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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2017

Trabajo, empleo y salarios: la cua ideolgica del poder

Fernando Luengo
Infolibre


El termino mercado de trabajo da nombre a muchas asignaturas en las facultades de ciencias econmicas y a muchos libros, acadmicos y de divulgacin. Su utilizacin se sostiene en una mezcla de tradicin y de sentido comn. Pero, como sucede a menudo en la economa, el lenguaje, lejos de ser una herramienta neutra, asptica o inocua, contiene un relato, casi siempre al servicio de los que detentan posiciones de privilegio.

El mercado de trabajo es un mercado y funciona o, mejor dicho, debe funcionar- como cualquier otro mercado. Esta sera la piedra angular de ese relato. Pero cabe preguntarse existe un mercado, en singular, que sirva como referencia a la hora de organizar el trabajo? Se desliza la idea de que s, que en efecto existe ese mercado , dotado de atributos que aseguran una utilizacin ptima de los recursos productivos; un mercado gobernado por las leyes de la competencia perfecta, sin trabas ni restricciones, donde los precios se forman a partir de la interseccin de oferentes y demandantes, y donde los diferentes actores actan racionalmente , manejando toda la informacin a su disposicin.

Sabemos, sin embargo, que la realidad nada tiene que ver con esa descripcin idealizada, ms que estilizada- de los mercados. Utilizo el plural porque el singular es inapropiado, confunde ms que aclara. Existen diferentes procesos y lgicas mercantiles, donde, por cierto, no se reconocen ni se visualizan las supuestas leyes de la competencia perfecta.

La economa realmente existente la que interesa analizar y, en lo que a mi concierne, la que hay que transformar- est dominada y atravesada por las imperfecciones , las trabas y restricciones, por los oligopolios y las grandes corporaciones, por el poder que los privilegiados tienen para fijar las reglas del juego, por la colisin de intereses , por unas relaciones jerrquicas que determinan la muy desigual capacidad de apropiacin del ingreso y de la riqueza.

Si esta es la realidad, entonces por qu seguir alimentando el mismo mantra? La razn acaso se encuentre en que el relato dominante , por simple y falaz que pueda parecer, es como una neblina adormecedora, que desva la atencin y nos aleja del anlisis y de la comprensin de la verdadera naturaleza de los mercados, y, quiz lo ms importante, de los intereses que se cobijan en los mismos. Juega un papel.

Pese a todo ello, pese a no existir el mercado con maysculas, se sigue insistiendo en la idea del mercado de trabajo, pretendiendo que las leyes de ese supuesto mercado deben regir la dinmica laboral .Llegamos as a un punto crucial del razonamiento de la economa convencional, pues la implementacin de los principios de la competencia perfecta que, no lo olvidemos, no existen en el mundo de la economa real- lleva a afirmar que hay que reducir la presencia de las instituciones , presencia que es interpretada como una injerencia, como una anomala que est en el origen de toda suerte de ineficiencias y despilfarros.

Esa intromisin lleva, siguiendo este discurso, a que las instituciones ocupen espacios reservados al mercado, impidiendo o limitando la libre actuacin de las fuerzas de la oferta y la demanda. La distorsin generada salarios ms elevados de los que fija el mercado- est en el origen del desempleo. Y aqu llegamos al clmax de la retrica neoliberal. Los trabajadores que tienen un empleo (y los sindicatos que los representan), al exigir salarios superiores a los que establece el mercado, son los culpables del desempleo. La solucin: liberalizar el mercado de trabajo; en especial, debilitar la capacidad negociadora de los trabajadores y de las organizaciones sindicales. El bucle perfecto.

Dnde queda la responsabilidad del capitalismo y de los ciclos expansivos y recesivos que inexorablemente recorren su trayectoria? y la de las relaciones de poder, determinantes de una lgica econmica que beneficia al capital frente al trabajo? y la evidencia de que unos salarios bajos son compatibles con un desempleo elevado? Simplemente, estos y otros factores de necesaria consideracin para entender el componente estructural, sistmico del desempleo han desaparecido del espacio de la reflexin y, por supuesto, de los responsables polticos.

