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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2017

El privilegio de vivir

Carolina Vsquez Araya
Rebelin


Rodeados de maldad y violencia, quisiramos refugiarnos en el limbo del no saber.

Ms de una vez me han criticado por exhibir y denunciar la violencia en mis redes sociales y ms de una vez he visto cmo el afn de no saber, modera y neutraliza el impulso natural de las personas sumergindolas en una aceptacin muda de lo inaceptable, en un silencio ominoso capaz de sepultar su instinto de supervivencia como si el horror del crimen impune fuera una maldicin inevitable, impuesta por alguna fuerza superior.

La exhibicin de la realidad no es el juego irresponsable de periodistas y comunicadores sensacionalistas. Cuando ponemos la violencia frente a la sociedad esa que nos acecha a cualquier hora del da sin haber mediado provocacin alguna- es para poner el tema en el tapete, esculcarlo y desmenuzar sus diversas manifestaciones con el fin de despertar la conciencia ciudadana y sacudir esa manera tan particular de evadir el bulto a la que todos nos hemos adaptado.

La necesidad de aislarnos del entorno para encontrar un pequeo espacio de felicidad y realizacin personal no nos excusa de nuestra responsabilidad ciudadana ante la catstrofe humanitaria en la cual estamos inmersos, ni nos libera del papel de guardianes de un entorno en constante degradacin. Las precarias condiciones de vida de la inmensa mayora de seres humanos, los menos privilegiados, no responden a un proceso natural condicionado por su capacidad reproductiva como algunos pretenden justificar, sino a estrategias muy bien elaboradas para hacer de esas grandes masas un recurso de mano de obra barata incapacitada para rebelarse y exigir derechos.

En nuestro planeta nada ha sido casual ni producto de procesos naturales. Pequeos crculos de poder poltico y financiero han provocado las peores catstrofes ambientales de manera intencional con el nico fin de aumentar su riqueza, llevando a regiones enteras a un estado irreversible de degradacin, matando toda posibilidad de renovacin en enormes territorios explotados hasta el lmite con el propsito de extraer sus tesoros.

La maquinaria financiera mundial se ha blindado de tal modo que sus instituciones se han vuelto intocables y manejan el poder de llevar a la quiebra o empear los recursos de las naciones ms dbiles con un simple acuerdo, una sancin, una deuda impaga. Esa estructura perversa se consolida en el tiempo quitndole la sangre y las oportunidades a los sectores ms desprotegidos a nivel global, propiciando conflictos blicos sobre pretextos inexistentes o basados en ms explotacin, ms riqueza para sus arcas, ms proliferacin de armas en manos de dictadores amparados por el gran capital.

Si tuviramos la voluntad de abrir los ojos y ver, se producira un cambio de perspectiva desde el mbito personal con el potencial de sacar de su modorra a una ciudadana capaz de promover una transformacin de la polaridad y un retorno al camino de la democracia. Estamos rodeados de secretos de Estado, del ocultamiento de asuntos de inters pblico y de mentiras oficiales; pero no hay un contrapeso ciudadano capaz de romper esa distorsionada forma de ejercer el poder. Esto sucede porque no queremos saber para tener la libertad de disfrutar una realidad propia, ntima y ferozmente resguardada. No importa si afuera de ese mbito personal se viola, se asesina y se acaba con los sueos de otros menos afortunados.

El privilegio de vivir no es gratuito, estamos encadenados a un sistema y ese sistema est integrado por otros como nosotros, con sueos similares y similares formas de concretarlos. Esa es una razn poderosa para unir esfuerzos y visin de futuro; para derribar los muros que nos separan.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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