de extrema derecha presionaban a la contra. Qu influencia tuvieron en el proceso las clases populares?

Respecto a las lneas de investigacin sobre los sectores sociales de la oposicin, hay trabajos desde la dcada de los 80 y un desarrollo mucho mayor a partir de los 90. Estos estudios han irrumpido con fuerza por ejemplo en Catalua (Pere Yss o Carme Molinero, entre otros) y tambin en el Pas Valenciano hay algunos (Alberto Gmez Roda, Carlos Fuertes, Maria Hebenstreit, entre otros). Se ha ido avanzando en el estudio del movimiento obrero y sobre todo de las Comisiones Obreras. Es muy significativo que se hayan realizado estudios en los territorios ms emblemticos, como Madrid, Catalua o Asturias. Las investigaciones han tratado tambin el movimiento estudiantil, las asociaciones de vecinos, los movimientos de mujeres, los abogados laboralistas, etc. Estos trabajos otorgan mucho ms valor a la oposicin antifranquista desde abajo que la que tiene en los relatos oficiales y centrados en las lites.

-Sin la agitacin en la calle de la clase obrera y los movimientos sociales, se hubiera producido la Transicin a la democracia de otro modo, tal vez habra establecido unos lmites ms estrechos? En otros trminos, fue la presin popular la que forz a la dictadura a hacer reformas?

Sin la presin del antifranquismo, seguramente ni siquiera se hubiera producido la Transicin tal como hoy la entendemos, como un cambio significativo de Rgimen. Tal vez lo habran impedido los sectores ms duros de la dictadura. S se hubiera producido una transicin postfranquista en el sentido de que, al morir Franco, lgicamente han de darse algunos cambios. Pero sin una oposicin fuerte, el Rgimen habra intentado continuar. Una democratizacin, ni por asomo. Incluso gente como Fraga (Vicepresidente segundo y ministro de la Gobernacin entre diciembre de 1975 y julio de 1976), presentado como democratizador y como uno de los reformistas de la dictadura, seguramente hubiera tenido dificultades para sacar adelante su muy moderado proyecto. Distinguira dos periodos. Hasta 1975, la presin del antifranquismo ya aseguraba que muerto Franco se daran cambios de un cierto relieve. A partir de 1976, con Surez en el gobierno y con la decisin de realizar cambios importantes, es la presin de la calle la que ampla mucho ms los mrgenes. Primero se trataba de forzar que la dictadura no pudiera continuar; despus, una vez abierto el proceso en direccin a la democracia que en buena medida se condujo desde arriba, el objetivo era ampliarlo mucho ms. En los dos periodos fue importante la presin popular.

-En obras colectivas has publicado dos artculos sobre la relevancia del ftbol para la dictadura (De la azul a La Roja. Sobre ftbol e identidad nacional espaola durante la dictadura franquista y la democracia; y La patria en los estadios. Ftbol, nacin y franquismo). Cul es la conclusin?

Estos trabajos fueron unas primeras aproximaciones. El franquismo tuvo un inters grande en el ftbol, un fenmeno que en principio pudiera parecer ajeno a la poltica. Los discursos en relacin con el ftbol cambian sustancialmente en funcin de la percepcin que el pas tiene de s mismo. As, todo el discurso sobre la seleccin espaola basado en la furia y la raza es una manera de entender la espaolidad, que no era slo propia del franquismo pero que el Rgimen tena bastante clara. Es una manera de entender la nacin que a veces ni siquiera tiene una base real en hechos. La seleccin espaola que gan la Eurocopa de 1964, tras derrotar por dos goles a uno a la URSS, era un equipo muy tcnico para la poca. Y sin embargo se hablaba de la furia. En los ltimos aos los xitos de La Roja -que gan la Eurocopa de 2008 y 2012, y el Mundial de 2010- se insertaron, sobre todo antes de que la crisis golpeara con ms fuerza, en el discurso de una nacin avanzada y moderna.

-El profesor de la Universidad Complutense Jos Luis Ledesma afirma, sobre el coste humano de la violencia en la guerra de 1936 y la posguerra, que la represin termin con la vida de cerca de 50.000 personas en la zona republicana y un mnimo de otras 130.000 en la Espaa de Franco (unas 40.000 de ellas durante la posguerra), aunque la cifra real pudo ser mayor y segn algunas fuentes superar las 150.000. Hay historiadores de derechas que apuntan otras cifras. Dnde radica la frontera entre el debate historiogrfico y la batalla poltica? Existen las discusiones acadmicas polticamente neutras?

