Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2017

Paria

Ilka Oliva Corado
Rebelin


De nia recuerdo que despus de vender helados en el mercado los fines de semana, regresaba a la casa al filo de las dos de la tarde, (entre semana a las 12:30 porque a la 1 entraba a estudiar) y agarrbamos camino con mis amigos, costal en la mano cada uno, a recoger basura de casa en casa para irla a tirar al barranco, nos pagaban 25 centavos por costal.

Con mi hielera al hombro corra atrs de los autobuses suplicndoles a los pilotos que me dejaran subir, para vender mis helados, al pedalazo me suba y me bajaba porque nunca detenan la camioneta completamente.

Corramos a escondernos del cobrador del mercado porque todos los das quera tirarnos los helados a la basura, estorbbamos en el corredor.

Nos juntbamos a las 3 de la maana en la esquina de la cantina Las Galaxias, para agarrar camino hacia La Fresera, finca que quedaba a las orillas de la aldea Zorzoy, en San Lucas Sacatepquez, caminbamos 20 kilmetros de ida y 20 ed regreso, entre las montaas verde botella. All ramos jornaleros y trabajbamos de sol a sol en el corte de fresas. Yo tena 8 aos entonces.

Un da dijo mi mam que sera buena idea ir a vender pupusas, helados y atoles y as lo hicimos. Mi pap y mi mam con su hielera cada uno y las dos hijas mayores con la nuestra, dejbamos todo fiado para cobrar a fin de mes. Aquellos guindos y aquellas arboledas, fueron testigos de nuestro cansancio fsico de nuestra ilusin.

Cuando llegaba fin de mes y no tena para pagar la colegiatura, en la aborrotera de la esquina del bulevar central y la calle Efrates, peda fiado un doble litro de Coca Cola, mientras ofreca los helados en el mercado, haca papelitos con nmeros y me iba de puesto en puesto, a ofrecerles a los vendedores los nmeros para la rifa de un doble litro de gaseosa; a veces a diez centavos y otras a veinticinco. Gastaba Q2.50 y me quedaban Q2.50 y cuando tena suerte Q5.00.

Para las navidades haca adornos navideos, con el papel celofn, manila y crepe que peda fiado en la miscelnea de Juan, otro vendedor del mercado. Los haca por las noches despus de haber acabo del oficio en la casa, a la maana siguiente los llevaba a vender al mercado, a cincuenta centavos, un quetzal y ah iba juntando para mi inscripcin, el uniforme, para los zapatos o los tiles. Copiaba los diseos de los adornos que miraba en al televisin en los anuncios de Navidad.

Por las tardes al filo del anochecer bamos a vencer pupusas de chicharrn y atol, al destacamento militar, caminbamos cinco kilmetros, de ida y cinco de vuelta. Ms de una vez trabaj de ayudante de albail y de ayudante de zapatero.

Cuando mi pap era piloto de autobs y no tena ayudante, me llevaba a m, yo era la cobradora, la que suba los quintales en el hombro, a la parrilla. Y me colgaba de la puerta de la camioneta, columpindome y gritando, Terrazas, Ciudad Peronia, La Fuente! Eso fue en mi adolescencia.

Cuando estudi magisterio, a las cinco de la maana les peda prestados cinco quetzales, a mis tas o a las vecinas, para el pasaje y para comprar naranjas en el mercado La Placita, a la hora del recreo las venda peladas, con pepita y sal, a las 9 de la noche iba a devolver el dinero que me haban prestado en la madrugada.

Mi infancia y adolescencia me la pas con una mudada y un par de zapatos. De los sostenes supe hasta cuando ya tena zarazas las tetas. De las toallas sanitarias hasta que tuvimos dinero para comprarlas. El desodorante y la pasta dental eran lujos de dos veces el ao. Usbamos limn como desodorante y sal y ceniza para cepillarnos los dientes.
Dormamos las cuatro cras en una cama de metal con la pata coja, un poncho de Totonicapn y una sbana de Tierra Fra nos cubran de sereno de la madrugada que goteaba de la lmina. Un pedazo de tela, como cancel nos separaba del cuarto de mis paps, de la sala y la cocina, que eran uno solo en aquella casa de mi infancia.
Las ventanas las tuvimos de cartn, cajas que nos regalaban en el mercado, cuando no estaba construido y los vendedores ponan sobre unos costales sus ventas, sobre el suelo. El piso de talpetate por donde caminaban gallinas, cabras, patos, perros y de cuando en cuando los marranos.

