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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2017

Un deudor sistmico en serios apuros

Juan Jimnez Herrera
Rebelin


En Espaa, como en cualquier formacin social burguesa moderna, est justificada la pregunta relativa a quin detenta el poder. A diferencia de formaciones histricas precedentes (feudalismo, esclavismo, etc), en las que la clase dominante ejerce directamente el poder poltico, ocupando fsicamente sus magistraturas, en el capitalismo, la gran burguesa delega el poder de un crecido Estado en los miembros de las amplias capas medias de la sociedad, de los tradicionales sectores pequeo burgueses (profesionales, comerciales, propietarios de mediana base territorial, etc). Se crea con ello la apariencia de un poder cuasi popular; en cierto modo, hay que comprender que la burguesa, a diferencia de otras clases dominantes ya perecidas, se ve obligada a tejer una ms complicada y compleja legitimacin de su poder, implicando en el mismo a sectores sociales, como queda dicho, ajenos al ncleo del poder real. Por eso es necesario tener presente que el poder del gran capital es necesariamente un poder compartido y esta peculiar forma condiciona todos sus anlisis, preferentemente, los de coyuntura.

La II Repblica se proclama de la forma ms pacfica imaginable; y es que para el 31 la gran burguesa espaola haba agotado todas las frmulas de posibles alianzas con los sectores pequeo burgueses, provocando la desafectacin de los mismos para con el rgimen monrquico; no haba entonces quin, en la arena poltica (aparte, lgicamente, de la propia oligarqua), defendiera el rgimen, y la abdicacin real se precipita como fruta madura. Y es que la oligarqua, por s sola, es incapaz de detentar y ejercer el poder poltico; necesita de sus clases subalternas y del rgimen poltico que le es consustancial: la demagogia o democracia pequeo burguesa, aderezada de la fatuidad, el boato, la suntuosidad, el despilfarro; en fin, de todos los vicios de la encantadora y discreta pequea burguesa.

Entre tanto, el gran capital realiza, con las ms absoluta tranquilidad, sus negocios, parapetado tras la mil y un trincheras que, en la sociedad civil, ha entretejido con sus alianzas de clase; sus miembros pueden dedicarse, en cuerpo y alma, y sin mayores estorbos, a la reproduccin del capital, ajenos a la crtica social y poltica, que, en su caso, se dirige, en exclusiva, contra sus auxiliares y subalternos, impidiendo que, en este nivel, el arma de la crtica pueda alcanzar carcter radical, encerrndose en los lmites de lo polticamente correcto (o grotesco). Sin embargo, en pocas de profundas crisis (inevitables en el capitalismo), las clases subalternas del gran capital se ven conmocionadas; en el caso espaol, ocurri en el 31, tal como hemos expuesto, posibilitando que el entero aparato de poder de la gran burguesa se disgregar casi sbitamente; an as, ello fue fruto de un largo proceso de debilitamiento de las estructuras estatales y de las alianzas y compromisos de clases urdidos en torno a la oligarqua, que, al menos, se retrotrae a la dictadura de Primo de Rivera y que culminar en un total descrdito del sistema de partidos de la restauracin canovista.

En la Espaa de la restauracin suarista/felipista/carrillista (si se nos permite este trinomio), la democracia pequeo burguesa, ha disfrutado de un envidiable estado de salud. El voto acumulado por los dos partidos del rgimen hasta 2012 as lo atestigua. Pero lo mismo que su economa esconda una gran falsedad, puesta de manifiesto con la Gran Recesin 2008, el sistema poltico no ha tardado en resentirse seriamente. La ruina de amplios sectores de la pequea burguesa, asfixiada por el crdito, ha debilitado su hasta ahora ingenua e irreflexiva (pero no por ello menos interesada) adhesin al sistema. Como era de esperar, la consecuencia ha sido una creciente desafectacin respecto del sistema bipartidista. La irrupcin de PODEMOS y, posteriormente, de CIUDADANOS ha sumido el rgimen poltico de la transicin en un autntico caos. El rechazo generalizado en la ciudadana a la corrupcin poltica; la sombra de sospecha que recae sobre buena parte de la clase poltica (la "casta) y la amenaza que sobre sta pesa de no salir indemne judicialmente de tal desaguisado, aaden al caos tintes dramticos.

La oligarqua espaola, nuevamente, empieza a quedarse sola ante la ingrata tarea de ejercer y detentar el poder poltico. De un lado, el aparato poltico por antonomasia de la misma, el Partido Popular, apenas alcanza un tercio del electorado; envuelto, adems, en una maraa judicial, a resultas de los casos de corrupcin avivados, y ejecutor, en estos ltimos aos, de las polticas de recortes y desregularizacin y precarizacin del mercado laboral, ha encontrado enormes dificultades para allegarse aliados para conformar una mayora de gobierno y la que, finalmente, ha obtenido puede romperse en cualquier momento. Y, de otro, el Partido sustituto, PSOE, sorpresivamente, se resiste a cumplir el papel para el que fue reconvertido en Suresnes (1.974), esto es, administrar y, en su caso, apuntalar el rgimen en caso de grave grieta.

Ciertamente, es muy probable que, como afirma Pablo Iglesias, an no se haya llegado a una situacin de empate catastrfico entre las lites de la oligarqua y la alternativa popular y ciudadana y que, en consecuencia, estemos lejos de una solucin constituyente. Pero el escenario no puede ser ms desolador; no hay empate pero s un enorme vaco en el ejercicio del poder poltico. Y un Estado hiperendeudado, aquejado de un desequilibrio financiero descomunal, presionado por sus acreedores, el capital franco alemn, para que proceda a reajustes socioeconmicos, que profundizarn en la quiebra de la cohesin social, tras la que se asomar, sin ningn gnero de dudas, una mayor desafectacin de amplios sectores de las clases subalternas.

Se impondr, en cualquier caso, y, en breve plazo, como lgica aplastante, cualquier variante de gobiernos de concentracin nacional, porque no se debe ignorar que el Estado Espaol es un deudor sistmico, y que cualquier desorden serio que le afecte desencadenara una crisis financiera internacional de envergadura. Sin embargo, a aquellos le suceder un cambio de rgimen. Su naturaleza y plazos estn todava por escribir, pero dependern de la audacia y pericia de los actores implicados. Y no soy optimista. Y, para endiablar an ms el panorama, el tema territorial enquistado. Quiz no sea poca de solucin constituyente; sin embargo, la situacin poltica la exige a gritos. O asumir que Espaa es un Estado fallido, territorial, poltica y financieramente, toda vez que sus burguesas jams han manifestado un propsito serio de construir un Estado y Nacin viables y sus pueblos resultan incapaces de hacer lo propio.

Lo preocupante de todo ello es que, ante la enorme complejidad del destartalado entramado poltico, la oligarqua, cada vez ms sola y aislada, recurre siempre a los argumentos de fuerza, como ya avanz con el golpe perpetrado en octubre pasado en el seno del PSOE y, como presumiblemente, ocurrir ante el referndum independentista en Catalua.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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