Las polmicas acadmicas estn siempre atravesadas por significados polticos. En la academia no hay personas al margen de la sociedad en la que viven. Aunque algunos acadmicos ni siquiera se den cuenta, son portadores de unas ideas polticas y de una cosmovisin. De hecho, las polmicas historiogrficas ms importantes tienen un trasfondo poltico, porque estn impregnadas de ideologa y porque tienen consecuencias polticas. Pero esto no significa que tenga que darse una batalla propagandstica. Por un lado se puede hacer historia con rigor en el manejo de los datos, debate metodolgico bien afinado y una base emprica fuerte que justifique las afirmaciones. ste es el terreno del debate acadmico. Por otro lado puede hacerse una historia que est orientada a defender una posicin poltica. A mi modo de ver, esta ltima opcin no es la correcta. Ejemplos de otros debates politizados? Los debates sobre la construccin del estado-nacin en Espaa estn bastante politizados. Tambin los debates sobre la II Repblica revisten otra vez una notable politizacin; hace 20 aos esto no era tan acusado, pero hoy se han vuelto a convertir en objeto de batalla. Sin embargo, hay batalladores con rigor acadmico (aunque uno pueda estar en desacuerdo con sus afirmaciones) y otros que hacen pura propaganda. Los temas relacionados con el franquismo y la represin tienen un grado de politizacin importante; lo mismo ocurre con la Transicin.

-El rigor que defiendes, pierde fuerza en la Historia Oral? La memoria no slo es selectiva, tambin puede confundir hechos, vivencias y construir relatos perfectamente elaborados que no se ajusten a la realidad. Aunque sea de manera involuntaria. Est totalmente asumida la Historia Oral en los departamentos de las facultades? Crees que los documentos, archivos o censos son ms fiables que los testimonios de las personas?

La Historia Oral est, o debera estarlo, totalmente asumida. Hay una cuestin previa. La memoria no es historia, es selectiva, y lo que nos dice un testimonio oral siempre hay que cuestionarlo. Pero lo mismo ocurre con un documento de archivo. La crtica de fuentes opera tanto para las orales como para las escritas. Las fuentes orales exigen una visin crtica de cmo se construye la memoria, conocer esos mecanismos y tenerlos en cuenta a la hora de entrevistar a alguien.

-Cul ha sido tu experiencia en relacin con la Historia Oral?

Para la tesis doctoral, entrevist en Cantabria a personas que formaban parte de los apoyos al franquismo. El objetivo no era reunir un volumen importante de fuentes orales, ya que me bas principalmente en los archivos y la prensa. Los testimonios aportaron una visin complementaria, que me ayudara a entender ante el oscurantismo del Rgimen- algunos detalles de opinin y mentalidad en los diferentes sectores de la dictadura. La mayora de las personas que entrevist no queran ser grabadas, algunas tampoco permitieron que tomara apuntes. As, tras un rato de conversacin, tena que entrar en una cafetera para pasar a limpio las informaciones. Entrevist en Santander y algunos pueblos de Cantabria a falangistas, monrquicos de la rama juanista, carlistas y algn catlico del sector de Gil Robles, entre otros.

-Por otro lado, en artculos y obras colectivas has escrito sobre los poderes y cuadros locales del franquismo. Qu relevancia tuvieron?

El poder local es una cuestin sobre la que se ha trabajado mucho, pero no siempre a partir de una buena base. La mayor utilidad se da cuando permite comprobar quines apoyaban al Rgimen, en qu sectores la dictadura se sustentaba, a quines cooptaba y buscaba colocar al frente de los ayuntamientos y diputaciones provinciales. Hay una diversidad importante segn las zonas del Estado. En general, se constata una tendencia a una cierta renovacin de elites. Inicialmente, durante la guerra civil, el franquismo coloca en las zonas que controla a pesos pesados de la derecha autoritaria: exalcaldes de la dictadura de Primo de Rivera, jefes locales de Renovacin Espaola, de la Confederacin Espaola de Derechas Autnomas (CEDA) o caciques de toda la vida. Puede comprobarse, por tanto, que hay una restauracin muy clara de las viejas elites. Despus se da una tendencia progresiva al cambio, por la cual entran en los ayuntamientos gente ms joven que casi siempre son excombatientes y falangistas. El proceso empieza despus de la guerra y se intensifica en los aos 40. La razn es que al Rgimen le interesa configurar una clase poltica totalmente adicta y, por tanto, prefiere gente nueva que antes no haya ocupado cargos (a veces hijos de personajes relevantes). La Falange, que acabar controlando los poderes locales, considera que son ms fiables que las viejas elites. Esto ocurre en todo el Estado aunque con una intensidad diferente, segn el peso del falangismo.

