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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2017

Al borde?

David Brooks
La Jornada


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Participantes, el domingo pasado, en la Marcha de la Igualdad para la Unidad y el Orgullo, que se celebr en Washington, que tuvo como finalidad resaltar la situacin de la comunidad homosexual en el actual clima poltico con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca -Foto: Afp

Con toda la atencin en el espectculo Trump, a veces no se logra ver que toda esta amenaza derechista histrica y pattica es el ltimo grito de las fuerzas ms retrogradas de Estados Unidos ante un amanecer de otro pas y, potencialmente, de una gran era progresista.

Vale recordar que para mediados de siglo los blancos dejarn de ser mayora por primera vez desde la fundacin del este pas; la generacin millennial es la ms diversa por raza, etnia y origen geogrfico en la historia del pas: son el futuro. Las bases de Trump son el pasado.

Al mismo tiempo, la desigualdad econmica ha llegado a su punto ms alto desde poco antes de la Gran Depresin, y las polticas actuales de Trump estn dedicadas a agudizar an ms esa disparidad. La consecuencia poltica de esto es la percepcin popular de un sistema rehn de intereses de los ms ricos y poderosos, y eso fue en gran parte lo que aliment las insurgencias de la derecha con Trump, al igual que la progresista de Bernie Sanders en el ciclo electoral de 2016.

Ahora, el temor que est al centro de la vida poltica de este pas a lo largo de su historia, la realidad de que el sueo americano ha quedado anulado y los cambios demogrficos y sociales han generado tormentas perfectas para las fuerzas ms reaccionarias, pero tambin para las progresistas. El duopolio partidista actual ya no representa a las mayoras del pas. Mientras Trump es el presidente novato ms reprobado de la historia (tiene slo 39 por ciento de aprobacin), eso no se ha traducido en un gran apoyo para los demcratas (slo tienen 38 por ciento de aprobacin).

Aunque la derecha gan, su rechazo popular manifestado en movilizaciones masivas en los primeros meses de este ao algunas sin precedente muestra una sociedad que no puede ser, ms bien que rehsa ser, definida por Trump.

Las acciones masivas ya no son tan frecuentes, pero eso no necesariamente significa una reduccin de esfuerzos de resistencia y en favor de un cambio progresista en medio de una de las pocas ms oscuras de este pas.

A la vez, se tiene que subrayar que sta sigue como una sociedad generalmente desmovilizada, fragmentada, con una amnesia histrica deslumbrante, y con sus grandes organizaciones sociales en su momento ms dbil, sobre todo los sindicatos y las que nacieron de movimientos por los derechos civiles. Pero a pesar de ello, hay seales de vida de una nueva (y vieja) ola progresista por todas partes, hasta en lugares que no se pensaba que podra existir tal cosa.

Por un lado, ni Sanders ni los sanderistas han desaparecido. Este fin de semana ms de 4 mil activistas ambientalistas, laborales, indgenas, de Black Lives Matter, junto con estrategas, intelectuales, artistas y sindicalistas se reunieron en Chicago en la Cumbre del Pueblo para nutrir e impulsar una ola de candidatos progresistas que estn ingresando a elecciones locales, estatales y federales para continuar promoviendo la revolucin poltica bautizada por Sanders. Esa cumbre, entre otras iniciativas, fue convocada por organizaciones que nacieron de la campaa del socialista democrticoel ao pasado, incluyendo Our Revolution, People for Bernie , con aliados clave, como el sindicato de enfermeras National Nurses United.

El sbado, Sanders declar ante esa cumbre que la direccin actual del Partido Demcrata es un fracaso absoluto y afirm que ese partido requiere de un cambio fundamental, lo que necesita es abrir sus puertas a gente trabajadora, a los jvenes, a personas de la tercera edad y a los que estn preparados para luchar por la justicia social y econmica.

Lo que ocurri en Gran Bretaa, con el sorprendente resultado para las fuerzas de Jeremy Corbyn, por supuesto aliment el optimismo entre estas filas, ya que comparten el mismo prisma poltico.

La semana pasada se anunci la formacin del Sanders Institute, como una especie de think tank, integrado, entre otros por los profesores Jeffrey Sachs, Robert Reich y Cornel West, figuras culturales como Harry Belafonte y Danny Glover.

Por otro lado, desde cada esquina del pas, casi todos los das, se reportan expresiones de rebelin y desafo encabezadas por un mosaico extraordinario: inmigrantes (sobre todo los jvenes dreamers), indgenas, ambientalistas, pacifistas, religiosos, estudiantes, artistas y defensores de derechos y libertades civiles, todos confrontando la ofensiva derechista de Trump mediante multitud de iniciativas locales, estatales y regionales.

Tambin hay respuestas ms institucionales, respaldadas por ciudadanos y la opinin publica. Cientos de ciudades, universidades y organizaciones ambientalistas no slo denunciaron el retiro de Washington del Acuerdo de Pars sobre cambio climtico, sino que estn impulsando pactos autnomos con la Organizacin de las Naciones Unidas para cumplir el acuerdo. Los alcaldes de Pittsburgh y Pars escribieron un artculo conjunto en el New York Times en el cual se comprometieron a la cooperacin ambiental despus de que Trump coment en un discurso que l haba sido electo para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de Pars.

Vale reiterar que tal vez la respuesta ms potente es la que se expresa en el mbito cultural, tanto en el sector comercial como en el independiente. En cines, teatros, msica, televisin y ms se ofrece un mosaico de denuncia, crtica, stira e invitaciones a algo ms noble. Esto se puede ver en cosas curiosas como que la pelcula ms exitosa del momento La Mujer Maravilla, amazona cuya misin es poner fin a las guerras al combatir a los hombres macabros que las promueven, o que la cancin ms exitosa del momento, Despacito, es en espaol. Ese no es el Estados Unidos de Trump.

En la disputa entre el oscurecer y el amanecer de este pas, tambin est en juego el futuro de este mundo. Por tanto, el futuro de este pas no puede quedar slo en manos de los estadunidenses.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/06/12/opinion/025o1mun



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