Cuando emigr, el primer da de trabajo me ca por las gradas del stano de una mansin de judos, me enred con el cable de la aspiradora, en mi vida haba visto una animala de esas, despert tirada en el suelo, empapada de cloro; el bote que llevaba en la mano se destap con la cada y me manch la ropa, una mudada que con gran esfuerzo habamos comprado en una tienda de ropa usada, porque a Estados Unidos llegu con lo puesto. Estaba ah tirada al final de las gradas alfombradas, rodeada de gente a la que vea borrosa y que me hablaba y yo no entenda lo que me decan, yo no entenda ni el saludo en ingls y mucho menos lo hablaba. As fue mi bienvenida al trabajo del servicio domstico.

Yo no olvido, las tantas veces que el cobrador del mercado nos persegua, para tirarnos los helados. Ni las innumerables ocasiones que corr atrs de los autobuses y las tantas que me ca intentando ganarme el sustento. No olvido las tantas veces que me discriminaron, por negra, por paria, por arrabalera, por vendedora de mercado. No olvido el olor de la basura que cargaba en mis hombros de nia, en camino al barranco. Ni las tantas veces que el cansancio nos venci a media montaa en camino a La Fresera. Ni los insultos del caporal, ni la explotacin laboral que nos haca el dueo de la finca. No olvido las tantas veces que no nos pag la medida en su peso cabal.

No olvido las tardes en camino al destacamento, entre las hortalizas y el musgo blanco de los cipreses del caminn, el dolor de la espalda por el peso del atol, de los pltanos fritos, de las pupusas de chicharrn, los chocobananos y los helados.

No olvido las veces que ped fiado para comer, ni las veces que toqu puertas ajenas en la madrugada para pedir prestado para ir a estudiar.

No olvido la frustracin, el cansancio, el dolor, la rabia, la amargura, la miseria, la exclusin que me viv.
No olvido los sueos rotos, las puertas cerradas en mi nariz, no olvido las tantas veces que me gritaron negra percudida, por mi color de piel. Ni las tantas que el agua del invierno entr por la suela de mis zapatos. Ni las calcetas remendadas, ni las tripas chirriando de hambre, nuestra escases. No lo olvido.

Como no olvido a quienes parias como yo, compraron los numeritos de las rifas del doble litro de Coca Cola, ni a los vendedores de la abarrotera que me los dieron fiados. Ni a los vendedores de mercado que escondan las hieleras cuando el cobraror nos buscaba. Ni a los soldados rasos que nos compraban en el destacamento y nos acompaaban en la noche, en el caminn para cuidar que no nos pasara nada.

Yo no olvido, de dnde vengo, yo no olvido de qu estoy hecha. Por qu entonces debera negar que soy paria? Por qu bebera negar mi memoria? Olvidar a quienes parias como yo me metieron el hombro para que yo estudiara y saliera del corredor del mercado? A los pilotos de autobs me dejaban subir a vender mis helados. A los jornaleros de La Fresera que compraban lo que llevbamos a vender. Por qu ahora debera fanfarronear con que soy escritora y poeta? Por qu ahora debera olvidar a quienes me vieron cuando fui completamente invisible para la sociedad?

Por qu ahora descaradamente me podra etiquetas que no me corresponden? Por el nombre de otros? Por la luz de otros? En la invisibilidad de la miseria y la exclusin, tambin hay vida, sueos, luchas, solidaridad. Y es ah a donde yo pertenezco.

Y cuando digo paria, reafirmo mi herencia milenaria, mi memoria y mi identidad. Reafirmo que soy vendedora de mercado. Por qu tendra que negar la dignidad de los excluidos de todos los tiempos? A ellos mi letra, mi vida y mi poesa. Lo dems son babosadas.

En otro viaje,contar por qu no soy roja, revolucionaria o feminista.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com/2017/06/11/paria/ Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado [email protected]cronicasdeunainquilina.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter