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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2017

Migrantes
"La balsa de la Medusa"

David Torres
Cuarto Poder

Hablar de los hroes y no de las vctimas, hablar del coraje admirable de voluntarios y marinos, es una admirable manera de no hablar de los muertos. En el cuadro "La balsa de la Medusa" conviven los vivos y los muertos, la esperanza y la desesperacin, las olas encrespadas y las nubes oscuras Sin saberlo, quiz sin sospecharlo, Thodore Gricault tambin haba pintado el futuro, las hecatombes de frica y la vergenza de Europa.



La balsa de la Medusa, 1819, leo sobre lienzo de Thodore Gricault (Museo del Louvre, Pars). / Wikipedia

Hay muchas maneras de hablar del ltimo naufragio frente a las costas de Libia, pero la mejor manera de hacerlo es no hablar, es hablar de otra cosa. Decir, por ejemplo, como ha hecho la mayora de peridicos e informativos, que se trata de una de las mayores operaciones de rescate martimo en el Mediterrneo, con ms de catorce embarcaciones implicadas, entre ellas una fragata espaola, y ms de 2.300 vidas salvadas. Por desgracia, no se trata de una cifra excepcional: la semana pasada casi 2.900 migrantes fueron rescatados por guardacostas italianos y libios tras el naufragio de ms de una docena de lanchas neumticas.

Hablar de los hroes y no de las vctimas, hablar del coraje admirable de voluntarios y marinos, es una admirable manera de no hablar de los muertos. Un escamoteo literario semejante al de nombrar a Libia en lugar de nombrar a Italia, a Francia y a Espaa, la metonimia fantstica de sealar al Mediterrneo en lugar de sealar a Europa, la ventaja de decir simplemente Libia en lugar de ponerse a explicar el derrocamiento de Gadafi, promovido desde Occidente por Obama y Sarkozy, y la interminable guerra civil que ha provocado docenas de miles de muertos y cientos de miles de desplazados. Enumerar las pateras, las lanchas y las barquichuelas en vez de enumerar los mercados, las plazas donde hoy, ahora mismo, en la segunda dcada del siglo XXI, se estn vendiendo esclavos humanos. Subrayar el color de la piel, el desastre de origen, las diversas catstrofes circunstanciales, los adjetivos blicos, geogrficos, mdicos y forenses.

En junio de 1818 Thodore Gricault se afeit la cabeza y se encerr en su estudio durante ms de un ao para enfrentarse a uno de los mayores empeos de la historia del arte, un lienzo monumental, de cinco metros por siete, comparable a los frescos de Miguel ngel en la Capilla Sixtina, a los Fusilamientos del Dos de Mayo de Goya o al Guernica de Picasso. Gricault se inspir en la tragedia de La Medusa, una fragata francesa guiada por un capitn incompetente que embarranc contra el arrecife de Anguin, frente a la costa de Mauritania. Las tormentas, el hambre, la sed y la brutal lucha por la supervivencia provocaron una verdadera matanza entre los supervivientes que al final desemboc en un verdadero terremoto poltico. En la pintura conviven los vivos y los muertos, la esperanza y la desesperacin, las olas encrespadas y las nubes oscuras, el aullido del viento y la fragilidad del horizonte. El cuadro le proporcion fama y fortuna, pero en el lecho de muerte, cuando alguien le mencion aquel lienzo que haba cambiado el rumbo de la pintura occidental, Gricault dijo con desdn: Bah, una vieta.

Sin saberlo, quiz sin sospecharlo, tambin haba pintado el futuro, las hecatombes de frica y la vergenza de Europa, los blancos y los negros juntos en el mismo barco, los cuerpos musculosos que delatan la supervivencia del ms fuerte, los cadveres con que se alimentaron los nufragos durante la travesa, la carne que comieron, la sangre que bebieron. Salvo el hombre angustiado que se gira un momento hacia sus compaeros y el anciano que sujeta a uno de los muertos con la mirada perdida, todos los dems personajes estn de espaldas al pblico, de espaldas a la historia, a los horrores que han dejado atrs, al hambre, a la guerra, al canibalismo, a esa orga de espanto y destruccin que llamamos progreso. La Medusa es tambin el monstruo mitolgico cuya mirada convierte al espectador en piedra. Somos nosotros, nuestros padres, nuestros hijos y nuestros nietos, quienes viajamos a bordo de esa lancha, es la humanidad entera la que est llamando a gritos desde la balsa de La Medusa.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2017/05/28/la-balsa-de-la-medusa/



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