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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2017

El significante Venezuela y la nueva generacin de izquierda latinoamericana

Mara Luciana Cadahia
Rebelin


Desde hace unas semanas, a raz de las declaraciones crticas de Lander sobre la situacin en Venezuela y el papel del gobierno, se ha suscitado un debate en el interior de la izquierda latinoamericana. Intelectuales como Sarlo, Gargarella y Svampa avalados por pensadores como Quijano, Mignolo, Walsh, Altamirano, Modonessi, etc..- salieron a respaldar la postura de Lander y redactaron un comunicado que, adems de condenar la violencia de los ltimos meses, hacen un llamado a profundizar la democracia en Venezuela. A primera vista no habra motivos para no estar de acuerdo con ambas premisas y celebrar el gesto de pensar pblicamente lo que sucede en Venezuela desde dentro del campo de la izquierda -aunque tambin es cierto que resulta sospechoso poner en el centro del debate solamente a este pas-. Uno de los grandes logros de la izquierda latinoamericana ha consistido en asumir el fracaso de la va armada y violenta como mecanismo emancipatorio y la importancia de disputarle a la derecha el sentido de la democracia y las instituciones en nuestros pases. Sin embargo, este comunicado fue visto con muy malos ojos por muchos de quienes han apoyado los procesos latinoamericanos de la ltima dcada mal llamado ciclo progresista-. Figuras como Grosfoguel o Dussel han salido a denunciar la actitud de estos intelectuales, al punto de acusarlos de colaboracionistas del imperialismo. Preocupados por el retorno de la derecha en la regin, algo que todos compartimos, asumen que cualquier crtica a nuestros procesos no hara otra cosa que fortalecer la avanzada de la derecha neoliberal y debilitara an ms la lucha del campo nacional y popular.

Ahora bien, no hay signos de agotamiento en la forma como se ha polarizado esta discusin? Y aqu me gustara hacer una distincin entre polarizacin y antagonismo. Creo que lo primero nos sita en una posicin identitaria. Al asumir que las posturas son irreconciliables se corre el riesgo de adoptar la actitud del polemista, a saber: elaborar todos mis argumentos para reforzar mi posicin y lanzar todo tipo de acusaciones a quien no comulgue conmigo. El inconveniente de esta actitud -el problema de esta forma de positivizar las tensiones- es que terminamos por caer en una lgica defensiva y superficial que no modifica en absoluto el campo de fuerzas sobre el que deseamos intervenir. La actitud antagnica, en cambio, si bien asume la tragicidad de toda apuesta poltica -la irreductibilidad de los puntos de vista y la imposibilidad de ponernos de acuerdo- sabe que existe un juego de la representacin que une a los dos polos en tensin. Dicho en trminos hegelianos, no puedo oponerme a un otro si no comparto aquellas mediaciones por las cuales descubro esa diferencia de posicin.

Por todo esto, celebro y promuevo la invitacin de cierto sector de la izquierda a criticar la polarizacin con respecto a Venezuela, pero en un sentido muy distinto al que se ha propuesto en el comunicado. No se tratara tanto de ir ms all de la polarizacin-lo cual genera la ficcin de un lugar sensato y neutral sin haber removido un pice el nudo ciego del conflicto- como de despolarizar el debate. Y esto supone asumir un trabajo honesto con varios de los automatismos instalados en las distintas sensibilidades de izquierda de la regin. Me parece que nuestro trauma oscila entre dos pulsiones, es decir, entre la "huida hacia adelante" y "el terror hacia lo existente". La primera, tendiente a "tirar para adelante" a toda costa, a sabiendas que el enemigo es muy grande y poderoso, corre el riesgo de empobrecerlo todo. Esto me recuerda la lgica de la mafia italiana: en ese intento por cuidar de un "nosotros" terminamos por cargrnoslos a todos, hasta que ese nosotros se convierte en una figura fantasmtica sin espesura material. Podramos decir que la lgica inmunitaria empieza a comrselo todo por dentro y las relaciones de poder acaban por obturar cualquier imaginacin poltica. Pero me parece que tambin hay que trabajar la otra pulsin, esa especie de alergia inmediata hacia los proyectos populares que asumen la forma-Estado y dan lugar a experiencias de gobierno. Creo que all se corre el riesgo de instalar la lgica inmunitaria de la paranoia, a saber: desconfiemos de toda fuerza poltica popular que gobierne y pongamos nuestro olfato detectivesco para vislumbrar el momento en que la causa popular es traicionada por el poder. As, uno se sita en el cmodo lugar del lcido desencantado, a la espera de encontrar el momento propicio para anunciar: Se los dije. Esto iba a fracasar. Creo que esta anticipacin al fracaso como mecanismo de seguridad de mi propio lugar de enunciacin tambin debe ser problematizado. Digamos que ambas paranoias intelectuales terminan por obturar las conexiones sensibles de todo proyecto emancipador. En un caso, ante la figura de un enemigo externo. En el otro, ante un enemigo interno que traiciona desde dentro la causa popular.

