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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2017

Una realidad econmica para la reflexin

Antonio Lorca Siero
Rebelin


El poltico profesional o burcrata poltico es un personaje surgido con el asentamiento de la democracia representativa, quien una vez obtenido empleo como gobernante en cualquier parcela de la estructura estatal se olvida de sus representados, porque ya no le son tiles para sus fines o, en cualquier caso, pasan a ser una carga molesta, hasta que se celebren las siguientes elecciones. Lo que no es nada objetivamente reprobable en l, ya que responde a un proceso consensuado dirigido desde el inters. Despus, coge su ttulo al portador, generalmente un cheque en blanco, que sus simpatizantes y seducidos por su causa le entregan en el proceso electoral, le pone la cifra que considera oportuna, pasa por la caja pblica y lo hace efectivo con cargo a la cuenta del electorado, para a continuacin gastarlo a la medida de sus caprichos e intereses. Si acudimos a la realidad, sin florituras, a esto parece conducir el proceso electoral desde perspectiva de la clase polticamente dominante.

Si la cosa quedara ah no tendra mayores consecuencias, teniendo en cuenta que es el peaje poltico a pagar por el ciudadano, inserto en las sociedades modernas, y acorde con el sistema impuesto por el capitalismo dirigente de la sociedad consumista, en la que de vez en cuando, creyendo adquirir mercancas para autosatisfaccin, se le vende humo. Tal vez, la democracia electoralista habra que evaluarla como una experiencia ms, de la que es posible aprender para no repetir los mismos errores. Tarea intil, porque a rengln seguido nos ofrecern un nuevo producto ideolgico -que en el fondo viene a ser lo mismo- con apariencia atractiva para crear necesidades ficticias y volver a repetir este proceso u otro semejante. Pese a la bagaje adquirido a fuerza de incontables tropezones en la misma piedra, no hay reaccin por parte de los ciudadanos consumidores. Aunque es obligado sealar que no es por ignorancia, sino que, ante la impotencia, simplemente se opta por el escepticismo popular aliviado por la irona como frmula prctica. Mientras, la clase poltica sigue a lo suyo. Conviene tener presente que nada serio parece objetarse por parte de los gobernados a la clase poltica, al mtodo de la democracia representativa y a sus derivados, en tanto se mantenga la viabilidad de la sociedad del consumismo, se respete la propiedad privada y no se apriete la tuerca de la intromisin oficial en la privacidad.

Desde una visin aparente, alejada de la realidad vital, las partes juegan a representar sus papeles; una, desde la solemnidad o la cercana ocasional a las masas, usando esta tcnica a conveniencia y, la otra, como espectadora del circo meditico, capaz de transformar la existencia adaptndola al visor de lo oficialmente correcto. En la sociedad democrtica moderna, donde elespectculo est garantizado, tanto en lo ldico como en la tragedia, todos se mueven al comps marcado por el director de orquesta. Cuando los instrumentos desafinan por falta de entendimiento la pieza de la partitura se sustituye por una cinta de audio, y si se toma la imagen a distancia, sin entrar el detalle, todo parece marchar a la perfeccin. Esta imagen transmite un modelo de sociedad gregaria en la que el capitalismo impone modelos polticos y econmicos convencionales.

Est bien visto que el titular del poder estatal asuma su funcin con expresin de optimismo ante el auditorio, repita una y otra vez con aires de credibilidad que toda va bien -cuando ni l mismo sabe como va la cosa-, intente promover ilusiones baratas de andar por casa -slo espejismos, porque la utopa es algo ms serio-, para que con ello los representados se sientan alentados y no se resienta su confianza como consumidores. Todo ello en inters del negocio, para que el mundo marche a paso firme, sus gentes confiadas y quien gobierna pueda conservar su puesto el mayor tiempo posible.

La otra parte, el ciudadano consumista, ese que se muestra con aire infantil ante las cmaras, complaciente y tolerante, ofrece una imagen de ingenuidad festiva que se utiliza para transmitirla a las masas como sucedneo de la felicidad. Es simplemente el personaje utilizado por todos. Habla pero nadie le escucha, porque es la voz del tpico. Realmente es que tiene poco que decir, y cuando dice lo est fuera del guin se le silencia y oculta.

