Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-06-2017

Recordar a Allende en Venezuela

Ricardo Orozco
columnamx.blogspot.com.es


En 1970, luego de dieciocho aos de una intensa movilizacin poltica y social, por igual en los sectores medios que en los estratos ms pauperizados, Salvador Allende fue electo presidente de Chile, y con l al frente, la Unidad Popular construy la principal fuerza progresista latinoamericana en un contexto en el que, por un lado, las bendiciones del New Deal y sus correcciones neokeynesianas comenzaban a verse rebasadas por sus propias limitaciones para asegurar la circulacin y concentracin de capital; y por el otro, la vocacin genocida del complejo industrial-militar estadounidense (con Kissinger liderndolo desde el Departamento de Estado) se afirmaba como la fuerza motriz de un nuevo modelo econmico que slo con posterioridad, treinta aos despus, el imaginario colectivo latinoamericano conocera como el Consenso de Washington.

Heredero de una larga pero permanentemente interrumpida tradicin de reivindicaciones sociales en el continente americano, el gobierno de la Unidad Popular sobre el cual se asent la gestin de Allende se caracteriz, de entre muchas otras cuestiones, por la fuerte base social que respald tanto los tres procesos electorales a los cuales se present como candidato cuanto la instrumentacin de los programas sociales y polticas pblicas que despleg para hacer frente a la embestida de sus opositores. En este sentido, ms que por lo trgico del homicidio de Allende, la tragedia de su presidencia se encuentra en el hecho de haber pasado a la historia sin mayores consecuencias que ser objeto de una profunda adoracin potica dentro del archivo de lamentaciones por la intervencin imperialista estadounidense en la regin.

En efecto, el gobierno de Allende, ms que el de Fidel Castro en Cuba, quiz, es trascendental para la historia y la construccin de la memoria identitaria de Amrica por haber sido el objeto sobre el cual mejor se vislumbr el avasallamiento con el que Estados Unidos coloniza al continente desde que lo declar propiedad exclusiva del americano blanco, anglosajn y protestante. Y es que para el imperialismo estadounidense, la va chilena al socialismo, lejos de representar una variante (a la manera latinoamericana de hacer las cosas) de la agenda social formulada en la Alianza para el Progreso , implic un desafo frontal aunque parcial al su proyecto de civilizacin impuesto en Amrica.

La reaccin de ambas partes en su relacin dialctica es conocida por la historia: a las nacionalizaciones implementadas por la presidencia de Allende, Estados Unidos respondi, a travs de los sectores conservadores chilenos (congresistas, clero, hacendados, industriales, etc.), mediante la promocin de reformas legales y constitucionales que bloquearan todo intento futuro de estatizacin ; a la oposicin de Allende a adoptar las doctrinarias polticas econmicas impulsadas por el Congreso, el imperialismo reaccion mediante la promocin de la destitucin parlamentaria de su cargo ; a la socializacin de las ganancias impulsada por el gobierno de la Unidad Popular, el gobierno estadounidense respondi con la especulacin de los capitales en los mercados burstiles ; a las Juntas de Abastecimiento y control de Precios, Nixon respondi por medio del bloqueo comercial; y los propietarios chilenos a travs del acaparamiento de la produccin nacional y la reproduccin artificial de la escasez ; al fortalecimiento de la organizacin poltica comunitaria, se replic mediante el financiamiento de asociaciones civiles en pro de la democracia, movilizaciones de sectores conservadores y la introduccin de agentes represores encargados de producir a los muertos con los cuales se acusara a Allende de genocida. Y as sucesivamente.

Allende resisti tanto la embestida de Estados Unidos y de los propios sectores propietarios de los medios de produccin chilenos justo porque la base social de la Unidad Popular era lo suficientemente amplia y cohesionada como para organizarse en unidades de autogestin , pero sobre todo, porque la conciencia que en sus miembros prevaleca de estar construyendo una sociedad ms justa e igualitaria tena la potencia necesaria para observar cunto de aquello que ocurra en el pas era consecuencia perversa de un proyecto orquestado desde intereses particulares, y por supuesto, la potencia para hacerle frente con la organizacin colectiva. Slo el estrangulamiento comercial y el bombardeo al Palacio de la Moneda, el 11 de septiembre de 1973, terminaron con esa inercia.

Ahora bien, regresando al significado de lo trgico y de la tragedia que la presidencia de Salvador Allende tiene para la historia y la memoria identitaria de Amrica, lo que el actual giro a la derecha muestra es que el Chile del 70 al 73, y la potica adoracin con la que se le recuerda en la literatura de la regin, es slo eso: el rendir culto a un presidente al que nicamente se considera un demcrata, un progresista, por el velo de mrtir con el que su muerte recubri su historia . Es decir, el final del ciclo de la izquierda progresista latinoamericana, lejos de presentarse como el reflejo tardo de lo que ya ocurri en Amrica replicado hasta el cansancio en los cuarenta aos de imperio del Cndor en el cono Sur revela a una izquierda hipcrita y a una derecha ms sectaria, aunque polticamente ms correcta tambin, en donde la primera no aprendi las lecciones del Golpe en Chile, y la segunda corrigi sus errores operativos y de comunicacin organizacional.