Lo que resulta llamativo de todo este debate por no decir sntoma- es la tmida intervencin de quienes pertenecemos a la nueva generacin de la izquierda en la regin. No me refiero solamente a los jvenes militantes y acadmicos, sino tambin a los escritores, artistas y diferentes trabajadores de la cultura. Como los nuevos herederos de la izquierda latinoamericana es urgente empezar a construir una voz sobre lo que est sucediendo en la regin. En cierta medida, este texto es una invitacin para empezar a construir esta voz en colectivo. Y esto me lleva a una serie de preguntas sobre las que me gustara reflexionar aqu: La nueva izquierda latinoamericana se identifica sin ms con esta forma de polarizar el debate? Hay algo que nuestra generacin pueda hacer para encauzar la discusin hacia lugares que todava no han sido pensados? Cmo vamos a asumir este legado y de qu manera nos vamos a posicionar? Nosotros no vivimos los convulsionados aos 70, muchos nacimos con el retorno de las democracias en el Cono Sur y crecimos en la fiesta neoliberal de los 90. El proceso nacional y popular de los ltimos aos nos encontr muy jvenes y nos oblig a reconfigurar nuestros sentidos comunes sobre el rol del Estado, las instituciones, los movimientos sociales, la democracia y el sentido de la emancipacin colectiva. Si bien las generaciones anteriores nos dieron las pistas para leer todo lo que estaba pasando por fuera del ethos neoliberal que nos haba constituido no supone esta experiencia epocal un tipo de sensibilidad poltica diferente a la de nuestros predecesores? Por supuesto que esta diferencia no tiene por qu significar una ruptura o polarizacin lo cual reiterara aquello que me gustara poner en cuestin aqu- sino la posibilidad de comprender que nuestras propias biografas nos sitan en una posicin distinta. Y esto significa empezar a reflexionar sobre el lugar de enunciacin que estamos configurando de manera tmida y dispersa. Me parece que si bien somos herederos de esta polarizacin entre autonomistas defensores de la autonoma horizontal de los movimientos sociales como el verdadero lugar de la emancipacin- e identitarios- convencidos de que la identidad gubernamental de los procesos nacionales y populares no deben recibir ningn tipo de crtica -, creo que estamos en condiciones de remover estos sentidos comunes y hacer un aporte reflexivo a la discusin.

Aunque es importante repensar la escalada de violencia en Venezuela y la necesidad de profundizar los mecanismos democrticos mencionados en el comunicado, no comulgo con el lugar de enunciacin desde el cual el comunicado asume la crtica al rgimen bolivariano. Se deja ver all un tufillo liberal de lite, tan desgastado como la posicin de sus detractores. Seguir insistiendo en que la causa de la crisis en Venezuela se debe a la figura del lder autoritario, la opresin a la autonoma de los movimientos sociales y el rechazo a pensar por fuera del extrativismo patriarcal y estatal, es seguir repitiendo un libreto que distorsiona la lectura del campo de fuerzas geopoltico y regional -por no decir que comulga con la sensibilidad liberal de derecha-.

Resulta un poco paradjico que, ante los momentos crticos de las experiencias del campo nacional y popular en la regin, este comunicado asuma las premisas de la lgica liberal representativa, muy cercana a la narrativa de las transiciones democrticas de los 80 en el Cono Sur. Narrativa que tuvo por finalidad neutralizar las prcticas y procesos emancipadores de los aos 60 y 70. Llama profundamente la atencin que intelectuales interesados por construir un pensamiento alternativo a la lgica occidental aunque tenga mis reparos con esta estrategia- terminen firmando un comunicado de estas caractersticas. Y creo que esto descansa en cierto vicio muy arraigado en nuestro ethos latinoamericano, a saber: la forma del gran fracaso. Una tendencia a la bipolaridad que oscila entre la creencia de que estamos haciendo algo completamente excepcional y por fuera de cualquier lgica conocida y el pesimismo generalizado de que todo se ha echado a perder de manera radical. Esta oscilacin entre el gran entusiasmo y la gran derrota es una forma de sensibilidad que nos tiene atrapados y sobre el que pivotea la polarizacin que acabo de mencionar. La cuestin sera cmo salir de este crculo vicioso, sin caer en este otro vicio tan arraigado: la autocrtica. E sa exgesis de la autocrtica- tan cristiana, tan narcisista, tan retorcidamente autocomplaciente- y que nos impide estar ms atentos a esas conexiones sensibles que el campo nacional y popular no deja engendrar una y otra vez. Estos ltimos aos de produccin intelectual y poltica latinoamericana nos ha dado las herramientas para descubrir los tipos de racionalidades y sensibilidades que se han ido tejiendo alrededor de nuestras gubernamentalidades populares. All est la clave para descubrir los lmites y posibilidades de esta vocacin republicana-plebeya de ampliacin popular de derechos y generar las condiciones para un uso social del capital-econmico, simblico, poltico, etc-. Claro que Venezuela necesita ms democracia pero no habremos dado ni un paso si volvemos a caer en la lgica de la gran derrota. Es en lo mejor de nuestro legado republicano y emancipatorio del siglo XIX, en nuestras experiencias populistas de principio de siglo, en las actuales experiencias nacionales y populares de la regin donde vamos a hallar la lgica material sobre la cual radicalizar an ms nuestras democracias. Pero tampoco habramos dado un solo paso si no podemos crear las condiciones crticas para poder pensar preguntas como:

1. Por qu no podemos construir una voz para decir que Lenin Moreno es un giro al centro consensualista y liberal sin ser acusados de traicin a la causa popular?

2. Por qu no podemos construir una voz para decir que la tendencia identitaria argentina termina por agotarse en s misma?

3. Por qu no decir que la miopa del MAS no deja verles las opciones que todava tienen de generar nuevos aires y mostrarse renovados de cara a las prximas elecciones en Bolivia?

Pero tambin:

4. Por qu no asumir que hay algo sospechoso en la pulsin de castigo a la situacin de violencia generalizada en Venezuela sin poner esa misma pasin para hablar de Brasil, Mxico o Colombia?

5. Por qu no hacer un manifiesto regional que ponga todas las fichas de poder sobre el tablero y no las clsicas afirmaciones del lder autoritario y de la traicin hacia lo popular?

6. Por qu no partir de la consiga fracasa mejor en vez de instalar la postura del te dije que bamos a fracasar?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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