-En otro trabajo, Falangismo y dictadura. Una revisin de la historiografa sobre el fascismo espaol, sintetizas los principales debates sobre la cuestin y pones al da las referencias bibliogrficas. En qu punto se hallan los debates?

La conclusin es que hay una revalorizacin del estudio del falangismo, que en los ltimos aos se est investigando en todas sus ramas: la Seccin Femenina, el Frente de Juventudes, el Auxilio Social, el Sindicato Espaol Universitario (SEU), as como la presencia de la Falange a nivel local y provincial. Adems, si en el pasado se estudiaba al partido falangista slo en los primeros aos de la dictadura y con la perspectiva de un aparato absolutamente dependiente del Estado, sin potencia propia, hoy se tiende a considerar que la Falange fue importante casi hasta el final del Rgimen, adems de uno de los principales sostenes de la dictadura y con un margen de autonoma dentro de las limitaciones que impona Franco. Falange tena una agenda propia, segua las directrices que marcaba Franco pero pugnaba por sus posiciones polticas.

-Se contina defendiendo la tesis de que la Falange fue el gran aparato de agitacin, propaganda y movilizacin de la dictadura franquista?

Se mantiene esta tesis, pero se ha profundizado en la investigacin de los mecanismos. Por ejemplo en La captacin de las masas. Poltica social y propaganda en el rgimen franquista la historiadora Carme Molinero ha estudiado cmo los falangistas tratan, a travs de su discurso, de hacerse con apoyos sociales ms amplios. Con un xito escaso respecto a la clase obrera, pero s en otros sectores. Por ejemplo, lex Amaya ha estudiado el discurso del diario Pueblo, desde los aos 60 con Emilio Romero, uno de los referentes periodsticos del franquismo.

-A qu elementos discursivos te refieres?

Tal vez algunas de las cuestiones ms persistentes sean el populismo y la obsesin por la unidad nacional (territorial, pero tambin en un sentido superador de las clases). Falange se presentaba a menudo como la defensora del pueblo frente a las supuestas oligarquas o sectores antinacionales. Se reclamaban como una especie de izquierda del Rgimen, incluso haba sectores que se autodenominaban la izquierda nacional. En ocasiones se despachaba al antifranquismo como antinacionales, al servicio de la URSS, las potencias extranjeras y la masonera. Tambin apuntaban a un enemigo interno: las oligarquas del capitalismo espaol, que son quienes frenan la revolucin nacional-sindicalista. Se les permita hacer este discurso, ya que era funcional al Rgimen.

-Por ltimo, en 2016 has editado con Jos Babiano y Francisco Erice, E.P. Thompson. Marxismo e Historia Social, publicado por Siglo XXI a iniciativa de la Fundacin de Investigaciones Marxistas (FIM). Qu resaltaras de la obra del historiador britnico?

El libro surge de unas jornadas que realizamos en 2013, a los 50 aos de la publicacin de La formacin de la clase obrera en Inglaterra, uno de los clsicos de la historia social. Fue un libro tremendamente influyente. Nos pareci un buen momento para evaluar su importancia, y ver hasta qu punto se mantenan vigentes las ideas y aportaciones de Thompson. La conclusin es que sus ideas fuertes continan bastante presentes. La necesidad de hacer una historia desde abajo y atenta a las clases populares; tambin la necesidad de una historia social que tenga en cuenta la experiencia de vida de las personas, lo que incluye la cultura, las experiencias de trabajo y de vida, las relaciones econmicas. En los ltimos aos se ha producido una deriva hacia la esfera exclusivamente cultural, de modo que la obra de Thompson puede servir para rearticular una visin ms social. Pero los aspectos econmicos, sociales y culturales son inseparables. Esto lo pone de manifiesto el libro.

Nota:

Artculo publicado en la revista Historia, Voces y Memoria de la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad de Buenos Aires http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/HVM/index 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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