Por darle significado concreto al trmino instituciones y no dejarlo en el limbo de las generalizaciones sin contenido, estamos hablando de negociacin colectiva y de presencia de las organizaciones sindicales en la misma, de salario mnimo, de la prestacin por desempleo, de los procedimientos de contratacin y despido, de la formacin profesional en los centros de trabajo, de la regulacin de los tiempos de descanso y de los periodos vacacionales, de la normativa en materia de salud e higiene y de otras muchas cosas que tienen que ver con las condiciones de trabajo. Estamos hablando en definitiva de un conjunto de aspectos que la Organizacin Internacional del Trabajo engloba bajo el rubro de trabajo decente , en oposicin a la indecencia de contratos que tiene un porcentaje creciente de los trabajadores, y que han crecido antes y durante la crisis.

Quienes, apelando a la supuesta ineficiencia de las instituciones laborales, sostienen la necesidad de introducir en este mbito ms mercado y menos regulacin estn cuestionando lo digan o lo oculten- derechos laborales y ciudadanos bsicos. Pero esos derechos forman parte de la quinta esencia de la vida de las personas, que lo son, adems de ser trabajadores. Se trata de una dimensin vital que no puede quedar al arbitrio de los designios del mercado, ni de las manos visibles (y poderosas) que los gobiernan. Por eso, el mercado de trabajo no es ni puede ser considerado como un mercado ms.

Una ltima cuestin sobre la que invito al lector a reflexionar es la utilizacin palabra trabajo. Se trata de otra argucia del lenguaje, de otro salto en el vaco en absoluto inocente. En realidad, no se est hablando de trabajo sino de empleo. De ninguna manera podemos aceptar la equiparacin de ambos conceptos. El referido al trabajo desborda con mucho el permetro del ms restrictivo empleo, que presupone la existencia de una relacin mercantil y, como consecuencia de la misma, de una contrapartida monetaria.

Existe un sinfn de actividades que podemos denominar trabajo, an cuando su ejercicio no suponga recibir a cambio una remuneracin, y que son consustanciales a la personalidad compleja y polidrica de las personas, actividades artsticas, culturales, formativas o simplemente que enriquecen el ocio, y que una sociedad equitativa y progresista debe preservar y proteger (no entrar en el debate, complejo pero tambin necesario de la renta bsica universal). Se trata de actividades que las personas realizamos por el puro placer de llevarlas a cabo. Esta parcela del ser humano el tiempo dedicado al ocio creativo- slo es contemplado por la economa convencional en el dilema, falso y artificioso, empleo-ocio de la funcin de utilidad.

Tambin hay que referirse a lo que genricamente se denomina como cuidados. Este trabajo no est adecuadamente reflejado en las estadsticas, se realiza en su mayor parte de manera gratuita, no se valora socialmente, y es garantizado sobre todo por mujeres, en un contexto de divisin patriarcal del trabajo. Se ha convertido en una pieza imprescindible en el funcionamiento del capitalismo . No slo porque en horas de trabajo y poblacin comprometida, esta economa en la sombra tiene ms relevancia que la oficial, la que cuantifica las cuentas nacionales. Tambin porque reduce el coste de reproduccin de la fuerza de trabajo, que no es asumido por las empresas, constituye un poderoso ejrcito de reserva que contribuye a mantener bajos los salarios y suministra servicios a la poblacin sin coste alguno para el Estado.

Con estas reflexiones pretendo llamar la atencin sobre la necesidad y la urgencia de elaborar un relato alternativo al del poder. La economa crtica en toda su enriquecedora diversidad de visiones- lo tiene en lo que se refiere al origen de la crisis econmica, a las polticas llevadas a cabo y a los resultados cosechados por las mismas. Ese relato alternativo debe apuntar tambin a los conceptos, al lenguaje, al sentido comn que sostiene el discurso dominante, pues todo ello, utilizado por los poderosos, contribuye a consolidar el actual estado de cosas.

Fernando Luengo es profesor de Economa Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de Podemos del crculo de Chamber.

Fuente: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2017/06/08/trabajo_empleo_salarios_cuna_ideologica_del_poder_66091_2003.html



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