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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2017

Una tragedia putumayense en tres actos: entrando al post-conflicto

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Acto I -Puerto Bello, Piua Blanco

El jueves 1 de Junio, a eso de las 8 p.m., media docena de individuos encapuchados y vestidos de negro, llegan a la comunidad de Puerto Bello, en Piua Blanco, armados de escopetas y revlveres. Pese a que a primera vista podran parecer meros atracadores, sobre todo por las precarias armas que portan, sumodus operandi parece ser el de paramilitares. Cortan las comunicaciones, agrupan a varias personas al borde del ro y proceden a robar a personas especficas, sobre todo del comercio. Luego, despus de dos horas de aterrorizar al casero, roban un motor y se van con total tranquilidad ro abajo con todo lo robado. Esto ocurre en las mismas narices de un batalln militar en la vereda de La Alea, adscrito a la Brigada de Selva Nmero 27, as como de la Fuerza Naval del Sur que opera en todo el ro Putumayo.

Esta es la segunda accin de este tipo que ocurre en la zona. Hace unos meses, tambin se haba producido una accin similar en la vereda Puerto Silencio. Tambin han aparecido panfletos amenazantes de grupos paramilitares que vienen avanzando a paso firme desde el occidente de Putumayo- y hasta de un grupo que se hacen llamar Los de Sinaloa. Esto ocurre cuando las FARC-EP ya no se encuentran en este territorio, sino que se encuentran concentrados en la Zona Veredal Heiler Mosquera, en La Carmelita. Un mal precedente de lo que puede esperar el pueblo de estos territorios de la presencia de la fuerza pblica. Hasta los ms timoratos reconocen que estas vainas no se vean cuando las FARC estaban por ac. En el pueblo corren rumores que, de hecho, la misma fuerza pblica no slo tolerara estas acciones sino que algunos elementos hasta estaran detrs de ellos. Sea como sea, la desconfianza es grande, al igual que la ansiedad.

Esta accin ocurri apenas un da despus de una reunin en la comunidad en la cual se trat el tema de la explotacin petrolera y la necesidad de oponerse al intento de la multinacional Amerisur Resources plcde origen britnico- de comenzar tareas de prospeccin y explotacin en la zona, en medio de las comunidades campesinas, de un consejo comunitario afro y de un resguardo indgena. Esta obsesin por perforar la tierra, contaminar los ros y saquear los recursos es parte de la visin del post-conflicto del gobierno: que las multinacionales vayan ocupando los territorios donde nunca se haban podido meter, porque se encontraban las FARC-EP en ellos. Literalmente, los territorios de presencia histrica de esta insurgencia, hoy estn de remate. Para resistir al extractivismo, se est llamando a todas las comunidades del ro a una asamblea los das 16 y 17 de Junio en Peneya, cerca de Puerto Caldern.

Acto II -Piua Negro

El da 2 de Junio, al medioda, durante una reunin en Piua Negro con dirigentes campesinos y lderes de juntas de accin comunal, para tratar el tema de la implementacin de los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC-EP, dos helicpteros militares sobrevuelan la reunin. Estn sobrevolando por mucho tiempo, hasta que despus de una hora y media sobrevolando, deciden aterrizar. Afuera est el ejrcito, nos comenta una seora que estaba en la reunin y que haba salido para comprar algunos refrigerios. Salimos a hablar con ellos, pues la gente comienza a ponerse nerviosa. No es para menos. Piua Negro ha sido particularmente golpeado por las acciones contrainsurgentes durante el Plan Colombia, ha sido muy militarizado, ha vivido innumerables combates, ha visto muchos muertos y decenas de sus dirigentes han sido arrestados. Desde el 2004, al menos 36 dirigentes sociales han sido arrestados. El Plan Colombia tambin gener un desplazamiento masivo: de unas 2500 familias que haba en el corregimiento al inicio de este operativo, hoy no quedan ms de 400. Hoy el casco urbano de Piua Negro parece un pueblo fantasma, con casas abandonadas cayndose a pedazos y un comercio moribundo donde alguna vez hubo de todo. En algunas de las veredas del corregimiento, esto se nota con mucha mayor crudeza: Puerto Tolima alguna vez lleg a tener 100 familias, y hoy apenas tiene 2. No es de extraar, entonces, que la presencia militar provoque escalofros en muchos.

Haba llegado la armada en esos dos helicpteros; unos 30 militares contra-guerrillas, armados hasta los dientes con fusiles de asalto, mira telescpica, visores, granadas y cada quien con dos revlveres cruzados en el pecho, se paseaban por fuera del lugar de reunin y por el resto del casero. Pareca que iban a una guerra medio oriental en vez de a dialogar con un grupo de dirigentes comunitarios que estaban realizando una reunin perfectamente legal. La gente miraba desde la distancia lo que est pasando con nerviosismo. Nosotros nos acercamos a hablar con un capitn de la manera ms afable posible, tratando de bajar la tensin y de garantizar que la reunin pueda finalizar.

Nos informan que hemos roto un protocolo. Al parecer, la inspectora de Piua Negro tiene un acuerdo con la fuerza pblica, a todas luces inconstitucional, segn el cual no se puede realizar ninguna reunin comunitaria sin previa autorizacin de los mandos militares y sin la presencia fsica de un uniformado. Tales disposiciones son propias de las dictaduras militares del Cono Sur, ms no as de un pas que se dice democrtico. Nos pregunta el militar que qu estbamos conversando. Le decimos el objetivo de la reunin y los temas tocados. Parece que la respuesta lo tranquiliza. Era como si esperaba que el objetivo de la reunin fuera otro.