Respecto al papel de quien ofrece una visin virtual del mundo real, todo se reduce a un mundo para ver, entretener y mover conciencias segn la direccin del viento. Simple reflejo de una realidad distorsionada, desde el que el dueo del chiringuito hace su parte de poltica y prioritariamente su negocio. Ejerce su actividad econmica como transmisor de los mensajes del sistema para que el homo videns, o algo parecido, se adapte a los estereotipos subvencionados, a cambio de mejorar la cuenta de resultados de la empresa.

Pero en esta panorama idlico repleto de intereses camuflados, inesperadamente, por sorpresa y atacando por la espalda, llama a la puerta la realidad, por ejemplo, en forma de terrorismo o de quiebra bancaria. En estos casos la autoridad se refuerza, los medios aumentan el negocio y los ciudadanos pasan a ser las vctimas.

Observando el primer supuesto, lejos de sacar a debate real la cuestin de la incapacidad de los dirigentes del sistema, el asunto se va por otros caminos. Se piden mayores competencias, se recortan derechos, se imponen limitaciones, la libertad se estrecha, los ciudadanos son agredidos permanentemente en el espacio de su privacidad por el poder y sus aliados. Por su parte, los vendedores de reportajes audiovisuales clavan a martillazos imagen tras imagen en la mente de los sufridos espectadores acompaada de una letana de palabras huecas, creando sentimiento de malestar y forzando pensamientos dirigidos sobre la maldad y la bondad, con la finalidad de transmitir que los buenos son los de siempre y los malos sus contrarios, dejando aparcado lo sustancial: erradicar el origen del mal. El negocio reside en hacer horas de imgenes a bajo coste repitiendo una y otra vez los mismos planos -aunque pudiera justificarse por si alguien estuviera desinformado-. En todo caso, las vctimas son los ciudadanos, unos, directamente afectados, la mayora encadenados sentimentalmente a la tragedia, mientras los que ejercen el poder salen reforzados en sus atribuciones. Los gobernantes, incumpliendo su funcin de guardianes del orden culpan simplemente a los malos y todo resuelto, lanzan su verdad oficial que pasa por ser la historia que nos cuentan, mientras su poder aumenta con el paso del tiempo.

Hay otro caso que rompe con la placidez de la sociedad consumista, nos afecta de cerca, aqu la representacin del poder escurre el bulto, las empresas audiovisuales hacen el negocio con un filn de noticias, mientras los ciudadanos comunes, al final de la historia, acaban por ser culpables y vctimas. Se trata de una quiebra bancaria presente en los noticiarios.

Objetivamente considerada la verdad oficial no es ms que un pobre argumento para eludir las responsabilidades ltimas. Siempre hay una cabeza visible diseada al objeto cargar con las culpas y distraer al auditorio. De la noche a la maana se impone el argumento de la retirada masiva de depsitos para justificar la quiebra de una entidad bancaria. Pero, quin ha venido retirando los depsitos?. Son los pequeos depositarios o los grandes?. Si son los ltimos, alguien transmite informacin privilegiada sobre que las cosas no van bien o no interesa que vayan, pese a los aceptables resultados de los tests supervisores, adelantndose a lo que va ha suceder. La cosa estaba clara, si el negocio no marcha hay que liquidarlo ordenadamente, eso dice la ley, y no chapuceramente, lo que tambin se ampara en otra ley. La poltica del entendido consiste en que lo que es aprovechable se regala, lo que es deficitario se malvende y de los trabajadores que se ocupe el paternalismo estatal. Para disfrazar el desaguisado se transfiere a una entidad por mandato de quien realmente manda y se lo pasa a otra a cambio de una insignificante propina de caf. Esta ltima se queda con lo til, vende lo vendible, de lo dems se pasa la pelota al siguiente, lo que no sirve simplemente se tira o se desguaza para aprovechar los restos. Los que marcan las reglas del juego se ponen la medalla, el ensayo ha sido un xito aparente; para los otros, resulta que han salvado con su habilidad negociadora los intereses generales de los efectos de una intervencin pblica y ya no tendrn que indemnizar a los depositantes . Ante todo, el padre de la idea se siente complacido porque la catstrofe se ha pintado de colorines vistosos a los ojos de las masas. Todo un xito momentneo, que deja de serlo si al final directa o indirectamente hay que pagarlo con intereses y costas con cargo a la cuenta de todos. La mayora de los propietarios -los llamados accionistas- se encuentran perplejos, sin entender de qu va el juego. Lo peor del escenario es que, si vivimos en una sociedad de consumo democrtica, nos han tocado el pilar que marca las reglas del juego, el dinero, y desde ese momento suenan las alarmas para que estemos prevenidos porque el sistema no es de fiar.