Nicols Maduro no es Allende, eso es cierto: la distancia que separa a uno y otro es insalvable. Sin embargo, Venezuela es, hoy, la rplica del Chile de Allende: un pas cuya sociedad se encuentra bajo el avasallamiento de una guerra econmica que recuerda mucho a la que el chileno sufri. Venezuela, al igual que Chile, es un territorio enormemente codiciado por el capital internacional debido a sus enormes reservas de recursos naturales: petrleo en aqul, cobre en ste. Y, en ese sentido, mientras el petrleo siga siendo el motor que acciona y mantiene en movimiento la ilusin del progreso que alimenta la profundizacin del capitalismo, su futuro, su mera existencia como pas y sociedad soberana, se encuentra anclado a la capacidad con la que cuente para hacer frente al colonialismo del capital, en general; y al imperialismo de Estados Unidos, en particular.

Maduro, a diferencia de Allende, no lleg a su posicin por los mismos medios: la investidura de Maduro, en gran medida, debe su legitimidad a la designacin que hizo de l Hugo Chvez. No obstante, esa diferencia entre uno y otro mandatario se agota ah, pues si bien los medios a los cuales recurrieron ambos son divergentes, los dos coinciden en la base social que los respalda: la Unidad Popular, en Chile; la Revolucin Bolivariana, en Venezuela. Tejido social que, por lo dems, fue y es el sustento de la revolucin en ambos casos.

En la Venezuela del siglo XXI, al igual que en el Chile del siglo XX, la revolucin es una construccin pacfica, no recurre a las armas para legitimarse o mantener su vigencia. Venezuela, igual que Chile, no ha dejado de ser un Estado rentista, dependiente en extremo de la extraccin y comercializacin de su materia prima ms preciada: el petrleo. Y con Venezuela, igual que con Chile, la presente coyuntura se presenta en un periodo en el que el precio de las materias primas a nivel global se encuentra en franco decremento. Este simple hecho, en ambos casos, siempre se tradujo en una mejora sustancial de las condiciones de vida de los habitantes, y acosta de impulsar ese extractivismo es que se subsidia la posibilidad de construir un mejor futuro .

Pero Venezuela, igual que Chile, se encuentra bajo ataque: Maduro, en Venezuela, igual que Allende, en Chile, introdujo una poltica de control de precios para contener la inflacin que el acaparamiento comercial y la reproduccin artificial de la escasez produca desde la muerte de Chvez; a Maduro, como a Allende, el empresariado nacional y estadounidense respondieron de la misma manera: acaparando los productos de ms bsica necesidad. Maduro, como Allende, respondi a la situacin mediante Comit Locales de Abastecimiento y Produccin, pero ante ello el cerco se ha profundizado atizado por una campaa meditica que gusta de mostrar aparadores sin papel sanitario cmo la consecuencia ms perversa del socialismo del siglo XXI.

En Venezuela, como en Chile, la oposicin se articul en torno de una Mesa de Unidad Democrtica; y en Venezuela, como en Chile, esa oposicin se financi a travs de la USAID y los programas de cooperacin y ayuda humanitaria del Departamento de Estado. En Venezuela, como en Chile, la oposicin lleg a controlar la mayora del parlamento, y con ello, controlar la promocin de reformas legales y constitucionales que congelen la accin ejecutiva de la presidencia. En Venezuela, como en Chile, la oposicin se moviliz ante la articulacin comunitaria de la revolucin, en Venezuela, como en Chile, agentes de inteligencia se encargaron de producir a los muertos sobre cuyos cadveres se nombrara a maduro genocida, dictador y asesino.

No sorprende, por lo anterior, que ambas experiencias histricas se asemejen, tambin, en la posicin con la cual se ha condenado, internacionalmente, al rgimen de puo duro de Maduro, olvidndose que a Allende se le atac igual aunque quiz con menor intensidad meditica. La izquierda contempornea observa en Allende a uno de sus conos revolucionarios, pero lo observa slo para no haber aprendido de las lecciones que dej el Golpe de Estado chileno . La olvida, en estricto sentido, para volver a omitir esa recomendacin que Castro dio a Allende: que el imperialismo har uso de toda la potencia blica, de toda la violencia de la que disponga para desarticular la revolucin.

Hoy, con Venezuela, como antao se hizo con Chile, se condena al socialismo, al comunismo, al populismo, al autoritarismo, a la incapacidad de un gobierno de ofrecer papel sanitario a sus habitantes. Pero ms que eso, hoy, con Venezuela, como ayer, con Chile, se vuelve a sacralizar la intervencin estadounidense sobre el pas, con el argumento siempre efectivo de defensa de la democracia , del capitalismo y del individualismo aunque siempre comprendidos, todos, en clave de la American way of

Amrica, si no quiere revivir la historia del Palacio de la Moneda, debe ser consciente de que del recuerdo de Allende se debe regresar al siglo XXI con algo ms que una profunda adoracin potica. Se debe, ms bien y como lo seal Castro a Allende: regresar ms revolucionario de lo que se era; se debe regresar ms radical de lo que se era; se debe regresa ms extremista de lo que se era .



Fuente: https://columnamx.blogspot.mx/2017/04/entre-la-izquierda-y-la-oea-la.html


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter