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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2017

El caso Las Teresitas y el doble rasero de la Justicia
Tribulaciones y alegras del indigente Zerolo

Ramn Afonso
Rebelin


El fuero para el gran ladrn, la crcel para el que roba un pan

(Pablo Neruda)


Deca Willy Brandt que permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen, en el juicio del Caso Las Teresitas esa injusticia primigenia la podramos situar en el momento en que, a escasas semanas de iniciarse el juicio oral, el tribunal impuso una fianza tan desproporcionada como injusta veintiocho mil euros a pagar en 10 das a la acusacin popular que ejerca y ejerce Justicia y Sociedad, gracias a la dignidad y solidaridad de muchsimas personas. La accin popular no es el blsamo de Fierabrs que d respuesta a los graves problemas incluida la corrupcin judicial que padece la justicia espaola, pero sin ella se condena irremisiblemente al Estado de Derecho y a la democracia misma a una lenta muerte por asfixia en estos tiempos caracterizados por las componendas entre la poltica y el dinero.

Se sabe que el Partido Popular, plagado de imputados por casos de corrupcin, lucha a brazo partido para restringir y/o impedir la accin popular. Lo que no sabemos es si la fianza impuesta a la acusacin popular por los magistrados del Caso Las Teresitas va en esa misma direccin o simplemente se debi a un posible berrinche del presidente del Tribunal por haber sido recusado por el letrado de Justicia y Sociedad.

A este desafuero le siguieron otros, pero la traca final ha llegado estos das, con el auto que deja en libertad provisional a todos los condenados. Lo primero que llama la atencin es el doble rasero con el que el tribunal ha tratado a la acusacin popular y a los condenados, en cuanto a la fijacin de fianzas que garanticen el cumplimiento de las responsabilidades de cada uno de ellos. Pareciera que los delincuentes fueran los abogados de la acusacin, ya que han sido los nicos a los que se les ha impuesto la obligacin de responder pecuniariamente a las posibles consecuencias de sus actos. Por el contrario, a los integrantes de la trama delictiva organizada as califica la sentencia a la banda de atracadores de lo pblico que han sido condenados a duras penas de crcel, slo se les impone la retirada del pasaporte. Al cabecilla Zerolo, adems, una visita quincenal a comisara; al resto de maleantes ni eso. Bien es cierto que tambin les obligan a devolver el dinero expoliado, pero eso es lo menos que se debe exigir en este tipo de delitos contra el patrimonio pblico.

La acusacin popular y la Fiscala solicitaron en balde el ingreso en prisin de Miguel Zerolo o, en su defecto, la imposicin de una fianza que cubriera la responsabilidad civil y el alto riesgo de fuga en base a la gravedad de los delitos por los que ha sido condenado a siete aos de crcel, los grandsimos daos ocasionados a las arcas municipales, el desarraigo profesional y el convencimiento del Ministerio Fiscal, la acusacin popular y la polica, de que el exalcalde de Santa Cruz de Tenerife podra ser titular de un cuantioso patrimonio colocado en el extranjero fuera del alcance y conocimiento de las autoridades espaolas. El Tribunal no lo tuvo en cuenta, como tampoco consider el enorme dao ocasionado a la vida social y poltica de esta ciudad por la impunidad y determinacin delictiva con que actuaron los condenados para arramblar con ms de 53 millones de euros del erario pblico en lo que todo el mundo no duda en calificar como un pelotazo de libro.

Seores magistrados, enfadar a los bribones incorregibles tiene tambin una finalidad tica, todo lo contrario a lo que han hecho ustedes. El cabecilla de la trama, como califica a Zerolo la sentencia emitida y firmada por ustedes, se ha permitido retar a la Fiscala a que encuentre esas propiedades que los numerosos indicios policiales le adjudican y se vacila de todos al afirmar que ha vivido estos aos a todo tren gracias a las ayudas de amigos. Como dice Saramago, o culto el crimen, reservados para otra ocasin los remordimientos. Y , para ms inri, se envalentona, afirmando como un mal interprete de serie B, que si tiene que ir a la crcel lo har con la cabeza alta y la conciencia tranquila.

Pero una cosa son los intentos, ms o menos afortunados en este caso ms, de un reo por no entrar en prisin y otra que un tribunal tenga en cuenta argumentos tan inconsistentes como los esgrimidos en el auto. Definitivamente los magistrados parecen contentarse con la versin del delincuente Zerolo de que no puede ir a ninguna parte porque no tiene dinero, y desecha aspectos como su declaracin de bienes presentada en el Senado y las investigaciones policiales que le adjudican acciones en minas de uranio, molibdeno, zinc, oro, etctera, localizadas en lugares tan exticos como Botswana, El Congo o Mongolia; a lo que se le aaden inversiones en parajes protegidos del sur de Tenerife o los ms de cien dcimos de lotera premiados y la pasta gansa ganada en los casinos de Isla Mauricio, a lo que habra que sumar los generosos sueldos que durante muchos aos disfrut como alcalde el que ms cobraba de Canarias-, diputado autonmico y senador. Dice que todo eso se ha evaporado y, por lo visto, ustedes se lo han credo, a pesar de que este indigente personaje viva en un lujoso chalet localizado en el exclusivo paraje del campo de golf de El Pen y se haya permitido mandar a sus hijos a universidades privadas de Madrid.

La Constitucin de 1978 en su artculo 14, afirma que los espaoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminacin alguna por razn de nacimiento, raza, sexo, religin, opinin o cualquier otra condicin o circunstancia personal o social, pero todos sabemos que eso no es verdad. Son tantos los casos que lo confirman que el de Zerolo es slo un ejemplo ms que aadir a una regla cuyas excepciones se pueden contar con los dedos de una mano.

Ya slo falta que sus congneres en el poder le indulten

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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