En lnea con la sociedad de la apariencia, en el caso de las entidades por acciones, se entiende que los accionistas son los propietarios de la firma, cuando solamente lo son en teora pero no en la prctica, porque para eso estn los mayoritarios y los gestores, con lo que la voluntad soberana reside en el consejo de administracin, los dems asumen sus papeles de comparsas. El accionista comn no interviene en la marcha de la sociedad, es un simple inversor a la espera de beneficios y no de prdidas, al igual, por ejemplo, que el que confa su dinero a la entidad como depositario. Sin embargo se lleva al extremo la ficcin de considerarlo propietario de la entidad con todos sus derechos y obligaciones, especialmente con los riesgos que asume toda entidad capitalista, y por eso hay que castigarle. Al final uno cobra y el otro paga, ya que a la entidad se la ha condenado a no valer nada por decisin de la autoridad competente. Todo en base a mantener la buena imagen de los gobernantes, que en su generosidad , siempre a cargo del contribuyente, absuelven a unos y condenan a otros. La autntica beneficiaria, adems de extraer los beneficios tangibles derivados de la operacin, ganar en prestigio, pasar a ser tenedora de una deuda estatal encubierta que se har efectiva a conveniencia y, pese a la parte del asunto que no es ms que puro negocio, el pueblo agradecido por aliviarle de una carga ms y salvar de la ruina a los depositantes, afectados por una tericamente deficiente gestin.

Sirviendo este caso como muestra significativa, sera conveniente tener en cuenta que en el idlico panorama de las sociedades avanzadas, donde impera una pesada carga de apariencia, no se puede jugar con los bienes de las masas tan abruptamente. En lo tocante a lo que afecta a la propiedad, si deja de ser derecho, el votante despierta. Descubre que pese a las muchas garantas y las rimbombantes libertades todo aquello es parafernalia, porque la evidencia est ah: le han expropiado sus bienes a precio cero. Debidamente presentado, saldr a escena el inters general -el de quien gobierna-, los riesgos de la inversin -que para los que cuentan con informacin privilegiada nunca existen-, la solidaridad -trmino que solamente est de moda-, el bien comn -reservado a los privilegiados- y otra sarta de verdades a medias que ayudan a construir un sistema de apariencias entrelazadas, donde la seguridad que afecta al ciudadano, en cuanto el asunto rompe con la rutina, no existe .

Siempre queda la justicia, pero la preservacin del mito de la seguridad jurdica se ha reservado a la voluntad "legaliforme" de los tribunales, en ocasiones distante de lo comn y tan lejana que se pierde en el tiempo, al punto de que cuando se resuelve pblicamente el problema, de reseco que se encuentra, ya se ha quedado en los huesos. Es decir que los descalabros apenas se pueden recomponer o se hace malamente. El resultado final ser que el dao a la vctima de la confianza en sus profesionales polticos ya no resultar debidamente reparado.

Del sistema del cheque en blanco electoral y sus consecuencias para la ciudadana surgen ejemplos a cada paso, son tantos y en tantas latitudes que llenaran demasiadas pginas slo enumerarlos. Baste para reflexionar hacer mencin a este reciente, un guiso cocinado aqu mismo, dirigido desde algo ms lejos, que desprende tan mal olor que ya no sirven los ambientadores habituales para disimularlo. Lo evidente es que, pese a las solemnes explicaciones de las autoridades competentes y de la lgica con que el asunto es abordado por la propaganda oficial, muchos han perdido la sagrada propiedad, garantizada solemnemente por leyes y poderes, mientras los garantes agachan la cabeza y se desentienden momentneamente del problema.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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