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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2017

Sobre la poltica del reparto

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Con el Estado de Derecho el campo de la poltica se ha reducido considerablemente, ya que su realizacin prctica no puede salirse del marco fijado por las leyes. Aunque estas sean potestad del que gobierna, se topan con las limitaciones que marca el ordenamiento jurdico piramidal. Adems, la poltica no slo esta sujeta al Derecho, sino que se mueve en trminos institucionales. A lo que hay que aadir el peso de las elecciones peridicas, en las que los votantes a veces tiene algo que aadir. Y en cuanto al fondo de la actuacin poltica, el mantenimiento del orden no admite veleidades. Desde tales limitaciones, la poltica, ya sea como genialidad , necesidad u ocurrencia, no puede transitar libremente. El margen de maniobra se estrecha, slo queda cierto espacio para la discrecionalidad, por ejemplo, en los criterios de recaudacin y distribucin de los ingresos, con lo que la accin poltica se mueve jugando con criterios de reparto.

Hablar hoy de poltica, en trminos de ejercicio del poder estatal o de simple expectativa de ejercerlo, a menudo se reconduce a llevar a la prctica distintas versiones sobre el reparto de la recaudacin impositiva realizada bsicamente entre los acogidos a una bandera, que simboliza el territorio de cualquier Estado, ya sea de procedencia directa, indirecta, de retorno o simplemente circunstancial. Las referidas versiones se llaman polticas , y estn dirigidas a favorecer a unos en detrimento de otros, invocando la justicia social, la igualdad o la solidaridad, valores que a menudo se pierden en la evanescencia de sus propios trminos. Unas, sitan el foco de atencin preferente en los desfavorecidos, a los que se discrimina positivamente, y, otras, en los pudientes, aunque poniendo de pantalla a la clase media como principal perceptora. Tambin conviene aclarar que en ocasiones circulan aquellas que van dando bandazos sin rumbo fijo. Cada una de tales posiciones aparecen organizadas desde un grupo definido polticamente como partido, cuya funcin es aglutinar en su entorno y representar tendencias sociales que tratan de imponerse a la generalidad. Pero lo nico que queda claro en el proceso es que la voluntad general no interviene en la operacin .

Para realizar el reparto, previamente hay que luchar con los rivales -esos que ofrecen las otras versiones polticas alternativas- a fin de tomar democrticamente las instituciones estatales y gozar del monopolio distributivo. Esto supone para el vencedor de la contienda electoral la facultad de decir, doy a este y le quito a aquel conforme a mis intereses y a mi voluntad suprema, y lo hace no necesariamente respondiendo a la racionalidad, sino porque dispone de la legitimidad , del respaldo de la violencia y puede lanzar contra los sbditos de bandera los aparatos represivos estatales dispuestos para aniquilar cualquier discrepancia con su poltica. Lo que suena a pura violencia legal , aunque se arrope con la razn de Estado, mientras del otro lado viene a confirmar la pasividad de las masas. Al final, a eso parece conducir la democracia representativa dispuesta para favorecer a un grupo poltico y los respectivos intereses que le arropan en detrimento de la voluntad general, el hecho es que se ha entregado a una minora la llave del dinero pblico.

Una primera cuestin a considerar sera, obviando aquello de el que parte y bien reparte se lleva la mejor parte , determinar la racionalidad de las polticas de reparto desde la perspectiva de lo comn, es decir, escuchando a la generalidad. Puesto que el dinero a repartir es de todos, no puede encomendarse a una minora que decida por el conjunto. Sin embargo la democracia electoralista, puesta a disposicin de la mayora grupal, resuelve de un plumazo el problema sin que los dems puedan pronunciarse sobre posibles agravios comparativos que rompen con la igualdad como principio. La exclusividad es el privilegio de quien dispone de la ley, aunque la revista de una supuesta racionalidad. Por otro lado, escuchar a la voluntad general ha venido plantendose como prcticamente inviable, aunque ahora, en la era de las comunicaciones instantneas, el argumento ya no es sostenible, pese a los riesgos no superados del voto electrnico.

Mencionada la actuacin de los repartidores, cul es las postura de los otros dos protagonistas claves del espectculo?.

Las masas, como principales afectadas, transigen con el sistema representativo, toleran que un grupo se construya en vocero y reparta segn su criterio. Encadenadas al mandato del voto, se entregan a la voluntad de una minora practicando el lenguaje del silencio. La mayora, establecida por el peso de los votos, movida por una minora, acaba por imponer su dictadura. Lo que podra calificarse de actitud prudente o pasividad interesada, no es ms que degeneracin de lo poltico, al sustituir el todo por la parte. Frente a la generalidad se impone una minora que no es resultado de la sntesis de las diversas posiciones, sino de las que ms pesan electoralmente, abanderadas desde ncleos de intereses.

El otro personaje de la escena poltica, el capitalismo, no es ajeno a la cuestin, pero le resulta prcticamente indiferente. Bsicamente porque reparta quien reparta, sus empresas encontrarn el procedimiento para crecer en beneficios a cuenta de todos. Si se trata del populismo de izquierdas, sern los econmicamente dbiles quienes aumentan su capacidad de gastar, al ser favorecidos por las polticas igualitarias. En el caso del populismo de derechas el control de la carga impositiva promover el consumismo de las clases medias. Cuando cualquiera de los populismos se reviste del populismo tpico del que ejerce el poder deber velar por la riqueza nacional de fondo -y la suya propia-, aunque sin olvidar la tendencia al despilfarro en sus distintas variantes, lo que supone permitir participar en la operacin al capitalismo empresarial como motor del proceso.

Si un reparto racional slo sera coherente desde la voluntad general, el que realiza cualquier grupo en el poder corre el riesgo de caer en la irracionalidad, lo que acaba por afectar a todos. De ah que en el actual estado de la accin poltica, haya algo que todos piensan y pocos preguntan, quien responde de los errores derivados de un mal reparto?. La cuestin procura ladearse hasta que en un momento dado explota. En ese instante todos se acuerdan de las responsabilidades. Pero ese extremo siempre se dilata porque se practica la huida hacia adelante, tratando de escapar de la realidad. Aunque la realidad es tozuda, siempre est ah desmontando ilusiones. Las deudas estatales crecientes, que sirvieron de negocio de algunos, permanecen a la espera de que se paguen, amenazando a sucesivas generaciones. Para entonces, cuando la generalidad asuma el engao, los responsables ya sern polvo. Mas entonces, cmo pedir responsabilidades al polvo, aunque un da fuera voluntad e inters dominante?. Al final de la historieta, esta poltica del reparto, con sus errores y tal vez algn acierto, la acabar pagando el ciudadano, puesto que es el autntico responsable de que se siga practicando.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.





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