Pregunta a mi compaero que si las cosas estaban tranquilas en Piua Blanco. Con sorpresa, le explicamos lo del atraco, aunque ellos ya saban pues las denuncias se haban hecho por la maana. Adems, resulta extraordinariamente extrao que el ejrcito no haya sabido del atraco que a esa altura lo saba Raimundo y todo el mundo-, pero que se hayan enterado tan rpido de una reunin comunitaria para irla a interrumpir y de paso, para acosar y amedrentar a los participantes. El capitn nos dice entonces que anotemos su nmero telefnico y que en caso de un nuevo incidente, llamemos al ejrcito porque ellos no vacilarn en llegar a proteger a la comunidad. Nos dijo que en esa zona la comunidad los rechazaba y que hasta los hostigaban, pero que si la comunidad los llamaba, ellos iran.

Luego nos preguntan si iramos a Puerto Ospina, donde tambin la comunidad est adelantando acciones para oponerse a la explotacin petrolera en su territorio, tambin por parte de Amerisur Resources plc. Uno ya va entendiendo por dnde va la cosa.

Acto III -Peneya, Piua Blanco

En el ltimo acto, dirigentes comunitarios de Peneya, Piua Blanco, nos explican que el sbado 3 de Junio, se haban aparecido los ejecutivos de la Amerisur Resources plc, llamando a una reunin a la dirigencia. Palabras ms, palabras menos, le preguntaron a los dirigentes que cuando soltaban la tierrita. A lo cual los dirigentes exclamaron diciendo que eso no era una decisin que podan tomar ellos, sino que corresponda a la comunidad. Y que la comunidad tiene su evento programado para el 16 y 17 y que entonces tomarn una decisin informada.

Tambin nos enteramos que, camino a Piua Negro, los helicpteros que sobrevolaron la reunin comunitaria, tambin haban sobrevolado el casero de Puerto Bello. El mensaje era claro. El da 3 tambin hubo reunin de la Junta de Accin Comunal en Puerto Bello y la decisin de la comunidad, ante la zozobra generada en los ltimos das fue reforzar la organizacin comunitaria, tender ms puentes con otros procesos, visibilizar la problemtica del extractivismo y la resolucin de la comunidad de defender el territorio. Dentro de esto, se llam a participar masivamente en la asamblea en Peneya, pedir acompaamiento a los otros movimientos sociales, y a pedir a las autoridades garantas para que la reunin se pueda realizar en paz.

Aun cuando estos tres actos, a primera vista, puedan parecer hechos aislados, pensamos que son parte de una misma tragedia que se viene viviendo no slo en el Putumayo, sino en todo el territorio colombiano.

Ah donde las FARC-EP abandonaron los territorios, en el marco del proceso de paz adelantado con el gobierno (en el cual, dicho sea de paso, solamente los guerrilleros estn cumpliendo su parte del acuerdo), las multinacionales han puesto la mira para adelantar actividades extractivistas y agroindustriales. En esos territorios exista no solamente insurgencia armada, sino tambin, por decirlo as, una insurgencia social: comunidades en resistencia contra la imposicin del modelo neoliberal extractivista, que han buscado activamente participar en procesos amplios por una transformacin de las estructuras polticas y econmicas del pas, as como en la creacin de alternativas en su propia realidad local. Para quebrar esta resistencia campesina, indgena y afrocolombiana, la fuerza pblica est tolerando, sino patrocinando, una situacin de inseguridad y zozobra. Es muy raro que asesinatos selectivos, el aumento de la inseguridad y el avance incontenible del paramilitarismo estn ocurriendo en las mismas narices del ejrcito ms poderoso de Amrica Latina, y que ellos se muestren impotentes para operar en contra de estos elementos criminales. Eso si, muestran gran efectividad cuando las comunidades se organizan para protestar.

Qu se busca con esta zozobra inducida? Que la comunidad, en su desesperacin, termine por llamar al ejrcito para que venga a poner orden. Al mismo ejrcito que ha permitido que esto ocurra. As ellos llegan por invitacin (llmenos si vuelven a ocurrir incidentes), como salvadores. Pero detrs de la militarizacin del territorio, lo que llegar es la petrolera. Eso es lo que realmente buscan, y no la seguridad de la comunidad: lo que buscan es dar garantas y proteccin a la petrolera para adelantar el saqueo de los recursos, y la consecuente destruccin de la selva. Con el ejrcito enquistado en los pozos petroleros, como se ve en otras partes del Putumayo quin podra protestar o resistirse? Y como se ve en todos los territorios militarizados, la criminalidad y el paramilitarismo no cesarn sino que ah seguirn o hasta aumentarn, mientras las multinacionales podrn saquear en paz todo lo que quieran.

La comunidad en Piua Blanco est viendo claramente esta estrategia y no se est dejando engatusar. Sabe que la nica garanta para que la paz llegue a su territorio es la unidad de los procesos comunitarios, el fortalecimiento de su autonoma, la creacin de un verdadero poder popular que pueda, mediante las guardias campesinas y la accin comunitaria, enfrentar las amenazas ante las cuales la fuerza pblica se muestra impotente. En estos momentos est claro que la seguridad del pueblo depende de la capacidad del mismo pueblo. Que la defensa del territorio no puede ser impulsada ms que por la alianza de campesinos, indgenas y afros, con el respaldo de los sectores urbanos que se hacen solidarios de estos procesos. Por ms que uno le d vuelta al asunto, no hay de otra. Por eso es tan importante que el 16 y 17 las comunidades de Piua Blanco no estn solas y que se les tienda una mano solidaria en esa lucha que es la lucha de todos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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